Solitude

Llegamos por fin a Solitude y buscamos la zona de taquillas para canjear nuestro “voucher” por un pase en condiciones. Vemos también, con agrado, que disponen de taquillas públicas y de bancos para poder cambiarte el calzado. Las taquillas las hay de dos tamaños, uno en el que perfectamente cabe el calzado y algunas cosas más y otras taquillas más grandes pensadas, supongo, que para poder dejar mochilas y botas de esquí.

El precio de estas taquillas era sorprendentemente barato. Tres cuartos de dólar para las pequeñas y dólar y medio para las grandes. Aún así, se veían muchas bolsas encima de los armarios, sin guardar, de gente que deja ahí su calzado y se va despreocupadamente a esquiar confiando en que nadie les robe sus enseres. La confianza que tiene la gente en que se van a respetar sus pertenencias es bastante alta. Mercedes y yo decidimos utilizar las taquillas pues apenas supone coste, pero esto da una idea del civismo que impera en esta parte del país.

^^ Mercedes feliz de comenzar su andadura norteamericana

Una vez equipados, con el pase canjeado, echamos nuestras primeras fotos y subimos al primer remonte, activando así, el Super Pass. A partir de ahora, disponemos de 14 días para consumir 5. Ja!, 14 días, ya me gustaría. Entonces no serían cinco. O sí, porque los episodios de nieve aquí son épicos.

^^ Vicente cree que ya está en pistas

Notamos nada más calzarnos los esquís y acceder al primer torno una nieve muy suave, con un tacto harinoso y suelta que nos daba esperanzas para sentir algo inédito de nuestro repertorio sensorial.

En la subida vamos comprobando como todas las áreas que no están pisadas por las máquinas pisapistas, lo están por los locos marcapistas.

No hay ni un sólo centímetro por el que no haya pasado alguien previamente. El esquí fuera pista está aquí a la orden del día, y en los días de paquetón se forman interesantes colas en las entradas de los remontes pues todo el mundo compite por ser el primero en pisar su parcela de nieve virgen antes que nadie.

^^ Este es el aspecto normal de las pistas negras de un rombo

^^ Nuestra primera subida

 

^^ Nuestra primera subida

El concepto del esquí norteamericano no difiere mucho del europeo, pero está muy bien organizado. Las estaciones no tienen kilómetros de pistas, sino áreas esquiables, medidas en acres, signifique eso lo que signifique.

Así pues, en Estados Unidos tienen pistas pisadas, al igual que nosotros y áreas esquiables que las máquinas no trabajan pero en la que una ingente cantidad de esquiadores con algo de nivel se mete, al igual que hicimos nosotros.

La sensación que teníamos es que la mayoría de los esquiadores tienen mucho nivel aunque podíamos comprobar que siempre hay alguno está iniciándose, por lo que en pistas poca gente se ve y es posible encontrar las pistas perfectamente peinadas a última hora de la tarde pues nadie pasa por ellas.

^^ Pistas en perfecto estado

^^ Pistas en perfecto estado

A diferencia de lo que ocurre en nuestras estaciones, las áreas no pisadas de la estación son también áreas controladas. El paso a las mismas está permitido y su estado no se deja al azar. Si el estado de un área puede suponer un peligro, ya sea por el estado de la nieve o por cualquier otra causa, se planta un cartelito en el acceso a las mismas advirtiendo de este hecho y prohibiendo el paso. El acceso a estas áreas en muchos casos se hace a través de diversos “gates” o puertas para impedir el paso a algún despistado y evitar situaciones peligrosas.

^^ Permitido el acceso sólo por las puertas abiertas

Los ski-patrol, lejos de estar tomando el sol en una hamaca a 2.000 metros de altura, están patrullando constantemente estas áreas no tratadas para balizar los obstáculos, evaluar los peligros y decidir si la zona es esquiable o por el contrario se cierra, evaluando cosas como el riesgo de aludes, como nos pasó este primer día, en el que un área de fuera pistas lo teníamos cerrada por este riesgo, aunque en días posteriores sí estaba abierta.

^^ Punto de control para chequear los ARVAs

Las cosas que se señalizan son, por ejemplo, si hay un pequeño barranco que no se ve desde la ladera, como un día que nos encontramos en Brighton, pues se planta una cuerda en todo su perímetro, siendo prácticamente imposible caerte en él, al menos por equivocación.

^^ Aviso para evitar caídas en un precipicio

De las ramas de los árboles, las piedras y demás, ya te encargas tú, eso no se baliza y de hecho se advierte para que no hayan absurdas reclamaciones de las que son famosos los estadounidenses.

