Speedriding en Cerler

El speedriding es una disciplina deportiva relativamente nueva que surgió de la idea de combinar la sensación del vuelo en parapente sobre unos esquís.

Muy relacionada con el parapente, pues surgió como una evolución del mismo, el speedriding prioriza la sensación de esquiar sobre la sensación de volar.

Para iniciarse en este deporte es mucho más importante tener un buen nivel de esquí que el tener conocimiento de vuelo en parapente. Es más, el hecho de no saber volar no condiciona apenas su práctica.

Debido a que este deporte combina dos de mis grandes pasiones, el esquí y el parapente, era inevitable que acabara cayendo en las garras de esta disciplina. Llevaba ya un tiempo deseando iniciarme y por fin este año pude hacerlo.

La causa de no haberlo hecho antes es debida a que al ser un deporte tan específico y especializado, no está muy extendido por lo que existen pocas opciones donde poder practicarlo y como consecuencia es difícil iniciarse en el mismo.

Siempre que me lo planteaba, me surgían diversos viajes, los amigos condicionan también tus planes por lo que lo fui aplazando hasta que este año le di prioridad absoluta y rechacé cualquier otro plan que me surgiera.

En España, el Speedridind, que yo sepa, sólo se practica oficialmente en las estaciones de esquí de Cerler y Sierra Nevada. También en Arcalís, en Andorra, existe una escuela en la que se enseña esta disciplina.

Como Sierra Nevada en plena temporada hay mucha gente y teniendo buenos amigos en el valle de Benasque me decidí por la opción de Cerler utilizando los servicios de Alberto Posada, de la escuela de Tandem Team. No puedo comparar la enseñanza de Alberto con la de otros, pues es el único “profe” que he tenido, pero desde luego, he salido encantado con la experiencia y bajo mi punto de vista es un gran profesional que puede introducirte bien en este mundillo.

El valle de Benasque, y concretamente Castejón de Sos, es conocido mundialmente como una de las mecas del vuelo libre. Así que decidí que este pueblo sería mi base de operaciones a pesar de estar situado a 20 km. de la estación de esquí. Pensé que algún día, si salía bueno, después de las clases podría darme un vuelo en parapente, aunque al final no pudo ser.

Además, en este pueblo, un buen amigo adquirió el verano de 2014 un hostal, el hostal Sositana, por lo que no había lugar a dudas de cual sería el sitio en el que nos alojaríamos.

Juanma, la persona que lo lleva, me pidió que no le diese mucha publicidad, pero yo que soy una mala persona, no le voy a hacer ni caso. Os diré que la habitación doble os costará 40 € por noche (precio de febrero de 2015). A mí me parece un precio más que competitivo y por eso os lo doy a todos a conocer.

Además, el trato será familiar, al menos así fue conmigo, claro está que al ser amigo esta percepción puede estar un poco sesgada, pero creo que por otros comentarios que he leído por ahí de otra gente que ya ha estado no debo andar muy desencaminado.

Eso sí, no esperéis grandes lujos, es un sitio para tomar una ducha caliente y descansar después de una larga jornada de esquí o de realizar cualquier otra actividad de montaña de las muchas que se pueden practicar en los alrededores de Castejón de Sos. El que quiera lujos, deberá seleccionar otro alojamiento.

Cuando contacté con Alberto, éste me empezó a preguntar si sabía esquiar y mi nivel de esquí, pero no me comentó nada del parapente. Yo insistí en ello y pensé que el saber volar en parapente sería una ventaja y acabaría aprendiendo enseguida.. Y sí, una ventaja sí lo es, para algunas cosas, pero no es tan sencillo como presumía al principio.

Así que si os llama la atención este deporte, no debéis tener en cuenta el no haber practicado nunca el parapente. No es necesario.

El curso dura cuatro días y en principio en cada día se utilizan cuatro horas, pero siempre se depende de la meteorología, por lo que se puede alargar el plazo. Si un día no se dan las condiciones para poder practicar este deporte con seguridad, se aplaza la enseñanza a otro día. No es una clase perdida.

Y así nos ocurrió, cuando el tercer día y también el cuarto, llegó un momento en que la niebla lo invadió todo y era imposible seguir con seguridad. Con niebla se puede esquiar, pero no es nada aconsejable ponerse a volar a una velocidad que puede llegar a los 60 km/h cuando la visibilidad no pasa de 50 metros.

Esperando a Alberto para iniciar el curso.
^^Esperando a Alberto para iniciar el curso.

Por tanto, quedé con Alberto el lunes para iniciarme en este mundillo y, como no podría ser de otra forma, y al igual de lo que ocurre con el parapente, incluso con el esquí, lo primero es dar a conocer el material que vamos a manejar y familiarizarnos en la medida de lo posible con el mismo.

Lo primero, el arnés. El arnés resulta ser la propia mochila en la que se contiene todo el equipo, y es reversible. Es decir, por un lado sirve para guardar la minivela y por el otro sirve para colocarse el arnés al cuerpo.

Lo primero es colocarse el arnés con seguridad.
^^Lo primero es colocarse el arnés con seguridad.

En este aspecto, para mí no representa ningún secreto, porque es lo mismo que en el parapente. Un arnés antiolvido, para no salir a volar/esquiar con las perneras sueltas, y luego enganches para las piernas y otro enganche ventral.

Una vez colocado el arnés, lo siguiente es desplegar la vela y realizar una comprobación para ver que todo está bien. Las primeras veces lo hará el instructor y os explicará como hacerlo para que os vayáis familiarizando con el material.

En este aspecto, el conocimiento del parapente también me da ventaja, pues el concepto de bandas, frenos, estabilos, intradós, extradós, etc., me resultan completamente familiares, aunque la primera vez, Alberto se aseguró de hacerlo él para que no hubiese ningún problema.

Alberto revisando la vela.
^^Alberto revisando la vela.

Las velas de speedriding tienen algunas diferencias con respecto a las velas de los parapentes.

La primera es el tamaño de la vela. Un parapente normal, para mi peso, tiene una superficie de unos 27 m² y en cambio, estas velas, que están pensadas para darte flotabilidad más que para volar miden un tercio de ese tamaño. En concreto, la vela que me proporcionaron medía unos 11 m².

Otra de las diferencias es el número de bandas (grupo de cordinos que unen el arnés a la vela). Las velas de parapente normales, excepto las de competición, tienen entre tres y cuatro bandas. Las bandas del parapente se reparten en líneas que están colocadas a la misma altura del eje longitudinal de la vela y repartidos trasversalmente por toda la envergadura de la vela.

Para que entendáis mejor de lo que estoy hablando, a continuación os pongo un dibujo esquemático de la distribución de las bandas.


^^Esquema de distribución de las bandas del parapente. Fuente: gliderengineering.com

Como podéis ver, en el esquema se representa la superficie de un parapente desde el punto de vista del piloto (el intradós o superficie inferior de la vela) y al mismo van adheridos lo que representan unos cordinos.

Si os fijáis, existen cuatro líneas, que además están nombradas cada una de ellas con las letras que van de la A a la D. Esto son las bandas.

Pues bien, en las velas de speedriding sólo tenemos dos bandas, ya que la superficie, al ser menor, no exige tanta cuerda para unirte a la vela. Esto hace que sea más fácil comprobar si existen nudos, líos y demás problemas que solemos encontrarnos frecuentemente cuando preparamos la vela.

Otra de las diferencias notables que encontramos con una vela de parapente es la longitud de las líneas. En el parapente, la vela la solemos llevar a unos 5-6 metros sobre nuestras cabezas, mientras que en estas velas, no habrán más de 2 o 3 metros.

Todo esto me hacía presuponer que iba a ser muy fácil manejar la vela, siendo un aparato que, a simple vista, es más sencillo que la compleja maquinaria de un parapente.

Una vez revisada la vela, el siguiente paso es unir las ya mencionadas bandas al arnés. Al igual que en el parapente, las bandas A, la línea de cordinos que van al borde de ataque (parte delantera de la vela) se coloca hacia al exterior y la banda B y el freno hacia el interior, vigilando que no haya ninguna torsión entre la banda y el freno que va separado de la banda B.

Uniendo la vela al arnés bajo la supervisión del Alberto.
^^Uniendo la vela al arnés bajo la supervisión del Alberto.

Una vez hemos enganchado la vela al arnés, el siguiente paso es colocarnos los esquís y revisar que ningún cordino se engancha al esquí, pues si eso ocurre podría darnos problemas.

Revisando que no hay ningún coordino liado con el esquí.
^^Revisando que no hay ningún coordino liado con el esquí.

Normalmente los cordinos o los solemos pisar con el esquí o se suelen enganchar con el freno. Esto es lo más habitual y habrá que desengancharlos antes de iniciar la bajada.

El tamaño de los cordinos es algo más grueso que el de los parapentes, pues la resistencia aerodinámica no es tan importante en esta disciplina y de esta forma se protegen mejor ante los más que probables pisados de éstos con los esquís. Aunque se pisen con los cantos de los esquís, los cordinos no sufren daños.

El siguiente paso a realizar es el de prepararse para el vuelo. Al igual que el parapente, colocamos las bandas A pasándolas por encima de los brazos y los frenos agarrados en la mano para controlar la vela una vez que esté sobre nuestra cabeza.

Preparando la salida.
^^Preparando la salida.

Y una vez preparados, se espera la señal del instructor para realizar la primera bajada. El primer ejercicio es el de familiarizarse con las reacciones de la vela y conocer sus límites.

Preparado para salir.
^^Preparado para salir.

Así que, una vez recibida la señal, salgo disparado para abajo, levanto la vela y la coloco sobre mi cabeza. Y hasta ahí todo parecido con un parapente. A partir de aquí, todo es nuevo.

Como es mi primera bajada, y no quiero coger mucha velocidad, bajo la pendiente en turbo-cuña y frenando la vela. Simplemente para adaptarme al nuevo material.

Mi primer descenso con una vela de speedriding.
^^Mi primer descenso con una vela de speedriding.

Una vez realizada la bajada, en la que no hubo ningún giro, se frena a tope la vela para tirarla al suelo y recogerla.

El plegado de estas velas también difiere en lo que respecta al parapente. Debido a que las bajadas son rápidas y los vuelos cortos, todo lo contrario de lo que ocurre con el parapente, es necesario disponer de un sistema de recogida rápida. Para ello se utiliza una pequeña bolsa-contenedor, en el que se introduce la vela sin tener que soltarla del arnés.

Introduciendo la vela en el arnés.
^^Introduciendo la vela en el arnés.

Al principio es un poco costoso, porque el “colipack” es bastante pequeño en relación a la vela y cuando no se sale por un sitio, lo hace por el otro y se tarda un rato hasta que se consigue introducir en la bolsa. De hecho, las primeras veces me tuvo que ayudar Alberto hasta que ya fui capaz de hacerlo por mi cuenta.

Con la práctica se va aprendiendo a hacerlo y al final se puede recoger de forma muy rápida, lo que nos permite realizar más vuelos durante la jornada.

Una vez recogida la vela en la bolsa, ésta tiene un par de ganchos que permiten colgar la vela a las bandas del arnés y poder llevarla así cómodamente incluso en el telesilla.

El siguiente paso es el de conocer verdaderamente cual es el límite inferior de velocidad de la vela y cual el superior. Es decir, encontrar la velocidad mínima y máxima de la vela. Por tanto, el siguiente ejercicio consistió en bajar a “schuss”  por la pista a velocidad máxima hasta que despegara los pies del suelo, para luego ir frenando poco a poco la vela e ir perdiendo velocidad hasta que ésta dejase de volar.

Despegando.
^^Despegando.

Bien, esta era la teoría. Lo que pasó en realidad es que, una vez despegué del suelo, y sin haberme aún familiarizado lo suficiente con las reacciones de este tipo de vela, la frené en el aire, no cuando ya había aterrizado, primer error, y la frené tanto que la metí en pérdida a unos cuatro metros de altura sobre el suelo.

Lo siguiente os lo podéis imaginar. Cuando se mete una vela en pérdida, ésta deja de volar, aunque la inercia de tu cuerpo sigue teniendo un componente de velocidad horizontal. La sensación es como que la vela te empuja para atrás y al no haber sustentación la gravedad hace su trabajo. El resultado. Una caída de espaldas desde unos cuatro metros de altura.

Por suerte, los esquís absorbieron la mayor parte de la energía de la caída y todo quedó en un susto y una contusión que no fue a mayores. Una parada para reponerme de la caída y continuamos.

Ya no volvimos a probar los límites de la vela hasta más avanzado el curso.

Los siguientes ejercicios consistieron en coordinar el movimiento de la vela con el de los esquís. Es decir, coordinar los giros de forma que la vela te vaya acompañando todo el rato en el trayecto sin que se caiga o te empuje hacia otra dirección distinta a la que vas.

En este aspecto encontré una diferencia enorme con respecto al control de campana del parapente. Estas velas son muy reactivas y por tanto responden muy rápido a los mandos. Esto significa que cuando se va a corregir la posición de la vela, se sobremanda y entonces la vela está mal colocada del otro lado.

Perdiendo el control de la vela.
^^Aunque se tenga experiencia de vuelo en parapente, no es fácil “domar” la vela.
Perdiendo el control de la vela.
^^Aunque se tenga experiencia de vuelo en parapente, no es fácil “domar” la vela.

Controlar esto es mucho más difícil de lo que parece y requiere mucha práctica. Yo sólo lo conseguí al final del día después de muchas bajadas intentándolo.

La verdad es que una vez se consigue, es cuando se empieza a disfrutar de este deporte.


^^Toma pose.
Controlando mejor la vela.
^^Parece que vamos dominando el invento.

^^Hasta parezco un maestro en la materia.

Y esto fue lo que dio de sí el primer día. Sé que en la escuela de Tandem Team se ofrece una jornada de descubrimiento al Speedriding que dura unas dos horas. Por la experiencia que yo he tenido, creo que no es aconsejable porque no vas a sacarle el máximo jugo a la iniciación a este deporte, ni te va a transmitir lo que realmente significa.

Creo que como mínimo se debería practicar durante un día entero si se quiere de verdad apreciar este deporte, y mucho más aconsejable realizar el curso. Si yo hubiera hecho sólo esta jornada de descubrimiento, creo que no habría continuado.

Realizando el curso entero, la percepción cambia muchísimo desde las primeras horas de práctica a la última hora del día.

Al segundo día se nos unió Kilian a la fiesta. Kilian, también parapentista y de Castellón, quiso hacer el curso en diciembre, pero por causas meteorológicas sólo pudo aprovechar un día, por lo que presumiblemente estaríamos al mismo nivel ya que los dos habíamos practicado un sólo día.

Lo bueno que tienen estos cursos, como ya dije, es que si no se pueden finalizar debido a causas meteorológicas, el curso no se pierde sino que se pueden aplazar para otros días en los que la meteorología sea más favorable y siempre adaptado a las fechas de nuestra disponibilidad. Este aspecto lo tienen muy bien cuidado en Tandem Team.

Preparándonos para salir.
^^Kilian en primer término y yo más abajo. Alberto observándonos.
Esperando la señal de salida de Alberto.
^^Esperando la señal de salida de Alberto.

Como Kilian llevaba más de un mes sin tocar una vela y con un sólo día de curso, me pide a mí que salga primero, y así lo hago.

Todas las mañanas, antes de empezar el curso en sí, hacíamos unas bajadas de calentamiento, para recordar lo hasta ahora aprendido y luego ya comenzábamos con otros ejercicios que nos iba proponiendo Alberto.

