Speedriding en Cerler

El speedriding es una disciplina deportiva relativamente nueva que surgió de la idea de combinar la sensación del vuelo en parapente sobre unos esquís.

Muy relacionada con el parapente, pues surgió como una evolución del mismo, el speedriding prioriza la sensación de esquiar sobre la sensación de volar.

Para iniciarse en este deporte es mucho más importante tener un buen nivel de esquí que el tener conocimiento de vuelo en parapente. Es más, el hecho de no saber volar no condiciona apenas su práctica.

Debido a que este deporte combina dos de mis grandes pasiones, el esquí y el parapente, era inevitable que acabara cayendo en las garras de esta disciplina. Llevaba ya un tiempo deseando iniciarme y por fin este año pude hacerlo.

La causa de no haberlo hecho antes es debida a que al ser un deporte tan específico y especializado, no está muy extendido por lo que existen pocas opciones donde poder practicarlo y como consecuencia es difícil iniciarse en el mismo.

Siempre que me lo planteaba, me surgían diversos viajes, los amigos condicionan también tus planes por lo que lo fui aplazando hasta que este año le di prioridad absoluta y rechacé cualquier otro plan que me surgiera.

En España, el Speedridind, que yo sepa, sólo se practica oficialmente en las estaciones de esquí de Cerler y Sierra Nevada. También en Arcalís, en Andorra, existe una escuela en la que se enseña esta disciplina.

Como Sierra Nevada en plena temporada hay mucha gente y teniendo buenos amigos en el valle de Benasque me decidí por la opción de Cerler utilizando los servicios de Alberto Posada, de la escuela de Tandem Team. No puedo comparar la enseñanza de Alberto con la de otros, pues es el único “profe” que he tenido, pero desde luego, he salido encantado con la experiencia y bajo mi punto de vista es un gran profesional que puede introducirte bien en este mundillo.

El valle de Benasque, y concretamente Castejón de Sos, es conocido mundialmente como una de las mecas del vuelo libre. Así que decidí que este pueblo sería mi base de operaciones a pesar de estar situado a 20 km. de la estación de esquí. Pensé que algún día, si salía bueno, después de las clases podría darme un vuelo en parapente, aunque al final no pudo ser.

Además, en este pueblo, un buen amigo adquirió el verano de 2014 un hostal, el hostal Sositana, por lo que no había lugar a dudas de cual sería el sitio en el que nos alojaríamos.

Juanma, la persona que lo lleva, me pidió que no le diese mucha publicidad, pero yo que soy una mala persona, no le voy a hacer ni caso. Os diré que la habitación doble os costará 40 € por noche (precio de febrero de 2015). A mí me parece un precio más que competitivo y por eso os lo doy a todos a conocer.

Además, el trato será familiar, al menos así fue conmigo, claro está que al ser amigo esta percepción puede estar un poco sesgada, pero creo que por otros comentarios que he leído por ahí de otra gente que ya ha estado no debo andar muy desencaminado.

Eso sí, no esperéis grandes lujos, es un sitio para tomar una ducha caliente y descansar después de una larga jornada de esquí o de realizar cualquier otra actividad de montaña de las muchas que se pueden practicar en los alrededores de Castejón de Sos. El que quiera lujos, deberá seleccionar otro alojamiento.

Cuando contacté con Alberto, éste me empezó a preguntar si sabía esquiar y mi nivel de esquí, pero no me comentó nada del parapente. Yo insistí en ello y pensé que el saber volar en parapente sería una ventaja y acabaría aprendiendo enseguida.. Y sí, una ventaja sí lo es, para algunas cosas, pero no es tan sencillo como presumía al principio.

Así que si os llama la atención este deporte, no debéis tener en cuenta el no haber practicado nunca el parapente. No es necesario.

El curso dura cuatro días y en principio en cada día se utilizan cuatro horas, pero siempre se depende de la meteorología, por lo que se puede alargar el plazo. Si un día no se dan las condiciones para poder practicar este deporte con seguridad, se aplaza la enseñanza a otro día. No es una clase perdida.

Y así nos ocurrió, cuando el tercer día y también el cuarto, llegó un momento en que la niebla lo invadió todo y era imposible seguir con seguridad. Con niebla se puede esquiar, pero no es nada aconsejable ponerse a volar a una velocidad que puede llegar a los 60 km/h cuando la visibilidad no pasa de 50 metros.

Esperando a Alberto para iniciar el curso.
^^Esperando a Alberto para iniciar el curso.

Por tanto, quedé con Alberto el lunes para iniciarme en este mundillo y, como no podría ser de otra forma, y al igual de lo que ocurre con el parapente, incluso con el esquí, lo primero es dar a conocer el material que vamos a manejar y familiarizarnos en la medida de lo posible con el mismo.

Lo primero, el arnés. El arnés resulta ser la propia mochila en la que se contiene todo el equipo, y es reversible. Es decir, por un lado sirve para guardar la minivela y por el otro sirve para colocarse el arnés al cuerpo.

Lo primero es colocarse el arnés con seguridad.
^^Lo primero es colocarse el arnés con seguridad.

En este aspecto, para mí no representa ningún secreto, porque es lo mismo que en el parapente. Un arnés antiolvido, para no salir a volar/esquiar con las perneras sueltas, y luego enganches para las piernas y otro enganche ventral.

Una vez colocado el arnés, lo siguiente es desplegar la vela y realizar una comprobación para ver que todo está bien. Las primeras veces lo hará el instructor y os explicará como hacerlo para que os vayáis familiarizando con el material.

En este aspecto, el conocimiento del parapente también me da ventaja, pues el concepto de bandas, frenos, estabilos, intradós, extradós, etc., me resultan completamente familiares, aunque la primera vez, Alberto se aseguró de hacerlo él para que no hubiese ningún problema.

Alberto revisando la vela.
^^Alberto revisando la vela.

Las velas de speedriding tienen algunas diferencias con respecto a las velas de los parapentes.

La primera es el tamaño de la vela. Un parapente normal, para mi peso, tiene una superficie de unos 27 m² y en cambio, estas velas, que están pensadas para darte flotabilidad más que para volar miden un tercio de ese tamaño. En concreto, la vela que me proporcionaron medía unos 11 m².

Otra de las diferencias es el número de bandas (grupo de cordinos que unen el arnés a la vela). Las velas de parapente normales, excepto las de competición, tienen entre tres y cuatro bandas. Las bandas del parapente se reparten en líneas que están colocadas a la misma altura del eje longitudinal de la vela y repartidos trasversalmente por toda la envergadura de la vela.

Para que entendáis mejor de lo que estoy hablando, a continuación os pongo un dibujo esquemático de la distribución de las bandas.


^^Esquema de distribución de las bandas del parapente. Fuente: gliderengineering.com

Como podéis ver, en el esquema se representa la superficie de un parapente desde el punto de vista del piloto (el intradós o superficie inferior de la vela) y al mismo van adheridos lo que representan unos cordinos.

Si os fijáis, existen cuatro líneas, que además están nombradas cada una de ellas con las letras que van de la A a la D. Esto son las bandas.

Pues bien, en las velas de speedriding sólo tenemos dos bandas, ya que la superficie, al ser menor, no exige tanta cuerda para unirte a la vela. Esto hace que sea más fácil comprobar si existen nudos, líos y demás problemas que solemos encontrarnos frecuentemente cuando preparamos la vela.

Otra de las diferencias notables que encontramos con una vela de parapente es la longitud de las líneas. En el parapente, la vela la solemos llevar a unos 5-6 metros sobre nuestras cabezas, mientras que en estas velas, no habrán más de 2 o 3 metros.

Todo esto me hacía presuponer que iba a ser muy fácil manejar la vela, siendo un aparato que, a simple vista, es más sencillo que la compleja maquinaria de un parapente.

Una vez revisada la vela, el siguiente paso es unir las ya mencionadas bandas al arnés. Al igual que en el parapente, las bandas A, la línea de cordinos que van al borde de ataque (parte delantera de la vela) se coloca hacia al exterior y la banda B y el freno hacia el interior, vigilando que no haya ninguna torsión entre la banda y el freno que va separado de la banda B.

Uniendo la vela al arnés bajo la supervisión del Alberto.
^^Uniendo la vela al arnés bajo la supervisión del Alberto.

Una vez hemos enganchado la vela al arnés, el siguiente paso es colocarnos los esquís y revisar que ningún cordino se engancha al esquí, pues si eso ocurre podría darnos problemas.

Revisando que no hay ningún coordino liado con el esquí.
^^Revisando que no hay ningún coordino liado con el esquí.

Normalmente los cordinos o los solemos pisar con el esquí o se suelen enganchar con el freno. Esto es lo más habitual y habrá que desengancharlos antes de iniciar la bajada.

El tamaño de los cordinos es algo más grueso que el de los parapentes, pues la resistencia aerodinámica no es tan importante en esta disciplina y de esta forma se protegen mejor ante los más que probables pisados de éstos con los esquís. Aunque se pisen con los cantos de los esquís, los cordinos no sufren daños.

El siguiente paso a realizar es el de prepararse para el vuelo. Al igual que el parapente, colocamos las bandas A pasándolas por encima de los brazos y los frenos agarrados en la mano para controlar la vela una vez que esté sobre nuestra cabeza.

Preparando la salida.
^^Preparando la salida.

Y una vez preparados, se espera la señal del instructor para realizar la primera bajada. El primer ejercicio es el de familiarizarse con las reacciones de la vela y conocer sus límites.

Preparado para salir.
^^Preparado para salir.

Así que, una vez recibida la señal, salgo disparado para abajo, levanto la vela y la coloco sobre mi cabeza. Y hasta ahí todo parecido con un parapente. A partir de aquí, todo es nuevo.

Como es mi primera bajada, y no quiero coger mucha velocidad, bajo la pendiente en turbo-cuña y frenando la vela. Simplemente para adaptarme al nuevo material.

Mi primer descenso con una vela de speedriding.
^^Mi primer descenso con una vela de speedriding.

Una vez realizada la bajada, en la que no hubo ningún giro, se frena a tope la vela para tirarla al suelo y recogerla.

El plegado de estas velas también difiere en lo que respecta al parapente. Debido a que las bajadas son rápidas y los vuelos cortos, todo lo contrario de lo que ocurre con el parapente, es necesario disponer de un sistema de recogida rápida. Para ello se utiliza una pequeña bolsa-contenedor, en el que se introduce la vela sin tener que soltarla del arnés.

Introduciendo la vela en el arnés.
^^Introduciendo la vela en el arnés.

Al principio es un poco costoso, porque el “colipack” es bastante pequeño en relación a la vela y cuando no se sale por un sitio, lo hace por el otro y se tarda un rato hasta que se consigue introducir en la bolsa. De hecho, las primeras veces me tuvo que ayudar Alberto hasta que ya fui capaz de hacerlo por mi cuenta.

Con la práctica se va aprendiendo a hacerlo y al final se puede recoger de forma muy rápida, lo que nos permite realizar más vuelos durante la jornada.

Una vez recogida la vela en la bolsa, ésta tiene un par de ganchos que permiten colgar la vela a las bandas del arnés y poder llevarla así cómodamente incluso en el telesilla.

El siguiente paso es el de conocer verdaderamente cual es el límite inferior de velocidad de la vela y cual el superior. Es decir, encontrar la velocidad mínima y máxima de la vela. Por tanto, el siguiente ejercicio consistió en bajar a “schuss”  por la pista a velocidad máxima hasta que despegara los pies del suelo, para luego ir frenando poco a poco la vela e ir perdiendo velocidad hasta que ésta dejase de volar.

Despegando.
^^Despegando.

Bien, esta era la teoría. Lo que pasó en realidad es que, una vez despegué del suelo, y sin haberme aún familiarizado lo suficiente con las reacciones de este tipo de vela, la frené en el aire, no cuando ya había aterrizado, primer error, y la frené tanto que la metí en pérdida a unos cuatro metros de altura sobre el suelo.

Lo siguiente os lo podéis imaginar. Cuando se mete una vela en pérdida, ésta deja de volar, aunque la inercia de tu cuerpo sigue teniendo un componente de velocidad horizontal. La sensación es como que la vela te empuja para atrás y al no haber sustentación la gravedad hace su trabajo. El resultado. Una caída de espaldas desde unos cuatro metros de altura.

Por suerte, los esquís absorbieron la mayor parte de la energía de la caída y todo quedó en un susto y una contusión que no fue a mayores. Una parada para reponerme de la caída y continuamos.

Ya no volvimos a probar los límites de la vela hasta más avanzado el curso.

Los siguientes ejercicios consistieron en coordinar el movimiento de la vela con el de los esquís. Es decir, coordinar los giros de forma que la vela te vaya acompañando todo el rato en el trayecto sin que se caiga o te empuje hacia otra dirección distinta a la que vas.

En este aspecto encontré una diferencia enorme con respecto al control de campana del parapente. Estas velas son muy reactivas y por tanto responden muy rápido a los mandos. Esto significa que cuando se va a corregir la posición de la vela, se sobremanda y entonces la vela está mal colocada del otro lado.

Perdiendo el control de la vela.
^^Aunque se tenga experiencia de vuelo en parapente, no es fácil “domar” la vela.
Perdiendo el control de la vela.
^^Aunque se tenga experiencia de vuelo en parapente, no es fácil “domar” la vela.

Controlar esto es mucho más difícil de lo que parece y requiere mucha práctica. Yo sólo lo conseguí al final del día después de muchas bajadas intentándolo.

La verdad es que una vez se consigue, es cuando se empieza a disfrutar de este deporte.


^^Toma pose.
Controlando mejor la vela.
^^Parece que vamos dominando el invento.

^^Hasta parezco un maestro en la materia.

Y esto fue lo que dio de sí el primer día. Sé que en la escuela de Tandem Team se ofrece una jornada de descubrimiento al Speedriding que dura unas dos horas. Por la experiencia que yo he tenido, creo que no es aconsejable porque no vas a sacarle el máximo jugo a la iniciación a este deporte, ni te va a transmitir lo que realmente significa.

Creo que como mínimo se debería practicar durante un día entero si se quiere de verdad apreciar este deporte, y mucho más aconsejable realizar el curso. Si yo hubiera hecho sólo esta jornada de descubrimiento, creo que no habría continuado.

Realizando el curso entero, la percepción cambia muchísimo desde las primeras horas de práctica a la última hora del día.

Al segundo día se nos unió Kilian a la fiesta. Kilian, también parapentista y de Castellón, quiso hacer el curso en diciembre, pero por causas meteorológicas sólo pudo aprovechar un día, por lo que presumiblemente estaríamos al mismo nivel ya que los dos habíamos practicado un sólo día.

Lo bueno que tienen estos cursos, como ya dije, es que si no se pueden finalizar debido a causas meteorológicas, el curso no se pierde sino que se pueden aplazar para otros días en los que la meteorología sea más favorable y siempre adaptado a las fechas de nuestra disponibilidad. Este aspecto lo tienen muy bien cuidado en Tandem Team.

Preparándonos para salir.
^^Kilian en primer término y yo más abajo. Alberto observándonos.
Esperando la señal de salida de Alberto.
^^Esperando la señal de salida de Alberto.

Como Kilian llevaba más de un mes sin tocar una vela y con un sólo día de curso, me pide a mí que salga primero, y así lo hago.

Todas las mañanas, antes de empezar el curso en sí, hacíamos unas bajadas de calentamiento, para recordar lo hasta ahora aprendido y luego ya comenzábamos con otros ejercicios que nos iba proponiendo Alberto.

Los ejercicios de este segundo día consistían en realizar giros amplios, aprovechando todo el ancho que la pista nos permitía, de forma que pudiésemos controlar la vela a velocidad mínima. Básicamente, el ejercicio consiste en dominar la vela de tal forma que estuviese sobre nuestras cabezas el máximo tiempo posible sin que se nos cayera.

