Mariefred, antigua Gripsholm.

De nuevo salimos de Estocolmo para visitar otra de las poblaciones que están a sus alrededores.

En este caso cogimos el tren, que nos deja en la estación de Läggesta 40 minutos más tarde. Desde ahí tomamos un autobús, cuyos horarios están coordinados con los horarios del tren, que nos dejó en esta pequeña ciudad de poco más de 3.000 habitantes.

Y sí, lo he dicho bien, a pesar de su tamaño, tiene concedido por motivos históricos el estatus de ciudad.

Para llegar desde Läggesta, como ya he dicho, se puede tomar un autobús que sale desde la misma estación o también se puede, en verano, tomar un tren de vapor, similar al tren de la fresa que cubre el trayecto de Madrid-Aranjuez.

El día que nosotros llegamos, este tren no estaba en funcionamiento por temas de mantenimiento, ya que parece ser que se está preparando para que pueda funcionar también en invierno.

Fuente: Östra Södermanlands Järnväg – oslj.nu
Fuente: holidaycheck.de

Y otra forma de llegar a Mariefred es haciéndolo en el histórico barco de vapor construido en 1.903 que lleva navegando por el Mälaren desde entonces y en el que, si se quiere, a la vuelta, camino de Estocolomo, se puede cenar a la luz de las estrellas. El trayecto dura unas tres horas y media.

Fuente: marifried.info

El barco funciona ofreciendo un trayecto diario de mediados de mayo a mediados de septiembre, excepto los lunes. Fuera de temporada sólo funciona los fines de semana, y en invierno no se presta servicio debido a que el lago se congela y es imposible cubrir el trayecto, momento en el que se aprovecha para realizar labores de mantenimiento.

También es posible alquilar el barco para realizar fiestas y eventos, donde caben unas 80 personas si se quiere realizar cena en el mismo o 100 personas si lo que se quiere es montar una barra bufé.

Originalmente la ciudad tenía el nombre de Gripsholm, pero posteriomente adoptó el nombre de Mariefred debido a que en el siglo XIV existía un monasterio de cartujanos, monasterium pacis Mariae que en castellano significa paz de María, del cual tomó su nombre. El escudo de la ciudad está muy relacionado con este nombre.

Fuente: Wikipedia

Las calles de Mariefred tienen el aspecto de cualquier pueblo nórdico, es decir, está compuesto en su mayoría por edificaciones de una o dos plantas, casas bajas de pueblo compuestas por paredes de madera de gran colorido y techos de teja.

Pese a ser un reclamo turístico, poca gente se puede encontrar en sus calles, supongo que debido a que está un poco retirado de Estocolmo, unos 70 kilómetros los separan, por lo que se puede adivinar lo que debe ser la vida en un pueblo nórdico de estas características, donde a pesar de ver algo de movimiento, lo que más impera es el silencio y la tranquilidad.

Una de las construcciones destacadas de la ciudad es la del antiguo ayuntamiento, que sigue el estilo de construcción general de toda la ciudad, es decir, paredes de madera, pintura colorida y techos de teja roja.

Dominando la ciudad, y desde cualquier parte de la misma, se puede divisar el campanario de su sencilla iglesia de piedra construida en el siglo XVI, que se puede visitar y cuya entrada es gratuita.

Y si el viaje a Mariefred os parece largo, siempre hay oportunidad de pernoctar en esta ciudad ya que existen diversos alojamientos, entre los que podemos encontrar el más antiguo de toda Suecia, el Gripsholms Värdshus, que lleva funcionando desde el año 1.600.

Dispone de 45 habitaciones, 15 de ellas son suites. También tiene sala de banquetes para bodas y a este establecimiento suelen venir grandes chefs para tomar clases de cocina y, por supuesto, los resultados se ofrecen a los clientes del hotel, que tienen una oportunidad única de probar la alta gastronomía sueca en un entorno único.

Fuente: holidaycheck.de

El hotel ofrece vistas al lago Mälaren y también a la principal atracción de la ciudad y el motivo que nos trajo a la misma, el castillo de Gripsholm.