Los ejercicios de este segundo día consistían en realizar giros amplios, aprovechando todo el ancho que la pista nos permitía, de forma que pudiésemos controlar la vela a velocidad mínima. Básicamente, el ejercicio consiste en dominar la vela de tal forma que estuviese sobre nuestras cabezas el máximo tiempo posible sin que se nos cayera.

Esto que es muy fácil de comentar, en la práctica no lo es tanto y nos llevó el día entero, y aún así no terminamos de controlarlo del todo, aunque ya conseguíamos realizar las bajadas de un tirón sin tener que recolocar la vela cada poco tiempo.

La ventaja de subir y bajar tantas veces es que se aprende muchísimo sobre como se realiza la colocación de la vela, como desliar las bandas y los cordinos, como recoger, etc. Una práctica tan didáctica como agotadora.

Introduciendo la vela en el arnés.
^^Introduciendo la vela en el arnés.

La verdad es que el hecho de que ya podíamos realizar bajadas del tirón, con nuestros fallos que tratábamos de corregir, y el magnífico día que tuvimos, resultó ser una gran jornada de speedriding.

Con una sonrisa de oreja a oreja, acompañamos a Alberto hasta la base de la estación, en El Molino a 1.500 m. para ayudarle a dejar las velas y finalizar así la jornada de esquí.

Al día siguiente nos amaneció nublado y con una borrasca que prometía realizarnos una visita por sorpresa.

Como ya dije, el que esté nublado o nevando no impide la práctica del speedriding, por lo que la clase, a pesar del día, no se interrumpe y comenzamos, como siempre, a calentar por la zona del Cogulla para luego pasar a otros menesteres.

Aunque esté nevando podemos seguir practicando.
^^Aunque esté nevando podemos seguir practicando.

Esta vez Alberto, que ya confía en nosotros lo suficiente como para no tener que supervisarnos en cuanto a la preparación de las velas, decide que este día él también se trae la suya, así puede disfrutar algo más mientras nos enseña, además que así puede realizarnos demostraciones de lo que quiere que hagamos en cada bajada.

Colocándonos las velas.
^^Colocándonos las velas. De izquierda a derecha: Alberto, Kilian y yo.

Una vez realizadas las bajadas de calentamiento, este día comenzamos el curso aprendiendo dos técnicas nuevas.

La primera de ellas consiste en realizar las bajadas, pero al contrario del día anterior, en el que practicábamos giros largos a baja velocidad, la práctica de este día consistía en realizar giros cortos intentando controlar la velocidad.

Esta fue una de las prácticas que más me gustó, sobre todo por el hecho de que la sensación que tuve es como la de esquiar sobre nieve virgen.

Aquellos esquiadores que hayan bajado sobre laderas de nieve virgen con una buena técnica sabrán cuan placentero puede llegar a ser este tipo de bajadas y comprenderán rápidamente de lo que estoy hablando.

Para aquellos que no lo sepan, diré que la sensación es similar a la de estar flotando, un esquí suave y plácido. De hecho, yo creo que algunas veces el esquí se levantaba de la nieve o al menos daba la sensación de que no había rozamiento entre el cofix y la nieve.

Sorprendentemente esta técnica se me dio bastante bien.

Y Kilian también pareció captarlo rápidamente.

Aún así, hay que tener cuidado, porque las velas, al ser tan reactivas, enseguida podemos descontrolarlas y aunque no lo parezca por tamaño tienen bastante fuerza, tanta que pueden tirar de tí y descontrolarte.

Así, por ejemplo, si se sobremanda al realizar los giros yendo con cierta velocidad, la vela se puede quedar atrás empujándote hacia la ladera, y como consecuencia te quedas esquiando con el esquí interior, lo que significa perder el control de los giros. Esto parece ser bastante habitual.

Descontrol con la vela.
^^La vela me desequilibra y me quedo esquiando con el esquí interior.

La otra técnica que aprendimos es la de preparar la vela dejándola caer por la parte del valle.

Debido a que para realizar determinadas bajadas tendremos que iniciar las mismas en un tramo de ladera que puede tener cierta inclinación, al tratar de colocar las velas por encima nuestra, ésta se resbalará y acabará sobre nosotros, impidiéndonos realizar la comprobación pre-vuelo.

Para solucionar este problema, lo que hay que hacer es colocar la vela por debajo nuestra, en la zona del valle, de forma que será la propia gravedad la que nos ayude a estirar la vela y nos permita realizar mejor las comprobaciones.

Alberto y yo colocando la vela por debajo nuestra.
^^Alberto y yo colocando la vela por debajo nuestra.

^^Kilian se resiste a colocar la vela por debajo de él.

Realizar así las comprobaciones resulta más sencillo. La dificultad de esta técnica reside a la hora de levantar la vela.

Cuando colocamos la vela en el lado de la ladera, es decir, por encima nuestra, la dejamos preparada para que cuando salgamos enseguida le entre aire en las bocas de la vela y de esta forma coge presión y se eleva.

Preparado para salir
^^Preparado para salir
Todo listo.
^^Todo listo.

Pero como ahora la tenemos por debajo, tendremos que conseguir de alguna forma dejar la vela detrás nuestra para que coja presión.

La técnica consiste en “rodear” la vela hasta quedar por debajo de ella y luego encarar la máxima pendiente para dar presión a la vela.

El problema de esta técnica suele ser que el aire puede entrar primero por un lado de la vela antes que por el otro y por tanto la vela no sale centrada, lo que provoca que salga inestable y nos requerirá un poco de tiempo estabilizarla. Es por esto que a pesar de que es más fácil preparar la vela, es más difícil poner esta técnica en práctica.

Despegando.
^^Despegando con esta técnica.

Aunque difícil de apreciar, en la foto anterior se puede ver como la parte derecha de la vela (a la izquierda de la imagen) está más levantada que la otra parte de la vela, que está algo más baja, lo que nos obliga a estabilizar la vela para que no de “bandazos”.

Despegando.
^^Despegando con esta técnica.

Pues si bien se puede practicar el speedriding aunque esté nevando, lo que no es nada aconsejable es practicarlo cuando hay niebla, esto sí resulta muy peligroso. Como la niebla nos visitó no pudimos continuar y a eso de las 14.30 h. cortamos las clases y lo aplazamos todo para el día siguiente.

Y menos mal que cortamos porque como aún era algo pronto, Mercedes y yo decidimos que continuaríamos un rato más esquiando y así lo hicimos. Claro, que echamos de menos las gafas de visión nocturna con rádar incorporado para no estamparnos con ningún obstáculo y el sistema milimétrico-militar de posicionamiento GPS con mapa holográfico para no acabar en cualquier arroyo perdido. Vamos que no se veía tres en un burro, así que tampoco es que disfrutáramos tanto y no tardamos mucho en dejarlo todo para el día siguiente.

Al día siguiente repetimos maniobras y repetimos día. También nublado y nevando y también a mitad de día tuvimos que cortar por la niebla.

Pero como nuestra confianza para con estos aparatos demoniacos iba aumentando, la verdad es que nos fuimos desmelenando poco a poco y empezamos a tomarnos nuestras pequeñas licencias.

Kilian dando un salto.
^^Kilian dando un salto aprovechando la sustentación de la vela.
Yo voy detrás.
^^Y yo voy detrás aunque no lo consigo.

Como podéis apreciar en la foto, los saltos y cambios de nivel con el speedriding son más espectaculares porque la vela te sustenta y como resultado obtenemos saltos más largos y más suaves que los que se consigue simplemente esquiando.

Pero también hay que tener cuidado y comprobar que en las pistas no haya nadie o que en ese momento no vaya a pasar alguien delante tuya porque esto no se controla como el esquí y las reacciones son más lentas y los cambios bruscos mucho más peligrosos. Hay que hacerlo todo con suavidad y con bastante más previsión a como se hace con el esquí.


^^Me paso de frenada en la curva y no consigo saltar.

Una de las grandes ventajas de llevar una vela sobre nuestras cabezas es que uno se puede  echar algo para atrás y los virajes no se ven apenas afectados gracias a la sustentación que nos ofrece la vela. Debido a que las colas de los esquís no soportan todo el peso de nuestro cuerpo tiene como consecuencia que se puedan girar más fácilmente.

Al comprobar Alberto que nos estábamos desmadrando decidió que era la hora de pasar al siguiente nivel. Así que nos fuimos a la zona del Collado Ampriu, una pista que suele estar vacía de gente y que tiene ya un nivel más que aceptable y, por fin, conseguimos darnos nuestro primer vuelo.

Apenas despegamos un poco los esquís del suelo pero para nosotros fue una gran experiencia y algo aterradora ya que tanto las talanqueras como los tubos de los cañones de nieve artificial los veía muy cerca.

De esta hazaña no tengo fotos porque entre que empezó a entrar de nuevo la niebla y que mi mujer se puso nerviosa, al final no fue posible. Sólo diré que yo acabé esquiando sobre los arbustos que asomaban de entre la nieve y realizando un giro a gran velocidad ya en el suelo, después de haber esquivado en vuelo las talanqueras. Es por este motivo que es importante tener buen nivel de esquí, al menos un nivel de esquí que te permita lo que coloquialmente llamamos en el mundo del esquí “ir a por conejos”.

Antes de que cerrara la niebla tuvimos otra oportunidad de bajar esta pista volando y esta vez sí que lo hicimos bien. Este también fue otro de los puntos cúlmen de esta experiencia. Nuestro primer vuelo de verdad, aunque sin giros.

Después de esto tuvimos que dejarlo porque la niebla, como el día anterior, se cerraba y nos impedía volar con seguridad.

Debido a que perdimos parte de la clase del día anterior y parte de la clase de este día, Alberto nos ofreció continuar un día más. Aceptamos encantados.

A la tarde miramos la previsión y comprobamos que había una ventana de buen tiempo a primerísima hora y que duraría hasta las 11.00 h. o las 12.00 h., por lo que decidimos quedar a las 09.00 h. en la base de El Molino para aprovechar todo lo que pudiéramos esa pequeña ventana de buen tiempo.

Y acertamos.

Disfrutando en Cogulla con nieve recién caída.
^^Disfrutando en Cogulla con nieve recién caída.
Disfrutando en Cogulla con nieve recién caída.
^^Disfrutando en Cogulla con nieve recién caída.

Con una capita de nieve recién caída la noche anterior sobre una base dura y las velas sobre nuestras cabezas, disfrutamos más que nunca. Primero en la zona de calentamiento habitual en Cogulla y luego en la pista azul que hay más abajo entre Cogulla y Rincón del Cielo, en Les Abelles.

Como esta ventana sabíamos que no iba a durar mucho tiempo, y como empezamos a ver que la nubosidad ya estaba entrando, decidimos ir a la zona del Gallinero para realizar nuestro último vuelo final, como un gran colofón a lo que ha sido este curso.

La nubosidad amenaza con estropear la jornada.
^^La nubosidad amenaza con estropear la jornada.

Una vez arriba nos dirigimos a la pista Quebrantahuesos, un nombre no muy apropiado o eso me lo parece, pista negra para más señas y ahí hicimos una bajada, de la que Alberto nos hizo una gran demostración y luego nosotros tratamos de seguir sus pasos.

Alberto bajando la pista negra.
^^Alberto bajando la pista negra.
Alberto bajando la pista negra.
^^Alberto bajando la pista negra.

Y como colofón de fiesta, nos salimos de pista y bajamos por un pequeño barranco que nos permitió realizar el “vuelo final de curso”.


^^Primero sale Alberto para indicarnos como hacer el vuelo.

Luego salgo yo.

Y por último Kilian.

Aunque no lo parezca tendríamos unos 40-50 metros de desnivel que nos permitió un vuelo de apenas unos segundos pero que sabían a mucho.

En este vuelo pudimos apreciar la diferencia que existe entre el vuelo de estas velas comparadas con las del parapente, pues la fineza (distancia avanzada con respecto a la distancia descendida) es mucho menor y se cae como una piedra dando poco tiempo de maniobrabilidad.

Ya no dio tiempo a más y aquí acabamos el curso. Alberto tenía que dar clases de esquí y por tanto ya no pudo quedarse más con nosotros. Nos ofreció continuar cuando acabara de dar clase, signo de que se lo estaba pasando bien y un gran detalle el no querer despacharnos sin más, pero al final le asignaron más clases de esquí y ya no pudo ser, por lo que aquí se acabó el curso.

Para mí ha sido una experiencia muy gratificante e inolvidable y tengo intención de continuar con este deporte, pues no sé si ha sido por la mano izquierda de Alberto, por el magnífico entorno de la estación o por cualquier otra causa que no logro identificar, pero he acabado enganchado a este deporte y esto es un problema, porque este vicio es un gasto más a sumar a la cuenta de vicios, pero con tiempo todo se consigue.

Espero no haberos aburrido mucho y entiendo que se me puedan haber escapado términos técnicos que no comprendáis porque no estáis metidos en el mundo del vuelo o del esquí, pero cualquier duda que os surja no tengáis el menor problema en preguntarme y os responderé encantado.

Por último quisiera dar las gracias a Mercedes (mi mujer) por aguantarme durante todo el viaje y haber sacrificado parte del esquí para acompañarme en esta aventura y no sólo eso, sino de tomarse las molestias de hacernos fotos a mí y a Kilian y todo esto mostrando a cada momento su mejor sonrisa.

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Sonnenkopf a pesar del viento.

Amanece un día más, un día ventoso que azota con fuerza el león que corona nuestro Gasthaus. Pensamos que será un día difícil pero confiamos en la abrumadora estadística sobre el número de días esquiados que hasta ahora nos han garantizado las estaciones austriacas, que es del 100% y tenemos la esperanza y confiamos en que se podrá esquiar.

No teníamos muy claro a que estación íbamos a ir hasta que recibí una llamada de Puros, que me incita a ir a Warth. Genial, ya tenemos destino.

Para ir a Warth desde Bludenz existen dos trayectos. El clásico, yendo por una ruta de montaña que pasa por Damüls, atravesando tres puertos de montaña con el riesgo de encontrarnos carreteras nevadas o una ruta alternativa que pasa por Lech, y que en su mayor parte se va por una autopista o una carretera que atraviesa un valle, aunque el camino es algo más largo, también es más cómodo porque evitamos mucho tramo de montaña y más para el poco más de una hora de trayecto que teníamos por delante.

Trayecto a Warth yendo por Lech.

Pues resulta que el trayecto que va de Lech a Warth está cortado en invierno. Es una carretera que no se limpia y sólo se puede circular por ahí en verano.

Así que llegamos todo felices a Lech, atravesamos ese follón de pueblo, saturado de turistas despistados pensándose si esquiar o no y cuando llegamos al final del pueblo vemos un cartel bien grande que nos anuncia la imposibilidad de atravesar la carretera, un cartel acompañado por un muro de nieve de al menos un metro de altura.

Por tanto, si queréis ir a Warth desde Bludenz, el camino correcto es el de ir por Raggal, Sonntag, Damüls y Au, trayecto que os llevará como una hora y media.

Trayecto correcto para ir a Warth desde Bludenz.

Estuvimos valorando la posibilidad de ir a Warth desde Lech esquiando, ya que ambas estaciones están comunicadas por remontes y tienen un forfait conjunto, algo más caro que el forfait individual de Warth, pero la cantidad de gente que había y, sobre todo, las fuertes rachas de viento que soplaban nos hicieron descartar esta idea.