Esto que es muy fácil de comentar, en la práctica no lo es tanto y nos llevó el día entero, y aún así no terminamos de controlarlo del todo, aunque ya conseguíamos realizar las bajadas de un tirón sin tener que recolocar la vela cada poco tiempo.

La ventaja de subir y bajar tantas veces es que se aprende muchísimo sobre como se realiza la colocación de la vela, como desliar las bandas y los cordinos, como recoger, etc. Una práctica tan didáctica como agotadora.

Introduciendo la vela en el arnés.
^^Introduciendo la vela en el arnés.

La verdad es que el hecho de que ya podíamos realizar bajadas del tirón, con nuestros fallos que tratábamos de corregir, y el magnífico día que tuvimos, resultó ser una gran jornada de speedriding.

Con una sonrisa de oreja a oreja, acompañamos a Alberto hasta la base de la estación, en El Molino a 1.500 m. para ayudarle a dejar las velas y finalizar así la jornada de esquí.

Al día siguiente nos amaneció nublado y con una borrasca que prometía realizarnos una visita por sorpresa.

Como ya dije, el que esté nublado o nevando no impide la práctica del speedriding, por lo que la clase, a pesar del día, no se interrumpe y comenzamos, como siempre, a calentar por la zona del Cogulla para luego pasar a otros menesteres.

Aunque esté nevando podemos seguir practicando.
^^Aunque esté nevando podemos seguir practicando.

Esta vez Alberto, que ya confía en nosotros lo suficiente como para no tener que supervisarnos en cuanto a la preparación de las velas, decide que este día él también se trae la suya, así puede disfrutar algo más mientras nos enseña, además que así puede realizarnos demostraciones de lo que quiere que hagamos en cada bajada.

Colocándonos las velas.
^^Colocándonos las velas. De izquierda a derecha: Alberto, Kilian y yo.

Una vez realizadas las bajadas de calentamiento, este día comenzamos el curso aprendiendo dos técnicas nuevas.

La primera de ellas consiste en realizar las bajadas, pero al contrario del día anterior, en el que practicábamos giros largos a baja velocidad, la práctica de este día consistía en realizar giros cortos intentando controlar la velocidad.

Esta fue una de las prácticas que más me gustó, sobre todo por el hecho de que la sensación que tuve es como la de esquiar sobre nieve virgen.

Aquellos esquiadores que hayan bajado sobre laderas de nieve virgen con una buena técnica sabrán cuan placentero puede llegar a ser este tipo de bajadas y comprenderán rápidamente de lo que estoy hablando.

Para aquellos que no lo sepan, diré que la sensación es similar a la de estar flotando, un esquí suave y plácido. De hecho, yo creo que algunas veces el esquí se levantaba de la nieve o al menos daba la sensación de que no había rozamiento entre el cofix y la nieve.

Sorprendentemente esta técnica se me dio bastante bien.

Y Kilian también pareció captarlo rápidamente.

Aún así, hay que tener cuidado, porque las velas, al ser tan reactivas, enseguida podemos descontrolarlas y aunque no lo parezca por tamaño tienen bastante fuerza, tanta que pueden tirar de tí y descontrolarte.

Así, por ejemplo, si se sobremanda al realizar los giros yendo con cierta velocidad, la vela se puede quedar atrás empujándote hacia la ladera, y como consecuencia te quedas esquiando con el esquí interior, lo que significa perder el control de los giros. Esto parece ser bastante habitual.

Descontrol con la vela.
^^La vela me desequilibra y me quedo esquiando con el esquí interior.

La otra técnica que aprendimos es la de preparar la vela dejándola caer por la parte del valle.

Debido a que para realizar determinadas bajadas tendremos que iniciar las mismas en un tramo de ladera que puede tener cierta inclinación, al tratar de colocar las velas por encima nuestra, ésta se resbalará y acabará sobre nosotros, impidiéndonos realizar la comprobación pre-vuelo.

Para solucionar este problema, lo que hay que hacer es colocar la vela por debajo nuestra, en la zona del valle, de forma que será la propia gravedad la que nos ayude a estirar la vela y nos permita realizar mejor las comprobaciones.

Alberto y yo colocando la vela por debajo nuestra.
^^Alberto y yo colocando la vela por debajo nuestra.

^^Kilian se resiste a colocar la vela por debajo de él.

Realizar así las comprobaciones resulta más sencillo. La dificultad de esta técnica reside a la hora de levantar la vela.

Cuando colocamos la vela en el lado de la ladera, es decir, por encima nuestra, la dejamos preparada para que cuando salgamos enseguida le entre aire en las bocas de la vela y de esta forma coge presión y se eleva.

Preparado para salir
^^Preparado para salir
Todo listo.
^^Todo listo.

Pero como ahora la tenemos por debajo, tendremos que conseguir de alguna forma dejar la vela detrás nuestra para que coja presión.

La técnica consiste en “rodear” la vela hasta quedar por debajo de ella y luego encarar la máxima pendiente para dar presión a la vela.

El problema de esta técnica suele ser que el aire puede entrar primero por un lado de la vela antes que por el otro y por tanto la vela no sale centrada, lo que provoca que salga inestable y nos requerirá un poco de tiempo estabilizarla. Es por esto que a pesar de que es más fácil preparar la vela, es más difícil poner esta técnica en práctica.

Despegando.
^^Despegando con esta técnica.

Aunque difícil de apreciar, en la foto anterior se puede ver como la parte derecha de la vela (a la izquierda de la imagen) está más levantada que la otra parte de la vela, que está algo más baja, lo que nos obliga a estabilizar la vela para que no de “bandazos”.

Despegando.
^^Despegando con esta técnica.

Pues si bien se puede practicar el speedriding aunque esté nevando, lo que no es nada aconsejable es practicarlo cuando hay niebla, esto sí resulta muy peligroso. Como la niebla nos visitó no pudimos continuar y a eso de las 14.30 h. cortamos las clases y lo aplazamos todo para el día siguiente.

Y menos mal que cortamos porque como aún era algo pronto, Mercedes y yo decidimos que continuaríamos un rato más esquiando y así lo hicimos. Claro, que echamos de menos las gafas de visión nocturna con rádar incorporado para no estamparnos con ningún obstáculo y el sistema milimétrico-militar de posicionamiento GPS con mapa holográfico para no acabar en cualquier arroyo perdido. Vamos que no se veía tres en un burro, así que tampoco es que disfrutáramos tanto y no tardamos mucho en dejarlo todo para el día siguiente.

Al día siguiente repetimos maniobras y repetimos día. También nublado y nevando y también a mitad de día tuvimos que cortar por la niebla.

Pero como nuestra confianza para con estos aparatos demoniacos iba aumentando, la verdad es que nos fuimos desmelenando poco a poco y empezamos a tomarnos nuestras pequeñas licencias.

Kilian dando un salto.
^^Kilian dando un salto aprovechando la sustentación de la vela.
Yo voy detrás.
^^Y yo voy detrás aunque no lo consigo.

Como podéis apreciar en la foto, los saltos y cambios de nivel con el speedriding son más espectaculares porque la vela te sustenta y como resultado obtenemos saltos más largos y más suaves que los que se consigue simplemente esquiando.

Pero también hay que tener cuidado y comprobar que en las pistas no haya nadie o que en ese momento no vaya a pasar alguien delante tuya porque esto no se controla como el esquí y las reacciones son más lentas y los cambios bruscos mucho más peligrosos. Hay que hacerlo todo con suavidad y con bastante más previsión a como se hace con el esquí.


^^Me paso de frenada en la curva y no consigo saltar.

Una de las grandes ventajas de llevar una vela sobre nuestras cabezas es que uno se puede  echar algo para atrás y los virajes no se ven apenas afectados gracias a la sustentación que nos ofrece la vela. Debido a que las colas de los esquís no soportan todo el peso de nuestro cuerpo tiene como consecuencia que se puedan girar más fácilmente.

Al comprobar Alberto que nos estábamos desmadrando decidió que era la hora de pasar al siguiente nivel. Así que nos fuimos a la zona del Collado Ampriu, una pista que suele estar vacía de gente y que tiene ya un nivel más que aceptable y, por fin, conseguimos darnos nuestro primer vuelo.

Apenas despegamos un poco los esquís del suelo pero para nosotros fue una gran experiencia y algo aterradora ya que tanto las talanqueras como los tubos de los cañones de nieve artificial los veía muy cerca.

De esta hazaña no tengo fotos porque entre que empezó a entrar de nuevo la niebla y que mi mujer se puso nerviosa, al final no fue posible. Sólo diré que yo acabé esquiando sobre los arbustos que asomaban de entre la nieve y realizando un giro a gran velocidad ya en el suelo, después de haber esquivado en vuelo las talanqueras. Es por este motivo que es importante tener buen nivel de esquí, al menos un nivel de esquí que te permita lo que coloquialmente llamamos en el mundo del esquí “ir a por conejos”.

Antes de que cerrara la niebla tuvimos otra oportunidad de bajar esta pista volando y esta vez sí que lo hicimos bien. Este también fue otro de los puntos cúlmen de esta experiencia. Nuestro primer vuelo de verdad, aunque sin giros.

Después de esto tuvimos que dejarlo porque la niebla, como el día anterior, se cerraba y nos impedía volar con seguridad.

Debido a que perdimos parte de la clase del día anterior y parte de la clase de este día, Alberto nos ofreció continuar un día más. Aceptamos encantados.

A la tarde miramos la previsión y comprobamos que había una ventana de buen tiempo a primerísima hora y que duraría hasta las 11.00 h. o las 12.00 h., por lo que decidimos quedar a las 09.00 h. en la base de El Molino para aprovechar todo lo que pudiéramos esa pequeña ventana de buen tiempo.

Y acertamos.

Disfrutando en Cogulla con nieve recién caída.
^^Disfrutando en Cogulla con nieve recién caída.
Disfrutando en Cogulla con nieve recién caída.
^^Disfrutando en Cogulla con nieve recién caída.

Con una capita de nieve recién caída la noche anterior sobre una base dura y las velas sobre nuestras cabezas, disfrutamos más que nunca. Primero en la zona de calentamiento habitual en Cogulla y luego en la pista azul que hay más abajo entre Cogulla y Rincón del Cielo, en Les Abelles.

Como esta ventana sabíamos que no iba a durar mucho tiempo, y como empezamos a ver que la nubosidad ya estaba entrando, decidimos ir a la zona del Gallinero para realizar nuestro último vuelo final, como un gran colofón a lo que ha sido este curso.

La nubosidad amenaza con estropear la jornada.
^^La nubosidad amenaza con estropear la jornada.

Una vez arriba nos dirigimos a la pista Quebrantahuesos, un nombre no muy apropiado o eso me lo parece, pista negra para más señas y ahí hicimos una bajada, de la que Alberto nos hizo una gran demostración y luego nosotros tratamos de seguir sus pasos.

Alberto bajando la pista negra.
^^Alberto bajando la pista negra.
Alberto bajando la pista negra.
^^Alberto bajando la pista negra.

Y como colofón de fiesta, nos salimos de pista y bajamos por un pequeño barranco que nos permitió realizar el “vuelo final de curso”.


^^Primero sale Alberto para indicarnos como hacer el vuelo.

Luego salgo yo.

Y por último Kilian.

Aunque no lo parezca tendríamos unos 40-50 metros de desnivel que nos permitió un vuelo de apenas unos segundos pero que sabían a mucho.

En este vuelo pudimos apreciar la diferencia que existe entre el vuelo de estas velas comparadas con las del parapente, pues la fineza (distancia avanzada con respecto a la distancia descendida) es mucho menor y se cae como una piedra dando poco tiempo de maniobrabilidad.

Ya no dio tiempo a más y aquí acabamos el curso. Alberto tenía que dar clases de esquí y por tanto ya no pudo quedarse más con nosotros. Nos ofreció continuar cuando acabara de dar clase, signo de que se lo estaba pasando bien y un gran detalle el no querer despacharnos sin más, pero al final le asignaron más clases de esquí y ya no pudo ser, por lo que aquí se acabó el curso.

Para mí ha sido una experiencia muy gratificante e inolvidable y tengo intención de continuar con este deporte, pues no sé si ha sido por la mano izquierda de Alberto, por el magnífico entorno de la estación o por cualquier otra causa que no logro identificar, pero he acabado enganchado a este deporte y esto es un problema, porque este vicio es un gasto más a sumar a la cuenta de vicios, pero con tiempo todo se consigue.

Espero no haberos aburrido mucho y entiendo que se me puedan haber escapado términos técnicos que no comprendáis porque no estáis metidos en el mundo del vuelo o del esquí, pero cualquier duda que os surja no tengáis el menor problema en preguntarme y os responderé encantado.

Por último quisiera dar las gracias a Mercedes (mi mujer) por aguantarme durante todo el viaje y haber sacrificado parte del esquí para acompañarme en esta aventura y no sólo eso, sino de tomarse las molestias de hacernos fotos a mí y a Kilian y todo esto mostrando a cada momento su mejor sonrisa.

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Sonnenkopf a pesar del viento.

Amanece un día más, un día ventoso que azota con fuerza el león que corona nuestro Gasthaus. Pensamos que será un día difícil pero confiamos en la abrumadora estadística sobre el número de días esquiados que hasta ahora nos han garantizado las estaciones austriacas, que es del 100% y tenemos la esperanza y confiamos en que se podrá esquiar.

No teníamos muy claro a que estación íbamos a ir hasta que recibí una llamada de Puros, que me incita a ir a Warth. Genial, ya tenemos destino.

Para ir a Warth desde Bludenz existen dos trayectos. El clásico, yendo por una ruta de montaña que pasa por Damüls, atravesando tres puertos de montaña con el riesgo de encontrarnos carreteras nevadas o una ruta alternativa que pasa por Lech, y que en su mayor parte se va por una autopista o una carretera que atraviesa un valle, aunque el camino es algo más largo, también es más cómodo porque evitamos mucho tramo de montaña y más para el poco más de una hora de trayecto que teníamos por delante.

Trayecto a Warth yendo por Lech.

Pues resulta que el trayecto que va de Lech a Warth está cortado en invierno. Es una carretera que no se limpia y sólo se puede circular por ahí en verano.

Así que llegamos todo felices a Lech, atravesamos ese follón de pueblo, saturado de turistas despistados pensándose si esquiar o no y cuando llegamos al final del pueblo vemos un cartel bien grande que nos anuncia la imposibilidad de atravesar la carretera, un cartel acompañado por un muro de nieve de al menos un metro de altura.

Por tanto, si queréis ir a Warth desde Bludenz, el camino correcto es el de ir por Raggal, Sonntag, Damüls y Au, trayecto que os llevará como una hora y media.

Trayecto correcto para ir a Warth desde Bludenz.

Estuvimos valorando la posibilidad de ir a Warth desde Lech esquiando, ya que ambas estaciones están comunicadas por remontes y tienen un forfait conjunto, algo más caro que el forfait individual de Warth, pero la cantidad de gente que había y, sobre todo, las fuertes rachas de viento que soplaban nos hicieron descartar esta idea.

Pensamos que si pasábamos a Warth y por causas meteorológicas nos cerraran la conexión, tendríamos un problema muy serio, quedaríamos aislados en otro valle, sin coche, y para recuperarlo nos veríamos obligados a realizar una auténtica ruta de la seda, y eso en el caso de que Puros y sus amigos quisiesen llevarnos, porque en transporte público con mucha probabilidad sería imposible ya que presumiblemente no estaría disponible a ciertas horas de la tarde.

Por tanto, descartamos la posibilidad de esquiar en Lech y volvemos a la idea inicial, que no era ni más ni menos que la de ir a Sonnenkopf, que casualmente, pasamos por delante de ella para ir a Lech. Llamo a Puros para pedir disculpas y cambiamos de planes.