El castillo fue construido en el año 1.373, cuando Bo Jonsson Grip, una de las grandes personalidades de Suecia en la Edad Media, levantó esta fortaleza junto con el Consejo de Estado Sueco.

Ubicada en una zona estratégica para la época, cuando murió Jonsson el castillo lo heredó la reina danesa Margarita I en 1.386 que lo cedió a sus descendientes los cuales cedieron el mismo a Hans Grans Ewersten, incluyendo las fincas aledañas con la condición de que cuidaran las tierras y fincas vecinas.

Posteriormente se produjo una rebelión campesina que provocó un incendio en las construcciones de madera. Fue entonces cuando pasó a formar parte de la corona sueca, en 1.472.

Reconstruido el castillo, éste fue donado al monasterio cartujano que da nombre actual a la ciudad, Pacis Mariae (Mariefred).

En 1.526, época en la que se estableció en Suecia la Reforma Protestante, el castillo pasó a ser propiedad de la corona sueca, adquiriéndolo Gustav Vasa, que ordenó la demolición del monasterio contiguo 11 años más tarde, como parte de la reconstrucción del castillo. Trabajos que asignó al constructor Henrik von Köllen.

Los muros de hasta 5 metros de grosor se construyeron con los restos de los materiales del antiguo monasterio. La reforma más importante que llevó a cabo Gustav fue la de la instalación de cuatro torres enormes cuyas paredes exteriores son de hasta 4 m de espesor. El mismísimo rey se encargó directamente de la construcción de una de las torres.

El palacio pasó a formar parte del sistema defensivo nacional y también se convirtió en residencia oficial. El Salón Nacional, con sus pinturas en el techo y los retratos de cuerpo entero de Gustavo Vasa, en compañía de otros mandatarios europeos contemporáneos, ofrece una fiel idea del aspecto original de Gripsholm.

Tras la muerte de Gustav Vasa, el castillo pasó a poder de Erik XIV, que siguió utilizándolo como fortaleza defensiva, y además, aunque no era adecuada para tal fin, también se utilizó como prisión, en la que encerró a su propio hermano Johann cuando éste se casó con la princesa Catalina de Polonia en plena época de enfrentamientos con los polacos.

Ya en tiempos de Karl IX, se hizo necesaria la reforma del castillo y para llevarlo a cabo se utilizaron 35 presos que estaban recluidos en la propia prisión del castillo. En esta época se reconstruyó el Salón del Reino, que es la estancia más antigua que perdura hoy en día. De los muebles de la época no queda nada y de la estructura original sólo queda un techo pintado.

Este castillo también formó parte de la residencia oficial de las reinas viudas Maria Eleonora y Hedvig Eleonora, siendo ésta última la que ordenó realizar importantes reformas en el castillo así como ampliaciones tan importantes como la majestuosa Sala de la Reina.

En tiempos de Gustav III se creó el exclusivo Teatro Real que está ubicado en una de las torres renacentistas redondas del edificio palaciego, uno de los mejor conservados de Europa. También se construyó el Salón Redondo, que es el equivalente al Salón Nacional de Gustav Vasa.

La torre en la que se encuentra ubicado el teatro está bien custodiado por sendos cañones

En el interior del castillo podremos encontrar una importante colección de retratos del Estado Sueco en la que hay representaciones de gentes notables desde los tiempos de Gustav Vasa hasta nuestros días.

Todos los años, la Asociación de Amigos de Gripsholm costea “retratos de honor” de prestigiosos ciudadanos suecos para su inclusión en la colección del palacio.

En el interior está prohibido realizar fotografías, pero me salté la norma para mostraros uno de esos retratos que más me llamó la atención, sobre todo por su originalidad, no muy común para la época, aunque no sé a quién representan, sí que me hizo gracia por la comicidad del mismo.

Esta colección de retratos es probablemente la colección de retratos más grande y antigua del mundo, con más de 4.000 pinturas, 1.200 de las mismas, por sí solas, representan a los gobernantes de Suecia, sus esposas e hijos. También se puede contemplar otro tipo de pinturas, como el caballo favorito de Karl VI o encontrar a los perros regazo de la reina Hedvig Eleonora.

