Speedriding en Cerler

El speedriding es una disciplina deportiva relativamente nueva que surgió de la idea de combinar la sensación del vuelo en parapente sobre unos esquís.

Muy relacionada con el parapente, pues surgió como una evolución del mismo, el speedriding prioriza la sensación de esquiar sobre la sensación de volar.

Para iniciarse en este deporte es mucho más importante tener un buen nivel de esquí que el tener conocimiento de vuelo en parapente. Es más, el hecho de no saber volar no condiciona apenas su práctica.

Debido a que este deporte combina dos de mis grandes pasiones, el esquí y el parapente, era inevitable que acabara cayendo en las garras de esta disciplina. Llevaba ya un tiempo deseando iniciarme y por fin este año pude hacerlo.

La causa de no haberlo hecho antes es debida a que al ser un deporte tan específico y especializado, no está muy extendido por lo que existen pocas opciones donde poder practicarlo y como consecuencia es difícil iniciarse en el mismo.

Siempre que me lo planteaba, me surgían diversos viajes, los amigos condicionan también tus planes por lo que lo fui aplazando hasta que este año le di prioridad absoluta y rechacé cualquier otro plan que me surgiera.

En España, el Speedridind, que yo sepa, sólo se practica oficialmente en las estaciones de esquí de Cerler y Sierra Nevada. También en Arcalís, en Andorra, existe una escuela en la que se enseña esta disciplina.

Como Sierra Nevada en plena temporada hay mucha gente y teniendo buenos amigos en el valle de Benasque me decidí por la opción de Cerler utilizando los servicios de Alberto Posada, de la escuela de Tandem Team. No puedo comparar la enseñanza de Alberto con la de otros, pues es el único “profe” que he tenido, pero desde luego, he salido encantado con la experiencia y bajo mi punto de vista es un gran profesional que puede introducirte bien en este mundillo.

El valle de Benasque, y concretamente Castejón de Sos, es conocido mundialmente como una de las mecas del vuelo libre. Así que decidí que este pueblo sería mi base de operaciones a pesar de estar situado a 20 km. de la estación de esquí. Pensé que algún día, si salía bueno, después de las clases podría darme un vuelo en parapente, aunque al final no pudo ser.

Además, en este pueblo, un buen amigo adquirió el verano de 2014 un hostal, el hostal Sositana, por lo que no había lugar a dudas de cual sería el sitio en el que nos alojaríamos.

Juanma, la persona que lo lleva, me pidió que no le diese mucha publicidad, pero yo que soy una mala persona, no le voy a hacer ni caso. Os diré que la habitación doble os costará 40 € por noche (precio de febrero de 2015). A mí me parece un precio más que competitivo y por eso os lo doy a todos a conocer.

Además, el trato será familiar, al menos así fue conmigo, claro está que al ser amigo esta percepción puede estar un poco sesgada, pero creo que por otros comentarios que he leído por ahí de otra gente que ya ha estado no debo andar muy desencaminado.

Eso sí, no esperéis grandes lujos, es un sitio para tomar una ducha caliente y descansar después de una larga jornada de esquí o de realizar cualquier otra actividad de montaña de las muchas que se pueden practicar en los alrededores de Castejón de Sos. El que quiera lujos, deberá seleccionar otro alojamiento.

Cuando contacté con Alberto, éste me empezó a preguntar si sabía esquiar y mi nivel de esquí, pero no me comentó nada del parapente. Yo insistí en ello y pensé que el saber volar en parapente sería una ventaja y acabaría aprendiendo enseguida.. Y sí, una ventaja sí lo es, para algunas cosas, pero no es tan sencillo como presumía al principio.

Así que si os llama la atención este deporte, no debéis tener en cuenta el no haber practicado nunca el parapente. No es necesario.

El curso dura cuatro días y en principio en cada día se utilizan cuatro horas, pero siempre se depende de la meteorología, por lo que se puede alargar el plazo. Si un día no se dan las condiciones para poder practicar este deporte con seguridad, se aplaza la enseñanza a otro día. No es una clase perdida.

Y así nos ocurrió, cuando el tercer día y también el cuarto, llegó un momento en que la niebla lo invadió todo y era imposible seguir con seguridad. Con niebla se puede esquiar, pero no es nada aconsejable ponerse a volar a una velocidad que puede llegar a los 60 km/h cuando la visibilidad no pasa de 50 metros.

