El encanto del Altiplano. Alpe di Siusi.

De nuevo un nuevo día. Y nos amanece con una buena ventisca y una buena tormenta de nieve.

En estas condiciones no es muy recomendable coger el coche para acercarse a alguna de las estaciones del otro lado de la Sella Ronda, teniendo para ello que cruzar un puerto, por lo que decidimos visitar esta estación de la que ya nos habían advertido que era muy llanita y que tendríamos que remar en más de una ocasión debido a la poca inclinación de muchos de los finales de sus pistas.

Teniendo esta información de antemano, Mary Joe decide alquilarse unos esquís, ya que es más fácil manejarse en estas situaciones que con una tabla de snowboard. Además tendría la oportunidad de aprovecharse de mí para que le ofreciera algunos consejos y le corrigiera los defectos que pudiera ir observando en su manera de esquiar.

Una vez alquilados los esquís, nos dirigimos a un telecabina que se encuentra en el mismo pueblo de Ortisei, es decir, que podremos acceder a la estación a pie, sin recurrir al coche en ningún momento.

Una vez llegamos a la parte alta, ésta fue nuestra primera visión.

Viendo esta imagen, ¿De verdad alguien puede creer que no merece la pena una visita a este dominio? Desde luego sus pistas no son las más exigentes que se puedan encontrar, pero sólo por ver el entorno en el que está enclavado ya justifica la visita.

Además, tuvimos la suerte de que la tormenta arreció y las imágenes del día eran la de una mezcla de colores en las que las tonalidades plateadas no daban pistas sobre si quien reflejaba la luz era el vapor de agua de las nubes o si por el contrario lo hacía la nieve que acariciaba las laderas que se mezclaban magistralmente con las nubes que les rodeaban.

Una preciosa combinación de tonalidades que pocas veces se puede disfrutar.

Una vez despertamos de lo que creíamos era un sueño subrealista provocado por algún tipo de hongo alucinógeno, recobramos la consciencia y nos dispusimos a recorrer la estación.

Al final, el recorrido realizado fue el siguiente.

El intinerario parte desde el pueblo de Ortisei, en el que subimos a través de un telecabina al altiplano para posteriormente ir recorriendo algunas de sus pistas en el sentido contrario a las agujas del reloj. También nos planteamos que tendríamos que conocer las pistas de Seceda como así lo conseguimos al final del día. En definitiva, realizamos un recorrido circular.

Pues nada, nos encomendamos a una entidad superior para que no nos ocurra nada esta vez y podamos coordinar todo como es debido y para allá que vamos.

Nuestro recorrido más detallado por el altiplano de Siusi es el siguiente:

En nuestra primera bajada ya pudimos ver como algunas de las cabañas del lugar emergen del manto nivoso.

Una de las cosas más criticables de la estación es que la mayoría de los remontes de la misma no son precisamente herramientas de última generación, lo que provocaba que aunque no hubiese una excesiva masificación de gente, las colas que se formaban en algunos casos nos obligaban a esperar hasta casi media hora para poder remontar.

Esto no ocurría en todos los remontes, pero sí en la mayoría. Inconvenientes que pasan a un segundo plano en cuanto catábamos esa nieve recién caída, pues cuando subíamos a la estación aún nevaba un poco.

Las colas son el efecto secundario, pero lo bueno de unos remontes anticuados es que te permiten saborear las preciosas vistas que asoman desde las sillas. Se concentra uno más en el paisaje que en la obsesión por esquiar.

Tanto te absorben los pensamientos y se crea tal relax que se hace innecesaria una parada para descansar.

Pero en cuanto llegábamos al final de cada remonte, tal cual niña del exorcista, éramos poséidos por el Maligno que nos guiaba en la tentación.

Y nos perdíamos.

Benditas perdiciones.

Hasta que al final nuestros estómagos nos devuelven a la realidad y despiertan nuestros instintos más básicos. Tenemos hambre, así que hay que bajar a Saltria a calmar el ansia.

Buena decisión, apenas había gente en este poblado, y estuvimos en el restaurante de un hotel cuyas vidrieras mostraban el jardín del mismo, que tenía una ligera cuesta y disponía de una pequeña cinta en la que había un chaval de no más de cuatro años aprendiendo con un monitor. En el interior, unos padres con la baba en la comisura de los labios observaban a su pequeño como daba sus primeros pasos en la nieve.

