Dubrovnik – La perla del Adriático

La última etapa de nuestro viaje transcurre en Dubrovnik. Para llegar a Dubrovnik desde Split, se puede hacer en ferry viajando por la noche, con lo que te ahorras una noche de hotel, ya que el trayecto son 9 horas y los ferries tienen camarotes, o bien se puede hacer en coche, en el que el trayecto dura como unas 3 horas y media incluido el control de fronteras con Bosnia.

El apelativo de “perla del Adriático” está bien merecido. Es toda una preciosidad. La ciudad es un trozo amurallado al final de una empinadísima ladera.

No hay hoteles dentro del centro histórico para no romper la homogeneidad de la ciudad, por lo que los hoteles se distribuyen por los alrededores del centro. Incluso algunos tenían playas privadas con una privilegiada vista, situados en la zona en la que antiguamente se dejaba a los foráneos en un periodo de cuarentena para no transmitir enfermedades a la población local, sobre todo a aquellos que venían de tierras lejanas.

Dubrovnik siempre ha sido una ciudad-estado independiente. Ragusa, como era su nombre antiguo, se creó por la gente que huyó de la antigua Roma como consecuencia de los ataques de los ávaros, debido a que su emplazamiento estaba muy refugiado y protegido. Poco a poco fue progresando y desarrolló un comercio floreciente con Venecia, que intentó invadir la ciudad en varias ocasiones sin éxito.

La verdad es que debía ser difícil atravesar las murallas en barco, incluso, el puerto antiguo tiene difícil acceso:

Está claro que aquí los croatas sí conservan su patrimonio, su joya, con su conjunto amurallado, el mejor conservado de todo el meditarráneo, sí se le da la importancia que tiene. La circulación está totalmente prohibida para los coches y, como ya he dicho, no hay ningún hotel dentro del centro histórico. Y cuidado, que aún custodian sus puertas la guardia nacional:

El pasear por sus calles te traslada al pasado. ¿Visiones?

Según llegamos a la plaza que da a la Placa, podemos observar la columna de Rolando. Esta sencilla figura es el símbolo de la independencia de la ciudad “Non bene pro toto libertas renditur auro — Ni por todo el oro del mundo ha de venderse la propia libertad“.

Una curiosidad acerca de esta estatua es que su antebrazo, que mide 51,2 cm. se tomaba como referencia de medida por los mercaderes, por lo que tuvo el apelativo de ser el “codo de Dubrovnik“.

En esta plaza se encuentra el palacio de Sponza, de estilo veneciano y la torre del reloj que simboliza las libertades municipales.

La república de Dubrovnik era una oligarquía con un lema comunista: “Olvidad vuestros intereses particulares en pro del interés general“. Controlada por los aristócratas, existían tres consejos:

– El Consejo Mayor, en el que eran admitidos todos los nobles y se encargaba de elegir los miembros de los otros dos consejos, cuyos cargos duraban sólamente un año. También eran los encargados de votar las leyes.

– El Consejo Menor, que hacía las veces de Tribunal Supremo de Justicia.

– El Senado, encargado de la diplomacia, las finanzas y la administración interior.

Todo ello presidido por el Rector, que tenía el poder ejecutivo y cuyo cargo duraba únicamente un mes, periodo en el que no podía salir del palacio a no ser que sea por asuntos de Estado y además no gozaba de ningún privilegio.

Este sistema político fue clave para el avance económico de la ciudad, que le hizo prosperar, compitiendo con la propia Venecia.

Continuando con la visita, en el otro lado de la plaza, podemos encontrar la iglesia de San Blas, patrón de la ciudad, en la que se pueden encontrar joyas como esta:

Iglesia que tiene uno de los más bellos y originales via-cuzis que he visto en mi vida.

El que San Blas sea patrón de la ciudad se explica por la siguiente historia:

Antes de que los venecianos intentaran ningún ataque sobre la ciudad, desembarcaron en la misma con el pretexto de aprovisionarse de agua y alimentos. Lo que hacían realmente era estudiar la estructura defensiva de la ciudad.

Posteriormente, San Blas se le apareció en sueños a un sacerdote avisándole de la invasión veneciana, el cual dio aviso a las autoridades, que se pusieron en alerta. Y, efectivamente, esa misma noche aparecieron los venecianos. Gracias al aviso de este sacerdote, consiguieron repeler el ataque. Desde entonces es patrono de la ciudad.

En la siguiente foto podemos observar la perfecta ordenación urbanística de La Placa.

Esta calle es el resultado de una planificación urbanística, ni más ni menos que del siglo XVII, debido a la reconstrucción producida por el destrozo de un terremoto. Las calles están perfectamente ordenadas y distribuidas de forma homogénea y son de estilo barroco.

Siguiendo por La Placa, llegamos al convento Franciscano, en cuya entrada se puede contemplar una representación de la Sagrada Familia similar a la que hizo Miguel Angel que se encuentra en el Vaticano.

El interior del convento, bien merece una visita. Característico es su columnata con sus finas pilastras gemelas, octogonales, cuyos capiteles están ornamentados con todo tipo de figuras reales e imaginarias.

O se pueden contemplar diversos frescos en sus paredes, frescos que necesitan de una restauración.

Y también se puede contemplar esta preciosa cruz ornamentada del siglo IX

También dentro del monasterio se puede encontrar la farmacia más antigua de toda Croacia, y que forma parte de un pequeño museo, en el que se muestran también restos de los ataques servios que bombardearon esta ciudad aún a sabiendas que era Patrimonio de la Humanidad.

Otra de las bellezas de Dubrovnik es éste conjunto de fuentes, las Fuentes de Onofrio.

16 cabezas que escupen agua, por cierto muy fresquita y muy rica. La fuente, construida por Onofrio, es el resultado de un encargo por parte del gobierno de Dubrovnik en el siglo XV para realizar las acometidas de las aguas.

Rompiendo los esquemas tradicionales de construcción de la Edad Media, en lo que lo normal era recoger el agua de lluvia dentro de la ciudad, Onofrio prefirió transportar el agua de un lago situado a unos 12 Km. Otro signo diferenciador de esta bella ciudad.

Detrás de las fuentes se encuentra el convento de Santa Clara, que estaba cerrado al público y sólo se podía acceder a su patio exterior para ir al baño. Desde luego estaba un pelín abandonadillo.

Alejándonos de La Placa, espina dorsal de Dubrovnik, se pueden encontrar bellas calles como ésta:

En las que se podía acceder a patios particulares como éste.

Como hace mucho calor, merece la pena relajarse de vez en cuando, y que mejor que hacerlo en la mismísima muralla:

Aquí vemos a Mercedes disfrutar de su merecidísimo refrigerio.

Continuando el paseo, en muchas partes de la ciudad, incluido en las murallas, se pueden encontrar estatuas de San Blas. Particularmente importante es esta, situada en la entrada al lado del fuerte de San Juan, ya que como se puede observar, en su mano derecha porta una pequeña maqueta de la ciudad que según parece, tiene un valor importantísimo para los historiadores para saber cómo era la distribución de la ciudad antes del terremoto de 1667.

Por la noche, la guardia ahí seguía:

También merece la pena una visita nocturna, donde Dubrovnik se transforma en una ciudad encantada:

Con esto termino mi serie sobre Croacia. Espero no haberos aburrido en demasía. Espero que os haya animado a visitar este bello país, aún por descubrir y que es un tesoro en bruto. Ni huella queda de la guerra civil que sufrieron hace más de una década. Destacar la simpatía de los croatas, su clima, su naturaleza, sus monumentos, su comida, su …

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