Y por supuesto, podemos encontrar pinturas modernas en la que se muestran a destacada personalidades suecas de la actualidad.

Rodeando al castillo podemos encontrar los Jardines Reales, cuyos orígenes datan del siglo XVI y que desde su inicio ha ido evolucionando a lo largo de los siglos.

En el lateral oeste del palacio se creó un huerto, que albergaba la conocida como “cabaña de las especias”. En 1.581 se alzó un cenador con forma de torre.

Durante el reinado de Karl IX (1.604–1.611) evolucionó el arte de la jardinería. En aquella época los jardines se organizaron conforme a un plan de reforma, cuyo resultado fue del gusto del monarca, hecho que se puede corroborar por lo que escribió en una de sus cartas en la que hace referencia al goce que supone pasear por los jardines de Gripsholm.

Carl Hårleman presentó en torno a 1.730 una propuesta de reforma del jardín al estilo rococó. Alrededor del nuevo jardín se levantó un muro de ladrillo revestido de planchas.

Gustav III derribó el muro que rodeaba el Jardín Hårlemanska y transformó esta zona en un parque. Es posible que los tilos dispersos que hoy se alzan en el lado oeste procedan de esta época.

El foso que se encuentra enfrente de la entrada, se rellenó en 1.730 y su única función era decorativa, ya que no servía como sistema de defensa.

En el siglo XIX se desarrollaron los jardines de Slottsholmen y se extendió la red de senderos, rediseñándose conforme a un patrón romántico.

En 1.897 fue plantado en Hjorthagen, sobre un antiguo sembrado, el gran huerto de frutas. Originariamente se colocaron 3.600 árboles, lo que lo convertía por entonces en el cultivo de frutas más grande de Suecia.

Durante la Segunda Guerra Mundial se llegaron a recoger aquí entre 80 y 100 toneladas de manzanas al año. La última gran cosecha fue en 1.970–71. Más tarde sería desmantelado al no considerarse ya rentables los cultivos.

A finales del siglo XX se construyó también un invernadero junto al palacio. El actual invernadero es una reconstrucción del que había en las postrimerías del siglo XIX.

Las plantaciones de Slottsholmen son en su mayor parte restos del ambicioso diseño de parque del siglo XIX.

También en la zona del invernadero se encuentra una pequeña especiería, creada en 1.993 en memoria del Pacis Mariae de los cartujos. También hay hoy en día un pequeño huerto con unos 250 árboles frutales produce la materia prima del mosto de manzana que puede adquirirse en el palacio.

Ya saliendo del islote en el que se encuentra el palacio, podemos encontrar una gran explanada en frente del lago.

Pues bien, en esta explanada, la última semana de julio se realiza una sesión de torneos medievales en la que los caballeros defienden su honor en las justas. Toda una recreación que se cuida hasta el más mínimo detalle, en el que no faltan los adornos de color rojo y plata a los caballos, los banderines a lo largo del campo, los caballeros vistiendo cotas de malla y armaduras y las lanzas como principal arma.

Esta fiesta data del año 1.991 cuando se encontraron las reglas de los torneos del siglo XIII y cuya tradición se mantuvo hasta hace más o menos 250 años.

Posteriormente a los enfrentamientos, se celebra en el castillo un baile cuya música la expelen instrumentos medievales y en Värdhus se ofrece un banquete en el que no puede faltar, por supuesto, el alce.

Una vez visitado el castillo, uno puede relajarse dándose un sosegado paseo por las tranquilas calles de la ciudad, en la que podemos encontrar auténticos cuadros multicolor.

La palabra “estrés” no debe estar en el diccionario de los habitantes de Mariefred.

Al estar muy cerca del agua, existe algo de estilo “marinero” en sus construcciones, hecho que se refleja incluso en esta sencilla iglesia.

Termino la entrada de hoy con un relajante paseo al compás de las aguas del Mälaren, paseando por sus muelles, viendo las embarcaciones de recreo y casas de vacaciones y saludando a alguno de los habitantes del lugar.

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Una respuesta a Mariefred, antigua Gripsholm.

  1. Kitaro dijo:

    Otro gran reportaje. El cuadro ese me ha dado una idea jeje

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