Esperando a Alberto para iniciar el curso.
^^Esperando a Alberto para iniciar el curso.

Por tanto, quedé con Alberto el lunes para iniciarme en este mundillo y, como no podría ser de otra forma, y al igual de lo que ocurre con el parapente, incluso con el esquí, lo primero es dar a conocer el material que vamos a manejar y familiarizarnos en la medida de lo posible con el mismo.

Lo primero, el arnés. El arnés resulta ser la propia mochila en la que se contiene todo el equipo, y es reversible. Es decir, por un lado sirve para guardar la minivela y por el otro sirve para colocarse el arnés al cuerpo.

Lo primero es colocarse el arnés con seguridad.
^^Lo primero es colocarse el arnés con seguridad.

En este aspecto, para mí no representa ningún secreto, porque es lo mismo que en el parapente. Un arnés antiolvido, para no salir a volar/esquiar con las perneras sueltas, y luego enganches para las piernas y otro enganche ventral.

Una vez colocado el arnés, lo siguiente es desplegar la vela y realizar una comprobación para ver que todo está bien. Las primeras veces lo hará el instructor y os explicará como hacerlo para que os vayáis familiarizando con el material.

En este aspecto, el conocimiento del parapente también me da ventaja, pues el concepto de bandas, frenos, estabilos, intradós, extradós, etc., me resultan completamente familiares, aunque la primera vez, Alberto se aseguró de hacerlo él para que no hubiese ningún problema.

Alberto revisando la vela.
^^Alberto revisando la vela.

Las velas de speedriding tienen algunas diferencias con respecto a las velas de los parapentes.

La primera es el tamaño de la vela. Un parapente normal, para mi peso, tiene una superficie de unos 27 m² y en cambio, estas velas, que están pensadas para darte flotabilidad más que para volar miden un tercio de ese tamaño. En concreto, la vela que me proporcionaron medía unos 11 m².

Otra de las diferencias es el número de bandas (grupo de cordinos que unen el arnés a la vela). Las velas de parapente normales, excepto las de competición, tienen entre tres y cuatro bandas. Las bandas del parapente se reparten en líneas que están colocadas a la misma altura del eje longitudinal de la vela y repartidos trasversalmente por toda la envergadura de la vela.

Para que entendáis mejor de lo que estoy hablando, a continuación os pongo un dibujo esquemático de la distribución de las bandas.


^^Esquema de distribución de las bandas del parapente. Fuente: gliderengineering.com

Como podéis ver, en el esquema se representa la superficie de un parapente desde el punto de vista del piloto (el intradós o superficie inferior de la vela) y al mismo van adheridos lo que representan unos cordinos.

Si os fijáis, existen cuatro líneas, que además están nombradas cada una de ellas con las letras que van de la A a la D. Esto son las bandas.

Pues bien, en las velas de speedriding sólo tenemos dos bandas, ya que la superficie, al ser menor, no exige tanta cuerda para unirte a la vela. Esto hace que sea más fácil comprobar si existen nudos, líos y demás problemas que solemos encontrarnos frecuentemente cuando preparamos la vela.

Otra de las diferencias notables que encontramos con una vela de parapente es la longitud de las líneas. En el parapente, la vela la solemos llevar a unos 5-6 metros sobre nuestras cabezas, mientras que en estas velas, no habrán más de 2 o 3 metros.

Todo esto me hacía presuponer que iba a ser muy fácil manejar la vela, siendo un aparato que, a simple vista, es más sencillo que la compleja maquinaria de un parapente.

Una vez revisada la vela, el siguiente paso es unir las ya mencionadas bandas al arnés. Al igual que en el parapente, las bandas A, la línea de cordinos que van al borde de ataque (parte delantera de la vela) se coloca hacia al exterior y la banda B y el freno hacia el interior, vigilando que no haya ninguna torsión entre la banda y el freno que va separado de la banda B.

Uniendo la vela al arnés bajo la supervisión del Alberto.
^^Uniendo la vela al arnés bajo la supervisión del Alberto.

