China, tradición y modernidad.

Hola a todos.

Quisiera comenzar esta serie sobre mi viaje a China con un conjunto de artículos temáticos para luego continuar con la descripción paso a paso del viaje en sí. Espero que tengáis paciencia, pues tengo un montón de fotos y poco tiempo, así que iré poco a poco.

Bien, este primer artículo quiero dedicarlo a los mercados de China.

Como bien sabréis, China tiene una tradición comercial milenaria, como el halcón, jajaja. Conocida por todo el mundo, la ruta de la seda, que como bien dice su nombre, con lo que más se comerciaba era con seda, cuya fabricación era un secreto chino, su origen data más allá del nacimiento de Cristo.

Tampoco se le escapa a nadie que China está creciendo a un ritmo frenético y muchas de las cosas que tenemos todos en nuestras casas, como ropas baratas, ordenadores, componentes electrónicos, juguetes, etc., están fabricados en China.

Por todo esto, yo siempre he tenido curiosidad en adentrarme en los mercados chinos para ver que es lo que realmente se comercia en ellos. Y esto es lo que me he encontrado:

Shanghai

Mercado del barrio de la concesión francesa

Este pequeño mercado, más bien un barrio comercial con tiendas tradicionales y excelentes bares y restaurantes, está en el barrio donde antiguamente los franceses hicieron una ocupación tras la segunda Guerra del Opio. La ocupación lo era en forma de derechos adquiridos y en el territorio se gobernaba igual que se hacía en la propia Francia.

El barrio en sí es un barrio tranquilo, con calles arboladas y villas de estilo colonial que aguanta al frenético ritmo de la modernidad. Pero en él también podemos ver este interesante a la vez que desconocido mercado.

Como vemos, la tecnología también llegó a este mercado, aunque no es que esté muy bien implementada, o dicho de otra forma, “Aquí no pasa náaa”

En la siguiente foto podéis verme preparando las herramientas para daros el coñazo. La otra persona que aparece en la foto, es nuestro anfitrión, Miguel, una persona afincada en Shanghai por motivos de trabajo y que nos abrió las puertas de su casa para tenernos allí como invitados. Además que hizo de guía, lo que nos ayudó en el resto del viaje y nos ahorró mucho tiempo de estar peleando con los chinos en busca de información y visitas.

Aunque no era el único sacando fotos:

Como podéis ver es un barrio tranquilo, en el que se respira tradición, algo muy difícil de encontrar en China, ya que el materialismo, las ansias de ganar dinero y poseer hacen que se respete poco el patrimonio histórico de este país.

Sus callejuelas te hacen trasladarte al mundo del lejano oriente y te hace olvidar que estás en todo el centro de una megalópolis de apenas 19 millones de habitantes, algo así como 6 veces la ciudad de Madrid.

En estas calles es posible encontrar auténticas maravillas como éstas:

O relajarse después de una sudada en algunos de estos locales:

O hacerse un retrato obtenido de una foto:

Estos retratos se obtienen a partir de una foto, que luego es proyectada sobre el lienzo y el artista lo único que tiene que hacer (que no es poco) es seguir la línea de los perfiles y dar color a los rellenos.

Por último, dejamos este mercado mostrando agradecimiento dejando una monedita a este simpático Buda para que nos dé suerte en todo el viaje.

Yuyuan

Yuyuan es conocido por sus jardines, pero alrededor de los mismos se extiende un centro comercial, cuyas construcciones deben respetar el estilo de la construcción tradicional de Shanghai. Como diría nuestro amigo Miguel, lo que más se ve aquí son fakes muy bien hechos, por tanto, las construcciones son modernas, pero respetando el perfil antiguo de las mismas.

Mercedes y yo posando para los medios …

Aunque las construcciones respeten el estilo tradicional, las tiendas que albergan estos edificios son tiendas modernas y los carteles no siguen ningún orden o criterio establecido, por lo que la protección de la imagen de la zona está incompleta.