Y con esta escena estuvimos degustando nuestro almuerzo. Debido a que había poca gente tardamos poco en comer, algo que hasta ahora no habíamos conseguido. De momento todo está saliendo muy bien.

Al final de la cuesta del hotel se encuentra la parada de autobuses cuyo recorrido nos trasladaría a nuestro siguiente destino. Previamente habíamos tomado nota de los horarios para optimizar el tiempo de traslado y el caso es que cuando terminamos de comer aún nos sobraban 10 minutos.

Pues bien, vimos como llegó nuestro autobús, recogió a la gente que había esperando y se fué ANTES DE TIEMPO. Ya nos parecía a nosotros que estaba saliendo todo a pedir de boca. Si no ocurre algo, no es lo mismo, se perdería el encanto de la incertidumbre.

Un día más tuvimos una contrariedad y de nuevo nos tocó esperar a que viniese el siguiente autobús, que esta vez sí, cumplió rigurosamente el horario.

El traslado del autobús nos llevaría desde Saltria hasta Monte di Pana.

Recorrido que no está incluido en el forfait y tampoco está incluido en el abono transporte del valle, por lo que tuvimos que aflojar 3 € cada uno para poder realizar dicho trayecto. Un detalle que no me gustó mucho y que una vez más demuestra que el tema de las conexiones en estos dominios deben ser mejorados.

Esto sí, el recorrido que realiza es espectacular. Cuando vimos que el autobús llevaba las cadenas puestas pensábamos que por vaguería no habían querido quitarlas, pero pronto comprobamos que no se trataba de ningún capricho.

El camino parecía una pista de esquí.

Una vez llegamos a Monte di Pana, la idea era dirigirnos a Seceda, pero la comunicación, de nuevo, no es muy buena.

Disponíamos de la opción de coger el remonte que nos llevara a Mont de Seura e intentar adivinar el camino de vuelta a Santa Cristina, con el riesgo de que de nuevo nos quedáramos sin tiempo para llegar a nuestro destino.

La otra opción era bajar directamente a Santa Cristina desde donde estábamos, pero la pista (que no aparece en el plano de pistas) estaba cerrada por falta de nieve. Así que tuvimos que coger un remonte de bajada que nos llevara hasta Santa Cristina.

La base de este telesilla te deja en un aparcamiento que está a una distancia más que respetable del tren subterráneo que une Santa Cristina con las pistas del Col Raiser. Hay un buen paseo, además cruzando carreteras. Pero esta vez sí, la suerte se alía con nosotros y aparece un esquí-bus con el que no contábamos y que nos llevaría directamente a la base del telecabina que sube al Col Raiser, en el mismo sitio en el que termina el Ronda Express.

De nuevo, más de una hora para poder comunicar una zona con la otra. Esta es la mayor crítica que hago de las estaciones que he conocido de Los Dolomitas, la ineficacia en lo que respecta a las conexiones de las distintas estaciones.

Una vez llegados al Col Raiser bajamos un poco más y tomamos otro remonte (Fermeda) que esta vez sí, nos deja al inicio de la pista de Seceda. Por fin podríamos disfrutar de esta mítica bajada alabada por todos aquellos con los que hablé.

Por delante aún teníamos un buen trecho.

Casi 1.300 metros de desnivel que se descienden a través de 10,5 kilómetros de pista.

Las balizas señalan cada 500 metros cual es la distancia que resta para llegar al final de la pista.

La primera parte transcurre por el valle que lleva a Santa Cristina. Esto es lo que se puede observar desde lo alto.

Pero hay que estar atentos, porque en un momento dado hay que cambiar de valle.

A cuya entrada, lo primero que se vé es ésto.

Según se va bajando, las paredes cebradas de la montaña se muestran en todo su esplendor.

Y podemos observar la verdadera magnitud de la montaña que estamos descendiendo y de la increíble obra de ingeniería que se ha construido para dar acceso a esta magnífica pista.

Pudimos también contemplar la cascada de hielo que hay ya casi llegando al final del recorrido

O disfrutar de los relajantes rincones del final del trayecto.

Al menos pudimos bajar un par de veces la pista, que la disfrutamos de lo lindo y que daban la razón a todos aquellos que afirmaban que esta bajada es realmente increíble.

Jornada que finalizó sin incidentes destacables y sin grandes problemas por llegar a nuestro destino.

Por último, como siempre, os dejo los datos del día.

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