Voralberg. Sol y toros. Bludenz

Bueno, sol algunos días, pero por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender el motivo exacto, he visto en muchos lugares del Voralberg el culto a este animal tan arraigado en nuestra cultura.

Si no me creéis, aquí os dejo algunas muestras:

Escultura de un toro en mitad del pueblo de Ragal.

Escultura enclavada en mitad del dominio de Warth.

No sólo simples imágenes, sino también, como podéis ver, auténticas esculturas que no se hacen precisamente en dos días. Y encontraba muestras por todo el Voralberg.

Creo que tiene más que ver con el hecho de tener una especie autóctona y a su tradición ganadera que se remonta al 1.862 que con algún tema de cultura o que esté relacionado con algo místico, pero lo que si da la sensación es que sea un signo identificador de la zona.

Nuestro centro de operaciones elegido fue la ciudad de Bludenz, capital de uno de los cuatro distritos administrativos del Lände. También conocida como la ciudad alpina o Alpenstadt, está enclavada en la confluencia final de cinco valles, de los cuales, tres son muy importantes y en las que están enclavadas algunas de las estaciones de esquí que visitaríamos en los días posteriores, los valles de Brand, Kloster y Montafon. Esta situación la consideramos estratégica en cuanto a nuestro plan de realizar un esquí safari por las estaciones de la zona.

Situación de Bludenz.

Lo que más me llamó la atención de esta pequeña ciudad de aproximadamente unos 14.000 habitantes es su carácter industrial. Me esperaba encontrar el típico pueblo austriaco y en cambio me encontré con edificios industriales por todos lados y edificios comunitarios, aunque no muy grandes.

Tan industrial como lo demuestra el hecho de tener su propia fábrica de cerveza cuyo logo es el símbolo de la ciudad.

Fábrica de cerveza.

Fábrica de cerveza.

Como ya he dicho, Bludenz es muy buen centro de operaciones debido a su situación geográfica con respecto a la mayor parte de las estaciones de esquí del Voralberg, sobre todo las situadas al sur del Lände, pero también lo es porque dispone de todo tipo de servicios, hasta los que menos te puedas esperar, como el hecho de que dispone de una sala de billar y snooker, juego del que soy muy aficionado, y esta sala es mejor que cualquiera de las que se pueda encontrar en Madrid.

Tienda de joyas ubicada a las afueras del centro histórico.

Además existen infinidad de restaurantes, pastelerías, un grandísimo centro comercial, aunque éste se encontraba en la ciudad vecina (Bürs) que está separada de Bludenz por la autopista por lo que se la puede considerar dentro del mismo entorno urbano, centro comercial que disponía de un gigantesco Spar para que los apartamentistas puedan suministrarse de todo aquello que necesiten, muchos alojamientos de todo tipo, muchas tiendas de pueblo, nada de tiendas al uso que podamos encontrar en la urbanización de cualquier estación de esquí, de hecho nos costó encontrar material de esquí en la propia ciudad.

Farmacia de la ciudad.

Incluso los miércoles y los sábados, en su centro histórico se monta un mercadillo de alimentación.

Mercado de alimentación que se monta todos los miércoles y sábados en el centro de Bludenz.

Puesto de flores.

Pero al igual que digo que es una ciudad bien dotada de la mayoría de los servicios que cualquiera pudiera necesitar, también me encontré cosas que no me gustaban, como el hecho de que la mayoría de los restaurantes fuesen de comida italiana. Si voy a un país extranjero, en este caso Austria, a mí particularmente me gusta disfrutar de las especialidades locales, y en este aspecto nos costó encontrar restaurantes que sirviesen comida autóctona.

Además, al ser una ciudad industrial, increíblemente poco enfocada al turismo, los servicios de hostelería se adaptaban a este tipo de cliente y la mayoría de restaurantes cerraban los domingos y los lunes, incluido el restaurante de nuestro gasthof.

De los pocos sitios donde un domingo se podía ir a cenar es al restaurante del hotel Schloss en el que además servían unos deliciosos platos locales que nos dejó muy buen regusto con el que estuvimos soñando plácidamente toda esa noche.