Aun sabiendo que es un fake, algunos de sus rincones tienen su encanto.

Aún así, el consumismo chino es voraz, eso sí, para quién se lo pueda permitir.

Esta imagen representa bastante bien lo que es en sí toda China, es decir, un constraste entre el sabor antiguo y el vanguardismo exhibicionista de última generación.

Calle comercial de Nanjing

Pero aunque el encanto de China respira en sus mercados tradicionales, lo que más abunda y lo que es más llamativo, sobre todo para los propios chinos, son las calles con centros comerciales modernos.

China, en los últimos años, está experimentando un crecimiento exponencial de su clase media y alta. Aunque aún son minoría, se estima que 300 millones de chinos tienen poder adquisitivo suficente como para poder realizar compras de bienes materiales que van más allá de la mera supervivencia, lo que la hace muy atractiva para cualquier empresa nacional o multinacional.

Los precios en estos centros comerciales son prácticamente idénticos a los precios que vemos en España y en muchos de ellos no se admite el regateo. Para que os hagáis una idea, iba con intención de comprar un iPhone-4, y el que ví era el de 8 GB y costaba 450 €.

Lo que más le gusta a los chinos son los colorines y luces de neón, así como los edificios ultramodernos y todo lo que signifique modernidad y tecnología. No les importa lo tradicional, su mentalidad es la de poseer.

Y para muestra de que allí se están estableciendo las multinacionales, no tenemos más que ver este botón.

Los Mc Donnals, igual de malos que en España, siempre te pueden salvar de un apuro si no consigues cenar en ningún restaurante porque se te ha hecho tarde, ya que están abiertos las 24 horas del día. Y es fácil que no encuentres restaurante para comer o cenar si uno no se da prisa, porque los horarios que tienen los chinos son muy estrictos y están acostumbrados a comer sobre las 12.00 h. ó 12.30 h. y a cenar entre las 18.00 h y 19.30 h.

De todas formas, algunas de sus costumbres, como la total ausencia de pudor, aún tienen que cambiar. Observar en la siguiente foto, al “vigilante” de la tienda.

Con estas premisas me da la sensación de que el comunismo tiene los días contados en este país.

Beijing

Conocida desde siempre como Pekín, esta megalópolis tiene poco de tradicional y mucho de ostentación y grandiosidad. Aquí todo se hace a lo grande. Las callejuelas son como La Castellana y eso son las pequeñas, luego existen avenidas aún más grandes y anchas, donde cruzar la calle o hacer un cambio de sentido se convierte en todo un ejercicio de exploración.

En una de estas calles se encuentra el mercado de imitaciones, bonito eufemismo para ocultar la verdadera esencia de este mercado, que son las falsificaciones.

Yo me hubiera esperado en un mercado de este tipo, las tiendas cuasi clandestinas, con productos sobre una manta en el suelo, o las típicas tiendas de lona con una mercancía que se pudiera recoger en unos segundos si la policía hiciera acto de presencia, pero nada más lejos de la realidad.

Se encuentra en un edificio de varias plantas, de confección moderna, con stands más que decentes y en los que en muchos de ellos se podía leer que tenían una concesión de la propia marca para realizar la “imitación”, supongo que también falso.

Fue el único sitio en el que escuché a los dependientes chapurrear palabras de español, por lo que supongo que todos los turistas españoles que pasan por Pekín le hacen una visita al mercado. Es más, nos encontramos con un chino que vivía en Aluche, un barrio de Madrid, y que nos advertía que tuvieramos cuidado con lo que nos venden, que estaba todo carísimo y que nos iban a tratar de engañar todo lo que pudieran y más.

Aún así, sacamos cosas a buen precio si pensamos en los precios españoles, como un trípode para la cámara réflex por 65 yuanes (unos 7 €). Efectivamente, lo que nos aconsejaba este “alucheño” era cierto, aún así fuimos engañados varias veces jaja.

Se vendía de todo, como estas extravagantes zapatillas.