^^ Esquí fuera-pista por tu cuenta y riesgo

Por tanto, la conclusión es que toda el área de la estación es un área esquiable según que nivel a excepción de los posibles peligros que como ya he dicho se encargan de minimizar los ski-patrol.

También vimos que tienen extremo cuidado, sobre todo con el riesgo de aludes, pues más de un día oímos las explosiones típicas para provocar avalanchas.

Viendo este panorama, iniciamos nuestra andadura por estas pistas bajando por una pista balizada, azul para más señas, para ir calentando las piernas.

^^ “Sencillas” pistas azules

Pero ya en la siguiente subida, iniciamos Vicente y yo una de nuestras primeras incursiones al fuera pistas, pues descubro que este compañero de viaje lo es también de pequeñas correrías a lo desconocido del más allá de las pistas.

^^ Pista por la que iniciamos nuestra aventura “off-ride”

Unas bañeritas que sorteamos sin mucho problema, nos vamos al bosque y esquí clavado en la nieve y yo al suelo. Esto para inaugurar la temporada. Me levanto sin mayor problema, me sacudo la nieve y Vicente gentilmente se ofrece para acercarme el esquí que tenía a unos tres metros encima mía.

Muy buena intención pero una mala ejecución ya que a la hora de acercármelo, realiza un lanzamiento digno de un competidor olímpico de jabalina y vemos como el esquí desaparece tras la maleza, momento tras el cual a Vicente se le despierta el instinto cazador y fulminantemente sale disparado detrás del esquí y como resultado me quedo solo, en mitad del bosque oyendo a los pajaritos y con un sólo esquí en un interesante fuera pista, lleno de árboles y bañeras, una pendiente interesante y nadie a la vista.

¡Nadie a la vista! Me decido por bajar a una zona menos agreste con un sólo esquí, disfrutando de una de las pocas ocasiones en que alguien puede realizar freeride monoesquí o mejor dicho, en esquí individual. Después de un buen rato y gastando medio desayuno en esta bajada a un sólo pie, consigo ver a Mercedes y a Subi y me uno a ellos.

Ni siquiera puedo imaginar lo que debieron pensar en ese momento. La situación era la siguiente: después de separarnos para iniciar Vicente y yo un fuera-pista en mitad de un bosque salgo yo medio arrastrado con un esquí y Vicente no da señales de vida. Seguro que pensaron en un descuartizamiento, que me había vuelto loco y había acabado con Vicente. En cierta forma casi fue la realidad.

Extrañados me preguntan por Vicente y recíprocamente también les pregunto por esta nueva promesa olímpica y al no encontrar respuesta me temo lo peor y es que el esquí ha conseguido arrastrar a nuestro lanzador hasta la base de la estación o lo que es peor y es que haya podido acabar en un Tree Well. Se inicia la operación de búsqueda y rescate y como primera medida optamos por llamarle por teléfono.

Al intentar contactar con él vemos que viene tocando la guitarra con mi esquí y una vez recuperado el aliento nos contó que después de dar caza al esquí, pues como cazador no tiene precio, decidió subirse hasta la zona en la que pensaba que yo estaría y una vez llegó a la cima del monte sin verme decidió que quizás yo me había bajado y fue cuando por fin le vimos aparecer. Y mientras tanto, todo aquél que le veía encaramarse por la empinada pista sudando lo que no está escrito, le advertían que la tabla, la suya, la tenía abajo, por si no se había dado cuenta.

^^ Por fin aparece Vicente

^^ Tocando la guitarra con mi esquí

Si yo dejé medio desayuno en esta hazaña, Vicente tenía ya un déficit alimenticio. Una anécdota que nos hizo sonreír durante todo el viaje y de la que espero haberos sacado alguna muesca a vosotros también.

^^ Parece que está algo cansado de tanto rock’n’roll

Debido a este desgaste, decidimos continuar un rato por pistas azules para recuperar fuerzas. Pero resulta que el concepto de pista azul en las estaciones americanas, al menos estas que visitamos en Utah, no es exactamente el concepto que se tiene aquí en Europa y no alcanzamos a comprender muy bien cual era el criterio, pues algunas de las pistas marcadas con azules bien podrían ser pistas rojas e incluso algunas de las negras sencillas que podamos encontrar aquí. Desde luego, el porcentaje de pendiente no era el criterio principal, aunque sí es cierto que eran más fáciles de esquiar que las negras de un rombo.

Solitude es una estación de tamaño mediano, nada de ser una macroestación al estilo Alpes, aunque sí es verdad que está unida a Brighton por un paso estrecho al lado de un embalse, lo que la hace ya tener un tamaño respetable.