Una vez hemos enganchado la vela al arnés, el siguiente paso es colocarnos los esquís y revisar que ningún cordino se engancha al esquí, pues si eso ocurre podría darnos problemas.

Revisando que no hay ningún coordino liado con el esquí.
^^Revisando que no hay ningún coordino liado con el esquí.

Normalmente los cordinos o los solemos pisar con el esquí o se suelen enganchar con el freno. Esto es lo más habitual y habrá que desengancharlos antes de iniciar la bajada.

El tamaño de los cordinos es algo más grueso que el de los parapentes, pues la resistencia aerodinámica no es tan importante en esta disciplina y de esta forma se protegen mejor ante los más que probables pisados de éstos con los esquís. Aunque se pisen con los cantos de los esquís, los cordinos no sufren daños.

El siguiente paso a realizar es el de prepararse para el vuelo. Al igual que el parapente, colocamos las bandas A pasándolas por encima de los brazos y los frenos agarrados en la mano para controlar la vela una vez que esté sobre nuestra cabeza.

Preparando la salida.
^^Preparando la salida.

Y una vez preparados, se espera la señal del instructor para realizar la primera bajada. El primer ejercicio es el de familiarizarse con las reacciones de la vela y conocer sus límites.

Preparado para salir.
^^Preparado para salir.

Así que, una vez recibida la señal, salgo disparado para abajo, levanto la vela y la coloco sobre mi cabeza. Y hasta ahí todo parecido con un parapente. A partir de aquí, todo es nuevo.

Como es mi primera bajada, y no quiero coger mucha velocidad, bajo la pendiente en turbo-cuña y frenando la vela. Simplemente para adaptarme al nuevo material.

Mi primer descenso con una vela de speedriding.
^^Mi primer descenso con una vela de speedriding.

Una vez realizada la bajada, en la que no hubo ningún giro, se frena a tope la vela para tirarla al suelo y recogerla.

El plegado de estas velas también difiere en lo que respecta al parapente. Debido a que las bajadas son rápidas y los vuelos cortos, todo lo contrario de lo que ocurre con el parapente, es necesario disponer de un sistema de recogida rápida. Para ello se utiliza una pequeña bolsa-contenedor, en el que se introduce la vela sin tener que soltarla del arnés.

Introduciendo la vela en el arnés.
^^Introduciendo la vela en el arnés.

Al principio es un poco costoso, porque el “colipack” es bastante pequeño en relación a la vela y cuando no se sale por un sitio, lo hace por el otro y se tarda un rato hasta que se consigue introducir en la bolsa. De hecho, las primeras veces me tuvo que ayudar Alberto hasta que ya fui capaz de hacerlo por mi cuenta.

Con la práctica se va aprendiendo a hacerlo y al final se puede recoger de forma muy rápida, lo que nos permite realizar más vuelos durante la jornada.

Una vez recogida la vela en la bolsa, ésta tiene un par de ganchos que permiten colgar la vela a las bandas del arnés y poder llevarla así cómodamente incluso en el telesilla.

El siguiente paso es el de conocer verdaderamente cual es el límite inferior de velocidad de la vela y cual el superior. Es decir, encontrar la velocidad mínima y máxima de la vela. Por tanto, el siguiente ejercicio consistió en bajar a “schuss”  por la pista a velocidad máxima hasta que despegara los pies del suelo, para luego ir frenando poco a poco la vela e ir perdiendo velocidad hasta que ésta dejase de volar.

Despegando.
^^Despegando.

Bien, esta era la teoría. Lo que pasó en realidad es que, una vez despegué del suelo, y sin haberme aún familiarizado lo suficiente con las reacciones de este tipo de vela, la frené en el aire, no cuando ya había aterrizado, primer error, y la frené tanto que la metí en pérdida a unos cuatro metros de altura sobre el suelo.

Lo siguiente os lo podéis imaginar. Cuando se mete una vela en pérdida, ésta deja de volar, aunque la inercia de tu cuerpo sigue teniendo un componente de velocidad horizontal. La sensación es como que la vela te empuja para atrás y al no haber sustentación la gravedad hace su trabajo. El resultado. Una caída de espaldas desde unos cuatro metros de altura.

Por suerte, los esquís absorbieron la mayor parte de la energía de la caída y todo quedó en un susto y una contusión que no fue a mayores. Una parada para reponerme de la caída y continuamos.