Pensamos que si pasábamos a Warth y por causas meteorológicas nos cerraran la conexión, tendríamos un problema muy serio, quedaríamos aislados en otro valle, sin coche, y para recuperarlo nos veríamos obligados a realizar una auténtica ruta de la seda, y eso en el caso de que Puros y sus amigos quisiesen llevarnos, porque en transporte público con mucha probabilidad sería imposible ya que presumiblemente no estaría disponible a ciertas horas de la tarde.

Por tanto, descartamos la posibilidad de esquiar en Lech y volvemos a la idea inicial, que no era ni más ni menos que la de ir a Sonnenkopf, que casualmente, pasamos por delante de ella para ir a Lech. Llamo a Puros para pedir disculpas y cambiamos de planes.

Lo siento Puros, estaba deseando ir a esquiar con vosotros otra vez, pero las circustancias obligan. Espero poder seguir compartiendo bajadas contigo y tus amigos en futuras ocasiones.

Trayecto para ir a Sonnenkopf desde Bludenz

La estación apenas se ve desde la carretera, está muy escondida y si sabíamos que estaba allí era por los carteles de la carretera que lo anunciaban de forma muy clara. Al menos es fácil encontrar.

Al contrario de lo que ocurría en Silveretta-Montafon, en esta estación encontramos muy poca gente, el aparcamiento prácticamente vacío y esto dio lugar a que temiéramos que habríamos hecho una elección poco acertada.

Plano de pistas de Sonnenkopf

La estación no es muy grande, dispone de unos 36 km. de pistas, la mayor parte son pistas rojas, una magnífica pista negra y buenas pistas azules con un gran recorrido y desnivel, además de algunos ski-routes que no llegan a ser muy complicados.

La cota máxima de la estación parte de los casi 2.300 metros de desnivel y la cota mínima anda por los 1.000 metros, por lo que disponíamos una vez más de un descenso continuado y sin paradas o remadas de más de 1.000 metros, en este caso, casi 1.300 metros de desnivel.

Pero es que además, para aquellos esquiadores en progresión, tienen también a su disposición un magnífico desnivel que pasa íntegramente por pistas azules, partiendo desde los 2.200 metros hasta los 1.000 de la base, es decir, sólo 100 metros menos de desnivel del que disponen los esquiadores expertos. Y lo que es más importante, una pista cuya longitud total es de casi 9 km.

Esto supone una gran ventaja a la hora del aprendizaje, que ya se puede ser muy constante en la bajada, debido al gran tramo que se puede recorrer sin tener que utilizar de nuevo los remontes. Mas tiempo para practicar, más espacio para la enseñanza, lo que beneficia enormemente a aquellos que quieren mejorar su técnica.

Los precios, en mi opinión, algo caros para lo que es la estación, pero desde luego, mejores precios que las estaciones punteras.

Precios de la temporada 2013-2014

Lo que más me gusta de estas estaciones es la flexibilidad del precio del forfait según a la hora que se llegue, algo que no he visto en ninguna estación patria, lo más algunos descuentos para sacar el forfait de medio día, pero poco más. Está claro que en Austria se tiene que competir y atraer al público, lo que redunda en beneficio de los esquiadores.

El único acceso a la estación se hace desde un telecabina que parte desde el mismo aparcamiento y que nos dejará a mitad de estación, aunque tiene una parada intermedia para que los esquiadores no se sientan obligados a bajar todo el desnivel de la pista de retorno.

Un trayecto, por otro lado, asequible para la mayoría de los esquiadores, que corren el peligro, eso sí, de despistarse al verse extasiados como consecuencia del paisaje que se muestra en algunos de sus tramos o por el entorno del tramo completo.

Aunque otro de los motivos por los que existe esa estación intermedia es para recoger a aquellos avezados “triineístas” que deciden lanzarse a lo loco por un trazado especialmente pensado para ellos y que baja por un camino serpenteante de 1,8 km. de longitud y que en algún momento incluso cruza las pistas por las que bajan los esquiadores, algo que me pareció un poco inseguro, aunque la zona estaba debidamente señalizada y era imposible que los usuarios de los trineos cruzaran la pista sin verse obligados a parar previamente, lo que minimizaba el peligro.

A la derecha se puede observar como los usuarios de los trineos se tienen que parar para cruzar la pista ya que ésta está acotada.

Indicaciones de acceso a la pista de trineos.

Una vez arriba, al final del telecabina, se puede optar por bajar la pista azul que te lleva a la base de la estación, o elegir entre una las dos zonas restantes en las que está dividida la estación.

La parte izquierda, según se mira a la montaña, es la parte más alta de la estación y desde la que se puede disfrutar del mayor desnivel esquiable, que como ya he dicho, es de unos 1.300 metros.

Para acceder a esta zona es necesario utilizar un pequeño arrastre que, al final del mismo, nos mostrará la estación en todo su esplendor.

Resultó curioso como el viento que azotaba fuertemente la estación de Lech no castigaba a Sonnenkopf, aquí apenas notábamos una ligera brisa. Por lo visto, la configuración y situación de la estación la permitían estar refugiada de los fuertes vientos que estaban azotando la zona. O eso creíamos.

Así que después de realizar una primera bajada de calentamiento por la pista azul, tomamos el remonte de Obermuri para bajar por alguna de las múltiples pistas rojas que discurren por sus laderas.

Silla de Obermuri

Pues resultó que cuando tomamos este telesilla cuatriplaza y estábamos llegando a la cumbre, en su parte superior, empezamos a notar un fuerte viento, por lo que nuestra primera sensación en la que parecía que la estación estaba refugiada, se fue al traste y notamos que aquí también le afectaba el temporal de viento, de tal forma que la silla estuvo parada en más de una ocasión debido a las fuertes rachas.

Tanto es así, que cerraron la silla y nos fueron desalojando poco a poco a todos aquellos que estábamos montados en ella. Los protocolos de seguridad de la estación, se pusieron a prueba y funcionaron perfectamente.

Un surfero abrochándose las fijaciones mientras capea el temporal de viento.

Pero curiosamente esta era la única silla a la que le afectaba el viento, porque el resto seguía con su funcionamiento normal.

Aquí quisiera remarcar el excelente trato que se le da al cliente en esta estación, pues debido al viento, como ya he comentado, tuvieron que cerrar la silla de Obermuri. Pues bien, cuando los responsables de la estación vieron indicios de que el viento bajara de intensidad, cosa que estaba prevista, intentaron abrir de nuevo la silla, haciendo las correspondientes pruebas y al caer la tarde, en cuanto el viento bajó, se mantuvo abierta hasta el cierre definitivo de la estación.

Esta silla no es una silla clave que sirva para comunicar las distintas zonas del dominio y se puede esquiar perfectamente en el resto de la estación y pasar de una zona a otra sin utilizar este remonte, por lo que este detalle de intentar abrir la silla en cuanto las circustancias lo permitían habla muy positivamente de la gestión cara al cliente que practica Sonnenkopf.

Ocurrió algo parecido con la silla de Glattingrat, que se vieron obligados a cerrarla durante un par de horas, pero en cuanto tuvieron la oportunidad, las volvieron a reabrir.

Esto, en resumen, es lo que se llama vocación de cliente, una vocación que muchas veces echo en falta en alguna de nuestras estaciones.

Una vez que consiguieron remontarnos a todos los esquiadores que por momentos estábamos atrapados en esta silla, si no queríamos estar todo el rato en la pista azul de retorno, la única opción que teníamos para seguir esquiando era la de ir uno de los dos extremos de la estación,  y elegimos las zonas de Glattingrat y Obermoos, zonas, por otro lado, muy refugiadas del viento.

Zona de Glattingrat

Pues resultó todo un acierto, las pistas son magníficas, no tanto en su parte alta, que pueden llegar a ser algo monótonas, pero sí en sus tramos bajos, pistas muy variadas, con mucho desnivel y que en su mayor parte discurren entre pinos.

Incluso, la única pista negra que dispone la estación, era muy retadora y de gran dificultad técnica, que hará las delicias de los más exigentes.

Inicio de la pista negra. Como se puede ver, tiene un gran desnivel, además de un bonito paisaje.

Tramo intermedio.

Panorámica de la pista desde el remonte Obermoos.

Final de la pista negra.

La pista únicamente tiene 800 metros de longitud, pero en ese tramo se descienden casi 400 metros de desnivel, resultando una interesante pendiente del 50%, así que no os fiéis de los números, que no es un tramo precisamente sencillo.

Al final de la misma, nos encontramos con la entrada a la algo anticuada silla de Obermoos.

Un puente permite el acceso a la silla sin impedir que otros esquiadores puedan seguir bajando hasta la base de la estación.

Curiosa resulta la solución que se ha implementado en esta difícil zona para que a la vez se pueda dar entrada a los esquiadores que quieran subir en el remonte, permitiendo el paso a aquellos que quieran bajar a la base misma de la estación.

Debido a que este año ha sido un mal año de nieves por esta zona, este tramo de pista que nos dejaría en la misma base de la estación, estaba cerrada, por lo que no pudimos disfrutar del desnivel total que dispone la estación.

A pesar de esto, se me antoja una bajada realmente interesante, sobre todo si se parte desde el inicio de la pista negra o desde el punto más alto de la estación, el final de la silla Glattingrat, que tiene este aspecto.

Final de la silla Glattingrat

Y desde donde se pueden hacer numerosos fuera pista, debido a lo despejado del terreno.

Fuera pistas asequibles.

Incluso desde aquí parte uno de los pocos esquí-routes que existen en la estación.

Me resulto sorprendente como a pesar de ser un mal año de nieve, ésta se mantenía en unas condiciones muy buenas y permitía el esquí en estos tramos de forma cómoda.

En esta bajada, que en su mayor parte transcurre por pistas rojas, se pueden obtener las mejores panorámicas de la estación.

Aquí pasamos toda la mañana, disfrutando de estas pistas, que si bien tienen un interesante desnivel, también es cierto que pueden llegar a ser algo repetitivas y por tanto, la estación no es apta para aquellos esquiadores ávidos de kilómetros.

A mí es algo que no me importa, y que disfruto por igual, y esta parte de la estación la disfruté mucho, tanto que no me aburrí en ningún momento y, muy al contrario de lo que nos pasara el día anterior, esta vez sí pudimos disfrutar como es debido de sus pistas.

Aún así, nos dio tiempo a conocer la otra parte de la estación, un área pequeña, el de Riedkopf, que el plano nos indicaba que disponía de una pista roja y un intinerario.

Pues bien, estos tramos no estaban, digamos, en su mejor momento.

Esto sí son placas de hielo y no lo que mucha gente confunde con la nieve dura.

Lamentable el estado de las pistas.

Por lo que decidimos darnos la vuelta y seguir disfrutando de la otra parte de la estación.

Vistas al fondo del valle desde Riedkopf

Para aquellos que viajéis con acompañantes, comentaros que en este área, existen una serie de caminos marcados para realizar asequibles caminatas invernales, con raquetas preferiblemente, 13 km. de sencillas rutas, que perfectamente los podrán ocupar el día entero para recorrerlas.

Caminos que parten desde la media estación, a la salida del telecabina, y que terminan en el promontorio de Muttjöchle a unos 2.075 metros de altitud.

Como resumen diré me pareció una estación para pasar un día agradable de slow-ski, que puede utilizarse para descansar de estaciones más grandes y tener un día relajado.

Una estación muy completa, con las zonas bien diferenciadas, de forma que los esquiadores expertos apenas comparten espacio con aquellos más nóveles, lo que redunda en la seguridad y comodidad de todos los usuarios.

Para despedirnos de la estación, ésta nos regala una imagen de cuento con la que despido el capítulo de hoy.

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Silveretta Montafon – Hochjoch ¡Cuidado con el escorpión!

Entrada al telecabina de Valisera que da acceso a Nova.

Si el día anterior disfrutamos de una excelente jornada de esquí con Puros, éste no iba a ser menos. Se nos presentó otro fantástico día soleado y aunque la mañana amaneciera con niebla, pronto la humedad desaparería y pudimos disfrutar al máximo de este dominio aunque no disfrutáramas el máximo del dominio.

Dominio que está compuesto por dos estaciones que hasta no hace mucho eran independientes y que se han unido gracias a una inversión de 70 millones de euros ofreciendo al esquiador de a pie un total de 140 kilómetros esquiables entre pistas e intinerarios servidos por 37 remontes.

El precio de los forfaits, 45,90 € a niveles de estación puntera, ya que según ellos mismos, están entre las 10 más grandes de Austria y lo que sí es cierto es que es la más grande del Voralberg. También hay opción a sacarse pase de temporada de lunes a viernes o pase de temporada para caminantes, pero en mi opinión el precio de temporada normal (550 €) no merece la pena sacárselo porque compensa el del 3tällerpass, más barato que el de la propia estación.

Para acceder al dominio existe un punto central del que parten dos telecabinas, cada uno de los cuales te lleva a una estación. Este punto se encuentra antes de llegar al pueblo de St. Gallenkirch si venimos desde Bludenz.

Trayecto desde Bludenz

Llegar hasta aquí nos costó mucho menos que el día anterior; en unos 20 minutos más o menos cubrimos el trayecto, muy cómodo, en una carretera que atraviesa el valle de Montafón pero con la comodidad de no tener que subir ningún puerto.

La entrada, eso sí, está algo escondida, no se ve a simple vista por lo que hay que andar atento para desviarse justo en el punto en el que confluyen ambas estaciones.

Plano esquemático de la estación

La idea inicial que tenía en mente era la de visitar la estación de Silveretta Nova y posteriormente, dependiendo de cómo fuéramos de tiempo, cambiar a Hochjoch o dejarla para otro día.

Telecabina que sube a la estación de Silveretta Nova

Pues bien, la idea inicial se fue al traste cuando cogimos el telecabina de Hochjoch creyendo que era el de Silveretta Nova ¡Menudo despiste!

Telecabina que nos subiría a Hochjoch.

Así que nos tocaba improvisar. Bendita improvisación.

Fantásticas vistas que se pueden disfrutar desde el telecabina de Hochjoch.

Para empezar, el largo trayecto que nos conduce hasta la media estación de Hochjoch nos ofrece una vista en la que se dibuja perfectamente el valle, permitiéndonos contemplar lo que a nuestros ojos aparenta ser una maqueta viva.

Pero no fue hasta que llegué arriba que me di cuenta del error, cuando divisé un remonte que según el plano no debería estar ahí. Sin darnos cuenta, nos habíamos subido hasta el punto más alto de la estación, situado a 2.430 metros de altitud.

Llegada del Hochalpila

Pues bien, una de las propuestas que la estación sugiere a sus invitados es la de realizar el Hochjoch totale, que forma parte del Montafon Totale.

Puesto de observación de aludes en lo alto de Hochjoch

De un modo análogo a lo que es la Sella Ronda dolomítica, este trayecto, que está señalado en el plano marcado en color morado, se indican los remontes y pistas a seguir para disfrutar de un descenso continuado que va desde los ya mencionados 2.430 metros de altitud hasta los poco más de 700 metros en el que se encuentra el pueblo de Schruns.

Este increíble desnivel de 1.730 metros se puede hacer de un tirón y sin apenas remadas, la mayor parte del trayecto discurre por pistas rojas con un gran desnivel y sólo algunos tramos son coincidentes con pistas azules, aunque son unos azules muy atrevidos y no aptos para gente con poco nivel.

