Birka y la isla de los abedules.

En un aislado lugar en mitad del lago Mälaren, a unos 30 kilómetros de Estocolmo, se encuentra una isla de gran valor histórico y que fue declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en el año 1993. Se trata de la isla de Björko o isla de los abedules.

Plano de Björkö. Fuente: Wikipedia

La importancia de esta isla radica en que aquí se construyó la que se considera la primera ciudad de Suecia. La ciudad vikinga de Birka.

Construida en el siglo VIII, estaba situada en un punto estratégico para el comercio que se desarrollaba por la zona, ya que por un lado le llegaban los productos procedentes de los países escandinavos y por el otro se recepcionaban los productos procedentes de Europa del Este y de Oriente, enlazando así a Escandinavia con el imperio Bizantino.

La fundación correspondió a San Ansgar en el año 831 cuando a petición del rey sueco Björn, se asentó como misionero para cristianizar a la “gente del norte”.

La ciudad fue abandonada en el siglo XI pasando el control del comercio a la vecina isla de Sigtuna.

En aquella época, el lago Mälaren era una bahía que terminaba en el mar Báltico. Birka estaba situada a la entrada de la misma y eso explica porqué si situación era estratégica.

Con el paso del tiempo. el terreno se empezó a elevar y la tierra invadió parte de las aguas, de forma que hoy en día, la isla es una isla interior en mitad del lago. Hoy en día, el terreno se ha elevado alrededor de los 5 metros.

Si alguien visita la isla pensando que va a encontrar ruinas espectaculares o grandes monumentos, lo mejor es que se ahorre el paseo.

Paseo por otro lado muy agradable y que te permite pasar todo el día de relax. Aún así, hay muchas cosas por ver y, aunque en un principio puede parecer que las horas que te deja el barco para realizar la visita son muchas, al final resultan escasas.

Nada más llegar, lo primero que podemos ver al bajar del barco es un museo con diversas piezas vikingas y un poco más adelante, podemos ver una reconstrucción de un pueblo vikingo.

Nada queda de las construcciones originales de los pueblos y casas vikingas y estas recreaciones son las reproducciones de lo que los historiadores interpretan según los restos encontrados en las excavaciones arqueológicas.

La forma básica de las construcciones vikingas era la misma que la del resto de Escandinavia, es decir, de planta rectangular, con muros curvos en algunas ocasiones y cuya longitud es variable, pero la anchura no solía ser muy grande, ya que dependía del tamaño de las vigas de madera de las que se disponía, no pasando en la mayor parte de los casos de 5 metros.

Las construcciones vikingas en Suecia se realizaban normalmente con madera de coníferas, debido a la gran abundancia en la zona de estos árboles, y rara vez se hacían con madera de roble, especie poco abundante en este país.

Esto obligaba a que el tamaño de las estancias fuera el que daba la longitud de los troncos y cuando se querían agregar más de una estancia, entonces lo que se hacía eran varias construcciones anexas unas a otras formando así un sólo bloque.

En cuanto a las granjas, éstas consistían en varios edificios dispersos cada uno con una función específica y en la que cabe destacar que los apoyos de madera que daban al suelo estaban colocadas sobre piedras, para evitar así que la madera se pudra debido a la humedad del suelo.

Las soleras de piedras son muy a menudo la única prueba que queda de como eran aquellas construcciones vikingas de los asentamientos rurales.

Todo lo que queda de los restos vikingos originales.

Un extremo de las casas vivienda se usaba como granero para almacenar los cultivos o se tabicaba en cuadras para el ganado. Vivir bajo el mismo techo que los animales les proporcionaba una fuente de calor para los habitantes. Así también se aseguraban de que sus animales estaban a salvo de los ladrones de ganado, pues el ganado era una riqueza considerable.

Los cuartos habitados de la casa tenían un hogar en medio del suelo para dar calor, luz y a su vez realizaba la función de cocina.

No había chimeneas y el humo del hogar salía por claraboyas en el techo, que estaba cubierto de paja, tepe o tablillas de madera, según la disponibilidad de materiales locales.

Había bancos a lo largo de las paredes. Generalmente eran parte integrante de la estructura y consistían en lomas de tierra aplanadas y reforzadas con mimbre por delante.

Había pocos muebles y los bancos servían tanto de asiento como de cama. En ellos se hacían trabajos manuales sencillos, como hilar, tejer o hacer cestos

El origen de la palabra “Vikingo” es hoy en día una incógnita, aunque existen varias teorías de cual es su etimología.

Una de ellas se afirma que antiguamente el significado de la palabra Vik significa cala o bahía, por lo que algunos piensan que vikingo significa hombre que se asienta en una cala o bahía. Lugares desde los cuales se aventuraban en expediciones de pillaje que les dio la fama de hombres temibles.

No todos los vikingos eran aquellos hombres temibles, la gran mayoría eran agricultores, ganaderos, pescadores, herreros o comerciantes.

Pero aquellos que pertenecían a las clases altas eran guerreros, y para probarse a sí mismos realizaban actos de piratería demostrando así su valentía. Gracias a los botines que obtenían podían seguir llevando una vida de lujo, pero estas riquezas no se heredaban, ya que todo vikingo tendría que demostrar su valía y por tanto todos los guerreros empezaban de cero.

De hecho, se consideraba que acumular riquezas era un acto de cobardía y un símbolo de envejecimiento y por tanto, los vikingos gastaban sus botines en festividades y banquetes. Cuando se les acababan, volvían a por más ya que así se sentían más vivos.

Vivían al día, y no les daba miedo nada, y tampoco deseaban llegar a la vejez. Y este estilo de vida de una minoría es el que dio la fama tan terrible a este pueblo.