Lo siento Puros, estaba deseando ir a esquiar con vosotros otra vez, pero las circustancias obligan. Espero poder seguir compartiendo bajadas contigo y tus amigos en futuras ocasiones.

Trayecto para ir a Sonnenkopf desde Bludenz

La estación apenas se ve desde la carretera, está muy escondida y si sabíamos que estaba allí era por los carteles de la carretera que lo anunciaban de forma muy clara. Al menos es fácil encontrar.

Al contrario de lo que ocurría en Silveretta-Montafon, en esta estación encontramos muy poca gente, el aparcamiento prácticamente vacío y esto dio lugar a que temiéramos que habríamos hecho una elección poco acertada.

Plano de pistas de Sonnenkopf

La estación no es muy grande, dispone de unos 36 km. de pistas, la mayor parte son pistas rojas, una magnífica pista negra y buenas pistas azules con un gran recorrido y desnivel, además de algunos ski-routes que no llegan a ser muy complicados.

La cota máxima de la estación parte de los casi 2.300 metros de desnivel y la cota mínima anda por los 1.000 metros, por lo que disponíamos una vez más de un descenso continuado y sin paradas o remadas de más de 1.000 metros, en este caso, casi 1.300 metros de desnivel.

Pero es que además, para aquellos esquiadores en progresión, tienen también a su disposición un magnífico desnivel que pasa íntegramente por pistas azules, partiendo desde los 2.200 metros hasta los 1.000 de la base, es decir, sólo 100 metros menos de desnivel del que disponen los esquiadores expertos. Y lo que es más importante, una pista cuya longitud total es de casi 9 km.

Esto supone una gran ventaja a la hora del aprendizaje, que ya se puede ser muy constante en la bajada, debido al gran tramo que se puede recorrer sin tener que utilizar de nuevo los remontes. Mas tiempo para practicar, más espacio para la enseñanza, lo que beneficia enormemente a aquellos que quieren mejorar su técnica.

Los precios, en mi opinión, algo caros para lo que es la estación, pero desde luego, mejores precios que las estaciones punteras.

Precios de la temporada 2013-2014

Lo que más me gusta de estas estaciones es la flexibilidad del precio del forfait según a la hora que se llegue, algo que no he visto en ninguna estación patria, lo más algunos descuentos para sacar el forfait de medio día, pero poco más. Está claro que en Austria se tiene que competir y atraer al público, lo que redunda en beneficio de los esquiadores.

El único acceso a la estación se hace desde un telecabina que parte desde el mismo aparcamiento y que nos dejará a mitad de estación, aunque tiene una parada intermedia para que los esquiadores no se sientan obligados a bajar todo el desnivel de la pista de retorno.

Un trayecto, por otro lado, asequible para la mayoría de los esquiadores, que corren el peligro, eso sí, de despistarse al verse extasiados como consecuencia del paisaje que se muestra en algunos de sus tramos o por el entorno del tramo completo.

Aunque otro de los motivos por los que existe esa estación intermedia es para recoger a aquellos avezados “triineístas” que deciden lanzarse a lo loco por un trazado especialmente pensado para ellos y que baja por un camino serpenteante de 1,8 km. de longitud y que en algún momento incluso cruza las pistas por las que bajan los esquiadores, algo que me pareció un poco inseguro, aunque la zona estaba debidamente señalizada y era imposible que los usuarios de los trineos cruzaran la pista sin verse obligados a parar previamente, lo que minimizaba el peligro.

A la derecha se puede observar como los usuarios de los trineos se tienen que parar para cruzar la pista ya que ésta está acotada.

Indicaciones de acceso a la pista de trineos.

Una vez arriba, al final del telecabina, se puede optar por bajar la pista azul que te lleva a la base de la estación, o elegir entre una las dos zonas restantes en las que está dividida la estación.

La parte izquierda, según se mira a la montaña, es la parte más alta de la estación y desde la que se puede disfrutar del mayor desnivel esquiable, que como ya he dicho, es de unos 1.300 metros.

Para acceder a esta zona es necesario utilizar un pequeño arrastre que, al final del mismo, nos mostrará la estación en todo su esplendor.

Resultó curioso como el viento que azotaba fuertemente la estación de Lech no castigaba a Sonnenkopf, aquí apenas notábamos una ligera brisa. Por lo visto, la configuración y situación de la estación la permitían estar refugiada de los fuertes vientos que estaban azotando la zona. O eso creíamos.

Así que después de realizar una primera bajada de calentamiento por la pista azul, tomamos el remonte de Obermuri para bajar por alguna de las múltiples pistas rojas que discurren por sus laderas.

Silla de Obermuri

Pues resultó que cuando tomamos este telesilla cuatriplaza y estábamos llegando a la cumbre, en su parte superior, empezamos a notar un fuerte viento, por lo que nuestra primera sensación en la que parecía que la estación estaba refugiada, se fue al traste y notamos que aquí también le afectaba el temporal de viento, de tal forma que la silla estuvo parada en más de una ocasión debido a las fuertes rachas.

Tanto es así, que cerraron la silla y nos fueron desalojando poco a poco a todos aquellos que estábamos montados en ella. Los protocolos de seguridad de la estación, se pusieron a prueba y funcionaron perfectamente.

Un surfero abrochándose las fijaciones mientras capea el temporal de viento.

Pero curiosamente esta era la única silla a la que le afectaba el viento, porque el resto seguía con su funcionamiento normal.

Aquí quisiera remarcar el excelente trato que se le da al cliente en esta estación, pues debido al viento, como ya he comentado, tuvieron que cerrar la silla de Obermuri. Pues bien, cuando los responsables de la estación vieron indicios de que el viento bajara de intensidad, cosa que estaba prevista, intentaron abrir de nuevo la silla, haciendo las correspondientes pruebas y al caer la tarde, en cuanto el viento bajó, se mantuvo abierta hasta el cierre definitivo de la estación.

Esta silla no es una silla clave que sirva para comunicar las distintas zonas del dominio y se puede esquiar perfectamente en el resto de la estación y pasar de una zona a otra sin utilizar este remonte, por lo que este detalle de intentar abrir la silla en cuanto las circustancias lo permitían habla muy positivamente de la gestión cara al cliente que practica Sonnenkopf.

Ocurrió algo parecido con la silla de Glattingrat, que se vieron obligados a cerrarla durante un par de horas, pero en cuanto tuvieron la oportunidad, las volvieron a reabrir.

Esto, en resumen, es lo que se llama vocación de cliente, una vocación que muchas veces echo en falta en alguna de nuestras estaciones.

Una vez que consiguieron remontarnos a todos los esquiadores que por momentos estábamos atrapados en esta silla, si no queríamos estar todo el rato en la pista azul de retorno, la única opción que teníamos para seguir esquiando era la de ir uno de los dos extremos de la estación,  y elegimos las zonas de Glattingrat y Obermoos, zonas, por otro lado, muy refugiadas del viento.

Zona de Glattingrat

Pues resultó todo un acierto, las pistas son magníficas, no tanto en su parte alta, que pueden llegar a ser algo monótonas, pero sí en sus tramos bajos, pistas muy variadas, con mucho desnivel y que en su mayor parte discurren entre pinos.

Incluso, la única pista negra que dispone la estación, era muy retadora y de gran dificultad técnica, que hará las delicias de los más exigentes.

Inicio de la pista negra. Como se puede ver, tiene un gran desnivel, además de un bonito paisaje.

Tramo intermedio.

Panorámica de la pista desde el remonte Obermoos.

Final de la pista negra.

La pista únicamente tiene 800 metros de longitud, pero en ese tramo se descienden casi 400 metros de desnivel, resultando una interesante pendiente del 50%, así que no os fiéis de los números, que no es un tramo precisamente sencillo.

Al final de la misma, nos encontramos con la entrada a la algo anticuada silla de Obermoos.

Un puente permite el acceso a la silla sin impedir que otros esquiadores puedan seguir bajando hasta la base de la estación.

Curiosa resulta la solución que se ha implementado en esta difícil zona para que a la vez se pueda dar entrada a los esquiadores que quieran subir en el remonte, permitiendo el paso a aquellos que quieran bajar a la base misma de la estación.

Debido a que este año ha sido un mal año de nieves por esta zona, este tramo de pista que nos dejaría en la misma base de la estación, estaba cerrada, por lo que no pudimos disfrutar del desnivel total que dispone la estación.

A pesar de esto, se me antoja una bajada realmente interesante, sobre todo si se parte desde el inicio de la pista negra o desde el punto más alto de la estación, el final de la silla Glattingrat, que tiene este aspecto.

Final de la silla Glattingrat

Y desde donde se pueden hacer numerosos fuera pista, debido a lo despejado del terreno.

Fuera pistas asequibles.

Incluso desde aquí parte uno de los pocos esquí-routes que existen en la estación.

Me resulto sorprendente como a pesar de ser un mal año de nieve, ésta se mantenía en unas condiciones muy buenas y permitía el esquí en estos tramos de forma cómoda.

En esta bajada, que en su mayor parte transcurre por pistas rojas, se pueden obtener las mejores panorámicas de la estación.

Aquí pasamos toda la mañana, disfrutando de estas pistas, que si bien tienen un interesante desnivel, también es cierto que pueden llegar a ser algo repetitivas y por tanto, la estación no es apta para aquellos esquiadores ávidos de kilómetros.

A mí es algo que no me importa, y que disfruto por igual, y esta parte de la estación la disfruté mucho, tanto que no me aburrí en ningún momento y, muy al contrario de lo que nos pasara el día anterior, esta vez sí pudimos disfrutar como es debido de sus pistas.

Aún así, nos dio tiempo a conocer la otra parte de la estación, un área pequeña, el de Riedkopf, que el plano nos indicaba que disponía de una pista roja y un intinerario.

Pues bien, estos tramos no estaban, digamos, en su mejor momento.

Esto sí son placas de hielo y no lo que mucha gente confunde con la nieve dura.

Lamentable el estado de las pistas.

Por lo que decidimos darnos la vuelta y seguir disfrutando de la otra parte de la estación.

Vistas al fondo del valle desde Riedkopf

Para aquellos que viajéis con acompañantes, comentaros que en este área, existen una serie de caminos marcados para realizar asequibles caminatas invernales, con raquetas preferiblemente, 13 km. de sencillas rutas, que perfectamente los podrán ocupar el día entero para recorrerlas.

Caminos que parten desde la media estación, a la salida del telecabina, y que terminan en el promontorio de Muttjöchle a unos 2.075 metros de altitud.

Como resumen diré me pareció una estación para pasar un día agradable de slow-ski, que puede utilizarse para descansar de estaciones más grandes y tener un día relajado.

Una estación muy completa, con las zonas bien diferenciadas, de forma que los esquiadores expertos apenas comparten espacio con aquellos más nóveles, lo que redunda en la seguridad y comodidad de todos los usuarios.

Para despedirnos de la estación, ésta nos regala una imagen de cuento con la que despido el capítulo de hoy.

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Silveretta Montafon – Hochjoch ¡Cuidado con el escorpión!

Entrada al telecabina de Valisera que da acceso a Nova.

Si el día anterior disfrutamos de una excelente jornada de esquí con Puros, éste no iba a ser menos. Se nos presentó otro fantástico día soleado y aunque la mañana amaneciera con niebla, pronto la humedad desaparería y pudimos disfrutar al máximo de este dominio aunque no disfrutáramas el máximo del dominio.

Dominio que está compuesto por dos estaciones que hasta no hace mucho eran independientes y que se han unido gracias a una inversión de 70 millones de euros ofreciendo al esquiador de a pie un total de 140 kilómetros esquiables entre pistas e intinerarios servidos por 37 remontes.

El precio de los forfaits, 45,90 € a niveles de estación puntera, ya que según ellos mismos, están entre las 10 más grandes de Austria y lo que sí es cierto es que es la más grande del Voralberg. También hay opción a sacarse pase de temporada de lunes a viernes o pase de temporada para caminantes, pero en mi opinión el precio de temporada normal (550 €) no merece la pena sacárselo porque compensa el del 3tällerpass, más barato que el de la propia estación.

Para acceder al dominio existe un punto central del que parten dos telecabinas, cada uno de los cuales te lleva a una estación. Este punto se encuentra antes de llegar al pueblo de St. Gallenkirch si venimos desde Bludenz.

Trayecto desde Bludenz

Llegar hasta aquí nos costó mucho menos que el día anterior; en unos 20 minutos más o menos cubrimos el trayecto, muy cómodo, en una carretera que atraviesa el valle de Montafón pero con la comodidad de no tener que subir ningún puerto.

La entrada, eso sí, está algo escondida, no se ve a simple vista por lo que hay que andar atento para desviarse justo en el punto en el que confluyen ambas estaciones.

Plano esquemático de la estación

La idea inicial que tenía en mente era la de visitar la estación de Silveretta Nova y posteriormente, dependiendo de cómo fuéramos de tiempo, cambiar a Hochjoch o dejarla para otro día.

Telecabina que sube a la estación de Silveretta Nova

Pues bien, la idea inicial se fue al traste cuando cogimos el telecabina de Hochjoch creyendo que era el de Silveretta Nova ¡Menudo despiste!

Telecabina que nos subiría a Hochjoch.

Así que nos tocaba improvisar. Bendita improvisación.

Fantásticas vistas que se pueden disfrutar desde el telecabina de Hochjoch.

Para empezar, el largo trayecto que nos conduce hasta la media estación de Hochjoch nos ofrece una vista en la que se dibuja perfectamente el valle, permitiéndonos contemplar lo que a nuestros ojos aparenta ser una maqueta viva.

Pero no fue hasta que llegué arriba que me di cuenta del error, cuando divisé un remonte que según el plano no debería estar ahí. Sin darnos cuenta, nos habíamos subido hasta el punto más alto de la estación, situado a 2.430 metros de altitud.

Llegada del Hochalpila

Pues bien, una de las propuestas que la estación sugiere a sus invitados es la de realizar el Hochjoch totale, que forma parte del Montafon Totale.

Puesto de observación de aludes en lo alto de Hochjoch

De un modo análogo a lo que es la Sella Ronda dolomítica, este trayecto, que está señalado en el plano marcado en color morado, se indican los remontes y pistas a seguir para disfrutar de un descenso continuado que va desde los ya mencionados 2.430 metros de altitud hasta los poco más de 700 metros en el que se encuentra el pueblo de Schruns.

Este increíble desnivel de 1.730 metros se puede hacer de un tirón y sin apenas remadas, la mayor parte del trayecto discurre por pistas rojas con un gran desnivel y sólo algunos tramos son coincidentes con pistas azules, aunque son unos azules muy atrevidos y no aptos para gente con poco nivel.

Comienza el descenso.

Este increíble descenso, uno de los mejores que yo he disfrutado en mi vida, nos ofrece, además de un interminable camino, unas vistas espectaculares.

Vistas que se pueden contemplar en el descenso del Hochjoch Totale. Tramo de pista azul de Grasjoch (1a)

Vistas al hütte Wormser, desde el tramo rojo (1a) de Kreuzjoch.

La primera parte de este tramo discurre por una especie de circo post-glacial, una zona de umbría que permite conservar la nieve en muy buenas condiciones.

Zona intermedia del Hochjoch Totale.

Por el camino se puede disfrutar de apariciones como la de este hütte.

Si este descenso sin paradas es posible, se debe en gran parte a la espectacular construcción de un túnel que horada la montaña de ladera a ladera.

Interminable túnel que comunica el collado de Kreuzjoch con el valle de Kapellalpe.

No en vano, se trata del túnel de esquí mas grande jamás construido, con una longitud total de unos 476 metros de longitud.

Hochjoch skitunnel 476 m el más largo del mundo.

No me imagino lo que debe ser mantener la nieve en un tramo tan largo pero creo que no debe ser una tarea precisamente sencilla. A su salida podemos comprobar con asombro como el descenso no acaba sino de comenzar.