Comienza el descenso.

Este increíble descenso, uno de los mejores que yo he disfrutado en mi vida, nos ofrece, además de un interminable camino, unas vistas espectaculares.

Vistas que se pueden contemplar en el descenso del Hochjoch Totale. Tramo de pista azul de Grasjoch (1a)

Vistas al hütte Wormser, desde el tramo rojo (1a) de Kreuzjoch.

La primera parte de este tramo discurre por una especie de circo post-glacial, una zona de umbría que permite conservar la nieve en muy buenas condiciones.

Zona intermedia del Hochjoch Totale.

Por el camino se puede disfrutar de apariciones como la de este hütte.

Si este descenso sin paradas es posible, se debe en gran parte a la espectacular construcción de un túnel que horada la montaña de ladera a ladera.

Interminable túnel que comunica el collado de Kreuzjoch con el valle de Kapellalpe.

No en vano, se trata del túnel de esquí mas grande jamás construido, con una longitud total de unos 476 metros de longitud.

Hochjoch skitunnel 476 m el más largo del mundo.

No me imagino lo que debe ser mantener la nieve en un tramo tan largo pero creo que no debe ser una tarea precisamente sencilla. A su salida podemos comprobar con asombro como el descenso no acaba sino de comenzar.

Vistas a la salida del túnel

Un surfero preparándose para este segundo tramo del Hochjoch Totale.

Una vez se pasa el túnel, se tienen esas vistas que aparecen en la foto anterior y posteriormente nos encontramos con el grueso de pistas de Hochjoch, el corazón de la estación, pistas que podremos disfrutar en otro momento, porque nosotros continuaremos realizando el trayecto del Hochjoch Totale.

Y pronto divisaríamos los primeros remontes de esta zona.

Salida del Seebliga.

Y cuando pensábamos que ya estaba la mayor parte del descenso realizado, en la salida de la Kropfen, nos encontramos de bruces con esta estampa.

Schruns

A partir de este punto, el trayecto discurre entre pinos. El primer tramo se comparte con una pista azul, pero enseguida se dividen en dos caminos para luego volverse a unir en la base de la silla Kropfen, que además está junto a la parada intermedia del telecabina Hochjoch.

Este tercer tramo discurre complementante entre bosques de coníferas

En el plano da la sensación que son dos remontes, pero no, es uno sólo, aunque en este punto se realiza una parada intermedia para que los pasajeros puedan bajar o lo que es más importante, subir desde este punto, ya que 700 metros es una cota muy baja y es comprensible que muchos esquiadores no quieran bajar hasta el mismo pueblo, además que el segundo tramo transcurre por pistas rojas y el cambio de altitud es muy pronunciado.

Teleférico Hochjoch-II

Realmente parece una infraestructura duplicada, ya que la silla resuelve el mismo desnivel y de hecho transcurren paralelas.

Infraestructura aparentemente duplicada.

Pero esta duplicidad tiene un motivo de ser. Resulta que por la noche, y paralela a estas pistas, existe una pista nocturna de trineos que parte desde lo alto del telecabina Hochjoch II y termina precisamente en el Hochjoch I, permitiendo de esta manera disfrutar de varias bajadas a los usuarios de estos deslizantes.

A la derecha aparece parte del tramo de la pista de trineos.

Un trayecto que está disponible desde las 18.00 h. hasta las 21.30 h. y que se tarda en hacer en unos 15 o 20 minutos a un precio de poco más de 17 €.

Auto-retrato.

Aunque el telecabina te deja un poco más abajo. Resulta curioso, porque la silla, que claramente se ve que tiene más antigüedad, tiene que salvar el edificio de salida del telecabina, pasando por debajo del mismo.

Pasando por debajo del Telecabina Hochjoch.

También pudimos disfrutar de una nieve excelente de la pista número 3 y de los ski-routes 4 y 5, una zona que a simple vista ya indica la inclinación y peligrosidad de la zona, hecho que detectamos por las numerosas barreras antialudes colocadas en la mayor parte de la ladera.

Silla de Sennigrat.

La pista número tres es una de las muchas pistas que están marcadas como pistas escorpión, término utilizado por el dominio para indicar aquellas pistas de especial dificultad, una especie de doble diamante, como se representa en las estaciones americanas o japonesas, pistas éstas que en algunos de sus tramos tienen un desnivel de hasta el 81%.

Infinidad de barreras antialudes en esta peligrosa zona.

No en vano, este dominio está considerado como uno de los destinos preferentes para los freeriders, ofreciendo infinidad de intinerarios fuera-pista, calificado como el destino número 1 por el sitio skiinfo.de

Muchas posibilidades para el freeride.

Aún bajamos un par de veces más por aquí, subiéndonos por la Hochjoch Mitte para no perder mucho tiempo, porque la nieve, las pistas, las vistas y la poca gente nos engancharon de tal manera que podríamos habernos quedado ahí hasta que cerraran, pero también queríamos, bueno para ser sincero era yo el que quería, conocer la zona de Nova.

Panorámica con Schruns al fondo.

Tramo de la pista ¡azul! Cuidado que algunos tramos tienen mucho desnivel.

Tramo de la pista azul.

Increíble el entorno.

Increíble el entorno. Detalle de algunos árboles, que llegan a alcanzar gran altura.

Pistas alternativas al Hochjoch Totale.

Rápidamente nos dispusimos a volver y no le dedicamos tiempo a la zona de Grasjoch, a pesar de que ésta también tenía muy buena pinta.

Creo que a este dominio hay que dedicarle al menos dos días, si se quiere disfrutar al máximo de él y no cometer el error que nosotros cometimos de querer hacerlo todo en un día porque estoy seguro que muchas de las cosas que aquí se esconden nos las perderíamos.

Para ir a la zona de Nova, tendríamos que bajar por el telecabina de Grasjoch ya que no es posible bajar esquiando. Y de ahí, tomaríamos el remonte de Valisera, que está dividido en dos tramos, Valisera I y II, aunque no es necesario bajarse de uno para subir a otro sino que simplemente existe una parada intermedia que sirve para recoger esquiadores que no quieran bajar al fondo del valle, ya que aquí sí es posible.

A la salida del telecabina, podemos encontrar el símbolo de la estación presidiendo uno de sus puntos más altos.

El escorpión, símbolo de la estación.

La estación apuesta fuerte por los esquiadores de nivel, tanto es así que dispone de 7 pistas escorpión, pistas de especial dificultad, pero que en un día como en el que estuvimos son asequibles porque la nieve presentaba buena cara. Además, las zonas de freeride son fácilmente accesibles desde los remontes y de hecho, se ofrecen tours y guías para disfrutar de estos verdaderos intinerarios fuera-pista.

Vistas al Schwarzköpfle desde Valisera.

Vistas a Versettla desde Valisera. Planificando donde ir.

Panorámica desde Valisera, la zona del escorpión.

Comenzamos nuestro particular recorrido desde este punto y el objetivo era llegar hasta Gaschurn y volver, lo que nos obligaría a bajar por la pista 41 y ahí enlazar con la silla Nova.

Las pistas presentan un excelente estado.

La estación alcanza cuatro picos que están dispuestos en forma de U sobre los que se han situado las pistas y remontes y le atraviesan dos valles.

Esta disposición hace que sea tremendamente fácil cambiar de un valle a otro o cambiar de zona, por lo que no nos costó apenas tiempo llegar hasta el pico de Versettla que nos daría acceso a otro de los impresionantes descensos que se pueden realizar en esta estación.

Un descenso que parte desde Burg a 2.140 metros y desde el que sólo es posible llegar por pistas rojas o negras, incluso utilizando algún ski-route rojo o negro y no habiendo más posibilidad que utilizar el ski-route R60b en la segunda parte de este descenso para llegar hasta el pueblo de Gaschurn situado a 985 metros sobre el nivel del mar, lo que nos da un desnivel total de 1.155 metros de desnivel total.

Un vertiginoso descenso que hará las delicias de más de uno, pero advierto, es necesario tener un buen nivel de esquí para realizar este recorrido porque con nieve en peores condiciones se puede sufrir bastante.

Algunos tramos pueden presentar especial dificultad a esquiadores no experimentados.

Posteriormente comprobamos que estas pistas, aunque tienen una apariencia terrorífica, se tornan asumibles con esta nieve.

Hoy es sencillo bajar por estas interminables pistas.

Tramo de bajada a Gaschurn

Deliciosa bajada a Gaschurn

La subida se hace posteriormente en un telecabina que está también dispuesto en dos tramos con una parada intermedia en la que no es necesario bajarse, pudiendo continuar hasta el final.

Telecabina de subida a Versettla.

Pero si tenéis hambre, yo os recomendaría que os bajarais porque en este punto intermedio existe un restaurante, el Rehsee Stöbli, con una amplia terraza y mesas atendidas por camareros, nada de self-service, en la que se puede disfrutar de una amplísima carta con auténticas delicias locales, mientras se disfruta del sol en un entorno muy tranquilo, sobre todo en comparación con el resto de locales que vimos por la estación en nuestro recorrido, mucho más saturados de gente. Todo un acierto en mi opinión.

Además, si estáis alojados en Gaschurn o algún pueblo cercano, como Sankt Gallenkirch, es buena idea dedicarle una noche para ir cenar en un privilegiado balcón al valle, ya que las vistas que se ofrecen son asombrosas.

Aspecto del último tramo de bajada a Gaschurn

No os descuidéis, sin embargo, con la hora, ya que la última bajada se realiza a las 22.00 h. El transporte, que se hace desde el telecabina, cuesta unos 7 €, e incluye tanto la subida como la bajada.

Incluso en su oferta de ocio, los miércoles ofrecen la noche romántica, en el que te servirán un aperitivo caliente en su terraza y luego se podrá disfrutar de una barbacoa en el interior del local.

Si os gusta más la marcha, al final del telecabina del Versettla, nos encontramos con un Hütte con mucho ambiente y gente con mucha juerga y sin ganas de esquiar.

Apreskí de Nova-Stova.

Un sitio donde todos los días un DJ deleita al público con música de todo tipo, no sólo electrónica, no sólo música tradicional de apreskí, sino ambas y más, pero un apreskí que cierra a las 16.15 h., ya que no existe otra posibilidad que bajar o en remonte, que los cierran sobre las 16.30 h. o esquiando y no debe ser muy bueno permitir que algunos personajes, después de estar de juerga y tomar alguna que otra cerveza con schnapps, bajen en la oscuridad por una pista que requiere mucho nivel de esquí.

Así que más bien parece un sitio para acompañantes o grupos de amigos que han venido más de fiesta que a esquiar, un concepto que a mí no me gusta y por tanto, no paramos ni un minuto en este local, sólo el tiempo justo para tomar la foto y salir pitando, ya que desde aquí partía nuestro camino de regreso.

Divisamos nuestro objetivo final, que es donde tenemos el coche. Sankt Gallenkirch.

Bajamos por la pista 55, una de las pistas escorpión, y las vistas que nos ofrece hacia el valle del Montafón, son simplemente embriagadoras.

Al fondo, nuestro camino de vuelta.

Y si nos damos la vuelta, podremos contemplar la cabecera del valle.

Cabecera del valle.

Desde aquí, podíamos tomar la silla de Schwarzköpfle, que nos permitiría subir por la Rinderhütte. Como teníamos tiempo, nos dedicamos a bajar por las pistas rojas de esta ladera, porque la nieve estaba enganchona, es decir, que estaba en tan buen estado que nos enganchaba tanto que no queríamos abandonar la zona bajo ningún concepto.

Esta es de las pocas veces que me quedo con ganas de bajar más, creo que tardaría mucho en cansarme de esta zona de la estación, muy divertida, con un buen desnivel, unas pistas perfectas, no son rectas, tienen variantes y no presentan especial dificultad, aunque no está recomendada para esquiadores nóveles.

Silla Madrisella y al fondo, desde donde venimos, el Versettla.

Pero el tiempo, maldito paso del tiempo, se nos echaba encima y estábamos obligados a volver. Para ello, tendríamos dos opciones. Seguir bajando por alguna de las pistas que tanto estábamos disfrutando, para luego continuar por la pista 24, que al ser azul marcada en el plano y atravesar todo el valle, se me antojaba una pista plana y aburrida, o la otra opción que no era ni más ni menos que dar la vuelta por la otra ladera del Schwarzköpfle e internarnos en una solitaria zona de la estación que presentaba este aspecto.

Magnífica también esta parte de la estación.

De nuevo, un acierto. Sin apenas gente, el aspecto de esta zona presentaba otra cara totalmente distinta dando la sensación de que habíamos cambiado de estación.

Ya divisamos los remontes de vuelta.

Me hubiera quedado mucho más, pero teníamos que continuar nuestro trayecto a casa si no queríamos acabar en algún pueblo perdido del valle.

Desde luego, en mi mente se estaba formando la idea de que nos estábamos perdiendo mucho de esta estación.

Así que bajando por la pista número 33 pudimos alcanzar el Sohnenbahn, una silla que remonta una ladera que apenas había tocado la gente y que veíamos con frustración como nosotros tampoco íbamos a poder bajar sobre ella.

Una vez arriba, en vez de bajar por esa ladera, tuvimos que ir volviendo a Sankt Gallenkirch, bajando por la pista azul 20a, donde acaba el remonte de Valisera, pero me despisté y bajamos la pista roja 23. Bola extra. Otra magnífica pista que, esta vez sí, pudimos disfrutar.

Tramo del telecabina de Valisera.

Tener cuidado a la vuelta, porque mirando el plano se puede tener la confusión que se puede llegar esquiando desde cualquier punto de este valle hasta Sankt Gallenkirch, pero no es así. Para llegar esquiando hay que tomar el pequeño remonte Vermiel, que nos subirá unos 50 metros de desnivel.

Si remoloneáis y os cierran la silla, os tocará subir ese desnivel andando y con nieve no es nada fácil, así que andaos con ojo con la hora si no queréis sufrir el camino de vuelta.

Este pequeño remonte, nos deja en una altiplanicie, donde se encuentra una pequeña urbanización constituida en su mayor parte por Gasthaus, hoteles y apartamentos, además de algún que otro local de Apreskí, perteneciente este poblado al mismo municipio de Sankt Gallenkirch, demostrando una vez más que en Austria, el esquí en mitad de pistas sí es posible.

El esquí en mitad de pistas, sí es posible.

Desde este poblado parten dos impresionantes pistas, con mucho desnivel, un paisaje entre pinos, de cuento y unas privilegiadas vistas al valle que nos harán disfrutar un rato más.

Tuvimos la oportunidad de bajar por las pistas 29 y 20c, rojas ellas, que curiosamente, y a pesar de las altas temperaturas y de haber tenido sol la mayor parte del día, conservaban muy bien la nieve, supongo que debido a que es una zona de umbría, única pega que se les puede poner a estas pistas.

Tramo final de Garfrescha.

Como la hora estaba muy justa, decidimos tomar el remonte de Garfrescha, ya que aunque sabíamos que sí nos daba tiempo a subir en el telecabina de Valisera, lo que no teníamos tan claro es si nos daría tiempo a enlazar con el pequeño remonte Vermiel, y de ahí nuestra decisión.

Remonte de Garfrescha.

Y la verdad, es que fue un remate, cuanto menos, exótico. Ésta es una de las sillas más extrañas en las que me he subido nunca.