Ya no volvimos a probar los límites de la vela hasta más avanzado el curso.

Los siguientes ejercicios consistieron en coordinar el movimiento de la vela con el de los esquís. Es decir, coordinar los giros de forma que la vela te vaya acompañando todo el rato en el trayecto sin que se caiga o te empuje hacia otra dirección distinta a la que vas.

En este aspecto encontré una diferencia enorme con respecto al control de campana del parapente. Estas velas son muy reactivas y por tanto responden muy rápido a los mandos. Esto significa que cuando se va a corregir la posición de la vela, se sobremanda y entonces la vela está mal colocada del otro lado.

Perdiendo el control de la vela.
^^Aunque se tenga experiencia de vuelo en parapente, no es fácil “domar” la vela.
Perdiendo el control de la vela.
^^Aunque se tenga experiencia de vuelo en parapente, no es fácil “domar” la vela.

Controlar esto es mucho más difícil de lo que parece y requiere mucha práctica. Yo sólo lo conseguí al final del día después de muchas bajadas intentándolo.

La verdad es que una vez se consigue, es cuando se empieza a disfrutar de este deporte.


^^Toma pose.
Controlando mejor la vela.
^^Parece que vamos dominando el invento.

^^Hasta parezco un maestro en la materia.

Y esto fue lo que dio de sí el primer día. Sé que en la escuela de Tandem Team se ofrece una jornada de descubrimiento al Speedriding que dura unas dos horas. Por la experiencia que yo he tenido, creo que no es aconsejable porque no vas a sacarle el máximo jugo a la iniciación a este deporte, ni te va a transmitir lo que realmente significa.

Creo que como mínimo se debería practicar durante un día entero si se quiere de verdad apreciar este deporte, y mucho más aconsejable realizar el curso. Si yo hubiera hecho sólo esta jornada de descubrimiento, creo que no habría continuado.

Realizando el curso entero, la percepción cambia muchísimo desde las primeras horas de práctica a la última hora del día.

Al segundo día se nos unió Kilian a la fiesta. Kilian, también parapentista y de Castellón, quiso hacer el curso en diciembre, pero por causas meteorológicas sólo pudo aprovechar un día, por lo que presumiblemente estaríamos al mismo nivel ya que los dos habíamos practicado un sólo día.

Lo bueno que tienen estos cursos, como ya dije, es que si no se pueden finalizar debido a causas meteorológicas, el curso no se pierde sino que se pueden aplazar para otros días en los que la meteorología sea más favorable y siempre adaptado a las fechas de nuestra disponibilidad. Este aspecto lo tienen muy bien cuidado en Tandem Team.

Preparándonos para salir.
^^Kilian en primer término y yo más abajo. Alberto observándonos.
Esperando la señal de salida de Alberto.
^^Esperando la señal de salida de Alberto.

Como Kilian llevaba más de un mes sin tocar una vela y con un sólo día de curso, me pide a mí que salga primero, y así lo hago.

Todas las mañanas, antes de empezar el curso en sí, hacíamos unas bajadas de calentamiento, para recordar lo hasta ahora aprendido y luego ya comenzábamos con otros ejercicios que nos iba proponiendo Alberto.

Los ejercicios de este segundo día consistían en realizar giros amplios, aprovechando todo el ancho que la pista nos permitía, de forma que pudiésemos controlar la vela a velocidad mínima. Básicamente, el ejercicio consiste en dominar la vela de tal forma que estuviese sobre nuestras cabezas el máximo tiempo posible sin que se nos cayera.

Esto que es muy fácil de comentar, en la práctica no lo es tanto y nos llevó el día entero, y aún así no terminamos de controlarlo del todo, aunque ya conseguíamos realizar las bajadas de un tirón sin tener que recolocar la vela cada poco tiempo.

La ventaja de subir y bajar tantas veces es que se aprende muchísimo sobre como se realiza la colocación de la vela, como desliar las bandas y los cordinos, como recoger, etc. Una práctica tan didáctica como agotadora.

Introduciendo la vela en el arnés.
^^Introduciendo la vela en el arnés.

