Brauneck – Lenggries “Ski El Dorado”

Situada a poco más de 50 km. de Garmisch-Parterkirchen, podemos encontrar esta joya escondida en lo más remoto del Oberbayern. A continuación os muestro el plano de situación para que os hagáis una idea de donde está ubicado.

Llegar desde Garmisch-Partenkirchen no supone mucha dificultad, ya que hay que tomar la autovía que la une con Munich y desviarse en la salida hacia Bad Tölz. Una vez se llega a esta localidad hay que dirigirse a Lenggries y cuando se llega está perfectamente indicado el desvío a la estación de esquí.

La estación en sí no es muy grande, tiene 34 km., que en su mayoría se compone de pistas rojas. A continuación os dejo un plano de la estación para que os hagáis una idea de cuál es su configuración.

La estación en sí es bastante bonita, con un paisaje muy típico de la zona, lleno de pinos y con la bucólica estampa que nos dejó el fuerte temporal que azotó toda la zona la semana anterior a nuestra llegada. Además tuvimos la suerte de tener un precioso día soleado que nos hizo disfrutar aún más de este entorno de cuento.

Para acceder a la estación se puede hacer desde dos puntos, uno en el que está situado el telecabina de Brauneck y otro, más céntrico, en el que hay un par de arrastres dobles (Milchhausl) donde se encuentra una buena zona para el esquí de iniciación. Nosotros accedimos desde el primer punto.

Así estaba el aparcamiento cuando llegamos.

Como se puede comprobar, en estos sitios están acostumbrados a que todo el mundo tenga el coche preparado para la nieve, por lo que ni se molestan en limpiar los parkings, es mas, si os fijáis bien, aprovechan la nieve para hacer distintas secciones de forma que así se puedan distribuir mejor los coches que van llegando.

El telecabina de Brauneck, que se toma desde la cota más baja (unos 750 metros), te deja en Brauneck (a 1556 metros), por lo que te da un desnivel de 800 metros que se pueden bajar en una divertida pista negra, lo que no está nada mal. Las vistas a la salida del telecabina son espectaculares:

Lo más sorprendente es la extensa llanura que se puede apreciar desde su cima, ya que ésta debe ser la primera de las montañas que dan acceso a los Alpes desde Alemania. Supongo que esto perjudicará a la estación en cuanto vengan vientos de norte, ya que en sus laderas producirá convergencia y seguro que más de un día se habrán visto obligados a cerrar viendo como otras no tendrían problemas por abrir.

Una panorámica desde el mismo lugar.

La idea que teníamos Mercedes y yo, era hacer una ida y una vuelta a la otra punta de la estación, es decir, nos dirigiríamos hasta Latschenkopf, el punto más alto de la estación, e iríamos volviendo poco a poco, pasando por el resto de pistas.

Como no es posible llegar directamente, tendríamos que pasar por Anderlalm, y éste es el aspecto de las pistas que accedían a este viejo remonte.

Una estación digna del abuelo de Heidi.

He de comentar que el pisado de pistas no es que fuera precisamente de los mejores que he encontrado, de hecho tenía bastantes deficiencias, como se puede comprobar en la siguiente foto.

En el pasto (Anderlalm) cogimos esta silla (Finstermünz) que me recordaba mucho a la silla de La Pradera de Cotos, seguro que su fabricación se realizó en la misma época.

Tuvimos que hacer una buena cola hasta poder tomar el telesilla, y es que, una estación cerca de Munich, aproximadamente a unos 60 km., en un día soleado y en domingo, no cabría esperar otra posibilidad que la de que viniera mucha gente.

Aún así, casi que es de agradecer que la silla sea vieja y lenta, porque te permite disfrutar de este fantástico viaje hasta la cima en un entorno en el que piensas que los gnomos saldrán en cualquier momento.

Una vez arriba, nos dirigimos a nuestro objetivo.

Aquí vemos a Mercedes remando un poquito para llegar al siguiente remonte, y es que, otra de las cosas que tienen mal en esta estación son las conexiones entre remontes, ya que muy pocas son las que te permiten llegar sin tener que hacer un pequeño esfuerzo para poder alcanzarlas.

Supongo que todo ello se debe a que la estación surgiría lo más probable de la unión de varios remontes desperdigados en esta montaña.

Por fin alcanzamos nuestro primer objetivo, y éste era su aspecto:

Una especie de circo glaciar, que tiene toda la pinta de conservar muy bien la nieve y de acumular buenos espesores. De hecho, habían muchas líneas por fuera de la pista de gente que disfrutó de la nieve en polvo de días pasados.

En Alemania, al igual que en Austria, la nieve se vive de otra forma, y la manera de comprobar dicha aseveración es ver como se comportan los niños en este elemento de la forma más natural y divertida.

Lo mejor de la estación son sus vistas y paisajes, y esto podemos seguir afirmándolo desde el punto más alto de la misma.

En la foto anterior también se puede observar que el tratamiento de las pistas no es precisamente de los mejores, por lo que, unido a que la mayoría de las pistas son rojas y que muchas de ellas además tienen bañeras al mas puro estilo francés, hace que esta estación no sea un destino ideal para principiantes o gente que aún no tiene bien dominada la técnica del esquí.

Ya de vuelta, a la salida del Schneebar, podemos contemplar este hütte que es la guinda a este magnífico paisaje.

Aunque en la foto no se aprecia muy bien, en las montañas del fondo (hacia el sur) se estaba produciendo un efecto Föhn de libro, lo que hacía que pudiéramos disfrutar de temperaturas relativamente agradables y de ese sol de justicia que nos acompañó durante todo el día.

El sitio bien merecía una panorámica.

Como se puede ver, hay una cruz en el promontorio central y es que estas cruces nos las encontramos en la mayoría de las estaciones de la zona y que son recuerdos a alpinistas del pasado, cuando subir no era tan fácil como en nuestros tiempos.

Para volver al valle de enmedio, de nuevo tenemos que coger esta preciosa silla que tuvo tiempos mejores.

Y por el camino podríamos disfrutar de pequeñas pistas de este estilo.

Por fin llegamos a nuestro segundo objetivo, que no es mas que subir en la silla del Alce (Ahorn), que también tiene que hacerse camino en mitad de un bosque de pinos moteados por la nieve.

Um, que ganas de bajar por aquí.

Menudo trazado, no está nada mal.

Esta silla te deja al lado del telecabina, por lo que conecta Brauneck y nos permite volver de nuevo a la zona de donde salimos.

Esto merece otra panorámica, me digo.

Y nada, para abajo por esa pista que tiene pinta de ser tan cañera en el plano, no en vano, tiene un nombre bastante ambicioso: “La bajada de la copa del mundo” (Weltcupabfahrt).

Y efectivamente era muy, pero que muy cañera. A los amantes del esquí duro les va a encantar. Además hay variantes, como la que muestro, aunque no se aprecia muy bien en la foto, donde la bajada es completamente una bajada de bañeras.

En fin, las conclusiones de esta estación son las siguientes:

A favor:

  1. Estación muy cañera
  2. La bajada de la copa del mundo es alucinante. Otra bajada que tampoco he puesto en fotos, pero que merece mucho la pena es la de Baxenstein que da a la zona de iniciación del valle del medio.
  3. Un paisaje realmente espectacular.
  4. Se respira un ambiente muy montañero.

En contra:

  1. El pésimo pisado de las pistas. La verdad es que estaban muy mal cuidadas.
  2. Las conexiones entre remontes son muy malas, ya no sólo toca remar, sino que en algunos casos hay hasta que quitarse los esquís.

Y para terminar con esta estación, ahí va una última estampa de lo que más vimos.

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