Además de su desvencijado aspecto, resulta que para asegurar a sus pasajeros, las barras había que moverlas, no de arriba a abajo como es normal en un remonte, sino de lado, realizando un giro de 180 grados y que no tenía tope, de forma que la única seguiridad es la que tú mismo te proporcionabas al apoyar los esquís sobre la barra inferior, que al hacerlo se ejercía una gran presión que impedía que se moviese esta barra de seguridad.

A continuación os muestro en detalle, como son esas barras de seguridad cuando están abiertas.

Aspecto de las sillas con la protección abierta.

Y así es como se encuentran cuando están cerradas.

Y así es como queda la barra de seguridad.

Increíble invento, aunque no genera mucha confianza.

La última bajada se realiza por las misma pista roja que habíamos bajado previamente, y tomando luego la variante 20d, una pista azul muy llana que en algunos tramos exigía el esfuerzo de los esquiadores para que se empujaran con los bastones y obligando a los snowboarders a quitarse la tabla y realizar este último trayecto andando.

Un poco forzado este final, que merece la pena por todos los trayectos previos que sí nos permiten disfrutar y mucho de esta última bajada.

Un trayecto, por otro lado, que se ve compensado por la magnífica visión del paso del río que rodea la pista en este último recorrido, que permite distraerte del esfuerzo final por alcanzar la meta en la que se encuentra nuestro coche de vuelta.

Un último esfuerzo para finalizar la jornada.

En resumen, me gustaría comentar que ésta es una estación muy recomendable para esquiadores que les guste esquiar fuerte, recomendada para freeriders, por su fácil acceso a intinerarios y verdaderos fuera pista desde los mismos remontes, pistas con gran desnivel y muy largas, además de proporcionar paisajes de ensueño que estoy seguro no se os olvidarán fácilmente.

También recomiendo dedicarle al menos dos días si se quiere disfrutar verdaderamente de esta estación, ya que en un sólo día es muy forzado, tiene un tamaño más que considerable y además muchas zonas os atraerán tanto que no querréis salir de ellas durante un buen rato.

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Faschina-Damüls-Mellau. El reino de la nieve.

Con 109 kilómetros de pistas y 29 remontes, éste es el dominio más grande del Bregenzerland.

Llegar hasta aquí nos costaría alrededor de tres cuartos de hora, porque a pesar de estar a tan sólo 31 kilómetros tenemos que atravesar dos puertos de montaña, además con algunos de sus tramos nevados, lo que nos obligaba a extremar las precauciones y a ralentizar la marcha.

Trayecto desde Bludenz.

Curiosamente en cada uno de estos puertos podíamos encontrar una estación de esquí, la pequeña estación de Raggal y la meca del freeride del Voralberg, Sonntag, una estación no más grande que Navacerrada pero que tiene una pinta estupenda.

Damüls, según la propia estación, es el pueblo más nivoso del mundo en el que caen de promedio anual unos 9 metros de nieve.  

Pueblo de Damüls, situado a 1.431 metros de altitud.

Yo tengo mis dudas de la veracidad de esta afirmación después de ver las ingentes cantidades de nieve que caen en la isla de Hokkaido, en Japón, pero sin duda, es uno de los pueblos más nivosos, sino del mundo, seguramente sí de Europa.

La explicación que se ofrece para justificar este calificativo aparece en su página web y es ésta:

Explicación de por qué consideran a Damüls el pueblo más nivoso del mundo.

Trataré de traducir como buenamente pueda este texto.

Primero se ofrece una explicación de lo que se considera un pueblo, que no responde tanto a un ordenamiento político sino más bien a un tema geográfico.

Se dice que para que un núcleo de población se considere un  pueblo es necesario que hayan al menos 9 casas y 29 habitantes, las distintas partes del pueblo deben estar comunicadas por caminos de menos de 1.000 metros y no se deben tener en cuenta los alojamientos turísticos ni contar a los turistas como habitantes, debe disponer de un centro o núcleo central que será la parte más vieja del pueblo y tendrá algún tipo de centro social, ya sea una iglesia, un ayuntamiento o una escuela.

A continuación pasan a comentar que para considerarlo como el pueblo más nivoso hay que tener en cuenta los datos de los últimos 5 años y los ofrecen en la lista del Top 5.

Por último, se da una explicación de como llegan las nevadas. Una configuración de viento noroeste que provoca que el aire húmedo se encuentre como primera barrera algunas de las montañas de más de 2.500 metros que retienen el aire cargado de humedad y descargan principalmente en las montañas del Bregenzerwald, suponiendo una diferencia notable con otras zonas alpinas relativamente cercanas como son St. Anton, Ötztal ó Zillertal.

A mí personalmente no me convence mucho esta explicación, pero estas estadísticas, sin duda nos garantizan una probabilidad muy alta de encontrar buena nieve en este “reino de la nieve“, incluso en años malos como está siendo este 2014, donde pudimos encontrar buena nieve e incluso disfrutar de varios fuera pistas.

Debido a que el día anterior nos encontramos con Puros, decidimos “arrejuntarnos” en este dominio compuesto por tres estaciones.

Cuando hablamos el día anterior, me comentó que iniciarían la joranda en Faschina para luego continuar por Damülls y Mellau. Resulta que viniendo de Bludenz, es la primera estación que aparece ante nuestros ojos. Perfecto. Llamada para ver donde andan y a esquiar.

Pues bien, andar, no andaban, sino que en Damüls se encontraban y, aunque yo no lo sabía, Faschina está aislada por remontes del resto del dominio por lo que no es posible cambiar de valle con los esquís puestos.

Plano de pistas de Faschina-Damüls-Mellau

Aunque hablando con Puros me comentó que sí, que pertenecían al mismo dominio y que no había problema, pensé que el plano de la estación estaría anticuado y que sí existiría alguna comunicación entre ambos valles. Pues no, no existía. Un malentendido del que luego nos reiríamos largo y tendido.

Gracias a este malentendido tuvimos la oportunidad de conocer esta tranquila estación, con grandes posibilidades para el freeride, una nieve de muy buena calidad, muy soleada y, lo mejor de todo, apenas cuatro gatos, una soledad que como consecuencia resultaban que muchas de las pistas estaban sin estrenar y el fuera pista tenía una nieve en polvo de una calidad excelente por las que apenas había pasado gente, algo asombroso teniendo en cuenta la mala temporada.

Vistas de Faschina, a la salida del remonte Glatthorn.

Además, las vistas, los paisajes, son algo que perdurarán en nuestro recuerdo con el paso de los años. Nos sentimos unos privilegiados.

En primer término el ski-route Hahnenkopf Nord. Más abajo, el ski-route Hahnenkopf Ost.

Donde se puede comprobar lo que es la nota general en todos los valles del Voralberg, y es lo escarpado y agreste de sus montañas.

Valles muy cerrados que le dan un carácter genuino.

No os engañéis por el pequeño tamaño de la estación que aparece en el plano, existen muchas bajadas fuera pista que con buena nieve os harán pasar una mañana o una tarde muy agradables.

Por algunas pistas apenas se notaba el paso de esquiadores.

Hay que decir que en este dominio se saben punteros y, por tanto, los precios de los forfaits no son tan económicos como en otras estaciones de la zona. Pero aún así, al igual que el resto de estaciones, la flexibilidad es la norma:

Tarifas 2013-2014

El precio para un adulto es de 45 €, y si te alojas en la zona o eres residente del valle se obtiene una reducción de 2 €. También se da la oportunidad de alargar un día más la jornada de esquí por 36,50 €.

Si se quieren sacar forfaits de dos días y medio o más, entonces es necesario o acogerte a la oferta del mehrtageskarte del 3tällerpass que expliqué en el capítulo anterior o acogerte a una interesante oferta en la que se incluye la presumiblemente fascinante estación de Sonntag.

Tarifas combinadas con Sonntag.

Después de estar como una hora y media en Faschina, decidimos cambiar de estación y nos fuimos directamente a Damüls, que era el siguiente pueblo. Aunque habían muchos coches, no fue un problema aparcar y eso que eran más de las 11.00 h.

Decidimos, pues, explorar esta afamada estación y comprobar en nuestras propias carnes si realmente se hace merecedora de dicha fama.

La primera silla que encontramos es la Uga-Express, que nos deja en mitad de la estación

Final de la silla Uga.

En cuya salida se puede contemplar vistas como estas:

Vistas a Damüls, destacando su campanario.

Desde aquí decidimos empezar fuerte y bajar por la pista número 2, roja para más señas, ya que veníamos calientes del otro dominio y el tiempo, como se puede comprobar en las fotos, era espectacular, tan plácido como aparentan las fotos, algo que no es bueno para la nieve que, milagrosamente, se encontraba en muy buen estado.

Algunos no se resistieron a disfrutar de la nieve recién caída del día anterior.

El motivo de bajar por esta pista no era otro que el de acceder a la silla Sunnegg que da acceso a dos excelentes y muy divertidos ski-routes marcados como negros en el plano.

Silla Sunnegg

La silla, como se puede ver, no es de lo más moderno del mundo, pero da acceso a una de las zonas de esquí más divertidas de la estación.

En la foto se puede ver una zona de huellas, donde decenas de esquiadores disfrutaron de su nieve y a la derecha lo que aparenta ser una pista pisada pero que realmente se trataba de un ski-route.

Pues bien, yo hasta ahora había creído que los ski-routes son intinerarios marcados por la estación pero que no se cuidan ni mantienen, pero no, aquí los ski-routes, en la mayoría de los casos sí se pisan y se tratan, algo que me sorprendió mucho y que en cierta forma me decepcionó porque le quita la diversión de creerte en un auténtico fuera pista.

No así a Mercedes, que veía con alivio y algo de sorpresa que también podía esquiar estos ski-routes sin especial dificultad, al menos, no mayor dificultad que una pista negra.

Vistas desde lo alto de Sunnegg. Se puede ver perfectamente el formato de la estación.

Parte del ski-route 3 – Sunnegg Steilhang.

Mercedes y yo disfrutamos mucho de estas bajadas hasta que una llamada nos sacó del éxtasis en el que nos encontrábamos. Ni más ni menos que Puros. Por fin, conseguimos contactar y encontrarnos para “echar” unas bajadas juntos:

Puros y su atuendo antipérdidas.

Gran conocedor de la estación y catedrático en nieves austriacas, decidió, junto a sus amigos, mostrarnos los mejores secretos de la misma.

Comienza el tour.

Empezando por el pueblo mismo, cuyas pistas lo atraviesan, dejando en evidencia una vez más a aquellos que defienden los macrodominios franceses alegando ser los únicos en los que es posible realizar el ski-in/ski-out y por eso se justifican esas horribles construcciones desarrollistas de los años 70.

Mercedes contemplando el campanario de Damüls.

Así que comenzamos el tour con este personaje y sus amigos, excelentes esquiadores y snowboarders, y mejores personas aún si cabe, que controlaban el medio a la perfección.

Dirigiéndonos al aparcamiento de Damüls. En primer término uno de los amigos de Puros.

Otro de los amigos de Puros. No todos son “limacos”.

El plan era volver al pueblo de Damüls, para de nuevo tomar la silla Uga, y seguir nuestra incursión hasta llegar a Mellau, para luego volver.

Repasamos todas y cada una de las pistas que aparecen en el plano, empezando por la Hoches Licht, que su cima nos muestra el espectacular pico Damülser Mittag.

Espectacular el Damülser Mittagspitze.

Y si nos damos la vuelta, podemos contemplar la ladera de la que venimos:

A la izquierda se puede contemplar el final del remonte Sunegg y a la derecha se distingue perfectamente la bajada del skiroute 3 – Sunegg Nord

En total, una primera bajada continua que va desde los 1.980 metros en su punto más alto hasta los 1.620 de la parte más baja, pero que parecen más y a continuación, el Hohe Wacht nos permite pasar al valle de Mellau y realizar nuestro primer y verdadero fuera pista con una nieve deliciosa.

Puros y Larios preparándose para el primer fuera pista de la jornada, al menos, el primero para mí.

La nieve parecía estar en muy buen estado.

Nieve que presumiblemente era recién caída de la nevada del día anterior, lo que nos obligaba a ser prudentes ya que algunos obstáculos estaban disimulados por esa fina capa de nieve pero no lo suficiente y podrían provocarnos alguna caída, algo que no deseábamos más aún cuando estábamos muy sensibilizados con el accidente de Schumacher.

Esta imagen más en detalle nos alerta para que vayamos con cuidado ya que la capa no es muy gruesa.

Si nos damos la vuelta, aún podremos divisar el valle de Damüls, al que pronto perderíamos de vista. Viendo estas imágenes es cuando realmente se aprecia el tamaño de la estación, que está muy bien aprovechada, ya que con pocos remontes se cubre una gran área esquiable.

Desde este punto, también tenemos una magnífica vista al norte, una inmensa meseta que finaliza en el lago Boden, el que presumiblemente le proporciona toda la humedad necesaria al aire para que descargue brutalmente en esta estación dotándola de un privilegio en forma de oro blanco.

Mercedes contemplando las magníficas vistas a la meseta norte.

La siguiente bajada incluía el paso de un túnel de nieve, algo espectacular, no sabía yo que en los túneles nevaba, sobre todo en estos tan largos ya que medía al menos 100 metros.

Salida del túnel que nos comunicaba con Damüls.

La continuación de la pista tenía este aspecto.

Magníficas vistas.

Y es que en el plano de pistas apenas se representa y da la sensación de ser una estación con poca vegetación y mucho más fría de lo que realmente es, bastante agradable a la vista y con unos trazados variados y divertidos que nos proporcionan diversión y placer a cada bajada, que es distinta cada vez.

Además, resulta tremendamente fácil cambiar de valle, si exceptuamos Faschina, lo que nos permite explorar cualquier rincón de la estación sin que para ello tengamos que estar pendiente del reloj a cada momento.

Así que nuestro afamado guía nos guía por la siguiente subida, Wildgunten, donde nos deja en una divertida pista roja con el mismo nombre y que nos da acceso a otro ski-route, esta vez sin pisar, el número 7 – Hochegg Mellau.

Salida del Wildgunten.

Entrada al ski-route 7 – Hochegg Mellau

Perfecto, porque Mercedes y uno de los amigos de Puros no les gusta los fuera pistas, y estos trazados nos permiten combinar la pista y el fuera pista (realmente un ski-route) y reunirnos de nuevo, pero ya en el mismo pueblo de Mellau y así todos disfrutamos.

Gracias Puros por guiarnos tan bien, creo que nadie, ni tus amigos, ni Mercedes y, por supuesto, ni yo mismo estuvimos en ningún momento incómodos y más bien disfrutamos enormemente de estas bajadas que tan bien nos mostraste.

Esta bajada, para nosotros mitad ski-route, mitad pista, parte de los 1.700 metros de altura y acaba en los 700 metros en los que se encuentra el pueblo de Mellau, es decir, un impresionante descenso de 1.000 metros que pasaba íntegramente por bosque.

La pista baja por un frondoso bosque de coníferas.

Resultaba curioso este descenso porque el problema que nos podíamos encontrar en pistas no era precisamente la escasez de nieve, ya que había nieve suficiente para bajar hasta la cota inferior y además estaba en buen estado, sino sobre todo por los caminos con menos desnivel, se encontraban muchas piñas caídas de las coníferas que nos rodeaban y podrían causarte algún que otro problema si pasabas por encima de ellas.

Al fondo ya divisamos el pueblo de Mellau.