Vistas a la salida del túnel

Un surfero preparándose para este segundo tramo del Hochjoch Totale.

Una vez se pasa el túnel, se tienen esas vistas que aparecen en la foto anterior y posteriormente nos encontramos con el grueso de pistas de Hochjoch, el corazón de la estación, pistas que podremos disfrutar en otro momento, porque nosotros continuaremos realizando el trayecto del Hochjoch Totale.

Y pronto divisaríamos los primeros remontes de esta zona.

Salida del Seebliga.

Y cuando pensábamos que ya estaba la mayor parte del descenso realizado, en la salida de la Kropfen, nos encontramos de bruces con esta estampa.

Schruns

A partir de este punto, el trayecto discurre entre pinos. El primer tramo se comparte con una pista azul, pero enseguida se dividen en dos caminos para luego volverse a unir en la base de la silla Kropfen, que además está junto a la parada intermedia del telecabina Hochjoch.

Este tercer tramo discurre complementante entre bosques de coníferas

En el plano da la sensación que son dos remontes, pero no, es uno sólo, aunque en este punto se realiza una parada intermedia para que los pasajeros puedan bajar o lo que es más importante, subir desde este punto, ya que 700 metros es una cota muy baja y es comprensible que muchos esquiadores no quieran bajar hasta el mismo pueblo, además que el segundo tramo transcurre por pistas rojas y el cambio de altitud es muy pronunciado.

Teleférico Hochjoch-II

Realmente parece una infraestructura duplicada, ya que la silla resuelve el mismo desnivel y de hecho transcurren paralelas.

Infraestructura aparentemente duplicada.

Pero esta duplicidad tiene un motivo de ser. Resulta que por la noche, y paralela a estas pistas, existe una pista nocturna de trineos que parte desde lo alto del telecabina Hochjoch II y termina precisamente en el Hochjoch I, permitiendo de esta manera disfrutar de varias bajadas a los usuarios de estos deslizantes.

A la derecha aparece parte del tramo de la pista de trineos.

Un trayecto que está disponible desde las 18.00 h. hasta las 21.30 h. y que se tarda en hacer en unos 15 o 20 minutos a un precio de poco más de 17 €.

Auto-retrato.

Aunque el telecabina te deja un poco más abajo. Resulta curioso, porque la silla, que claramente se ve que tiene más antigüedad, tiene que salvar el edificio de salida del telecabina, pasando por debajo del mismo.

Pasando por debajo del Telecabina Hochjoch.

También pudimos disfrutar de una nieve excelente de la pista número 3 y de los ski-routes 4 y 5, una zona que a simple vista ya indica la inclinación y peligrosidad de la zona, hecho que detectamos por las numerosas barreras antialudes colocadas en la mayor parte de la ladera.

Silla de Sennigrat.

La pista número tres es una de las muchas pistas que están marcadas como pistas escorpión, término utilizado por el dominio para indicar aquellas pistas de especial dificultad, una especie de doble diamante, como se representa en las estaciones americanas o japonesas, pistas éstas que en algunos de sus tramos tienen un desnivel de hasta el 81%.

Infinidad de barreras antialudes en esta peligrosa zona.

No en vano, este dominio está considerado como uno de los destinos preferentes para los freeriders, ofreciendo infinidad de intinerarios fuera-pista, calificado como el destino número 1 por el sitio skiinfo.de

Muchas posibilidades para el freeride.

Aún bajamos un par de veces más por aquí, subiéndonos por la Hochjoch Mitte para no perder mucho tiempo, porque la nieve, las pistas, las vistas y la poca gente nos engancharon de tal manera que podríamos habernos quedado ahí hasta que cerraran, pero también queríamos, bueno para ser sincero era yo el que quería, conocer la zona de Nova.

Panorámica con Schruns al fondo.

Tramo de la pista ¡azul! Cuidado que algunos tramos tienen mucho desnivel.

Tramo de la pista azul.

Increíble el entorno.

Increíble el entorno. Detalle de algunos árboles, que llegan a alcanzar gran altura.

Pistas alternativas al Hochjoch Totale.

Rápidamente nos dispusimos a volver y no le dedicamos tiempo a la zona de Grasjoch, a pesar de que ésta también tenía muy buena pinta.

Creo que a este dominio hay que dedicarle al menos dos días, si se quiere disfrutar al máximo de él y no cometer el error que nosotros cometimos de querer hacerlo todo en un día porque estoy seguro que muchas de las cosas que aquí se esconden nos las perderíamos.

Para ir a la zona de Nova, tendríamos que bajar por el telecabina de Grasjoch ya que no es posible bajar esquiando. Y de ahí, tomaríamos el remonte de Valisera, que está dividido en dos tramos, Valisera I y II, aunque no es necesario bajarse de uno para subir a otro sino que simplemente existe una parada intermedia que sirve para recoger esquiadores que no quieran bajar al fondo del valle, ya que aquí sí es posible.

A la salida del telecabina, podemos encontrar el símbolo de la estación presidiendo uno de sus puntos más altos.

El escorpión, símbolo de la estación.

La estación apuesta fuerte por los esquiadores de nivel, tanto es así que dispone de 7 pistas escorpión, pistas de especial dificultad, pero que en un día como en el que estuvimos son asequibles porque la nieve presentaba buena cara. Además, las zonas de freeride son fácilmente accesibles desde los remontes y de hecho, se ofrecen tours y guías para disfrutar de estos verdaderos intinerarios fuera-pista.

Vistas al Schwarzköpfle desde Valisera.

Vistas a Versettla desde Valisera. Planificando donde ir.

Panorámica desde Valisera, la zona del escorpión.

Comenzamos nuestro particular recorrido desde este punto y el objetivo era llegar hasta Gaschurn y volver, lo que nos obligaría a bajar por la pista 41 y ahí enlazar con la silla Nova.

Las pistas presentan un excelente estado.

La estación alcanza cuatro picos que están dispuestos en forma de U sobre los que se han situado las pistas y remontes y le atraviesan dos valles.

Esta disposición hace que sea tremendamente fácil cambiar de un valle a otro o cambiar de zona, por lo que no nos costó apenas tiempo llegar hasta el pico de Versettla que nos daría acceso a otro de los impresionantes descensos que se pueden realizar en esta estación.

Un descenso que parte desde Burg a 2.140 metros y desde el que sólo es posible llegar por pistas rojas o negras, incluso utilizando algún ski-route rojo o negro y no habiendo más posibilidad que utilizar el ski-route R60b en la segunda parte de este descenso para llegar hasta el pueblo de Gaschurn situado a 985 metros sobre el nivel del mar, lo que nos da un desnivel total de 1.155 metros de desnivel total.

Un vertiginoso descenso que hará las delicias de más de uno, pero advierto, es necesario tener un buen nivel de esquí para realizar este recorrido porque con nieve en peores condiciones se puede sufrir bastante.

Algunos tramos pueden presentar especial dificultad a esquiadores no experimentados.

Posteriormente comprobamos que estas pistas, aunque tienen una apariencia terrorífica, se tornan asumibles con esta nieve.

Hoy es sencillo bajar por estas interminables pistas.

Tramo de bajada a Gaschurn

Deliciosa bajada a Gaschurn

La subida se hace posteriormente en un telecabina que está también dispuesto en dos tramos con una parada intermedia en la que no es necesario bajarse, pudiendo continuar hasta el final.

Telecabina de subida a Versettla.

Pero si tenéis hambre, yo os recomendaría que os bajarais porque en este punto intermedio existe un restaurante, el Rehsee Stöbli, con una amplia terraza y mesas atendidas por camareros, nada de self-service, en la que se puede disfrutar de una amplísima carta con auténticas delicias locales, mientras se disfruta del sol en un entorno muy tranquilo, sobre todo en comparación con el resto de locales que vimos por la estación en nuestro recorrido, mucho más saturados de gente. Todo un acierto en mi opinión.

Además, si estáis alojados en Gaschurn o algún pueblo cercano, como Sankt Gallenkirch, es buena idea dedicarle una noche para ir cenar en un privilegiado balcón al valle, ya que las vistas que se ofrecen son asombrosas.

Aspecto del último tramo de bajada a Gaschurn

No os descuidéis, sin embargo, con la hora, ya que la última bajada se realiza a las 22.00 h. El transporte, que se hace desde el telecabina, cuesta unos 7 €, e incluye tanto la subida como la bajada.

Incluso en su oferta de ocio, los miércoles ofrecen la noche romántica, en el que te servirán un aperitivo caliente en su terraza y luego se podrá disfrutar de una barbacoa en el interior del local.

Si os gusta más la marcha, al final del telecabina del Versettla, nos encontramos con un Hütte con mucho ambiente y gente con mucha juerga y sin ganas de esquiar.

Apreskí de Nova-Stova.

Un sitio donde todos los días un DJ deleita al público con música de todo tipo, no sólo electrónica, no sólo música tradicional de apreskí, sino ambas y más, pero un apreskí que cierra a las 16.15 h., ya que no existe otra posibilidad que bajar o en remonte, que los cierran sobre las 16.30 h. o esquiando y no debe ser muy bueno permitir que algunos personajes, después de estar de juerga y tomar alguna que otra cerveza con schnapps, bajen en la oscuridad por una pista que requiere mucho nivel de esquí.

Así que más bien parece un sitio para acompañantes o grupos de amigos que han venido más de fiesta que a esquiar, un concepto que a mí no me gusta y por tanto, no paramos ni un minuto en este local, sólo el tiempo justo para tomar la foto y salir pitando, ya que desde aquí partía nuestro camino de regreso.

Divisamos nuestro objetivo final, que es donde tenemos el coche. Sankt Gallenkirch.

Bajamos por la pista 55, una de las pistas escorpión, y las vistas que nos ofrece hacia el valle del Montafón, son simplemente embriagadoras.

Al fondo, nuestro camino de vuelta.

Y si nos damos la vuelta, podremos contemplar la cabecera del valle.

Cabecera del valle.

Desde aquí, podíamos tomar la silla de Schwarzköpfle, que nos permitiría subir por la Rinderhütte. Como teníamos tiempo, nos dedicamos a bajar por las pistas rojas de esta ladera, porque la nieve estaba enganchona, es decir, que estaba en tan buen estado que nos enganchaba tanto que no queríamos abandonar la zona bajo ningún concepto.

Esta es de las pocas veces que me quedo con ganas de bajar más, creo que tardaría mucho en cansarme de esta zona de la estación, muy divertida, con un buen desnivel, unas pistas perfectas, no son rectas, tienen variantes y no presentan especial dificultad, aunque no está recomendada para esquiadores nóveles.

Silla Madrisella y al fondo, desde donde venimos, el Versettla.

Pero el tiempo, maldito paso del tiempo, se nos echaba encima y estábamos obligados a volver. Para ello, tendríamos dos opciones. Seguir bajando por alguna de las pistas que tanto estábamos disfrutando, para luego continuar por la pista 24, que al ser azul marcada en el plano y atravesar todo el valle, se me antojaba una pista plana y aburrida, o la otra opción que no era ni más ni menos que dar la vuelta por la otra ladera del Schwarzköpfle e internarnos en una solitaria zona de la estación que presentaba este aspecto.

Magnífica también esta parte de la estación.

De nuevo, un acierto. Sin apenas gente, el aspecto de esta zona presentaba otra cara totalmente distinta dando la sensación de que habíamos cambiado de estación.

Ya divisamos los remontes de vuelta.

Me hubiera quedado mucho más, pero teníamos que continuar nuestro trayecto a casa si no queríamos acabar en algún pueblo perdido del valle.

Desde luego, en mi mente se estaba formando la idea de que nos estábamos perdiendo mucho de esta estación.

Así que bajando por la pista número 33 pudimos alcanzar el Sohnenbahn, una silla que remonta una ladera que apenas había tocado la gente y que veíamos con frustración como nosotros tampoco íbamos a poder bajar sobre ella.

Una vez arriba, en vez de bajar por esa ladera, tuvimos que ir volviendo a Sankt Gallenkirch, bajando por la pista azul 20a, donde acaba el remonte de Valisera, pero me despisté y bajamos la pista roja 23. Bola extra. Otra magnífica pista que, esta vez sí, pudimos disfrutar.

Tramo del telecabina de Valisera.

Tener cuidado a la vuelta, porque mirando el plano se puede tener la confusión que se puede llegar esquiando desde cualquier punto de este valle hasta Sankt Gallenkirch, pero no es así. Para llegar esquiando hay que tomar el pequeño remonte Vermiel, que nos subirá unos 50 metros de desnivel.

Si remoloneáis y os cierran la silla, os tocará subir ese desnivel andando y con nieve no es nada fácil, así que andaos con ojo con la hora si no queréis sufrir el camino de vuelta.

Este pequeño remonte, nos deja en una altiplanicie, donde se encuentra una pequeña urbanización constituida en su mayor parte por Gasthaus, hoteles y apartamentos, además de algún que otro local de Apreskí, perteneciente este poblado al mismo municipio de Sankt Gallenkirch, demostrando una vez más que en Austria, el esquí en mitad de pistas sí es posible.

El esquí en mitad de pistas, sí es posible.

Desde este poblado parten dos impresionantes pistas, con mucho desnivel, un paisaje entre pinos, de cuento y unas privilegiadas vistas al valle que nos harán disfrutar un rato más.

Tuvimos la oportunidad de bajar por las pistas 29 y 20c, rojas ellas, que curiosamente, y a pesar de las altas temperaturas y de haber tenido sol la mayor parte del día, conservaban muy bien la nieve, supongo que debido a que es una zona de umbría, única pega que se les puede poner a estas pistas.

Tramo final de Garfrescha.

Como la hora estaba muy justa, decidimos tomar el remonte de Garfrescha, ya que aunque sabíamos que sí nos daba tiempo a subir en el telecabina de Valisera, lo que no teníamos tan claro es si nos daría tiempo a enlazar con el pequeño remonte Vermiel, y de ahí nuestra decisión.

Remonte de Garfrescha.

Y la verdad, es que fue un remate, cuanto menos, exótico. Ésta es una de las sillas más extrañas en las que me he subido nunca.

Además de su desvencijado aspecto, resulta que para asegurar a sus pasajeros, las barras había que moverlas, no de arriba a abajo como es normal en un remonte, sino de lado, realizando un giro de 180 grados y que no tenía tope, de forma que la única seguiridad es la que tú mismo te proporcionabas al apoyar los esquís sobre la barra inferior, que al hacerlo se ejercía una gran presión que impedía que se moviese esta barra de seguridad.

A continuación os muestro en detalle, como son esas barras de seguridad cuando están abiertas.

Aspecto de las sillas con la protección abierta.

Y así es como se encuentran cuando están cerradas.

Y así es como queda la barra de seguridad.

Increíble invento, aunque no genera mucha confianza.

La última bajada se realiza por las misma pista roja que habíamos bajado previamente, y tomando luego la variante 20d, una pista azul muy llana que en algunos tramos exigía el esfuerzo de los esquiadores para que se empujaran con los bastones y obligando a los snowboarders a quitarse la tabla y realizar este último trayecto andando.

Un poco forzado este final, que merece la pena por todos los trayectos previos que sí nos permiten disfrutar y mucho de esta última bajada.

Un trayecto, por otro lado, que se ve compensado por la magnífica visión del paso del río que rodea la pista en este último recorrido, que permite distraerte del esfuerzo final por alcanzar la meta en la que se encuentra nuestro coche de vuelta.

Un último esfuerzo para finalizar la jornada.

En resumen, me gustaría comentar que ésta es una estación muy recomendable para esquiadores que les guste esquiar fuerte, recomendada para freeriders, por su fácil acceso a intinerarios y verdaderos fuera pista desde los mismos remontes, pistas con gran desnivel y muy largas, además de proporcionar paisajes de ensueño que estoy seguro no se os olvidarán fácilmente.