^^ Embalse que separa ambas estaciones. Al fondo Brighton

Es posible recorrerse ambas estaciones en un sólo día, aunque nosotros fuimos con la calma que exige el slow-esquí, a pesar de que algunas de las bajadas fueron exitosos intentos de reventar piernas.

Si se desea combinar Solitude con Brighton, teniendo como base la primera, hay que tener en cuenta que, si bien la vuelta se realiza por un precioso trazado, esta opinión va mermando para aquellos que no son precisamente amantes de las buenas remadas en caminos llanos.

^^ Camino de regreso a Solitude

Camino que era necesario recorrer con calma si no se quería llegar agotado a Solitude.


En sí, la estación se divide en tres zonas bien diferenciadas.

Una zona central, en la que se encuentran la mayoría de las pistas azules y entiéndase pistas azules como algo diferente al concepto nuestro de pistas azules como ya he dicho anteriormente, aunque también existen algunas pistas negras de un diamante y en el que podemos encontrar también un área para aquellos que están comenzando en este deporte.

^^ Plano de pistas de Solitude

También es desde esta zona donde deberemos regresar a la zona de taquillas y desde la que también se accede a la villa en la que se encuentran la mayoría de los alojamientos.

^^ De vuelta a la base

Con la zona de la villa hay que tener cuidado en el momento de volver a casa, pues si no se conoce bien se puede llegar a confundir con la base y luego toca una buena remada para llegar a la zona de las taquillas, la Moonbean Base.

En una de las zonas laterales se encuentra el área en la que es posible combinar el esquí con su estación vecina y que dispone de unas pistas en un entorno muy agreste, aunque servidos por dos telesillas que no son precisamente de última generación.

^^ Vistas desde la Summit Express

La bajada por estas pistas es divertida, pero su recorrido no dura mucho y al final se disfrutan poco, sobre todo por el tiempo que se tarda en remontarlas.

^^ Área de pistas que conecta con Brighton. Al fondo se puede observar el embalse

^^ Esta zona tiene un aspecto salvaje

A media ladera, existe otro remonte, un telesilla de cuatro plazas, ya más acorde de lo que se espera de una estación de esta categoría, y desde cuya cima es posible acceder a cualquiera de las áreas de la estación.

^^ Summit Express

Las pistas aquí tienen mayor desnivel, incluso es posible acceder a áreas de freeride marcadas con dos rombos en el plano y que harán disfrutar a aquellos esquiadores más exigentes.

^^ Área freeride a la que sólo se puede acceder desde la Summit Express

Áreas que son combinables con pistas pisadas para aquellos que no quieran adentrarse en las entrañas de estas pequeñas aglomeraciones arbóreas.

Y es desde esta silla la única forma de acceder a la que, para mí, es la mejor área de las tres, la Honeycomb Canyon.

Esta última es el área de freeride por excelencia de la estación.

^^ Vistas de Honeycomb Canyon

Se trata, como bien indica su nombre, de un cañón, en cuya base discurre una pista muy bien tratada, calificada como una pista muy difícil pero que en realidad teniendo un nivel para bajar pistas rojas (nuestras rojas) es suficiente para poder recorrerla sin dificultad.

^^ Mercedes disfrutando de la pista central del Honeycomb Canyon

Rodeando estas pistas y a ambos lados, en las laderas que mueren en el fondo del valle, discurren una serie de trazados calificados por una dificultad de entre uno y dos rombos que son auténticos fuera pistas, aunque como ya he dicho, ofrecen cierta seguridad pues están supervisados constantemente por los patrulleros del esquí, para evitar riesgos de aludes y señalizar zonas de especial peligro, que estaban bien marcadas, lo que hace del fuera pista una experiencia para ser disfrutada en toda su intensidad sin tener que prestar mucha atención a la seguridad más allá del propio esquí que cada uno practique.

No son necesarios, pues, mochilas ABS o ARVAs al uso para acceder a estas zonas y nadie los exige aunque hay carteles eximiendo de responsabilidad a la estación en el caso de que algo ocurra, por lo que el uso de estas tecnologías no está de más, aunque parece improbable que algo de esto ocurra.Como ya dije, el primer día oímos incluso como explosionaban artefactos para provocar avalanchas para aumentar la seguridad en pistas.

^^ Magnífica zona de freeride

El acceso a esta área se encuentra a una altitud de unos 10.035 pies, lo que viene siendo unos 3058 metros de altura y se puede ir esquiando sin parar hasta la cota más baja de la estación a unos 8.000 pies o lo que es lo mismo a unos 2.400 metros. Es decir, que el desnivel máximo esquiable sin paradas ni conexiones es de unos 660 metros.