Último tramo antes de llegar a Mellau.

Una vez cumplido el objetivo, decidimos comer algo antes de volver a Damüls. Una vuelta que aunque aparentemente pasamos por las mismas montañas, las bajadas son completamente distintas debido al cambio de orientación, y además con el sol de tarde los paisajes se tornaban mas cautivadores aún si cabe.

Único telecabina del dominio que parte desde el pueblo de Mellau.

Se notaba, sin embargo, que estas laderas con orientación noroeste sufren más con el paso del día y la nieve aquí estaba empezándose a transformar en nieve papa, por lo que los fuera pistas que nos marcamos ya no eran tan disfrutables como los que gozamos a la ida.

De vuelta a Damüls por Hohe Wacht.

Puros visualizando el siguiente fuera pista.

Al final pasamos un gran día, con una compañía inesperada pero la mejor que se puede tener. Yo creo que todos disfrutamos y acabamos contentos con el gran día que pasamos.

Se nota una gran diferencia entre explorar una estación por tu cuenta y cuando alguien que la conoce te la muestra. Estoy seguro que visitando yo solo la estación no la hubiera disfrutado tanto a como lo hice este día.

Es posible que por ello mi percepción de este dominio esté algo distorsionada y tienda a sobrevalorarlo, pero me pareció una estación en la que se puede pasar, sino una semana, si dos o tres días sin que en ningún momento te puedas llegar a aburrir.

Es sobre todo, muy variada y además permite el esquí a todos los niveles permitiendo además que gente que viaja junta con niveles distintos puedan coordinarse para coincidir a la entrada o salida de los remontes, ya que en la mayoría de los remontes hay opciones para los esquiadores menos expertos y así se puede estar en permanente contacto con todos los “co-viajantes”.

Espero que os haya gustado esta estación y que os animéis algún día a visitarla, bajo mi punto de vista, realmente merece la pena una visita.

Gracias por todo Puros y discúlpame que no recuerde el nombre de todos tus amigos, un fallo imperdonable.

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Brandnertal – La montaña amable.

Voralberg es uno de los 9 estados federales (Bundesländer) de Austria, el que está situado más al oeste del país, rodeado en su mayor parte por Suiza (y Liechtenstein) excepto por el este, que limita con el Tirol.

Al igual que su estado vecino (Tirol) e imitando su gestión, 41 dominios esquiables se han unido para lanzar una magnífica oferta por la que es posible utilizar las instalaciones de todos estos dominios comprando un pase de temporada conjunto al que se le ha denominado el Drei Täller Pass (El pase de los tres valles)

El 3tälerpass, es válido para todas las estaciones de esquí del Voralberg y algunas del Tirol. Y por un poco más se incluyen las estaciones del Alberg en el lote (estaciones míticas como Sankt Anton o Lech). Una oferta que por 465 € (408 € si se compra por anticipado) se puede disfrutar ilimitadamente durante toda la temporada.

Una competitiva propuesta inimaginable en nuestro esquí patrio, donde lo más parecido que se puede encontrar es la oferta que en su día sacó Aramón para poder esquiar en las siete estaciones aragonesas, aunque a un precio visiblemente superior a la apuesta austriaca.

A continuación os muestro la oferta de precios:

Precios del forfait de temporada del 3tällerpass

Precios del forfait de temporada del 3tällerpass

Muy a tener en cuenta en el caso de querer esquiar en esta zona durante dos o más semanas, aunque no sea de forma consecutiva. Interesante sobre todo porque te da la libertad de elegir la estación en función de las condiciones de nieve y del tiempo reinante en cada momento.

Alternativamente hay una opción de sacarse el pase de los tres valles para varios días en vez de para una temporada, pero hay que prestar atención porque en este pase no están incluidos todos los dominios del Land sino sólo aquellos que pertenezcan al Bregenzerwald.

Precios del 3tällerpass para varios días.

Precios del 3tällerpass para varios días.

Precios para dos días y medio, donde el medio día es el último y empieza a contar a partir de las 11.30 h., precios de hasta 13 días, más significaría que puede compensar comprar el pase de temporada (en la oferta indican que se debe preguntar ya que los precios variarán dependiendo de si es temporada alta o baja), pases que son válidos para cualquier día de la temporada, pases de dos, cinco y ocho días NO consecutivos y todos ellos válidos para las siguientes estaciones, todas ellas pertenecientes a la región de Bregenz:

Möggers – Buch – Alberschwende – Sulzberg – Riefensberg – Hittisau/Hochhäderich – Balderschwang – Sibratsgfäll – Hittisau – Egg/Schetteregg – Bödele – Andelsbuch/Bezau – Bizau – Reuthe – Damüls-Mellau – Diedamskopf – Warth/Schröcken – Kaisers – Holzgau – Bach/Jöchelspitzbahn – Elbigenalp – Häselgehr – Stanzach – Boden/Bschlabs – Gramais – Dornbirn/Ebnit – Faschina – Sonntag/Stein – Raggal.

Tener cuidado con esto porque Puros, con el que coincidí un par de días quiso comprar este pase para Brandnertal y se llevó la sorpresa que no era válido y tuvo que adquirir el pase individual para esta estación.

Cuando aquí en España se discute si es bueno o no cobrar una parte del total del precio normal de una única estación cuando ésta no está completamente abierta o si surgen polémicas de si devolver o no un forfait que se compró anticipadamente cuando un día no abren la estación por condiciones meteorológicas adversas, viendo estas magníficas ofertas da la sensación que estamos a años luz en cuanto a oferta de precios y flexibilidad de los mismos y queda en evidencia la escasa oferta que existe en nuestro país.

También da la sensación que las estaciones no tienen la presión de la competencia, porque para cualquiera de nuestras estaciones, ofertando mucha menos extensión esquiable, un pase de temporada es inconcebiblemente más caro que  el precio de este pase.

Nosotros comenzamos nuestro primer día en esta estación de esquí (Brandnertal) que se encuentra a tan sólo 10 km. de Bludenz.

Nuestra primera misión: Alquilar esquís.

Cuando llegamos a Bludenz el día anterior, intentamos localizar alguna tienda de esquí en la que pudiésemos alquilar material ya que llegamos con el tiempo suficiente para hacerlo.

Como no sabíamos donde podríamos encontrar una tienda y Bludenz tiene un tamaño lo suficientemente interesante como para evitar recorrerla a pie buscando algún local de este estilo, le preguntamos directamente a la persona que dirigía el gasthof en el que nos alojamos y nos dijo que de haber algo sería en el centro comercial de Bürs y nos indicó como ir.

Pues resultó que no, que tampoco ahí se alquilaban esquís, aunque sí que había una inmensa tienda de material, mejor dicho, existían un par de ellas, pero en ninguna se dedicaban al alquiler de esquí.

Esto, como ya comenté en el capítulo anterior, me sorprendió mucho, una ciudad que está apodada como la ciudad alpina no tiene como negocio principal o como una parte importante de su economía el turismo de esquí. Así que si os alojáis en esta ciudad tener presente que os va a costar encontrar una tienda de alquiler de esquís.

Por este motivo decidimos alquilar en la primera estación de esquí que visitáramos y ésta debía encontrarse relativamente cerca de la ciudad para que el último día, cuando nos viéramos obligados a devolver los esquís, no tuviéramos problemas con la hora, ya que en Austria es normal que los comercios cierren a las 18.00 h.

Las dos estaciones más cercanas a Bludenz son Golm y Brandnertal, ambas distan a unos 10 km. por carretera.

Según me habían comentado, la estación de Golm parecía menos interesante por lo que decidimos ir a Brandnertal y allí alquilamos los esquís en una tienda situada en la base del telecabina Dorfbahn.

El precio: 190 € para dos pares de esquís de gama alta y una duración de seis días con opción a cambiar el modelo si no nos gustaban los que nos habían proporcionado.

Cria de llamas en cautividad a la entrada de Brand

Cria de llamas en cautividad a la entrada de Brand

Como ya he dicho, decidimos ir a Brandnertal por la cercanía a Bludenz, ya que así, el último día, para devolver los esquís no tardaríamos mucho, pero resultó que para llegar hay que subir un pequeño puerto de montaña que ralentizaba nuestra marcha. Y para añadir dificultad al trayecto, la carretera estaba nevada, lo que nos obligaba a ser más prudentes de lo normal, porque aunque dispusiéramos de ruedas de invierno nunca hay que bajar la guardia.

No es que fuera algo grave, pero el día que tuviéramos que devolver los esquís, pensamos, tardaríamos algo más de la cuenta. Si alguna vez os encontráis en la misma situación, es mejor ir a alquilar a la estación de Golm, o alguno de los pueblos que se encuentran antes de llegar a esta estación, como pueden ser Sankt Anton im Montafon o Vandans, ya que aquí la carretera va por todo el valle y resulta mucho más cómoda, además de estar a mas o menos la misma distancia de Brandnertal.

La estación de Brandnertal está situada en la montaña que corona el valle del mismo nombre y se puede decir que se compone de tres partes claramente diferenciadas y al que es posible acceder desde dos núcleos de población. Bürserberg y Brand.

Plano de pistas de Brandnertal

Plano de pistas de Brandnertal

La población más cercana es la de Bürserberg, pero decidimos ir a Brand para situarnos un poco más centrados en este dominio de 55 km. de pistas.

Los precios que dan derecho a la utilización de los remontes de la estación son estos:

Precios 2013/2014

Como se puede ver, la flexibilidad es la norma en las estaciones de esquí austriacas, donde se ponen diferentes precios en función de la hora en la que se compra el pase. Además, también ofertan un pase para la gente que se está iniciando que cuesta unos 19 € y al que se puede acceder a partir de las 14.30 h.

Una vez alquilado los esquís y comprado el pase de día, decidimos comenzar nuestra jornada de esquí por la parte de Brand, queríamos conocerla a fondo y luego, si nos diera tiempo, seguiríamos por la de Bürserberg.

Dorfbahn. Fuente: Brandnertal.at

Dorfbahn. Fuente: Brandnertal.at

Subimos por un moderno telecabina, el Dorfbahn, que nos deja a media ladera, para enlazar con una silla, la Gulmabahn que ya nos ofrece el acceso al primero de los valles de esta estación.

Un auténtico jardín de nieve

Un auténtico jardín de nieve

Este primer valle está muy bien aprovechado, servido únicamente por dos remontes principales, el Palüdbahn, un telecabina que parte de la base de la estación, en Innertal, y que te deja a media ladera, y el Glattjochbahn que nos lleva a la parte más alta de la estación.

Entrada al remonte del Gattjochbahn

Entrada al remonte del Gattjochbahn

Quizás sea por el día de niebla que tuvimos o quizás porque no es una de las famosas estaciones del Voralberg, pero sea como sea, en un domingo cualquiera apenas tuvimos colas y en algunas ocasiones era sobrecogedora la soledad en la que nos encontrábamos en pistas.

Mercedes en una de las pistas de Brand

Mercedes en una de las pistas de Brand

En esta parte de la estación los remontes llegan a alcanzar los 2.000 metros de altura y la parte más baja se sitúa a poco más de 1.000 metros, en la base del telecabina Palüd, en el mismo Innertal, por lo que en esta parte podremos disfrutar de un desnivel esquiable de casi 1.000 metros.

Subida por la Glattjochbahn

Subida por la Glattjochbahn que da acceso al punto más alto de la estación.

Panorámica del final de la silla de Palüdbahn

Panorámica del final del telecabina Palüdbahn

Uno de los encantos de las estaciones alpinas, y en especial de las austriacas, es que por muy pequeño que sea el dominio, que no es el caso, lo que sí se tiene casi garantizado es un gran desnivel esquiable.

Pista paralela al Glattjochbahn

Pista paralela al Glattjochbahn

Esto también se cumple en Brandnertal, donde cada uno de los tres valles en los que se divide la estación, ofrecen un desnivel similar.

Aunque para ser sinceros, esta montaña tiene muchos llanos, sobre todo en la parte de Lorenzital que no permiten realizar una bajada continua de todo el desnivel lo que desvirtúa un poco esta pérdida de altura dividiendo el descenso en dos partes y resultando algo menos divertida que si el trayecto transcurriera en un continuo descenso.

Parte intermedia del valle de Lorenzi. Pista 9 del plano.

Parte intermedia del valle de Lorenzi. Pista 9 del plano.

Como ya he dicho, este desnivel en la zona de Innertal está cubierto por dos remontes, la ya mencionada silla de Glattjochbahn y el telecabina Palüdbahn, donde fácilmente a la salida de éste se puede enlazar con la entrada de aquél.

En la misma salida del Palüdbahn, se dispone de un pequeño telearrastre para que los menos expertos puedan disfrutar de sencillas bajadas en las que adquirir la habilidad necesaria para practicar este deporte.

Área de descanso en la media estación de Brand.

Área de descanso en la media estación de Innertal.

También dispone este subdominio de una pequeña zona preparada para la práctica del freeride, aunque algo desvirtuada debido a que este año no ha sido un gran año de nieves y a pesar que era practicable el fuera pista, éste no era muy disfrutable.

Dentro de este área también se dispone de un pequeño snowpark llamado Backyards, aunque no parecía muy motivador para aquellos devotos del freestyle, con unos módulos básicos y saltos que no entrañan especial dificultad.

Área de freeride a la derecha del remonte

Área de freeride a la derecha del remonte

Vista del telesilla Glattjochbahn desde la pista 6a

Vista del telesilla Glattjochbahn desde la pista 6a en la zona de Backyards.

Lo que sí puedo asegurar, a riesgo de equivocarme, es que el paisaje de esta zona de la estación es uno de los mejores paisajes alpinos que se pueden encontrar en una estación de esquí.

Pistas altas de Brand.

Pistas altas de Brand.

Se tiene la sensación de estar en todo momento esquiando sobre un inmenso jardín de nieve decorado por las imponentes paredes de la roca del Mottaberg que le imprimen un carácter y una personalidad única.

Sillas de la Glattjochbahn

Sillas de la Glattjochbahn y al fondo el Mottaberg.

Cursillos en la zona de Brand

Cursillos en la zona de Brand

Cursillos en la zona de Brand.

Cursillos en la zona de Brand.

Accediendo a la parte baja de Innertal

Accediendo a la parte baja de Innertal

Un auténtico jardín de nieve.

Un auténtico jardín de nieve.

Me cautivó tanto el paisaje que por mucho que lo intentaba no podía dejar de hacer fotos.

Vistas desde la parte de Innertal

Vistas desde la parte de Innertal

Bajando hasta la base

Bajando hasta la base del Innertal el sol intenta saludarnos.

A pesar de ser un mal año de nieve para esta zona austriaca, tuvimos suerte y este primer día nevó durante la noche lo que nos permitió disfrutar de una nieve recién caída que facilitaba nuestras trazadas creyéndonos auténticas figuras del esquí y sobre todo, sintiéndonos como tales por muy alejada que fuera la realidad.

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Parte intermedia de la pista 11

Parte intermedia de la pista 11

Este segundo tramo que nos lleva a la base de Innertal tiene un intinerario alternativo (el número 14 del plano), pero no merece mucho la pena adentrarse en el mismo porque el tramo es corto y además nos deja en la carretera de acceso al lago Lüner, de forma que la única opción de volver a remontarse es andar un buen tramo por la carretera o esperar a que pase un esquí-bus y nos deje en la base de alguno de los dos telecabinas de Brand o Innertal.