En fin, compramos algunas cosas, pero sin excedernos porque sabíamos que cada compra era un timo y tampoco había mucha calidad.

Terminamos la visita a este mercado comprando un repelente para mosquitos en una farmacia que tenía este aspecto.

Suponemos que el repelente funcionaba por el estridente olor del mejunje que nos dieron, porque olía a demonios.

Mercado nocturno de Dong Hua Men

Este mercado lo encontramos por casualidad cuando estábamos buscando un restaurante para poder cenar. Aparentemente un mercado de comida más …

Pero pronto descubrimos que se vendían auténticas exquisiteces

aunque quizás muchos de nosotros no estemos de acuerdo con ello.

Se podía encontrar casi cualquier cosa

La verdad es que si dejamos a un lado nuestros prejuicios, podríamos afirmar que la comida tenía un aspecto excelente y desde luego, los olores me tentaban a probar alguna de estas exquisiteces, pero sin asesoramiento previo y con el desánimo que me impartían mis compañeras, al final no acabé probando nada.

Nada de encontrarnos comida podrida o que se viera que estuviera pasada, estaba bastante fresca, pero repito, sin el asesoramiento de alguien que sepa lo que se puede o no se puede comer, lo más aconsejable es hacer las fotos y olvidarse de probar nada.

Y mira que yo ya he probado las serpientes, que ganitas …

La comida desde luego tendría que estar buena a juzgar por la cara de placer de esta paisana.

Xi’an

Mercado musulmán

Para mí el mejor mercado que encontramos en nuestro periplo en China. Este es un mercado, mayoritariamente de comida, aunque también se vendía ropa y antigüedades.

Según las guías que llevábamos, las tiendas de antigüedades eran muy recomendables si se entendía de arte, pues se podían encontrar auténticas joyas, eso sí, siempre asegurándose de que se podría realizar la exportación, ya que muchos de estos objetos antiguos están prohibidos exportarlos aunque se permita su venta. Nosotros de arte entendemos más bien poco, por lo que ni siquiera hicimos el intento.

El mercado está situado en el barrio musulmán y, como no, también lo descubrimos por casualidad cuando íbamos a visitar la Gran Mezquita que daba nombre al barrio. La verdad es que este día no es que precisamente nos hiciera sol.

Una de las cosas que no sabíamos, y que yo no leí en ninguna guía, es que allí son muy típicas las nueces. Habían miles de puestos en los que se vendía este fruto seco, que lo secaban aún más cuando lo tostaban en las parrillas que tenían en los propios tenderetes, algo muy similar a lo que tienen nuestras castañeras cuando venden este preciado fruto en Navidad.

Aunque llueva, siempre se mantiene el tipo y ahí se aguanta esperando a que vengan los clientes, que tampoco es que se queden en casa. Algo normal si tenemos en cuenta que en tiempo de monzón, en el que nos encontramos, suele llover muy frecuentemente y la gente no deja de hacer su vida normal por cuatro gotas mal contadas. Bueno, cuatro gotas o cuatro mil, porque no paró de llover en todo el día, jejeje.

Desde luego, algunos frutos son realmente llamativos.

Y no digo nada de las panojas, que estaban realmente exquisitas. Al contrario que aquí en España, allí se hervían, no se tostaban, y el resultado era excelente.

Mary Joe, ¿Tienes hambre?

La verdad es que se puede comer a la carta y bien barato, jeje.

La parte en la que se vendía ropa y otro tipo de souvenirs estaba cubierta y daba un aspecto más musulmán y menos chino, era algo más parecido a un zoco que a lo que habíamos visto hasta ahora.

De todas formas, enseguida nos acordamos en el país en el que estamos, ya que aunque la zona sea peatonal, esto es algo relativo, orientativo, vamos casi una sugerencia de respeto sólo por quien le apetezca.

Y cuando se dice que se vende casi cualquier cosa, se dice en el sentido literal de la palabra. Competencia feroz de venta de luminosos.