La verdad es que el hecho de que ya podíamos realizar bajadas del tirón, con nuestros fallos que tratábamos de corregir, y el magnífico día que tuvimos, resultó ser una gran jornada de speedriding.

Con una sonrisa de oreja a oreja, acompañamos a Alberto hasta la base de la estación, en El Molino a 1.500 m. para ayudarle a dejar las velas y finalizar así la jornada de esquí.

Al día siguiente nos amaneció nublado y con una borrasca que prometía realizarnos una visita por sorpresa.

Como ya dije, el que esté nublado o nevando no impide la práctica del speedriding, por lo que la clase, a pesar del día, no se interrumpe y comenzamos, como siempre, a calentar por la zona del Cogulla para luego pasar a otros menesteres.

Aunque esté nevando podemos seguir practicando.
^^Aunque esté nevando podemos seguir practicando.

Esta vez Alberto, que ya confía en nosotros lo suficiente como para no tener que supervisarnos en cuanto a la preparación de las velas, decide que este día él también se trae la suya, así puede disfrutar algo más mientras nos enseña, además que así puede realizarnos demostraciones de lo que quiere que hagamos en cada bajada.

Colocándonos las velas.
^^Colocándonos las velas. De izquierda a derecha: Alberto, Kilian y yo.

Una vez realizadas las bajadas de calentamiento, este día comenzamos el curso aprendiendo dos técnicas nuevas.

La primera de ellas consiste en realizar las bajadas, pero al contrario del día anterior, en el que practicábamos giros largos a baja velocidad, la práctica de este día consistía en realizar giros cortos intentando controlar la velocidad.

Esta fue una de las prácticas que más me gustó, sobre todo por el hecho de que la sensación que tuve es como la de esquiar sobre nieve virgen.

Aquellos esquiadores que hayan bajado sobre laderas de nieve virgen con una buena técnica sabrán cuan placentero puede llegar a ser este tipo de bajadas y comprenderán rápidamente de lo que estoy hablando.

Para aquellos que no lo sepan, diré que la sensación es similar a la de estar flotando, un esquí suave y plácido. De hecho, yo creo que algunas veces el esquí se levantaba de la nieve o al menos daba la sensación de que no había rozamiento entre el cofix y la nieve.

Sorprendentemente esta técnica se me dio bastante bien.

Y Kilian también pareció captarlo rápidamente.

Aún así, hay que tener cuidado, porque las velas, al ser tan reactivas, enseguida podemos descontrolarlas y aunque no lo parezca por tamaño tienen bastante fuerza, tanta que pueden tirar de tí y descontrolarte.

Así, por ejemplo, si se sobremanda al realizar los giros yendo con cierta velocidad, la vela se puede quedar atrás empujándote hacia la ladera, y como consecuencia te quedas esquiando con el esquí interior, lo que significa perder el control de los giros. Esto parece ser bastante habitual.

Descontrol con la vela.
^^La vela me desequilibra y me quedo esquiando con el esquí interior.

La otra técnica que aprendimos es la de preparar la vela dejándola caer por la parte del valle.

Debido a que para realizar determinadas bajadas tendremos que iniciar las mismas en un tramo de ladera que puede tener cierta inclinación, al tratar de colocar las velas por encima nuestra, ésta se resbalará y acabará sobre nosotros, impidiéndonos realizar la comprobación pre-vuelo.

Para solucionar este problema, lo que hay que hacer es colocar la vela por debajo nuestra, en la zona del valle, de forma que será la propia gravedad la que nos ayude a estirar la vela y nos permita realizar mejor las comprobaciones.

Alberto y yo colocando la vela por debajo nuestra.
^^Alberto y yo colocando la vela por debajo nuestra.

^^Kilian se resiste a colocar la vela por debajo de él.

Realizar así las comprobaciones resulta más sencillo. La dificultad de esta técnica reside a la hora de levantar la vela.

Cuando colocamos la vela en el lado de la ladera, es decir, por encima nuestra, la dejamos preparada para que cuando salgamos enseguida le entre aire en las bocas de la vela y de esta forma coge presión y se eleva.

Preparado para salir
^^Preparado para salir
Todo listo.
^^Todo listo.

Pero como ahora la tenemos por debajo, tendremos que conseguir de alguna forma dejar la vela detrás nuestra para que coja presión.