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Parte intermedia de la pista 11

Parte intermedia de la pista 11

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Para volver al valle central que nos deja en Brand, es necesario subir hasta la cima de la estación y de ahí tomar la pista número 9 que discurre por Lorenzital.

Vistas a la montaña que da al valle de Lorenzi

Vistas a la montaña que da al valle de Lorenzi

En este trazado de regreso es posible ver un montón de cabañas (hüttes), auténticos refugios montañeros, que tenían hasta una numeración, entiendo que para que sea posible enviar el correo. Algunas eran auténticas joyas.

Hütte en mitad de la pista 9 en Lorenzital

Hütte en mitad de la pista 9 en Lorenzital

No se a ciencia cierta cuál es la funcionalidad de estas cabañas, pero mi imaginación hecha a volar y entiendo que son refugios de cazadores o casas agrícolas o de labor que se utilizan en cuanto el manto blanco da paso a los verdes prados que seguro brotan en la zona.

Tramo intermedio de la pista 9 que nos lleva a Brand

Tramo intermedio de la pista 9 que nos lleva a Brand

Para cambiar a la zona de Bürserberg, hay que hacerlo mediante un magnífico teleférico situado en la parte intermedia de la zona central de Brand, el Panoramabahn, también abierto en verano y estoy seguro que ofrece a sus ocupantes unas magníficas vistas.

Panoramabahn. Fuente: Brandnertal.at

Panoramabahn. Fuente: Brandnertal.at

A la salida de este teleférico, siguiendo por la pista 21 se llega al Rufana Alp, un acogedor restaurante de montaña que como oferta estrella, celebran todos los viernes a partir de las 19.00 h. la noche de las Foundies para la que es necesario una reserva previa.

Inusual acompañamiento para la Foundie

Inusual acompañamiento para la Foundie

Foundie. Exquisitez típica del Voralberg

Foundie. Exquisitez típica del Voralberg

Un sitio en el que además de disfrutar de sus joyas gastronómicas, ofrece alojamiento, permitiéndonos un increíble concepto de ski-in/ski-out en mitad de la montaña.

Acabados en madera del hütte Rufana Alp

Acabados en madera del hütte Rufana Alp

La zona de Bürserberg es un poco más pequeña que la zona de Brand, pero a cambio, aquí las remadas son prácticamente inexistentes, sólo necesarias a la salida de la silla Loischbahn, una silla que no podemos decir que sea precisamente moderna.

Subida por el Loischbahn

Subida por el Loischbahn

Y gracias precisamente a la antigüedad de la silla, y a su ritmo de remontada calmado y sosegado, se puede disfrutar del paisaje y del silencio hasta que éste es interrumpido por por una histriónica algarabía de vociferantes españoles. Ni más ni menos que Puros y sus amigos. Increíble, encontrarse con estos personajes con lo grande que es el Voralberg en la misma estación, el mismo día, en el mismo remonte y a la misma hora.

Por supuesto, hicimos un par de bajadas juntos y quedamos para el día siguiente, pero eso será otra historia. De momento continuaré describiendo esta estación.

A pesar de la antigüedad del remonte, su cima, situada a 1.860 metros, nos da acceso a una salvaje pista negra que hace que bajar cualquier intinerario se convierta en en un juego de niños en comparación.

También se puede acceder a la pista 21 que nos permite bajar hasta el mismo pueblo de Bürserberg o enlazar de nuevo con el Panoramabahn para que nos lleve de vuelta a Brand.

Tramo intermedio de la pista 21 en Bürserberg

Tramo intermedio de la pista 21 en Bürserberg

Antes de volver, hicimos una bajada hasta el pueblo y resultó que a mitad de bajada habían colocado unos carteles indicando que la pista estaba cerrada por falta de nieve. Esto es un problema porque a la altura en la que habían colocado los carteles de advertencia no existía ningún remonte que nos permitiera desistir en la bajada, por lo que tuvimos que descender obligadamente por dicha pista.

Aunque realmente las pistas, más que cerrarlas, lo que hacen es no recomendarlas. Un cartel de “Nicht möglich” que significa no deseable te indica que si te adentras en la misma puedes tener problemas con la nieve.

Bonito detalle que encontré en todas las estaciones del Voralberg, ya que el cierre de pistas se debe más a la falta de nieve o al mal estado de la misma que a la existencia de un peligro real.

Jardín de nieve en Bürserberg

Jardín de nieve en Bürserberg

Y para cuando cae la noche, existen muchas alternativas. El pueblo de Brand disponía de supermercados, tiendas de esquí, también dispone de una pista de hielo y, por supuesto, apreski.

El pueblo de Bürserberg sin embargo parecía más tranquilo y con menos ambiente, pero en cambio es en esta zona donde se puede disfrutar de un magnífico descenso nocturno en trineo, actividad que quisimos practicar el último día de nuestro viaje aprovechando que teníamos que devolver los esquís, pero al final desistimos porque estaba lloviendo y presumiblemente no íbamos a disfrutar de esta actividad.

Si pasáis unos días en esta estación, podéis ver en el plano de la estación que al final del valle hay un teleférico que da acceso al lago Lüner uno de los mayores lagos en altura de Europa.

Pues bien, si alguien viaja con algún familiar o amigo que no esquía deberéis tener en cuenta que este remonte se cierra en invierno, limitando su funcionamiento a los meses que van de mayo a octubre.

Si éste es vuestro caso, se ofertan infinidad de alternativas al esquí, como el ya mencionado patinaje sobre hielo, las bajadas en trineos, paseos invernales por rutas de montaña debidamente marcadas, o lo que han llamado el trineo-safari (rodelnsafari) que consiste en un intinerario para deslizarse en trineo, pero con algunos tramos en los que hay que ir andando, una auténtica excursión que va más allá de una simple bajada y que presumiblemente llevará un día completo su práctica.

Y hasta aquí la descripción de la primera de las estaciones que visitamos en esta agreste región austriaca.

Como valoración final, diré que es una estación ideal para familias, donde la parte de Brand e Innertal permiten la enseñanza con gran seguridad para los más pequeños y la parte de Bürserberg es algo más exigente aunque sin llegar a ser una estación para esquiadores extremos que deberán buscar otros destinos más acordes a sus gustos.

También es perfecta para días de mal tiempo porque sus pistas están bien protegidas por todas las montañas que le rodean, además es ideal para días de gran afluencia porque para ser domingo apenas encontramos a gente en toda la estación.

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Voralberg. Sol y toros. Bludenz

Bueno, sol algunos días, pero por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender el motivo exacto, he visto en muchos lugares del Voralberg el culto a este animal tan arraigado en nuestra cultura.

Si no me creéis, aquí os dejo algunas muestras:

Escultura de un toro en mitad del pueblo de Ragal.

Escultura enclavada en mitad del dominio de Warth.

No sólo simples imágenes, sino también, como podéis ver, auténticas esculturas que no se hacen precisamente en dos días. Y encontraba muestras por todo el Voralberg.

Creo que tiene más que ver con el hecho de tener una especie autóctona y a su tradición ganadera que se remonta al 1.862 que con algún tema de cultura o que esté relacionado con algo místico, pero lo que si da la sensación es que sea un signo identificador de la zona.

Nuestro centro de operaciones elegido fue la ciudad de Bludenz, capital de uno de los cuatro distritos administrativos del Lände. También conocida como la ciudad alpina o Alpenstadt, está enclavada en la confluencia final de cinco valles, de los cuales, tres son muy importantes y en las que están enclavadas algunas de las estaciones de esquí que visitaríamos en los días posteriores, los valles de Brand, Kloster y Montafon. Esta situación la consideramos estratégica en cuanto a nuestro plan de realizar un esquí safari por las estaciones de la zona.

Situación de Bludenz.

Lo que más me llamó la atención de esta pequeña ciudad de aproximadamente unos 14.000 habitantes es su carácter industrial. Me esperaba encontrar el típico pueblo austriaco y en cambio me encontré con edificios industriales por todos lados y edificios comunitarios, aunque no muy grandes.

Tan industrial como lo demuestra el hecho de tener su propia fábrica de cerveza cuyo logo es el símbolo de la ciudad.

Fábrica de cerveza.

Fábrica de cerveza.

Como ya he dicho, Bludenz es muy buen centro de operaciones debido a su situación geográfica con respecto a la mayor parte de las estaciones de esquí del Voralberg, sobre todo las situadas al sur del Lände, pero también lo es porque dispone de todo tipo de servicios, hasta los que menos te puedas esperar, como el hecho de que dispone de una sala de billar y snooker, juego del que soy muy aficionado, y esta sala es mejor que cualquiera de las que se pueda encontrar en Madrid.

Tienda de joyas ubicada a las afueras del centro histórico.

Además existen infinidad de restaurantes, pastelerías, un grandísimo centro comercial, aunque éste se encontraba en la ciudad vecina (Bürs) que está separada de Bludenz por la autopista por lo que se la puede considerar dentro del mismo entorno urbano, centro comercial que disponía de un gigantesco Spar para que los apartamentistas puedan suministrarse de todo aquello que necesiten, muchos alojamientos de todo tipo, muchas tiendas de pueblo, nada de tiendas al uso que podamos encontrar en la urbanización de cualquier estación de esquí, de hecho nos costó encontrar material de esquí en la propia ciudad.

Farmacia de la ciudad.

Incluso los miércoles y los sábados, en su centro histórico se monta un mercadillo de alimentación.

Mercado de alimentación que se monta todos los miércoles y sábados en el centro de Bludenz.

Puesto de flores.

Pero al igual que digo que es una ciudad bien dotada de la mayoría de los servicios que cualquiera pudiera necesitar, también me encontré cosas que no me gustaban, como el hecho de que la mayoría de los restaurantes fuesen de comida italiana. Si voy a un país extranjero, en este caso Austria, a mí particularmente me gusta disfrutar de las especialidades locales, y en este aspecto nos costó encontrar restaurantes que sirviesen comida autóctona.

Además, al ser una ciudad industrial, increíblemente poco enfocada al turismo, los servicios de hostelería se adaptaban a este tipo de cliente y la mayoría de restaurantes cerraban los domingos y los lunes, incluido el restaurante de nuestro gasthof.

De los pocos sitios donde un domingo se podía ir a cenar es al restaurante del hotel Schloss en el que además servían unos deliciosos platos locales que nos dejó muy buen regusto con el que estuvimos soñando plácidamente toda esa noche.

Otro sitio que nunca cierra y que además de para cenar sirve para tomar una copa, echarse unas risas o jugar a los bolos es el Fohren Center justo enfrente de la fábrica de cerveza.

Si observáis bien la página del Fohren Center podréis ver que una de las ofertas que tienen en su carta es la Foundie. Y es que resulta que esta región tiene más de suizo que de austriaco, no en vano la mayor parte de su frontera linda con este país, y así se refleja en su gastronomía, donde por todos lados se ofrece esta exquisita vianda.

Además se ofertan por los mercadillos una gran variedad de exquisitos quesos de todo tipo y también embutidos hechos a base de ciervo y otros animales de caza.

El ambiente que me encontré corresponde a una gente con un carácter más parecido al suizo y menos parecido al ambiente austriaco, más serio y formal y, aunque fuera casualidad, en todos los sitios en los que estuvimos nos encontramos a más de uno que hablaba español, que nada más oírnos hablar se acercaban a conocernos y a saludarnos, algo que contrasta con el supuesto carácter seco y poco abierto que se les supone a los centroeuropeos, incluso hubo uno que nos contó sus aventuras de cuando estuvo viviendo por Sudamérica.

Algo que me sorprendió mucho, más cuando la mayoría nos comentaba que era muy raro ver españoles, y en general, extranjeros haciendo turismo en esta parte de Austria.

Y turismo es otra de las actividades que se pueden realizar en esta ciudad, que como ya he dicho, es una ciudad histórica, una buena alternativa para planificarse un día de descanso o si nos vemos obligados a causa del mal tiempo.

Grabado representativo de Bludenz en la Edad Media. Fuente: Wikipedia

Una de las primeras cosas que llaman la atención cuando uno se aproxima a Bludenz es un campanario visible desde muy lejos y en toda la ciudad. A este campanario, se le supone acompañado de una iglesia, y así era. Ésta es ni más ni menos que la catedral de la ciudad, la iglesia de Sankt Laurentius (San Lorenzo)

Vista general del campanario de Sankt Laurentius.

Bludenz tiene historia, una historia que se remonta desde tiempos romanos, aunque los monumentos más antiguos que perduran en la ciudad datan de la edad media, como esta la iglesia-catedral de Sankt Laurentinus que data del año 1.260, aunque fue reconstruida entre los años 1.491 y 1.514 después de que un incendio acabara con ella.

Mangos de la puerta de entrada.

Una catedral un tanto modesta cuyo campanario repiquetea sus campanas produciendo un sonido que te envuelve en un halo sonoro muy placentero.

Torre en la que si nos fijamos más en detalle podremos observar dos escudos, uno que pertenece a Austria y el otro que corresponde al de la ciudad. El escudo de la ciudad está compuesto en parte por la figura de un unicornio que simboliza un antiguo icono que representa el carácter indomable, la fuerza persistente y la pureza virginal.

Escudos de Austria y Bludenz.

En su interior llaman la atención sus altares de mármol negro que datan del 1.720

Altares de mármol negro.

Altares de mármol negro.

Púlpito.

Órgano.

Esta iglesia es el símbolo característico de la ciudad, ya que al estar situada sobre un promontorio es visible desde la mayor parte de la urbe. De hecho, las vistas desde su patio son de este estilo:

Puerta de entrada al patio de la catedral.

Pues para nuestro asombro y regocijo, el alojamiento que elegimos estaba situado al lado mismo de la catedral. Un sitio acogedor y tranquilo, un Gasthaus llamado Löwen (león) que se encontraba al lado mismo del centro histórico de Bludenz y que lo separaba de la catedral una calle que dividía ambas zonas.

Magnífica ubicación del Gasthof. Fuente: Gasthof Löwen.

El gasthof tiene parquin propio, muy cómodo, algo que es de agradecer, porque en toda la ciudad no existe ningún sitio que no pertenezca a algún propietario y por tanto las plazas son privadas, teniendo como única opción de aparcamiento un parquin público situado justo detrás del parque de bomberos. Si váis a venir a Bludenz y os váis a alojar aquí, tener esto muy presente, hasta algunas plazas que pertenecían al ayuntamiento se alquilaban a particulares.

Continuando con nuestro recorrido turístico por la ciudad, al lado de la catedral podemos encontrar los restos del antiguo castillo Gayenhofen (1.746) que hoy es sede del gobierno regional del distrito de Bludenz.

Aspecto de lo que queda del antiguo castillo.

Restos del muro que protegía al castillo.

Pasear por las calles de Bludenz es un ejercicio de relajación que sirve para recomponer las fuerzas que hemos gastado en el día y sirve como colofón final de una magnífica jornada de esquí, permitiéndonos trasladarnos al pasado al tratar de recordar como era la ciudad antes de que ésta fuera incendiada.

Típica calle del centro de Bludenz. Sus fachadas terminan en los característicos soportales para que la gente pueda refugiarse de la lluvia.

Calle céntrica.

El jardín de los ciervos.

Bonito detalle en una de las fachadas.

Werdenbergstrasse, donde antiguamente estaba situado el ayuntamiento.