Aunque no sea un desnivel espectacular, lo que sí es muy disfrutable son tanto la bajada por la pista central del cañón, como los diversos trazados laterales, sobre todo los situados en la zona más externa de la estación pues la nieve aquí se conservaba muy bien, y eso que no tenían una orientación norte pura, sino más bien apuntaban al este, pero debe ser que la configuración tan cerrada que tenía este cañón permitía una buena conservación de la nieve.

^^ Parte final del Honeycomb Canyon

La parte oeste, sin embargo, merecía menos la pena debido a que no se conservaba tan bien la nieve y nos llegamos a encontrar incluso nieve costra, algo que nunca hubiera esperado de una estación americana.

Al final de este área, un poco antes de llegar a la parte más baja, como se puede observar en el plano, existe un telesilla de cuatro plazas. La pista a partir de ahí tiene muy poco desnivel y no merece mucho la pena seguir hasta la base de la estación, por lo que es mejor tomar esta silla que nos dará acceso a otra de las zonas más divertidas y a la pista que, yo creo que por unanimidad, pensamos era la mejor de todas, incluso la mejor pista de todo el viaje.

Se trata de la Challenger. Un pistón con una inclinación más que decente, pero muy disfrutable, en un idílico entorno rodeado de pinos, con la nieve muy bien conservada y que, incluso Mercedes fue capaz de sacarle todo su jugo a pesar de la teórica dificultad que anunciaban su clasificación de un rombo. Paradójicamente, y según las propias palabras de Mercedes, era más fácil bajar por esta pista que por las azules alternativas o por la Serenity, que debido a sus connotaciones con la Ciencia Ficción fue una pista de paso obligado y que tras bajarla, personalmente estuve de acuerdo en ratificar estos comentarios.

^^ Acceso a la pista Challenger

^^ Tramo intermedio de la Challenger

^^ Tramo final de la Challenger

Llegó un momento en que le cogimos tanto vicio que lo que hacíamos era un intinerario circular a la estación. Es decir, subíamos por el eterno remonte Sunrise, para bajar por una pista azul hasta alcanzar el Summit Express, que nos llevaba a la cima, desde la cual accedíamos a esta zona del Honeycomb Canyon, bajando hasta el Honeycomb Return y desde ahí o bajábamos la Serenity o directamente volvíamos a acceder a la Sunrise. Un intinerario que hubiera hecho mil veces más, pues cada vez que accedíamos al Cañón del freeride era una nueva experiencia y la Challenger nunca llegaba a cansar.

La zona central la solíamos utilizar a primera hora de la mañana, para calentar piernas ya sea por la Eagle Ridge o por la misma Concorde, que aunque marcada de negro no es una pista de especial dificultad y pronto adoptábamos este “círculo vicioso” que nos tenía tan enganchados.

^^ Subi dándolo todo

^^ Mercedes disfrutando como una niña

En cuanto a la restauración, la oferta era correcta, pero no muy variada. Apenas un par de autoservicios en mitad de pistas y algo más en la villa y la base de la estación. La comida no es de especial calidad, pero sí bastante decente y no la encontré excesivamente cara, sino más bien al nivel de precios como los que podemos tener en España.

^^ Restaurante Last Chance Lodge

Uno de los que utilizamos era el Last Chance Lodge, un autoservicio con platos del día y con una terraza que atrapaba sobre todo por la benigna climatología de la que disfrutamos esos días. También visitamos el Roundhouse, similar al anterior pero con una espectacular chimenea central que ofrecía sus refulgentes encantos a cualquiera que lo rodease y que nos sirvió de refugio el último día pues el tiempo no era tan apacible como en los días de atrás.

^^ Espectacular chimenea de la Roundhouse

Coincidiendo con el criterio local, bajo mi punto de vista, de las tres estaciones que visitamos, para mí esta es la mejor, sobre todo por su extensa área freeride que está muy bien pensada y de la que nunca se llega uno a cansar pues siempre se descubrían nuevos intinerarios o nuevos trazados por los que bajar.

Llegué también a la conclusión, lo mismo que Subi, que las estaciones están pensadas más para gente de freeride que gente pistera pues era posible esquiar sobre pistas tratadas sin una sola huella de esquí a última hora de la tarde.

^^ Bonitas firmas

Subi, pistero de pro, disfrutaba de esta situación bajando a la velocidad del demonio por esas alfombras blancas que nadie utilizaba, incluido un servidor y así, más o menos, es como terminábamos cada jornada de esquí.

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Esta entrada fue publicada en Utah. Una historia americana.. Guarda el enlace permanente.

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