Por supuesto, para poder asaltar a las poblaciones de países vecinos, debían utilizar barcos, la mayoría construidos con madera de fresno y, como no, en Birka, se puede observar un reconstrucción de como eran aquellas embarcaciones.

Los asaltos no sólo se dirigían a las ciudades, sino también a los más importantes monasterios de Europa, y conseguían botines, no sólo por las piezas que se encontraban en el momento del ataque, sino también por los rescates que se pagaban cuando secuestraban a obispos y abades.

Mi madre me ha dicho,

que me habría de comprar

un barco de grandes remos

para ir de vikingo;

erguido en pie en la proa,

mandar una hermosa nave,

después llegar a puerto

y matar hombre tras hombre.

Este poema, compuesto a principios del siglo X por un joven noruego de doce años llamado Egil Skallagrimsson, refleja a la perfección las aspiraciones de buena parte de la juventud escandinava durante la Era Vikinga.

A lo largo de casi tres siglos, los guerreros vikingos saquearon las costas de toda Europa, conquistaron Inglaterra y buena parte de Irlanda, dominaron Rusia, se asentaron en Normandía, asediaron París y Constantinopla, poblaron Islandia e incluso llegaron a las costas de Terranova cinco siglos antes de que Colón pisase por primera vez el continente americano. Se decía que eran paganos, de una brutalidad proverbial y que su crueldad no tenía límites.

Paganos al principio de su existencia. En Birka podremos observar algunas reproducciones de sus expresiones religiosas, como este conjunto de lanzas que no se sabe muy bien que representaban.

Otra de sus representaciones religiosas son estas curiosas runas en forma de barco.

Como se sabe, los barcos se utilizaban también a modo de cámara mortuoria donde se quemaban los restos mortales de algún guerrero. Pues bien, algunos de los barcos fueron construidos en forma de piedras. A este conjunto de piedras se le conoce como los Nagflar o lo que es lo mismo, los barcos de uñas.

En la vieja mitología nórdica, se asociaba a los barcos con el reino de la muerte. Nagflar fue asociado a la diosa de la muerte en el inframundo y su construcción se debían realizar con las uñas de los muertos.

Por tanto, Ansgar tenía la misión de “cristianizar” Birka, y de hecho se considera la primera misión cristiana de Suecia. Antes de su llegada, ya existían algunos cristianos conviviendo en la isla con los paganos, e incluso existía una pequeña iglesia.

En honor a este “cristianizador” se construyó siglos más tarde esta cruz ubicado en la cima de un promontorio que domina parte de la isla. La cruz de Ansgar.

Además de esta cruz, también podemos encontrar una iglesia, ya construida en el siglo XX, en la que se hacen multitud de referencias a este santo y en el que se explica de forma gráfica y resumida la historia de la isla en tiempos de Ansgar.

El pórtico llama mucho la atención por ese color rojizo de sus piedras y lo inusual de la construcción, a cuyo frente se sitúan bancos para que se pueda escuchar la misa al aire libre.

Decoradas con pinturas de Olle Hjortzberg, podremos contemplar esta pequeña iglesia tranquilamente ya que pocos son los turistas que se acercan a verla.

Representación de Ansgar recibiendo al rey.

Las puertas están ricamente decoradas y nos dan una buena idea de la misión colonizadora de Ansgar y cómo se vivía en su tiempo.

Se pueden contemplar imágenes de saqueos vikingos, coronaciones, recibimientos reales, comuniones y en general, representaciones religiosas mezcladas con la vida cotidiana de Birka.

Los agitados tiempos que vivió la isla terminaron en el siglo XI y hoy en día, Birka es una tranquila isla con algunos residentes permanentes que no viven lo que se dice precisamente estresados.

Donde uno se puede dar relajantes paseos alrededor de las colinas de la isla que albergan al menos tres mil tumbas de personas de aquella época. Sin duda, un número elevado para el número de habitantes de la isla, por lo que los historiadores piensan que además de enterrar allí a la población local, es posible que también fueran enterrados habitantes de islas cercanas y que fuera un destino de enterramiento para algunos guerreros.

Se estima que hoy en día no hay más que un 3% de los nichos descubiertos.

En estos paseos también podemos observar involuntariamente la vida cotidiana de los habitantes de la isla y su modo de vida, dedicado tanto a la agricultura como a la ganadería. Nosotros vimos tanto cultivos de trigo o cebada, así como ovejas y vacas.

Se puede llegar a la isla en un relajado paseo en barco que dura alrededor de dos horas.

Ya sólo por las vistas que se pueden contemplar en el trayecto, hace que el viaje merezca la pena. No os perdáis una visita a esta histórica isla, lo peor que os puede pasar es que paséis un relajado día en mitad del lago Mälaren.

Donde podréis ver embarcaciones de todo tipo y calado.

Y contemplar pequeños islotes totalmente vírgenes, así como la mayor parte de su ribera.

La frecuencia es de un sólo barco diario, por lo que si llegáis tarde y el barco ha salido, no tendréis oportunidad de visitar la isla hasta el día siguiente.

El barco sale del muelle de Stadhusbron, al lado del ayuntamiento, a las 09.30 h. y cuesta alrededor de los 220 SEK. Si además váis en verano, no olvidéis llevaros el bañador porque al final de la jornada os podréis dar un refrescante baño antes de regresar a Estocolmo.

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2 respuestas a Birka y la isla de los abedules.

  1. Kitaro dijo:

    Como siempre, impresionante Juan.
    Muchas gracias por enseñarnos un poquito más de tus viajes.

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