Por la noche arreció, y después de cenar decidimos volver de nuevo al mercado para bajar la cena y este es el aspecto que nos encontramos.

Un gran ambiente, mucho mejor que por el día. La verdad es que son raros estos chinos, porque primero cenan y luego siguen de compras y paseando como si nada.

Otra de las cosas que se vendían en muchos puestos, son los dulces, que no nos atrevimos a comprar, jeje.

Y se podían encontrar también cualquier tipo de frutos.

El ambiente era realmente excelente.

Y la comida también tenía muy buen aspecto y olía aún mejor.

Aquí vemos a Mercedes surtiéndose de nueces, unas nueces más grandes que las que se venden aquí, y un poco más dulces y sabrosas, buenísimas.

La distribución tenía que abrirse paso como buenamente podía.

A ciertas horas del día y de la noche, ésta es la única manera de ir a comer algo. Esto o un Mc Donnals que los habían por todos lados y como ya se ha dicho, abrían las 24 horas del día.

También se podían saborear refrescantes frutos, aunque algunos no es que fueran realmente recomendables.

Un mercado que, si alguna vez pasáis por Xi’an no debéis dejar de visitar.

Longsheng

Mercado de la Columna del Dragón

De visita a las espectaculares terrazas de Longji, también conocidas como la Columna del Dragón, a 60 km. de Guilin, encontramos este mercado que se coloca a lo largo del camino a la montaña en dirección a los miradores para observar estas increibles construcciones.

La gente que vive allí pertenece al pueblo Yao, una de las 56 minorías étnicas de China. Una de las características más llamativas de esta étnia, es la costumbre en la que las mujeres no se cortan el pelo en toda su vida. Para que no les molesten, se los enrollan a lo largo de la cabeza en forma de turbante y muchas veces se lo suelen cubrir con un pañuelo negro.

Al estar ya en un entorno rural, se pueden encontrar cosas realmente sorprendentes, que difícilmente se te ocurriría que se pudieran comer y más que tuvieran un mercado para comercializarlo.

Debido a que la subida a la montaña es un camino por el que no pueden pasar los coches a causa de la orografía, para trasportar los materiales se utilizan unas cestas de mimbre que se cuelga a la espalda y es ahí donde se meten las mercancías que después se ponen a la venta o sirven simplemente para suministrar sus propias casas o restaurantes, todas ellas en mitad de la ladera.

Por supuesto, no podían faltar las frutas.

Otra de las cosas que son muy llamativas, es la forma que tienen de cocinar el arroz, y es que utilizan el bambú como elemento de cocina, a modo de olla.

Y el resultado, puedo asegurar, es muy bueno.

Y aunque esto ya no estaba en Longsheng, también pudimos comprar té. Llamativas eran estas almohadas de té, cuyo aroma se supone relajante.

Y las catas que se hacen para venderte bolsas de té, un té realmente bueno, aunque había de todo.

Y hasta aquí la serie sobre mercados chinos. Si alguna vez viajáis a China, no debéis dejar pasar la oportunidad de pasear por alguno de sus mercados, la experiencia será única e irrepetible.

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3 respuestas a China, tradición y modernidad.

  1. SeisEnUve dijo:

    Muy bonito Ludus, China es un lugar interesante y tremendamente diferente en el que conocer y aprender muchas cosas, pero yo quiero ver viajes de esquí :-D, alguno por el Zillertal a ser posible (desde que me comentaste lo de Hintertux no paro de rumiar un plan malévolo, pero no acabo de cuajarlo por falta de tiempo).

    • Trataré de rescatar mis reports de esquí, pero de momento estoy con el de China y es que no tengo mucho tiempo, la verdad. De todas formas, si quieres saber algo de Zillertal, es posible que te pueda ayudar.

      • Lena dijo:

        Pour tout te dire ca me rassure. Je suis dans le meme genre, les pièces chères sont rares et les parents participent. N&p;m3e9#eche que cette robe là les vaut bien les 200 et quelques euros 😉

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