También recomiendo dedicarle al menos dos días si se quiere disfrutar verdaderamente de esta estación, ya que en un sólo día es muy forzado, tiene un tamaño más que considerable y además muchas zonas os atraerán tanto que no querréis salir de ellas durante un buen rato.

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Faschina-Damüls-Mellau. El reino de la nieve.

Con 109 kilómetros de pistas y 29 remontes, éste es el dominio más grande del Bregenzerland.

Llegar hasta aquí nos costaría alrededor de tres cuartos de hora, porque a pesar de estar a tan sólo 31 kilómetros tenemos que atravesar dos puertos de montaña, además con algunos de sus tramos nevados, lo que nos obligaba a extremar las precauciones y a ralentizar la marcha.

Trayecto desde Bludenz.

Curiosamente en cada uno de estos puertos podíamos encontrar una estación de esquí, la pequeña estación de Raggal y la meca del freeride del Voralberg, Sonntag, una estación no más grande que Navacerrada pero que tiene una pinta estupenda.

Damüls, según la propia estación, es el pueblo más nivoso del mundo en el que caen de promedio anual unos 9 metros de nieve.  

Pueblo de Damüls, situado a 1.431 metros de altitud.

Yo tengo mis dudas de la veracidad de esta afirmación después de ver las ingentes cantidades de nieve que caen en la isla de Hokkaido, en Japón, pero sin duda, es uno de los pueblos más nivosos, sino del mundo, seguramente sí de Europa.

La explicación que se ofrece para justificar este calificativo aparece en su página web y es ésta:

Explicación de por qué consideran a Damüls el pueblo más nivoso del mundo.

Trataré de traducir como buenamente pueda este texto.

Primero se ofrece una explicación de lo que se considera un pueblo, que no responde tanto a un ordenamiento político sino más bien a un tema geográfico.

Se dice que para que un núcleo de población se considere un  pueblo es necesario que hayan al menos 9 casas y 29 habitantes, las distintas partes del pueblo deben estar comunicadas por caminos de menos de 1.000 metros y no se deben tener en cuenta los alojamientos turísticos ni contar a los turistas como habitantes, debe disponer de un centro o núcleo central que será la parte más vieja del pueblo y tendrá algún tipo de centro social, ya sea una iglesia, un ayuntamiento o una escuela.

A continuación pasan a comentar que para considerarlo como el pueblo más nivoso hay que tener en cuenta los datos de los últimos 5 años y los ofrecen en la lista del Top 5.

Por último, se da una explicación de como llegan las nevadas. Una configuración de viento noroeste que provoca que el aire húmedo se encuentre como primera barrera algunas de las montañas de más de 2.500 metros que retienen el aire cargado de humedad y descargan principalmente en las montañas del Bregenzerwald, suponiendo una diferencia notable con otras zonas alpinas relativamente cercanas como son St. Anton, Ötztal ó Zillertal.

A mí personalmente no me convence mucho esta explicación, pero estas estadísticas, sin duda nos garantizan una probabilidad muy alta de encontrar buena nieve en este “reino de la nieve“, incluso en años malos como está siendo este 2014, donde pudimos encontrar buena nieve e incluso disfrutar de varios fuera pistas.

Debido a que el día anterior nos encontramos con Puros, decidimos “arrejuntarnos” en este dominio compuesto por tres estaciones.

Cuando hablamos el día anterior, me comentó que iniciarían la joranda en Faschina para luego continuar por Damülls y Mellau. Resulta que viniendo de Bludenz, es la primera estación que aparece ante nuestros ojos. Perfecto. Llamada para ver donde andan y a esquiar.

Pues bien, andar, no andaban, sino que en Damüls se encontraban y, aunque yo no lo sabía, Faschina está aislada por remontes del resto del dominio por lo que no es posible cambiar de valle con los esquís puestos.

Plano de pistas de Faschina-Damüls-Mellau

Aunque hablando con Puros me comentó que sí, que pertenecían al mismo dominio y que no había problema, pensé que el plano de la estación estaría anticuado y que sí existiría alguna comunicación entre ambos valles. Pues no, no existía. Un malentendido del que luego nos reiríamos largo y tendido.

Gracias a este malentendido tuvimos la oportunidad de conocer esta tranquila estación, con grandes posibilidades para el freeride, una nieve de muy buena calidad, muy soleada y, lo mejor de todo, apenas cuatro gatos, una soledad que como consecuencia resultaban que muchas de las pistas estaban sin estrenar y el fuera pista tenía una nieve en polvo de una calidad excelente por las que apenas había pasado gente, algo asombroso teniendo en cuenta la mala temporada.

Vistas de Faschina, a la salida del remonte Glatthorn.

Además, las vistas, los paisajes, son algo que perdurarán en nuestro recuerdo con el paso de los años. Nos sentimos unos privilegiados.

En primer término el ski-route Hahnenkopf Nord. Más abajo, el ski-route Hahnenkopf Ost.

Donde se puede comprobar lo que es la nota general en todos los valles del Voralberg, y es lo escarpado y agreste de sus montañas.

Valles muy cerrados que le dan un carácter genuino.

No os engañéis por el pequeño tamaño de la estación que aparece en el plano, existen muchas bajadas fuera pista que con buena nieve os harán pasar una mañana o una tarde muy agradables.

Por algunas pistas apenas se notaba el paso de esquiadores.

Hay que decir que en este dominio se saben punteros y, por tanto, los precios de los forfaits no son tan económicos como en otras estaciones de la zona. Pero aún así, al igual que el resto de estaciones, la flexibilidad es la norma:

Tarifas 2013-2014

El precio para un adulto es de 45 €, y si te alojas en la zona o eres residente del valle se obtiene una reducción de 2 €. También se da la oportunidad de alargar un día más la jornada de esquí por 36,50 €.

Si se quieren sacar forfaits de dos días y medio o más, entonces es necesario o acogerte a la oferta del mehrtageskarte del 3tällerpass que expliqué en el capítulo anterior o acogerte a una interesante oferta en la que se incluye la presumiblemente fascinante estación de Sonntag.

Tarifas combinadas con Sonntag.

Después de estar como una hora y media en Faschina, decidimos cambiar de estación y nos fuimos directamente a Damüls, que era el siguiente pueblo. Aunque habían muchos coches, no fue un problema aparcar y eso que eran más de las 11.00 h.

Decidimos, pues, explorar esta afamada estación y comprobar en nuestras propias carnes si realmente se hace merecedora de dicha fama.

La primera silla que encontramos es la Uga-Express, que nos deja en mitad de la estación

Final de la silla Uga.

En cuya salida se puede contemplar vistas como estas:

Vistas a Damüls, destacando su campanario.

Desde aquí decidimos empezar fuerte y bajar por la pista número 2, roja para más señas, ya que veníamos calientes del otro dominio y el tiempo, como se puede comprobar en las fotos, era espectacular, tan plácido como aparentan las fotos, algo que no es bueno para la nieve que, milagrosamente, se encontraba en muy buen estado.

Algunos no se resistieron a disfrutar de la nieve recién caída del día anterior.

El motivo de bajar por esta pista no era otro que el de acceder a la silla Sunnegg que da acceso a dos excelentes y muy divertidos ski-routes marcados como negros en el plano.

Silla Sunnegg

La silla, como se puede ver, no es de lo más moderno del mundo, pero da acceso a una de las zonas de esquí más divertidas de la estación.

En la foto se puede ver una zona de huellas, donde decenas de esquiadores disfrutaron de su nieve y a la derecha lo que aparenta ser una pista pisada pero que realmente se trataba de un ski-route.

Pues bien, yo hasta ahora había creído que los ski-routes son intinerarios marcados por la estación pero que no se cuidan ni mantienen, pero no, aquí los ski-routes, en la mayoría de los casos sí se pisan y se tratan, algo que me sorprendió mucho y que en cierta forma me decepcionó porque le quita la diversión de creerte en un auténtico fuera pista.

No así a Mercedes, que veía con alivio y algo de sorpresa que también podía esquiar estos ski-routes sin especial dificultad, al menos, no mayor dificultad que una pista negra.

Vistas desde lo alto de Sunnegg. Se puede ver perfectamente el formato de la estación.

Parte del ski-route 3 – Sunnegg Steilhang.

Mercedes y yo disfrutamos mucho de estas bajadas hasta que una llamada nos sacó del éxtasis en el que nos encontrábamos. Ni más ni menos que Puros. Por fin, conseguimos contactar y encontrarnos para “echar” unas bajadas juntos:

Puros y su atuendo antipérdidas.

Gran conocedor de la estación y catedrático en nieves austriacas, decidió, junto a sus amigos, mostrarnos los mejores secretos de la misma.

Comienza el tour.

Empezando por el pueblo mismo, cuyas pistas lo atraviesan, dejando en evidencia una vez más a aquellos que defienden los macrodominios franceses alegando ser los únicos en los que es posible realizar el ski-in/ski-out y por eso se justifican esas horribles construcciones desarrollistas de los años 70.

Mercedes contemplando el campanario de Damüls.

Así que comenzamos el tour con este personaje y sus amigos, excelentes esquiadores y snowboarders, y mejores personas aún si cabe, que controlaban el medio a la perfección.

Dirigiéndonos al aparcamiento de Damüls. En primer término uno de los amigos de Puros.

Otro de los amigos de Puros. No todos son “limacos”.

El plan era volver al pueblo de Damüls, para de nuevo tomar la silla Uga, y seguir nuestra incursión hasta llegar a Mellau, para luego volver.

Repasamos todas y cada una de las pistas que aparecen en el plano, empezando por la Hoches Licht, que su cima nos muestra el espectacular pico Damülser Mittag.

Espectacular el Damülser Mittagspitze.

Y si nos damos la vuelta, podemos contemplar la ladera de la que venimos:

A la izquierda se puede contemplar el final del remonte Sunegg y a la derecha se distingue perfectamente la bajada del skiroute 3 – Sunegg Nord

En total, una primera bajada continua que va desde los 1.980 metros en su punto más alto hasta los 1.620 de la parte más baja, pero que parecen más y a continuación, el Hohe Wacht nos permite pasar al valle de Mellau y realizar nuestro primer y verdadero fuera pista con una nieve deliciosa.

Puros y Larios preparándose para el primer fuera pista de la jornada, al menos, el primero para mí.

La nieve parecía estar en muy buen estado.

Nieve que presumiblemente era recién caída de la nevada del día anterior, lo que nos obligaba a ser prudentes ya que algunos obstáculos estaban disimulados por esa fina capa de nieve pero no lo suficiente y podrían provocarnos alguna caída, algo que no deseábamos más aún cuando estábamos muy sensibilizados con el accidente de Schumacher.

Esta imagen más en detalle nos alerta para que vayamos con cuidado ya que la capa no es muy gruesa.

Si nos damos la vuelta, aún podremos divisar el valle de Damüls, al que pronto perderíamos de vista. Viendo estas imágenes es cuando realmente se aprecia el tamaño de la estación, que está muy bien aprovechada, ya que con pocos remontes se cubre una gran área esquiable.

Desde este punto, también tenemos una magnífica vista al norte, una inmensa meseta que finaliza en el lago Boden, el que presumiblemente le proporciona toda la humedad necesaria al aire para que descargue brutalmente en esta estación dotándola de un privilegio en forma de oro blanco.

Mercedes contemplando las magníficas vistas a la meseta norte.

La siguiente bajada incluía el paso de un túnel de nieve, algo espectacular, no sabía yo que en los túneles nevaba, sobre todo en estos tan largos ya que medía al menos 100 metros.

Salida del túnel que nos comunicaba con Damüls.

La continuación de la pista tenía este aspecto.

Magníficas vistas.

Y es que en el plano de pistas apenas se representa y da la sensación de ser una estación con poca vegetación y mucho más fría de lo que realmente es, bastante agradable a la vista y con unos trazados variados y divertidos que nos proporcionan diversión y placer a cada bajada, que es distinta cada vez.

Además, resulta tremendamente fácil cambiar de valle, si exceptuamos Faschina, lo que nos permite explorar cualquier rincón de la estación sin que para ello tengamos que estar pendiente del reloj a cada momento.

Así que nuestro afamado guía nos guía por la siguiente subida, Wildgunten, donde nos deja en una divertida pista roja con el mismo nombre y que nos da acceso a otro ski-route, esta vez sin pisar, el número 7 – Hochegg Mellau.

Salida del Wildgunten.

Entrada al ski-route 7 – Hochegg Mellau

Perfecto, porque Mercedes y uno de los amigos de Puros no les gusta los fuera pistas, y estos trazados nos permiten combinar la pista y el fuera pista (realmente un ski-route) y reunirnos de nuevo, pero ya en el mismo pueblo de Mellau y así todos disfrutamos.

Gracias Puros por guiarnos tan bien, creo que nadie, ni tus amigos, ni Mercedes y, por supuesto, ni yo mismo estuvimos en ningún momento incómodos y más bien disfrutamos enormemente de estas bajadas que tan bien nos mostraste.

Esta bajada, para nosotros mitad ski-route, mitad pista, parte de los 1.700 metros de altura y acaba en los 700 metros en los que se encuentra el pueblo de Mellau, es decir, un impresionante descenso de 1.000 metros que pasaba íntegramente por bosque.

La pista baja por un frondoso bosque de coníferas.

Resultaba curioso este descenso porque el problema que nos podíamos encontrar en pistas no era precisamente la escasez de nieve, ya que había nieve suficiente para bajar hasta la cota inferior y además estaba en buen estado, sino sobre todo por los caminos con menos desnivel, se encontraban muchas piñas caídas de las coníferas que nos rodeaban y podrían causarte algún que otro problema si pasabas por encima de ellas.

Al fondo ya divisamos el pueblo de Mellau.

Último tramo antes de llegar a Mellau.

Una vez cumplido el objetivo, decidimos comer algo antes de volver a Damüls. Una vuelta que aunque aparentemente pasamos por las mismas montañas, las bajadas son completamente distintas debido al cambio de orientación, y además con el sol de tarde los paisajes se tornaban mas cautivadores aún si cabe.

Único telecabina del dominio que parte desde el pueblo de Mellau.

Se notaba, sin embargo, que estas laderas con orientación noroeste sufren más con el paso del día y la nieve aquí estaba empezándose a transformar en nieve papa, por lo que los fuera pistas que nos marcamos ya no eran tan disfrutables como los que gozamos a la ida.

De vuelta a Damüls por Hohe Wacht.

Puros visualizando el siguiente fuera pista.

Al final pasamos un gran día, con una compañía inesperada pero la mejor que se puede tener. Yo creo que todos disfrutamos y acabamos contentos con el gran día que pasamos.

Se nota una gran diferencia entre explorar una estación por tu cuenta y cuando alguien que la conoce te la muestra. Estoy seguro que visitando yo solo la estación no la hubiera disfrutado tanto a como lo hice este día.

Es posible que por ello mi percepción de este dominio esté algo distorsionada y tienda a sobrevalorarlo, pero me pareció una estación en la que se puede pasar, sino una semana, si dos o tres días sin que en ningún momento te puedas llegar a aburrir.

Es sobre todo, muy variada y además permite el esquí a todos los niveles permitiendo además que gente que viaja junta con niveles distintos puedan coordinarse para coincidir a la entrada o salida de los remontes, ya que en la mayoría de los remontes hay opciones para los esquiadores menos expertos y así se puede estar en permanente contacto con todos los “co-viajantes”.

Espero que os haya gustado esta estación y que os animéis algún día a visitarla, bajo mi punto de vista, realmente merece la pena una visita.

Gracias por todo Puros y discúlpame que no recuerde el nombre de todos tus amigos, un fallo imperdonable.

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Brandnertal – La montaña amable.

Voralberg es uno de los 9 estados federales (Bundesländer) de Austria, el que está situado más al oeste del país, rodeado en su mayor parte por Suiza (y Liechtenstein) excepto por el este, que limita con el Tirol.