La técnica consiste en “rodear” la vela hasta quedar por debajo de ella y luego encarar la máxima pendiente para dar presión a la vela.

El problema de esta técnica suele ser que el aire puede entrar primero por un lado de la vela antes que por el otro y por tanto la vela no sale centrada, lo que provoca que salga inestable y nos requerirá un poco de tiempo estabilizarla. Es por esto que a pesar de que es más fácil preparar la vela, es más difícil poner esta técnica en práctica.

Despegando.
^^Despegando con esta técnica.

Aunque difícil de apreciar, en la foto anterior se puede ver como la parte derecha de la vela (a la izquierda de la imagen) está más levantada que la otra parte de la vela, que está algo más baja, lo que nos obliga a estabilizar la vela para que no de “bandazos”.

Despegando.
^^Despegando con esta técnica.

Pues si bien se puede practicar el speedriding aunque esté nevando, lo que no es nada aconsejable es practicarlo cuando hay niebla, esto sí resulta muy peligroso. Como la niebla nos visitó no pudimos continuar y a eso de las 14.30 h. cortamos las clases y lo aplazamos todo para el día siguiente.

Y menos mal que cortamos porque como aún era algo pronto, Mercedes y yo decidimos que continuaríamos un rato más esquiando y así lo hicimos. Claro, que echamos de menos las gafas de visión nocturna con rádar incorporado para no estamparnos con ningún obstáculo y el sistema milimétrico-militar de posicionamiento GPS con mapa holográfico para no acabar en cualquier arroyo perdido. Vamos que no se veía tres en un burro, así que tampoco es que disfrutáramos tanto y no tardamos mucho en dejarlo todo para el día siguiente.

Al día siguiente repetimos maniobras y repetimos día. También nublado y nevando y también a mitad de día tuvimos que cortar por la niebla.

Pero como nuestra confianza para con estos aparatos demoniacos iba aumentando, la verdad es que nos fuimos desmelenando poco a poco y empezamos a tomarnos nuestras pequeñas licencias.

Kilian dando un salto.
^^Kilian dando un salto aprovechando la sustentación de la vela.
Yo voy detrás.
^^Y yo voy detrás aunque no lo consigo.

Como podéis apreciar en la foto, los saltos y cambios de nivel con el speedriding son más espectaculares porque la vela te sustenta y como resultado obtenemos saltos más largos y más suaves que los que se consigue simplemente esquiando.

Pero también hay que tener cuidado y comprobar que en las pistas no haya nadie o que en ese momento no vaya a pasar alguien delante tuya porque esto no se controla como el esquí y las reacciones son más lentas y los cambios bruscos mucho más peligrosos. Hay que hacerlo todo con suavidad y con bastante más previsión a como se hace con el esquí.


^^Me paso de frenada en la curva y no consigo saltar.

Una de las grandes ventajas de llevar una vela sobre nuestras cabezas es que uno se puede  echar algo para atrás y los virajes no se ven apenas afectados gracias a la sustentación que nos ofrece la vela. Debido a que las colas de los esquís no soportan todo el peso de nuestro cuerpo tiene como consecuencia que se puedan girar más fácilmente.

Al comprobar Alberto que nos estábamos desmadrando decidió que era la hora de pasar al siguiente nivel. Así que nos fuimos a la zona del Collado Ampriu, una pista que suele estar vacía de gente y que tiene ya un nivel más que aceptable y, por fin, conseguimos darnos nuestro primer vuelo.

Apenas despegamos un poco los esquís del suelo pero para nosotros fue una gran experiencia y algo aterradora ya que tanto las talanqueras como los tubos de los cañones de nieve artificial los veía muy cerca.

De esta hazaña no tengo fotos porque entre que empezó a entrar de nuevo la niebla y que mi mujer se puso nerviosa, al final no fue posible. Sólo diré que yo acabé esquiando sobre los arbustos que asomaban de entre la nieve y realizando un giro a gran velocidad ya en el suelo, después de haber esquivado en vuelo las talanqueras. Es por este motivo que es importante tener buen nivel de esquí, al menos un nivel de esquí que te permita lo que coloquialmente llamamos en el mundo del esquí “ir a por conejos”.