Otro sitio que nunca cierra y que además de para cenar sirve para tomar una copa, echarse unas risas o jugar a los bolos es el Fohren Center justo enfrente de la fábrica de cerveza.

Si observáis bien la página del Fohren Center podréis ver que una de las ofertas que tienen en su carta es la Foundie. Y es que resulta que esta región tiene más de suizo que de austriaco, no en vano la mayor parte de su frontera linda con este país, y así se refleja en su gastronomía, donde por todos lados se ofrece esta exquisita vianda.

Además se ofertan por los mercadillos una gran variedad de exquisitos quesos de todo tipo y también embutidos hechos a base de ciervo y otros animales de caza.

El ambiente que me encontré corresponde a una gente con un carácter más parecido al suizo y menos parecido al ambiente austriaco, más serio y formal y, aunque fuera casualidad, en todos los sitios en los que estuvimos nos encontramos a más de uno que hablaba español, que nada más oírnos hablar se acercaban a conocernos y a saludarnos, algo que contrasta con el supuesto carácter seco y poco abierto que se les supone a los centroeuropeos, incluso hubo uno que nos contó sus aventuras de cuando estuvo viviendo por Sudamérica.

Algo que me sorprendió mucho, más cuando la mayoría nos comentaba que era muy raro ver españoles, y en general, extranjeros haciendo turismo en esta parte de Austria.

Y turismo es otra de las actividades que se pueden realizar en esta ciudad, que como ya he dicho, es una ciudad histórica, una buena alternativa para planificarse un día de descanso o si nos vemos obligados a causa del mal tiempo.

Grabado representativo de Bludenz en la Edad Media. Fuente: Wikipedia

Una de las primeras cosas que llaman la atención cuando uno se aproxima a Bludenz es un campanario visible desde muy lejos y en toda la ciudad. A este campanario, se le supone acompañado de una iglesia, y así era. Ésta es ni más ni menos que la catedral de la ciudad, la iglesia de Sankt Laurentius (San Lorenzo)

Vista general del campanario de Sankt Laurentius.

Bludenz tiene historia, una historia que se remonta desde tiempos romanos, aunque los monumentos más antiguos que perduran en la ciudad datan de la edad media, como esta la iglesia-catedral de Sankt Laurentinus que data del año 1.260, aunque fue reconstruida entre los años 1.491 y 1.514 después de que un incendio acabara con ella.

Mangos de la puerta de entrada.

Una catedral un tanto modesta cuyo campanario repiquetea sus campanas produciendo un sonido que te envuelve en un halo sonoro muy placentero.

Torre en la que si nos fijamos más en detalle podremos observar dos escudos, uno que pertenece a Austria y el otro que corresponde al de la ciudad. El escudo de la ciudad está compuesto en parte por la figura de un unicornio que simboliza un antiguo icono que representa el carácter indomable, la fuerza persistente y la pureza virginal.

Escudos de Austria y Bludenz.

En su interior llaman la atención sus altares de mármol negro que datan del 1.720

Altares de mármol negro.

Altares de mármol negro.

Púlpito.

Órgano.

Esta iglesia es el símbolo característico de la ciudad, ya que al estar situada sobre un promontorio es visible desde la mayor parte de la urbe. De hecho, las vistas desde su patio son de este estilo:

Puerta de entrada al patio de la catedral.

Pues para nuestro asombro y regocijo, el alojamiento que elegimos estaba situado al lado mismo de la catedral. Un sitio acogedor y tranquilo, un Gasthaus llamado Löwen (león) que se encontraba al lado mismo del centro histórico de Bludenz y que lo separaba de la catedral una calle que dividía ambas zonas.

Magnífica ubicación del Gasthof. Fuente: Gasthof Löwen.