Al igual que su estado vecino (Tirol) e imitando su gestión, 41 dominios esquiables se han unido para lanzar una magnífica oferta por la que es posible utilizar las instalaciones de todos estos dominios comprando un pase de temporada conjunto al que se le ha denominado el Drei Täller Pass (El pase de los tres valles)

El 3tälerpass, es válido para todas las estaciones de esquí del Voralberg y algunas del Tirol. Y por un poco más se incluyen las estaciones del Alberg en el lote (estaciones míticas como Sankt Anton o Lech). Una oferta que por 465 € (408 € si se compra por anticipado) se puede disfrutar ilimitadamente durante toda la temporada.

Una competitiva propuesta inimaginable en nuestro esquí patrio, donde lo más parecido que se puede encontrar es la oferta que en su día sacó Aramón para poder esquiar en las siete estaciones aragonesas, aunque a un precio visiblemente superior a la apuesta austriaca.

A continuación os muestro la oferta de precios:

Precios del forfait de temporada del 3tällerpass

Precios del forfait de temporada del 3tällerpass

Muy a tener en cuenta en el caso de querer esquiar en esta zona durante dos o más semanas, aunque no sea de forma consecutiva. Interesante sobre todo porque te da la libertad de elegir la estación en función de las condiciones de nieve y del tiempo reinante en cada momento.

Alternativamente hay una opción de sacarse el pase de los tres valles para varios días en vez de para una temporada, pero hay que prestar atención porque en este pase no están incluidos todos los dominios del Land sino sólo aquellos que pertenezcan al Bregenzerwald.

Precios del 3tällerpass para varios días.

Precios del 3tällerpass para varios días.

Precios para dos días y medio, donde el medio día es el último y empieza a contar a partir de las 11.30 h., precios de hasta 13 días, más significaría que puede compensar comprar el pase de temporada (en la oferta indican que se debe preguntar ya que los precios variarán dependiendo de si es temporada alta o baja), pases que son válidos para cualquier día de la temporada, pases de dos, cinco y ocho días NO consecutivos y todos ellos válidos para las siguientes estaciones, todas ellas pertenecientes a la región de Bregenz:

Möggers – Buch – Alberschwende – Sulzberg – Riefensberg – Hittisau/Hochhäderich – Balderschwang – Sibratsgfäll – Hittisau – Egg/Schetteregg – Bödele – Andelsbuch/Bezau – Bizau – Reuthe – Damüls-Mellau – Diedamskopf – Warth/Schröcken – Kaisers – Holzgau – Bach/Jöchelspitzbahn – Elbigenalp – Häselgehr – Stanzach – Boden/Bschlabs – Gramais – Dornbirn/Ebnit – Faschina – Sonntag/Stein – Raggal.

Tener cuidado con esto porque Puros, con el que coincidí un par de días quiso comprar este pase para Brandnertal y se llevó la sorpresa que no era válido y tuvo que adquirir el pase individual para esta estación.

Cuando aquí en España se discute si es bueno o no cobrar una parte del total del precio normal de una única estación cuando ésta no está completamente abierta o si surgen polémicas de si devolver o no un forfait que se compró anticipadamente cuando un día no abren la estación por condiciones meteorológicas adversas, viendo estas magníficas ofertas da la sensación que estamos a años luz en cuanto a oferta de precios y flexibilidad de los mismos y queda en evidencia la escasa oferta que existe en nuestro país.

También da la sensación que las estaciones no tienen la presión de la competencia, porque para cualquiera de nuestras estaciones, ofertando mucha menos extensión esquiable, un pase de temporada es inconcebiblemente más caro que  el precio de este pase.

Nosotros comenzamos nuestro primer día en esta estación de esquí (Brandnertal) que se encuentra a tan sólo 10 km. de Bludenz.

Nuestra primera misión: Alquilar esquís.

Cuando llegamos a Bludenz el día anterior, intentamos localizar alguna tienda de esquí en la que pudiésemos alquilar material ya que llegamos con el tiempo suficiente para hacerlo.

Como no sabíamos donde podríamos encontrar una tienda y Bludenz tiene un tamaño lo suficientemente interesante como para evitar recorrerla a pie buscando algún local de este estilo, le preguntamos directamente a la persona que dirigía el gasthof en el que nos alojamos y nos dijo que de haber algo sería en el centro comercial de Bürs y nos indicó como ir.

Pues resultó que no, que tampoco ahí se alquilaban esquís, aunque sí que había una inmensa tienda de material, mejor dicho, existían un par de ellas, pero en ninguna se dedicaban al alquiler de esquí.

Esto, como ya comenté en el capítulo anterior, me sorprendió mucho, una ciudad que está apodada como la ciudad alpina no tiene como negocio principal o como una parte importante de su economía el turismo de esquí. Así que si os alojáis en esta ciudad tener presente que os va a costar encontrar una tienda de alquiler de esquís.

Por este motivo decidimos alquilar en la primera estación de esquí que visitáramos y ésta debía encontrarse relativamente cerca de la ciudad para que el último día, cuando nos viéramos obligados a devolver los esquís, no tuviéramos problemas con la hora, ya que en Austria es normal que los comercios cierren a las 18.00 h.

Las dos estaciones más cercanas a Bludenz son Golm y Brandnertal, ambas distan a unos 10 km. por carretera.

Según me habían comentado, la estación de Golm parecía menos interesante por lo que decidimos ir a Brandnertal y allí alquilamos los esquís en una tienda situada en la base del telecabina Dorfbahn.

El precio: 190 € para dos pares de esquís de gama alta y una duración de seis días con opción a cambiar el modelo si no nos gustaban los que nos habían proporcionado.

Cria de llamas en cautividad a la entrada de Brand

Cria de llamas en cautividad a la entrada de Brand

Como ya he dicho, decidimos ir a Brandnertal por la cercanía a Bludenz, ya que así, el último día, para devolver los esquís no tardaríamos mucho, pero resultó que para llegar hay que subir un pequeño puerto de montaña que ralentizaba nuestra marcha. Y para añadir dificultad al trayecto, la carretera estaba nevada, lo que nos obligaba a ser más prudentes de lo normal, porque aunque dispusiéramos de ruedas de invierno nunca hay que bajar la guardia.

No es que fuera algo grave, pero el día que tuviéramos que devolver los esquís, pensamos, tardaríamos algo más de la cuenta. Si alguna vez os encontráis en la misma situación, es mejor ir a alquilar a la estación de Golm, o alguno de los pueblos que se encuentran antes de llegar a esta estación, como pueden ser Sankt Anton im Montafon o Vandans, ya que aquí la carretera va por todo el valle y resulta mucho más cómoda, además de estar a mas o menos la misma distancia de Brandnertal.

La estación de Brandnertal está situada en la montaña que corona el valle del mismo nombre y se puede decir que se compone de tres partes claramente diferenciadas y al que es posible acceder desde dos núcleos de población. Bürserberg y Brand.

Plano de pistas de Brandnertal

Plano de pistas de Brandnertal

La población más cercana es la de Bürserberg, pero decidimos ir a Brand para situarnos un poco más centrados en este dominio de 55 km. de pistas.

Los precios que dan derecho a la utilización de los remontes de la estación son estos:

Precios 2013/2014

Como se puede ver, la flexibilidad es la norma en las estaciones de esquí austriacas, donde se ponen diferentes precios en función de la hora en la que se compra el pase. Además, también ofertan un pase para la gente que se está iniciando que cuesta unos 19 € y al que se puede acceder a partir de las 14.30 h.

Una vez alquilado los esquís y comprado el pase de día, decidimos comenzar nuestra jornada de esquí por la parte de Brand, queríamos conocerla a fondo y luego, si nos diera tiempo, seguiríamos por la de Bürserberg.

Dorfbahn. Fuente: Brandnertal.at

Dorfbahn. Fuente: Brandnertal.at

Subimos por un moderno telecabina, el Dorfbahn, que nos deja a media ladera, para enlazar con una silla, la Gulmabahn que ya nos ofrece el acceso al primero de los valles de esta estación.

Un auténtico jardín de nieve

Un auténtico jardín de nieve

Este primer valle está muy bien aprovechado, servido únicamente por dos remontes principales, el Palüdbahn, un telecabina que parte de la base de la estación, en Innertal, y que te deja a media ladera, y el Glattjochbahn que nos lleva a la parte más alta de la estación.

Entrada al remonte del Gattjochbahn

Entrada al remonte del Gattjochbahn

Quizás sea por el día de niebla que tuvimos o quizás porque no es una de las famosas estaciones del Voralberg, pero sea como sea, en un domingo cualquiera apenas tuvimos colas y en algunas ocasiones era sobrecogedora la soledad en la que nos encontrábamos en pistas.

Mercedes en una de las pistas de Brand

Mercedes en una de las pistas de Brand

En esta parte de la estación los remontes llegan a alcanzar los 2.000 metros de altura y la parte más baja se sitúa a poco más de 1.000 metros, en la base del telecabina Palüd, en el mismo Innertal, por lo que en esta parte podremos disfrutar de un desnivel esquiable de casi 1.000 metros.

Subida por la Glattjochbahn

Subida por la Glattjochbahn que da acceso al punto más alto de la estación.

Panorámica del final de la silla de Palüdbahn

Panorámica del final del telecabina Palüdbahn

Uno de los encantos de las estaciones alpinas, y en especial de las austriacas, es que por muy pequeño que sea el dominio, que no es el caso, lo que sí se tiene casi garantizado es un gran desnivel esquiable.

Pista paralela al Glattjochbahn

Pista paralela al Glattjochbahn

Esto también se cumple en Brandnertal, donde cada uno de los tres valles en los que se divide la estación, ofrecen un desnivel similar.

Aunque para ser sinceros, esta montaña tiene muchos llanos, sobre todo en la parte de Lorenzital que no permiten realizar una bajada continua de todo el desnivel lo que desvirtúa un poco esta pérdida de altura dividiendo el descenso en dos partes y resultando algo menos divertida que si el trayecto transcurriera en un continuo descenso.

Parte intermedia del valle de Lorenzi. Pista 9 del plano.

Parte intermedia del valle de Lorenzi. Pista 9 del plano.

Como ya he dicho, este desnivel en la zona de Innertal está cubierto por dos remontes, la ya mencionada silla de Glattjochbahn y el telecabina Palüdbahn, donde fácilmente a la salida de éste se puede enlazar con la entrada de aquél.

En la misma salida del Palüdbahn, se dispone de un pequeño telearrastre para que los menos expertos puedan disfrutar de sencillas bajadas en las que adquirir la habilidad necesaria para practicar este deporte.

Área de descanso en la media estación de Brand.

Área de descanso en la media estación de Innertal.

También dispone este subdominio de una pequeña zona preparada para la práctica del freeride, aunque algo desvirtuada debido a que este año no ha sido un gran año de nieves y a pesar que era practicable el fuera pista, éste no era muy disfrutable.

Dentro de este área también se dispone de un pequeño snowpark llamado Backyards, aunque no parecía muy motivador para aquellos devotos del freestyle, con unos módulos básicos y saltos que no entrañan especial dificultad.

Área de freeride a la derecha del remonte

Área de freeride a la derecha del remonte

Vista del telesilla Glattjochbahn desde la pista 6a

Vista del telesilla Glattjochbahn desde la pista 6a en la zona de Backyards.

Lo que sí puedo asegurar, a riesgo de equivocarme, es que el paisaje de esta zona de la estación es uno de los mejores paisajes alpinos que se pueden encontrar en una estación de esquí.

Pistas altas de Brand.

Pistas altas de Brand.

Se tiene la sensación de estar en todo momento esquiando sobre un inmenso jardín de nieve decorado por las imponentes paredes de la roca del Mottaberg que le imprimen un carácter y una personalidad única.

Sillas de la Glattjochbahn

Sillas de la Glattjochbahn y al fondo el Mottaberg.

Cursillos en la zona de Brand

Cursillos en la zona de Brand

Cursillos en la zona de Brand.

Cursillos en la zona de Brand.

Accediendo a la parte baja de Innertal

Accediendo a la parte baja de Innertal

Un auténtico jardín de nieve.

Un auténtico jardín de nieve.

Me cautivó tanto el paisaje que por mucho que lo intentaba no podía dejar de hacer fotos.

Vistas desde la parte de Innertal

Vistas desde la parte de Innertal

Bajando hasta la base

Bajando hasta la base del Innertal el sol intenta saludarnos.

A pesar de ser un mal año de nieve para esta zona austriaca, tuvimos suerte y este primer día nevó durante la noche lo que nos permitió disfrutar de una nieve recién caída que facilitaba nuestras trazadas creyéndonos auténticas figuras del esquí y sobre todo, sintiéndonos como tales por muy alejada que fuera la realidad.

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Parte intermedia de la pista 11

Parte intermedia de la pista 11

Este segundo tramo que nos lleva a la base de Innertal tiene un intinerario alternativo (el número 14 del plano), pero no merece mucho la pena adentrarse en el mismo porque el tramo es corto y además nos deja en la carretera de acceso al lago Lüner, de forma que la única opción de volver a remontarse es andar un buen tramo por la carretera o esperar a que pase un esquí-bus y nos deje en la base de alguno de los dos telecabinas de Brand o Innertal.

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Parte intermedia de la pista 11

Parte intermedia de la pista 11

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Para volver al valle central que nos deja en Brand, es necesario subir hasta la cima de la estación y de ahí tomar la pista número 9 que discurre por Lorenzital.

Vistas a la montaña que da al valle de Lorenzi

Vistas a la montaña que da al valle de Lorenzi

En este trazado de regreso es posible ver un montón de cabañas (hüttes), auténticos refugios montañeros, que tenían hasta una numeración, entiendo que para que sea posible enviar el correo. Algunas eran auténticas joyas.

Hütte en mitad de la pista 9 en Lorenzital

Hütte en mitad de la pista 9 en Lorenzital

No se a ciencia cierta cuál es la funcionalidad de estas cabañas, pero mi imaginación hecha a volar y entiendo que son refugios de cazadores o casas agrícolas o de labor que se utilizan en cuanto el manto blanco da paso a los verdes prados que seguro brotan en la zona.

Tramo intermedio de la pista 9 que nos lleva a Brand

Tramo intermedio de la pista 9 que nos lleva a Brand

Para cambiar a la zona de Bürserberg, hay que hacerlo mediante un magnífico teleférico situado en la parte intermedia de la zona central de Brand, el Panoramabahn, también abierto en verano y estoy seguro que ofrece a sus ocupantes unas magníficas vistas.

Panoramabahn. Fuente: Brandnertal.at

Panoramabahn. Fuente: Brandnertal.at

A la salida de este teleférico, siguiendo por la pista 21 se llega al Rufana Alp, un acogedor restaurante de montaña que como oferta estrella, celebran todos los viernes a partir de las 19.00 h. la noche de las Foundies para la que es necesario una reserva previa.

Inusual acompañamiento para la Foundie

Inusual acompañamiento para la Foundie

Foundie. Exquisitez típica del Voralberg

Foundie. Exquisitez típica del Voralberg

Un sitio en el que además de disfrutar de sus joyas gastronómicas, ofrece alojamiento, permitiéndonos un increíble concepto de ski-in/ski-out en mitad de la montaña.

Acabados en madera del hütte Rufana Alp

Acabados en madera del hütte Rufana Alp

La zona de Bürserberg es un poco más pequeña que la zona de Brand, pero a cambio, aquí las remadas son prácticamente inexistentes, sólo necesarias a la salida de la silla Loischbahn, una silla que no podemos decir que sea precisamente moderna.

Subida por el Loischbahn

Subida por el Loischbahn

Y gracias precisamente a la antigüedad de la silla, y a su ritmo de remontada calmado y sosegado, se puede disfrutar del paisaje y del silencio hasta que éste es interrumpido por por una histriónica algarabía de vociferantes españoles. Ni más ni menos que Puros y sus amigos. Increíble, encontrarse con estos personajes con lo grande que es el Voralberg en la misma estación, el mismo día, en el mismo remonte y a la misma hora.