Antes de que cerrara la niebla tuvimos otra oportunidad de bajar esta pista volando y esta vez sí que lo hicimos bien. Este también fue otro de los puntos cúlmen de esta experiencia. Nuestro primer vuelo de verdad, aunque sin giros.

Después de esto tuvimos que dejarlo porque la niebla, como el día anterior, se cerraba y nos impedía volar con seguridad.

Debido a que perdimos parte de la clase del día anterior y parte de la clase de este día, Alberto nos ofreció continuar un día más. Aceptamos encantados.

A la tarde miramos la previsión y comprobamos que había una ventana de buen tiempo a primerísima hora y que duraría hasta las 11.00 h. o las 12.00 h., por lo que decidimos quedar a las 09.00 h. en la base de El Molino para aprovechar todo lo que pudiéramos esa pequeña ventana de buen tiempo.

Y acertamos.

Disfrutando en Cogulla con nieve recién caída.
^^Disfrutando en Cogulla con nieve recién caída.
Disfrutando en Cogulla con nieve recién caída.
^^Disfrutando en Cogulla con nieve recién caída.

Con una capita de nieve recién caída la noche anterior sobre una base dura y las velas sobre nuestras cabezas, disfrutamos más que nunca. Primero en la zona de calentamiento habitual en Cogulla y luego en la pista azul que hay más abajo entre Cogulla y Rincón del Cielo, en Les Abelles.

Como esta ventana sabíamos que no iba a durar mucho tiempo, y como empezamos a ver que la nubosidad ya estaba entrando, decidimos ir a la zona del Gallinero para realizar nuestro último vuelo final, como un gran colofón a lo que ha sido este curso.

La nubosidad amenaza con estropear la jornada.
^^La nubosidad amenaza con estropear la jornada.

Una vez arriba nos dirigimos a la pista Quebrantahuesos, un nombre no muy apropiado o eso me lo parece, pista negra para más señas y ahí hicimos una bajada, de la que Alberto nos hizo una gran demostración y luego nosotros tratamos de seguir sus pasos.

Alberto bajando la pista negra.
^^Alberto bajando la pista negra.
Alberto bajando la pista negra.
^^Alberto bajando la pista negra.

Y como colofón de fiesta, nos salimos de pista y bajamos por un pequeño barranco que nos permitió realizar el “vuelo final de curso”.


^^Primero sale Alberto para indicarnos como hacer el vuelo.

Luego salgo yo.

Y por último Kilian.

Aunque no lo parezca tendríamos unos 40-50 metros de desnivel que nos permitió un vuelo de apenas unos segundos pero que sabían a mucho.

En este vuelo pudimos apreciar la diferencia que existe entre el vuelo de estas velas comparadas con las del parapente, pues la fineza (distancia avanzada con respecto a la distancia descendida) es mucho menor y se cae como una piedra dando poco tiempo de maniobrabilidad.

Ya no dio tiempo a más y aquí acabamos el curso. Alberto tenía que dar clases de esquí y por tanto ya no pudo quedarse más con nosotros. Nos ofreció continuar cuando acabara de dar clase, signo de que se lo estaba pasando bien y un gran detalle el no querer despacharnos sin más, pero al final le asignaron más clases de esquí y ya no pudo ser, por lo que aquí se acabó el curso.

Para mí ha sido una experiencia muy gratificante e inolvidable y tengo intención de continuar con este deporte, pues no sé si ha sido por la mano izquierda de Alberto, por el magnífico entorno de la estación o por cualquier otra causa que no logro identificar, pero he acabado enganchado a este deporte y esto es un problema, porque este vicio es un gasto más a sumar a la cuenta de vicios, pero con tiempo todo se consigue.

Espero no haberos aburrido mucho y entiendo que se me puedan haber escapado términos técnicos que no comprendáis porque no estáis metidos en el mundo del vuelo o del esquí, pero cualquier duda que os surja no tengáis el menor problema en preguntarme y os responderé encantado.

Por último quisiera dar las gracias a Mercedes (mi mujer) por aguantarme durante todo el viaje y haber sacrificado parte del esquí para acompañarme en esta aventura y no sólo eso, sino de tomarse las molestias de hacernos fotos a mí y a Kilian y todo esto mostrando a cada momento su mejor sonrisa.

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