El gasthof tiene parquin propio, muy cómodo, algo que es de agradecer, porque en toda la ciudad no existe ningún sitio que no pertenezca a algún propietario y por tanto las plazas son privadas, teniendo como única opción de aparcamiento un parquin público situado justo detrás del parque de bomberos. Si váis a venir a Bludenz y os váis a alojar aquí, tener esto muy presente, hasta algunas plazas que pertenecían al ayuntamiento se alquilaban a particulares.

Continuando con nuestro recorrido turístico por la ciudad, al lado de la catedral podemos encontrar los restos del antiguo castillo Gayenhofen (1.746) que hoy es sede del gobierno regional del distrito de Bludenz.

Aspecto de lo que queda del antiguo castillo.

Restos del muro que protegía al castillo.

Pasear por las calles de Bludenz es un ejercicio de relajación que sirve para recomponer las fuerzas que hemos gastado en el día y sirve como colofón final de una magnífica jornada de esquí, permitiéndonos trasladarnos al pasado al tratar de recordar como era la ciudad antes de que ésta fuera incendiada.

Típica calle del centro de Bludenz. Sus fachadas terminan en los característicos soportales para que la gente pueda refugiarse de la lluvia.

Calle céntrica.

El jardín de los ciervos.

Bonito detalle en una de las fachadas.

Werdenbergstrasse, donde antiguamente estaba situado el ayuntamiento.

Alejándonos un poco del centro, podemos encontrar este monumento en honor a la figura de Bernard Riedmiller, un famoso rebelde que luchó contra los franceses comandados por Napoleón en un batallón de rebeldes de Bludenz que posteriormente participaron en la guerra austro-prusiana.

Escultura dedicada a Bernard Riedmiller.

En frente de este monumento, se encuentra el Café Remise, un centro cultural al que también se puede ir a tomar una cerveza, un vino o, por qué no, ir a cenar, su carta es escasa pero lo que sirven son especialidades locales realizadas con gran esmero y un gusto fino.

Aspecto exterior del Café Remise. Fuente: Café Remise.

Un poco más allá podremos encontrar la extraña iglesia de la Heilig-Kreuz (Santa Cruz), cuyo campanario sirvió de referencia para las operaciones antiaéreas de la Segunda Guerra Mundial.

Aspecto exterior de la iglesia de la Santa Cruz.

Otra panorámica de la iglesia de la Santa Cruz.

Su interior no es menos sorprendente, de aspecto moderno cuyo techo tiene colgadas estas lámparas cuyo efecto nos deja anonadados.

Genial combinación de formas y colores.

Aspecto general interior de la iglesia de la Santa Cruz.

Y sorprende la confianza con respecto a sus parroquianos los cuales respetan pulcramente la propiedad de la iglesia como así se demuestra que dejan los libros de cantos y oraciones en su sitio.

Cada puesto tiene su libro.

Y en frente de esta iglesia, no menos sorprendente es la escuela pública, de un aspecto imponente.

Escuela pública de Bludenz.

Escuela pública.

Y hasta aquí termina esta “pequeña” introducción a lo que fue nuestra base de operaciones para las excursiones que realizaríamos en días posteriores a las estaciones del Voralberg, que espero que os sirva para haceros una idea de como es el sitio si optáis por viajar a esta zona.

Nuestro recorrido consistió en visitar las estaciones de Brandnertal, Sonnenkopf, Faschina-Damülls-Mellau, Warth-Schröcken, Gargellen y Silveretta Nova-Hochjoch. Estuve tentado en visitar la estación de Sonntag, pero visto la falta de nieve y que esta estación está orientada más al freeride preferí dejarla para otra ocasión.

Aunque el origen de la ciudad está un poco al margen de la evolución del esquí, la ciudad no ignora el entorno en el que se encuentra y que en cierta medida forma parte de su economía local, y en algunos rincones podemos encontrar guiños a este preciado deporte, imagen con la que cierro el capítulo de hoy.

Guiño a la historia del esquí.

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2 respuestas a Voralberg. Sol y toros. Bludenz

  1. farmalameda dijo:

    Estupendo Ludus, espero impaciente el resto.
    A mi también me gustan los reclamos comerciales de bronce, y tenía buena pinta la Apotheke.

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