Por supuesto, hicimos un par de bajadas juntos y quedamos para el día siguiente, pero eso será otra historia. De momento continuaré describiendo esta estación.

A pesar de la antigüedad del remonte, su cima, situada a 1.860 metros, nos da acceso a una salvaje pista negra que hace que bajar cualquier intinerario se convierta en en un juego de niños en comparación.

También se puede acceder a la pista 21 que nos permite bajar hasta el mismo pueblo de Bürserberg o enlazar de nuevo con el Panoramabahn para que nos lleve de vuelta a Brand.

Tramo intermedio de la pista 21 en Bürserberg

Tramo intermedio de la pista 21 en Bürserberg

Antes de volver, hicimos una bajada hasta el pueblo y resultó que a mitad de bajada habían colocado unos carteles indicando que la pista estaba cerrada por falta de nieve. Esto es un problema porque a la altura en la que habían colocado los carteles de advertencia no existía ningún remonte que nos permitiera desistir en la bajada, por lo que tuvimos que descender obligadamente por dicha pista.

Aunque realmente las pistas, más que cerrarlas, lo que hacen es no recomendarlas. Un cartel de “Nicht möglich” que significa no deseable te indica que si te adentras en la misma puedes tener problemas con la nieve.

Bonito detalle que encontré en todas las estaciones del Voralberg, ya que el cierre de pistas se debe más a la falta de nieve o al mal estado de la misma que a la existencia de un peligro real.

Jardín de nieve en Bürserberg

Jardín de nieve en Bürserberg

Y para cuando cae la noche, existen muchas alternativas. El pueblo de Brand disponía de supermercados, tiendas de esquí, también dispone de una pista de hielo y, por supuesto, apreski.

El pueblo de Bürserberg sin embargo parecía más tranquilo y con menos ambiente, pero en cambio es en esta zona donde se puede disfrutar de un magnífico descenso nocturno en trineo, actividad que quisimos practicar el último día de nuestro viaje aprovechando que teníamos que devolver los esquís, pero al final desistimos porque estaba lloviendo y presumiblemente no íbamos a disfrutar de esta actividad.

Si pasáis unos días en esta estación, podéis ver en el plano de la estación que al final del valle hay un teleférico que da acceso al lago Lüner uno de los mayores lagos en altura de Europa.

Pues bien, si alguien viaja con algún familiar o amigo que no esquía deberéis tener en cuenta que este remonte se cierra en invierno, limitando su funcionamiento a los meses que van de mayo a octubre.

Si éste es vuestro caso, se ofertan infinidad de alternativas al esquí, como el ya mencionado patinaje sobre hielo, las bajadas en trineos, paseos invernales por rutas de montaña debidamente marcadas, o lo que han llamado el trineo-safari (rodelnsafari) que consiste en un intinerario para deslizarse en trineo, pero con algunos tramos en los que hay que ir andando, una auténtica excursión que va más allá de una simple bajada y que presumiblemente llevará un día completo su práctica.

Y hasta aquí la descripción de la primera de las estaciones que visitamos en esta agreste región austriaca.

Como valoración final, diré que es una estación ideal para familias, donde la parte de Brand e Innertal permiten la enseñanza con gran seguridad para los más pequeños y la parte de Bürserberg es algo más exigente aunque sin llegar a ser una estación para esquiadores extremos que deberán buscar otros destinos más acordes a sus gustos.

También es perfecta para días de mal tiempo porque sus pistas están bien protegidas por todas las montañas que le rodean, además es ideal para días de gran afluencia porque para ser domingo apenas encontramos a gente en toda la estación.

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Voralberg. Sol y toros. Bludenz

Bueno, sol algunos días, pero por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender el motivo exacto, he visto en muchos lugares del Voralberg el culto a este animal tan arraigado en nuestra cultura.

Si no me creéis, aquí os dejo algunas muestras:

Escultura de un toro en mitad del pueblo de Ragal.

Escultura enclavada en mitad del dominio de Warth.

No sólo simples imágenes, sino también, como podéis ver, auténticas esculturas que no se hacen precisamente en dos días. Y encontraba muestras por todo el Voralberg.

Creo que tiene más que ver con el hecho de tener una especie autóctona y a su tradición ganadera que se remonta al 1.862 que con algún tema de cultura o que esté relacionado con algo místico, pero lo que si da la sensación es que sea un signo identificador de la zona.

Nuestro centro de operaciones elegido fue la ciudad de Bludenz, capital de uno de los cuatro distritos administrativos del Lände. También conocida como la ciudad alpina o Alpenstadt, está enclavada en la confluencia final de cinco valles, de los cuales, tres son muy importantes y en las que están enclavadas algunas de las estaciones de esquí que visitaríamos en los días posteriores, los valles de Brand, Kloster y Montafon. Esta situación la consideramos estratégica en cuanto a nuestro plan de realizar un esquí safari por las estaciones de la zona.

Situación de Bludenz.

Lo que más me llamó la atención de esta pequeña ciudad de aproximadamente unos 14.000 habitantes es su carácter industrial. Me esperaba encontrar el típico pueblo austriaco y en cambio me encontré con edificios industriales por todos lados y edificios comunitarios, aunque no muy grandes.

Tan industrial como lo demuestra el hecho de tener su propia fábrica de cerveza cuyo logo es el símbolo de la ciudad.

Fábrica de cerveza.

Fábrica de cerveza.

Como ya he dicho, Bludenz es muy buen centro de operaciones debido a su situación geográfica con respecto a la mayor parte de las estaciones de esquí del Voralberg, sobre todo las situadas al sur del Lände, pero también lo es porque dispone de todo tipo de servicios, hasta los que menos te puedas esperar, como el hecho de que dispone de una sala de billar y snooker, juego del que soy muy aficionado, y esta sala es mejor que cualquiera de las que se pueda encontrar en Madrid.

Tienda de joyas ubicada a las afueras del centro histórico.

Además existen infinidad de restaurantes, pastelerías, un grandísimo centro comercial, aunque éste se encontraba en la ciudad vecina (Bürs) que está separada de Bludenz por la autopista por lo que se la puede considerar dentro del mismo entorno urbano, centro comercial que disponía de un gigantesco Spar para que los apartamentistas puedan suministrarse de todo aquello que necesiten, muchos alojamientos de todo tipo, muchas tiendas de pueblo, nada de tiendas al uso que podamos encontrar en la urbanización de cualquier estación de esquí, de hecho nos costó encontrar material de esquí en la propia ciudad.

Farmacia de la ciudad.

Incluso los miércoles y los sábados, en su centro histórico se monta un mercadillo de alimentación.

Mercado de alimentación que se monta todos los miércoles y sábados en el centro de Bludenz.

Puesto de flores.

Pero al igual que digo que es una ciudad bien dotada de la mayoría de los servicios que cualquiera pudiera necesitar, también me encontré cosas que no me gustaban, como el hecho de que la mayoría de los restaurantes fuesen de comida italiana. Si voy a un país extranjero, en este caso Austria, a mí particularmente me gusta disfrutar de las especialidades locales, y en este aspecto nos costó encontrar restaurantes que sirviesen comida autóctona.

Además, al ser una ciudad industrial, increíblemente poco enfocada al turismo, los servicios de hostelería se adaptaban a este tipo de cliente y la mayoría de restaurantes cerraban los domingos y los lunes, incluido el restaurante de nuestro gasthof.

De los pocos sitios donde un domingo se podía ir a cenar es al restaurante del hotel Schloss en el que además servían unos deliciosos platos locales que nos dejó muy buen regusto con el que estuvimos soñando plácidamente toda esa noche.

Otro sitio que nunca cierra y que además de para cenar sirve para tomar una copa, echarse unas risas o jugar a los bolos es el Fohren Center justo enfrente de la fábrica de cerveza.

Si observáis bien la página del Fohren Center podréis ver que una de las ofertas que tienen en su carta es la Foundie. Y es que resulta que esta región tiene más de suizo que de austriaco, no en vano la mayor parte de su frontera linda con este país, y así se refleja en su gastronomía, donde por todos lados se ofrece esta exquisita vianda.

Además se ofertan por los mercadillos una gran variedad de exquisitos quesos de todo tipo y también embutidos hechos a base de ciervo y otros animales de caza.

El ambiente que me encontré corresponde a una gente con un carácter más parecido al suizo y menos parecido al ambiente austriaco, más serio y formal y, aunque fuera casualidad, en todos los sitios en los que estuvimos nos encontramos a más de uno que hablaba español, que nada más oírnos hablar se acercaban a conocernos y a saludarnos, algo que contrasta con el supuesto carácter seco y poco abierto que se les supone a los centroeuropeos, incluso hubo uno que nos contó sus aventuras de cuando estuvo viviendo por Sudamérica.

Algo que me sorprendió mucho, más cuando la mayoría nos comentaba que era muy raro ver españoles, y en general, extranjeros haciendo turismo en esta parte de Austria.

Y turismo es otra de las actividades que se pueden realizar en esta ciudad, que como ya he dicho, es una ciudad histórica, una buena alternativa para planificarse un día de descanso o si nos vemos obligados a causa del mal tiempo.

Grabado representativo de Bludenz en la Edad Media. Fuente: Wikipedia

Una de las primeras cosas que llaman la atención cuando uno se aproxima a Bludenz es un campanario visible desde muy lejos y en toda la ciudad. A este campanario, se le supone acompañado de una iglesia, y así era. Ésta es ni más ni menos que la catedral de la ciudad, la iglesia de Sankt Laurentius (San Lorenzo)

Vista general del campanario de Sankt Laurentius.

Bludenz tiene historia, una historia que se remonta desde tiempos romanos, aunque los monumentos más antiguos que perduran en la ciudad datan de la edad media, como esta la iglesia-catedral de Sankt Laurentinus que data del año 1.260, aunque fue reconstruida entre los años 1.491 y 1.514 después de que un incendio acabara con ella.

Mangos de la puerta de entrada.

Una catedral un tanto modesta cuyo campanario repiquetea sus campanas produciendo un sonido que te envuelve en un halo sonoro muy placentero.

Torre en la que si nos fijamos más en detalle podremos observar dos escudos, uno que pertenece a Austria y el otro que corresponde al de la ciudad. El escudo de la ciudad está compuesto en parte por la figura de un unicornio que simboliza un antiguo icono que representa el carácter indomable, la fuerza persistente y la pureza virginal.

Escudos de Austria y Bludenz.

En su interior llaman la atención sus altares de mármol negro que datan del 1.720

Altares de mármol negro.

Altares de mármol negro.

Púlpito.

Órgano.

Esta iglesia es el símbolo característico de la ciudad, ya que al estar situada sobre un promontorio es visible desde la mayor parte de la urbe. De hecho, las vistas desde su patio son de este estilo:

Puerta de entrada al patio de la catedral.

Pues para nuestro asombro y regocijo, el alojamiento que elegimos estaba situado al lado mismo de la catedral. Un sitio acogedor y tranquilo, un Gasthaus llamado Löwen (león) que se encontraba al lado mismo del centro histórico de Bludenz y que lo separaba de la catedral una calle que dividía ambas zonas.

Magnífica ubicación del Gasthof. Fuente: Gasthof Löwen.

El gasthof tiene parquin propio, muy cómodo, algo que es de agradecer, porque en toda la ciudad no existe ningún sitio que no pertenezca a algún propietario y por tanto las plazas son privadas, teniendo como única opción de aparcamiento un parquin público situado justo detrás del parque de bomberos. Si váis a venir a Bludenz y os váis a alojar aquí, tener esto muy presente, hasta algunas plazas que pertenecían al ayuntamiento se alquilaban a particulares.

Continuando con nuestro recorrido turístico por la ciudad, al lado de la catedral podemos encontrar los restos del antiguo castillo Gayenhofen (1.746) que hoy es sede del gobierno regional del distrito de Bludenz.

Aspecto de lo que queda del antiguo castillo.

Restos del muro que protegía al castillo.

Pasear por las calles de Bludenz es un ejercicio de relajación que sirve para recomponer las fuerzas que hemos gastado en el día y sirve como colofón final de una magnífica jornada de esquí, permitiéndonos trasladarnos al pasado al tratar de recordar como era la ciudad antes de que ésta fuera incendiada.

Típica calle del centro de Bludenz. Sus fachadas terminan en los característicos soportales para que la gente pueda refugiarse de la lluvia.

Calle céntrica.

El jardín de los ciervos.

Bonito detalle en una de las fachadas.

Werdenbergstrasse, donde antiguamente estaba situado el ayuntamiento.

Alejándonos un poco del centro, podemos encontrar este monumento en honor a la figura de Bernard Riedmiller, un famoso rebelde que luchó contra los franceses comandados por Napoleón en un batallón de rebeldes de Bludenz que posteriormente participaron en la guerra austro-prusiana.

Escultura dedicada a Bernard Riedmiller.

En frente de este monumento, se encuentra el Café Remise, un centro cultural al que también se puede ir a tomar una cerveza, un vino o, por qué no, ir a cenar, su carta es escasa pero lo que sirven son especialidades locales realizadas con gran esmero y un gusto fino.

Aspecto exterior del Café Remise. Fuente: Café Remise.

Un poco más allá podremos encontrar la extraña iglesia de la Heilig-Kreuz (Santa Cruz), cuyo campanario sirvió de referencia para las operaciones antiaéreas de la Segunda Guerra Mundial.

Aspecto exterior de la iglesia de la Santa Cruz.

Otra panorámica de la iglesia de la Santa Cruz.

Su interior no es menos sorprendente, de aspecto moderno cuyo techo tiene colgadas estas lámparas cuyo efecto nos deja anonadados.

Genial combinación de formas y colores.

Aspecto general interior de la iglesia de la Santa Cruz.

Y sorprende la confianza con respecto a sus parroquianos los cuales respetan pulcramente la propiedad de la iglesia como así se demuestra que dejan los libros de cantos y oraciones en su sitio.

Cada puesto tiene su libro.

Y en frente de esta iglesia, no menos sorprendente es la escuela pública, de un aspecto imponente.

Escuela pública de Bludenz.

Escuela pública.

Y hasta aquí termina esta “pequeña” introducción a lo que fue nuestra base de operaciones para las excursiones que realizaríamos en días posteriores a las estaciones del Voralberg, que espero que os sirva para haceros una idea de como es el sitio si optáis por viajar a esta zona.

Nuestro recorrido consistió en visitar las estaciones de Brandnertal, Sonnenkopf, Faschina-Damülls-Mellau, Warth-Schröcken, Gargellen y Silveretta Nova-Hochjoch. Estuve tentado en visitar la estación de Sonntag, pero visto la falta de nieve y que esta estación está orientada más al freeride preferí dejarla para otra ocasión.

Aunque el origen de la ciudad está un poco al margen de la evolución del esquí, la ciudad no ignora el entorno en el que se encuentra y que en cierta medida forma parte de su economía local, y en algunos rincones podemos encontrar guiños a este preciado deporte, imagen con la que cierro el capítulo de hoy.

Guiño a la historia del esquí.

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Festival de Fuego Dosojin de Nozawa.

Después de describir todas las estaciones, de comentar cuales eran las condiciones y características de cada una de ellas y sabiendo de antemano que lo mejor estaba en Hokkaido alguno se preguntará por qué no dejamos Niseko para el final, pues sería el mejor remate a una inimaginable semana de esquí.

La respuesta es que las fechas nos obligaron.

Cuando empecé a planificar el viaje, mi idea era la de combinar turismo y esquí de forma alternativa. Mis compañeras de viaje me comentaron que preferían dejar el esquí para el final por temor a que alguien se pudiera lesionar y con ello arruinar el viaje de los tres. Bueno, se cambió la planificación para dejar el esquí para el final con la idea de terminar en Hokkaido que además iba a formar parte del grueso del viaje de esquí.

Conocía de la existencia de algunas de las celebraciones más importantes realizadas en Japón, entre ellas el festival de fuego de Nozawa, el Dosojin Fire Festival, pero lo que no sabía era la fecha, y por algún lado había leído que este festival, el tercero en importancia de todos los festivales de fuego de Japón, se celebraba en febrero.

Pero un día vi este vídeo que un forero, NyaZ, con pocos mensajes y mucho tiempo registrado, colgó en el portal de Nevasport.com.

En este vídeo, un freeskirider japonés llamado Tabibito hablaba de las bondades del esquí en su país, sobre las magníficas condiciones que se dan y sobre la visita de otros famosos freeriders a su tierra. Y también, en un momento dado mencionaba el festival de fuego de Nozawa Onsen con una reseña indicando que se celebraba todos los años en el mes de enero, mes en el que casualmente íbamos a realizar el viaje.

Esto me llamó la atención y me puso en alerta, porque parecía que me había confundido al leer la fecha o leí la información de algún otro festival. Como tenía mucho interés en acudir a este festival porque me llamaba mucho la atención, busqué información y, efectivamente, pude corroborar que la celebración se lleva a cabo todos los años el 15 de enero.

Así que cambié todas las fechas del viaje y toda la planificación del viaje de esquí para poder asistir al festival. Un pequeño encaje de bolillos para que se perdiera el menor tiempo posible en los desplazamientos y poder hacerlo coincidir en fechas.

Al final, la mejor forma de coordinar todo el viaje consistía en ir primero a Hokkaido tomando un avión desde el aeropuerto de Kansai, para luego regresar al Deep North también en avión y finalmente desplazarse en tren a Nozawa. Esto era lo más óptimo en cuanto a traslados se refiere.

Y aquí nos hallábamos, un 15 de enero en Nozawa Onsen, con un par de días esquiados en esta estación y con el viaje a punto de terminar y todo este movimiento de fechas, anulaciones y nuevas reservas que bien merecieron la pena.

Comienza el festival.

Como la mayoría de los festivales de este tipo, este festival se celebra para pedir por una buena cosecha, por la buena salud y para tener fortuna al año siguiente.

El nombre de Dosojin, también conocido por Dourokujin, Sainokami ó Saenokami, hace referencia a una pareja de dioses que impide las calamidades y los desastres y que se coloca en las carreteras y a la entrada de los pueblos para proteger a sus habitantes. Suele ser una representación de piedra que es adorado como una auténtica religión. Una creencia muy extendida por todo Japón.

Suele representarse como un hombre y una mujer y se encuentran normalmente esculpidas en piedra a lo largo de las carreteras, representando un matrimonio y, muy a menudo, detrás de ellos están esculpidos un sol y una luna.

Pero estas representaciones también se pueden encontrar en figuras hechas de madera que se colocan a la entrada de la mayoría de las casas y en muchos sitios públicos.

Representación del Dosojin en la estación de tren.

Pero esta celebración además tiene otra motivación.

En la tradición Shinto, las edades de 25 y 42 años se consideran Yakudoshi, es decir, años desafortunados. La gente que pertenece a estos dos grupos de edad deben mostrar valentía durante estos días porque les servirá para superar la mala suerte que les espera durante el año.

Para ello celebran este ritual que se repite todos los años coincidiendo con el Año Nuevo Lunar.

Estos hombres de 25 y 42 años deben construir un altar hecho con madera de haya, shaden, cuyos pilares llegan a medir hasta 18 metros de altura, aunque esta altura se alcanza con unos mástiles puestos encima del techo del altar que éste sí, alcanza unos 7 u 8 metros de altura. El pabellón en total mide unos 8 metros cuadrados en su parte superior.

Shaden de madera que forma la parte principal del festival.

Shaden de madera que forma la parte principal del festival.

Cada año se necesitan aproximadamente unos 100 aldeanos para su construcción. Como el trabajo es peligroso, los participantes no deben tomar el sake que se les va ofreciendo y deben realizar el trabajo en silencio. Este trabajo de construcción comienza el día 13 y continúa durante toda la noche, el día 14 completo para ser terminado el día 15 por la mañana.

Los árboles que forman el mástil siempre son cinco, se talan de un bosque que pertenece a toda la comunidad de Nozawa en octubre y se consideran sagrados una vez han sido seleccionados. Los troncos se dejan allí hasta que comienza el festival.

Y es que realmente el festival comienza el día 13 de enero cuando los afectados por su edad se dirigen al monte Hikage para seleccionar maderas y troncos robustos que más tarde se utilizarán para la construcción de un altar de madera que será la parte principal del festival. Esa misma mañana se realizan rezos para rogar por que todo el proceso salga bien.

Este traslado dura alrededor de unas tres horas. Por cada mástil, de unos 18 metros de altura y 30 cm. de diámetro, se forma un grupo para trasladarlo que es dirigido por un maestro.

En el camino, los porteadores tienen que hacer numerosas paradas debido a que la gente del pueblo les va ofreciendo sake sagrado. Cada vez que se hace este ofrecimiento, el maestro responsable de cada árbol grita en agradecimiento y todos deben aplaudir para celebrarlo.

Y en ese momento, los aldeanos que ofrecen el sake a cualquier transeúnte que pase por allí en ese momento y que quiera tomarlo.

Ofreciendo sake sagrado a los porteadores ya en pleno festival.

Porteando el sake sagrado ya en pleno festival.

El shaden se construye conservando las formas tradicionales de la construcción de los grandes templos, sin utilizar clavos u otros elementos artificiales de unión, sólo las propias maderas. Una vez que el shaden se ha construido, el sacerdote del santuario de Kosuge realiza una ceremonia para dotarlo de un Dios.

Además del shaden se construyen un promedio de cinco Tōrō (linternas de madera) que son erigidas cada año. Cada una de estas pértigas son creadas por una familia del pueblo y sus amigos para celebrar el nacimiento de su primer hijo, por lo que cada año este número es variable.

tōrō

Tōrō ofrecido en agradecimiento y para orar por el nacimiento del primer hijo.

Un tōrō se construye para ofrecérselo a los dioses en una oración para pedir por la salud y la buena fortuna.

Tōrō ofrecido en agradecimiento y para orar por el nacimiento del primer hijo.

Las decoraciones de las linternas se cuelgan alrededor de un pilar de nueve metros, de los cuales la mitad superior está hecha de cedro y la mitad inferior es un tipo de madera de haya. A partir de la parte superior y que se extiende hacia la parte inferior se cuelgan, un paño sagrado y una cubierta en forma de sombrilla, en la que se cuelga otro paño con el símbolo de la familia. Detrás de la tela, debajo de la cubierta, se cuelga una lámpara redonda con campanas, un abanico blanco y una decoración de tela que queda colgando.

Decoración en detalle de un tōrō.

A continuación se cuelga una linterna con forma de diamante decorado con imágenes y tiras de bambú cubiertos con flores de papel, que cuelgan de la columna central que tienen forma de tazón.

Una de las linternas con forma de diamante que coronará la el tōrō

En la parte inferior se cuelgan numerosos Kanjii, piezas de caligrafía de Año Nuevo escritas por algunos niños de la localidad.

Numerosos Kanjii que cuelgan de las lámparas.

Numerosos Kanjii que cuelgan de las lámparas.

Las decoraciones de las linternas primero se llevan al recinto del festival por una multitud de gente cantando canciones Dosojin y portando pequeñas estatuas de madera de Dosojin hechas a mano para orar por el primer hijo para que éste crezca sano y también para tener un matrimonio feliz.

Traslado de los tōrō al recinto del festival.

Traslado de los tōrō al recinto del festival.

Traslado de los tōrō al recinto del festival.

Como se puede ver, cada uno de los tōrō se trasladan por piezas, no se trasladan completos, entre otras cosas porque no cabrían por las calles debido a su altura, y es en el recinto del shaden donde se realiza el montaje de los mismos.

Los tōrō se traen por piezas al recinto del festival.

Los tōrō se traen por piezas al recinto del festival.

Comienza el montaje.

Y el montaje de las piezas se realizan en medio del tumulto en una situación difícil, donde las masas embriagadas por el sake empujan descontroladamente en un comprometido caos.

Montando las linternas.

Muchos son los asistentes que ayudan a erigir estos infinitos mástiles.

Ayudando al montaje.

Preparando los Kanjii. Por debajo, en las cajas, están las figuras Dosojin.

Ensamblando los mástiles. Uno de haya y otro de cedro.

Ensamblando los mástiles.

Colgando los Kanjii en la lámpara.

Los festejos comienzan con el encendido del fuego por seis representantes de los shini (los mencionados grupos de personas con edades de 25 y 42 años) El fuego es ofrecido por la familia Kono.

Un grupo de jóvenes manipulando las antorchas.

Previamente, los hombres de edades desafortunadas se preparan para la batalla bebiendo sake en exceso. Este sake, es un sake ceremonial y forma parte del festival, por lo que además de a los porteadores se ofrece a cualquiera que lo pida. Este ofrecimiento se le llama miki.

Como se puede beber todo el sake que se quiera, se recomienda a todo aquél que no sea del pueblo que escriba en un pañuelo su nombre y el nombre del hostal u hotel en el que esté alojado para que si está demasiado borracho no lo recoja el camión de los bomberos y sean “expuestos” a la vergüenza.

Un pequeño grupo de hombres llevan una antorcha, que está iluminada por dos piedras llamativas, desde la residencia de Kono al recinto del festival, cruzando las calles nevadas de Nozawa. A lo largo del camino se van encendiendo más antorchas y muchas de ellas son utilizadas para atacar a los espectadores, ya sean gente del pueblo o de otras regiones o países.

Trasladando las antorchas.

Las antorchas se utilizan para atacar a los espectadores.

Los porteadores de las antorchas realizan ataques rituales entre ellos y a los propios espectadores, girando las mismas en círculo y acercándolos temerariamente a todos los que se encuentren cerca.

Porteador en un ataque ritual.

Son muchos los que portan antorchas.

Atacándome con la antorcha.

Encendiendo nuevas antorchas.

Se puede observar la gran cantidad de nieve que cae por la zona.

A veces se realizan paradas para orar frente a las inscripciones que va dejando la gente del pueblo en los murales a la vista de todo el mundo. Peticiones de buena suerte, de salud, etc.

Parada para pedir por los buenos deseos.

Y el grueso principal del festival consiste en la representación de una batalla que hacen los jóvenes de 25 años de edad y los mayores de 42 años en la que los primeros atacan para intentar incendiar y destruir el shaden mientras que los últimos tratan de defender el shaden de los primeros.

La ceremonia del ritual de los ataques de fuego comienza por los más jóvenes (niños siendo porteados por sus abuelos) para gradualmente ser continuado por los jóvenes que son los que realizan los ataques en el escenario. Mientras los defensores utilizan ramas de pino, pies y puños para defenderse de esos ataques.

Los niños son porteados por sus abuelos.

Los niños forman parte del festival.

Parte del grupo de edad de los 42 años se sube al altar y otra parte permanecen en su base amarrados a cuerdas atadas al propio altar para defenderlo del ataque.

Subidos al altar y preparados para defenderlo.

Amarrados a las cuerdas para defender el altar.

Pidiendo el fuego a los más jóvenes.

Esperando para el ataque.

Llegan más jóvenes para unirse al ataque.

Mientras se espera a que se de la señal para que comience el ritual del ataque de fuego y la defensa del altar, los porteadores de las antorchas siguen atacando a todo aquél que se encuentre cerca suya.

Continúan las amenazas con el fuego.

Y se da una señal para que comience el verdadero espectáculo, el verdadero ataque. Y esta señal consiste en el lanzamiento de un discreto castillo de fuegos artificiales.

La señal que indica que puede comenzar el ataque.

Ataque de fuego que realizan con las antorchas golpeando el shaden repetidas veces mientras que el grupo de la parte superior va cantando el Hi Mottekoi (tráeme el fuego) al mismo tiempo que van arrojando haces de leña (ramas de pino) a los atacantes que las aprovechan para conformar nuevas antorchas. Y el grupo que está amarrado a las cuerdas golpea a los atacantes con puños, patadas y ramas de pino que también llevan.

Ataque con antorchas del grupo de los jóvenes.

Según va transcurriendo el festival y a medida que se van consumiendo las antorchas que portan los jóvenes para atacar el altar, se van encendiendo más antorchas con las ramas arrojadas por los que están en la parte superior para utilizarlas con el mismo propósito. Atacar el altar.

Y se encienden en la hoguera que está situada frente al altar, que poco a poco se la va acercando al santuario de madera.

Hoguera situada frente al altar.

Hoguera situada frente al altar.

Hoguera situada frente al altar.

En la fotografía anterior se puede ver como es mantenida la llama por algunos de los integrantes del festival. El fuego está en un contenedor que se va acercándolo poco a poco al shaden.

Hoguera situada frente al altar.

Entre tanto, la gente de 41 y 43 años de edad permanecen de pie alrededor del perímetro del altar para proteger a los espectadores y para evitar que los aldeanos de otras edades que porten antorchas puedan romper la guardia e incendiar el shaden.

Continúan los ataques.

Una batalla peligrosa y llena de vida. Los defensores tratan de apagar el fuego golpeándolo con las ramas de pino.

Este ataque tiene una duración de aproximadamente una hora, trascurrida la cual los del grupo de 42 años de edad ponen fin a la ceremonia y se prende fuego al shaden junto con los tōrō en una ofrenda a los dioses.

El ataque finaliza con el shaden en llamas.

Se debe quemar todo, incluso las linternas.

El festival entero dura unas cuatro horas desde el principio hasta el final, cuya atracción principal es la batalla entre los guardias y los aldeanos que portan las antorchas.

No se sabe muy bien cuál fue su origen. Se cree que las celebraciones se realizaban ya en el año 10 de la era Tempo (1.839), Año del Jabalí porque así lo indica la inscripción del monumento de piedra que hay a la entrada del pueblo, aunque un libro que mantiene la familia Kono hace referencia del festival en el tercer año Bunkyu (1.863). Lo que está claro es que el festival fue ampliamente celebrado al final del periodo Edo.

Inicialmente se celebraban dos festivales, llamados Dourokujin superior y Dourokujin inferior, pero en el primer año del periodo Taisho, se tuvieron que unificar por imposición legislativa, y debía celebrarse a una distancia no inferior a 182 metros de la residencia más cercana.

Y fue en esta unión pacífica en la que surgió la tradición de golpear con las antorchas encendidas el altar de madera construido para la ocasión.

Este festival fue creciendo poco a poco hasta convertirse en el más importante de los festivales de fuego y ser el tercer festival más importante del país. En 1.993 fue declarada por la UNESCO como bien de interés cultural de propiedad inmaterial.

El fuego simboliza la huida de los peligros en un año crítico en las vidas de los shini y es así como acaba el festival, en llamas.

Y habiéndonos purificado, nosotros también abandonamos este país tan fascinante y que nos ha atrapado el corazón. Con mucho dolor utilizamos nuestro peculiar medio de transporte que nos llevará a una parada de taxi en el que comienza nuestro viaje de regreso a España.

Mercedes esperándonos.

Una última mirada a la estación de esquí mientras nos vamos.

Mercedes y Mary Joe tristes en el tren de regreso a Nagano.

Espero que os haya gustado este intenso relato que tan apasionadamente he tratado de describir aunque no se si he sido capaz de transmitir toda la emoción que nos ha producido esta vivencia. Un viaje que acaba y que esperemos no sea único y se pueda volver a repetir.

También espero que os haya atrapado mi relato como para al menos desear vivir estas experiencias. No hay mayor satisfacción de contar un relato que el saber que otro desearía vivirlo y espero haberos podido trasladar a este otro mundo.

Adiós a todos, Sayonara.

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