Alejándonos un poco del centro, podemos encontrar este monumento en honor a la figura de Bernard Riedmiller, un famoso rebelde que luchó contra los franceses comandados por Napoleón en un batallón de rebeldes de Bludenz que posteriormente participaron en la guerra austro-prusiana.

Escultura dedicada a Bernard Riedmiller.

En frente de este monumento, se encuentra el Café Remise, un centro cultural al que también se puede ir a tomar una cerveza, un vino o, por qué no, ir a cenar, su carta es escasa pero lo que sirven son especialidades locales realizadas con gran esmero y un gusto fino.

Aspecto exterior del Café Remise. Fuente: Café Remise.

Un poco más allá podremos encontrar la extraña iglesia de la Heilig-Kreuz (Santa Cruz), cuyo campanario sirvió de referencia para las operaciones antiaéreas de la Segunda Guerra Mundial.

Aspecto exterior de la iglesia de la Santa Cruz.

Otra panorámica de la iglesia de la Santa Cruz.

Su interior no es menos sorprendente, de aspecto moderno cuyo techo tiene colgadas estas lámparas cuyo efecto nos deja anonadados.

Genial combinación de formas y colores.

Aspecto general interior de la iglesia de la Santa Cruz.

Y sorprende la confianza con respecto a sus parroquianos los cuales respetan pulcramente la propiedad de la iglesia como así se demuestra que dejan los libros de cantos y oraciones en su sitio.

Cada puesto tiene su libro.

Y en frente de esta iglesia, no menos sorprendente es la escuela pública, de un aspecto imponente.

Escuela pública de Bludenz.

Escuela pública.

Y hasta aquí termina esta “pequeña” introducción a lo que fue nuestra base de operaciones para las excursiones que realizaríamos en días posteriores a las estaciones del Voralberg, que espero que os sirva para haceros una idea de como es el sitio si optáis por viajar a esta zona.

Nuestro recorrido consistió en visitar las estaciones de Brandnertal, Sonnenkopf, Faschina-Damülls-Mellau, Warth-Schröcken, Gargellen y Silveretta Nova-Hochjoch. Estuve tentado en visitar la estación de Sonntag, pero visto la falta de nieve y que esta estación está orientada más al freeride preferí dejarla para otra ocasión.

Aunque el origen de la ciudad está un poco al margen de la evolución del esquí, la ciudad no ignora el entorno en el que se encuentra y que en cierta medida forma parte de su economía local, y en algunos rincones podemos encontrar guiños a este preciado deporte, imagen con la que cierro el capítulo de hoy.

Guiño a la historia del esquí.

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Festival de Fuego Dosojin de Nozawa.

Después de describir todas las estaciones, de comentar cuales eran las condiciones y características de cada una de ellas y sabiendo de antemano que lo mejor estaba en Hokkaido alguno se preguntará por qué no dejamos Niseko para el final, pues sería el mejor remate a una inimaginable semana de esquí.

La respuesta es que las fechas nos obligaron.

Cuando empecé a planificar el viaje, mi idea era la de combinar turismo y esquí de forma alternativa. Mis compañeras de viaje me comentaron que preferían dejar el esquí para el final por temor a que alguien se pudiera lesionar y con ello arruinar el viaje de los tres. Bueno, se cambió la planificación para dejar el esquí para el final con la idea de terminar en Hokkaido que además iba a formar parte del grueso del viaje de esquí.

Conocía de la existencia de algunas de las celebraciones más importantes realizadas en Japón, entre ellas el festival de fuego de Nozawa, el Dosojin Fire Festival, pero lo que no sabía era la fecha, y por algún lado había leído que este festival, el tercero en importancia de todos los festivales de fuego de Japón, se celebraba en febrero.

Pero un día vi este vídeo que un forero, NyaZ, con pocos mensajes y mucho tiempo registrado, colgó en el portal de Nevasport.com.

En este vídeo, un freeskirider japonés llamado Tabibito hablaba de las bondades del esquí en su país, sobre las magníficas condiciones que se dan y sobre la visita de otros famosos freeriders a su tierra. Y también, en un momento dado mencionaba el festival de fuego de Nozawa Onsen con una reseña indicando que se celebraba todos los años en el mes de enero, mes en el que casualmente íbamos a realizar el viaje.

Esto me llamó la atención y me puso en alerta, porque parecía que me había confundido al leer la fecha o leí la información de algún otro festival. Como tenía mucho interés en acudir a este festival porque me llamaba mucho la atención, busqué información y, efectivamente, pude corroborar que la celebración se lleva a cabo todos los años el 15 de enero.

Así que cambié todas las fechas del viaje y toda la planificación del viaje de esquí para poder asistir al festival. Un pequeño encaje de bolillos para que se perdiera el menor tiempo posible en los desplazamientos y poder hacerlo coincidir en fechas.

Al final, la mejor forma de coordinar todo el viaje consistía en ir primero a Hokkaido tomando un avión desde el aeropuerto de Kansai, para luego regresar al Deep North también en avión y finalmente desplazarse en tren a Nozawa. Esto era lo más óptimo en cuanto a traslados se refiere.

Y aquí nos hallábamos, un 15 de enero en Nozawa Onsen, con un par de días esquiados en esta estación y con el viaje a punto de terminar y todo este movimiento de fechas, anulaciones y nuevas reservas que bien merecieron la pena.

Comienza el festival.

Como la mayoría de los festivales de este tipo, este festival se celebra para pedir por una buena cosecha, por la buena salud y para tener fortuna al año siguiente.

El nombre de Dosojin, también conocido por Dourokujin, Sainokami ó Saenokami, hace referencia a una pareja de dioses que impide las calamidades y los desastres y que se coloca en las carreteras y a la entrada de los pueblos para proteger a sus habitantes. Suele ser una representación de piedra que es adorado como una auténtica religión. Una creencia muy extendida por todo Japón.

Suele representarse como un hombre y una mujer y se encuentran normalmente esculpidas en piedra a lo largo de las carreteras, representando un matrimonio y, muy a menudo, detrás de ellos están esculpidos un sol y una luna.

Pero estas representaciones también se pueden encontrar en figuras hechas de madera que se colocan a la entrada de la mayoría de las casas y en muchos sitios públicos.

Representación del Dosojin en la estación de tren.

Pero esta celebración además tiene otra motivación.

En la tradición Shinto, las edades de 25 y 42 años se consideran Yakudoshi, es decir, años desafortunados. La gente que pertenece a estos dos grupos de edad deben mostrar valentía durante estos días porque les servirá para superar la mala suerte que les espera durante el año.

Para ello celebran este ritual que se repite todos los años coincidiendo con el Año Nuevo Lunar.

Estos hombres de 25 y 42 años deben construir un altar hecho con madera de haya, shaden, cuyos pilares llegan a medir hasta 18 metros de altura, aunque esta altura se alcanza con unos mástiles puestos encima del techo del altar que éste sí, alcanza unos 7 u 8 metros de altura. El pabellón en total mide unos 8 metros cuadrados en su parte superior.

Shaden de madera que forma la parte principal del festival.

Shaden de madera que forma la parte principal del festival.

Cada año se necesitan aproximadamente unos 100 aldeanos para su construcción. Como el trabajo es peligroso, los participantes no deben tomar el sake que se les va ofreciendo y deben realizar el trabajo en silencio. Este trabajo de construcción comienza el día 13 y continúa durante toda la noche, el día 14 completo para ser terminado el día 15 por la mañana.

Los árboles que forman el mástil siempre son cinco, se talan de un bosque que pertenece a toda la comunidad de Nozawa en octubre y se consideran sagrados una vez han sido seleccionados. Los troncos se dejan allí hasta que comienza el festival.

Y es que realmente el festival comienza el día 13 de enero cuando los afectados por su edad se dirigen al monte Hikage para seleccionar maderas y troncos robustos que más tarde se utilizarán para la construcción de un altar de madera que será la parte principal del festival. Esa misma mañana se realizan rezos para rogar por que todo el proceso salga bien.

Este traslado dura alrededor de unas tres horas. Por cada mástil, de unos 18 metros de altura y 30 cm. de diámetro, se forma un grupo para trasladarlo que es dirigido por un maestro.

En el camino, los porteadores tienen que hacer numerosas paradas debido a que la gente del pueblo les va ofreciendo sake sagrado. Cada vez que se hace este ofrecimiento, el maestro responsable de cada árbol grita en agradecimiento y todos deben aplaudir para celebrarlo.

Y en ese momento, los aldeanos que ofrecen el sake a cualquier transeúnte que pase por allí en ese momento y que quiera tomarlo.

Ofreciendo sake sagrado a los porteadores ya en pleno festival.

Porteando el sake sagrado ya en pleno festival.

El shaden se construye conservando las formas tradicionales de la construcción de los grandes templos, sin utilizar clavos u otros elementos artificiales de unión, sólo las propias maderas. Una vez que el shaden se ha construido, el sacerdote del santuario de Kosuge realiza una ceremonia para dotarlo de un Dios.

Además del shaden se construyen un promedio de cinco Tōrō (linternas de madera) que son erigidas cada año. Cada una de estas pértigas son creadas por una familia del pueblo y sus amigos para celebrar el nacimiento de su primer hijo, por lo que cada año este número es variable.

tōrō

Tōrō ofrecido en agradecimiento y para orar por el nacimiento del primer hijo.

Un tōrō se construye para ofrecérselo a los dioses en una oración para pedir por la salud y la buena fortuna.

Tōrō ofrecido en agradecimiento y para orar por el nacimiento del primer hijo.

Las decoraciones de las linternas se cuelgan alrededor de un pilar de nueve metros, de los cuales la mitad superior está hecha de cedro y la mitad inferior es un tipo de madera de haya. A partir de la parte superior y que se extiende hacia la parte inferior se cuelgan, un paño sagrado y una cubierta en forma de sombrilla, en la que se cuelga otro paño con el símbolo de la familia. Detrás de la tela, debajo de la cubierta, se cuelga una lámpara redonda con campanas, un abanico blanco y una decoración de tela que queda colgando.

Decoración en detalle de un tōrō.

A continuación se cuelga una linterna con forma de diamante decorado con imágenes y tiras de bambú cubiertos con flores de papel, que cuelgan de la columna central que tienen forma de tazón.

Una de las linternas con forma de diamante que coronará la el tōrō

En la parte inferior se cuelgan numerosos Kanjii, piezas de caligrafía de Año Nuevo escritas por algunos niños de la localidad.

Numerosos Kanjii que cuelgan de las lámparas.

Numerosos Kanjii que cuelgan de las lámparas.

Las decoraciones de las linternas primero se llevan al recinto del festival por una multitud de gente cantando canciones Dosojin y portando pequeñas estatuas de madera de Dosojin hechas a mano para orar por el primer hijo para que éste crezca sano y también para tener un matrimonio feliz.

Traslado de los tōrō al recinto del festival.

Traslado de los tōrō al recinto del festival.

Traslado de los tōrō al recinto del festival.

Como se puede ver, cada uno de los tōrō se trasladan por piezas, no se trasladan completos, entre otras cosas porque no cabrían por las calles debido a su altura, y es en el recinto del shaden donde se realiza el montaje de los mismos.

Los tōrō se traen por piezas al recinto del festival.

Los tōrō se traen por piezas al recinto del festival.

Comienza el montaje.

Y el montaje de las piezas se realizan en medio del tumulto en una situación difícil, donde las masas embriagadas por el sake empujan descontroladamente en un comprometido caos.

Montando las linternas.

Muchos son los asistentes que ayudan a erigir estos infinitos mástiles.

Ayudando al montaje.

Preparando los Kanjii. Por debajo, en las cajas, están las figuras Dosojin.

Ensamblando los mástiles. Uno de haya y otro de cedro.

Ensamblando los mástiles.

Colgando los Kanjii en la lámpara.

Los festejos comienzan con el encendido del fuego por seis representantes de los shini (los mencionados grupos de personas con edades de 25 y 42 años) El fuego es ofrecido por la familia Kono.

Un grupo de jóvenes manipulando las antorchas.

Previamente, los hombres de edades desafortunadas se preparan para la batalla bebiendo sake en exceso. Este sake, es un sake ceremonial y forma parte del festival, por lo que además de a los porteadores se ofrece a cualquiera que lo pida. Este ofrecimiento se le llama miki.

Como se puede beber todo el sake que se quiera, se recomienda a todo aquél que no sea del pueblo que escriba en un pañuelo su nombre y el nombre del hostal u hotel en el que esté alojado para que si está demasiado borracho no lo recoja el camión de los bomberos y sean “expuestos” a la vergüenza.

Un pequeño grupo de hombres llevan una antorcha, que está iluminada por dos piedras llamativas, desde la residencia de Kono al recinto del festival, cruzando las calles nevadas de Nozawa. A lo largo del camino se van encendiendo más antorchas y muchas de ellas son utilizadas para atacar a los espectadores, ya sean gente del pueblo o de otras regiones o países.

Trasladando las antorchas.

Las antorchas se utilizan para atacar a los espectadores.

Los porteadores de las antorchas realizan ataques rituales entre ellos y a los propios espectadores, girando las mismas en círculo y acercándolos temerariamente a todos los que se encuentren cerca.

Porteador en un ataque ritual.

Son muchos los que portan antorchas.

Atacándome con la antorcha.

Encendiendo nuevas antorchas.

Se puede observar la gran cantidad de nieve que cae por la zona.

A veces se realizan paradas para orar frente a las inscripciones que va dejando la gente del pueblo en los murales a la vista de todo el mundo. Peticiones de buena suerte, de salud, etc.

Parada para pedir por los buenos deseos.

Y el grueso principal del festival consiste en la representación de una batalla que hacen los jóvenes de 25 años de edad y los mayores de 42 años en la que los primeros atacan para intentar incendiar y destruir el shaden mientras que los últimos tratan de defender el shaden de los primeros.

La ceremonia del ritual de los ataques de fuego comienza por los más jóvenes (niños siendo porteados por sus abuelos) para gradualmente ser continuado por los jóvenes que son los que realizan los ataques en el escenario. Mientras los defensores utilizan ramas de pino, pies y puños para defenderse de esos ataques.

Los niños son porteados por sus abuelos.

Los niños forman parte del festival.

Parte del grupo de edad de los 42 años se sube al altar y otra parte permanecen en su base amarrados a cuerdas atadas al propio altar para defenderlo del ataque.

Subidos al altar y preparados para defenderlo.

Amarrados a las cuerdas para defender el altar.

Pidiendo el fuego a los más jóvenes.

Esperando para el ataque.

Llegan más jóvenes para unirse al ataque.

Mientras se espera a que se de la señal para que comience el ritual del ataque de fuego y la defensa del altar, los porteadores de las antorchas siguen atacando a todo aquél que se encuentre cerca suya.

Continúan las amenazas con el fuego.

Y se da una señal para que comience el verdadero espectáculo, el verdadero ataque. Y esta señal consiste en el lanzamiento de un discreto castillo de fuegos artificiales.

La señal que indica que puede comenzar el ataque.

Ataque de fuego que realizan con las antorchas golpeando el shaden repetidas veces mientras que el grupo de la parte superior va cantando el Hi Mottekoi (tráeme el fuego) al mismo tiempo que van arrojando haces de leña (ramas de pino) a los atacantes que las aprovechan para conformar nuevas antorchas. Y el grupo que está amarrado a las cuerdas golpea a los atacantes con puños, patadas y ramas de pino que también llevan.

Ataque con antorchas del grupo de los jóvenes.

Según va transcurriendo el festival y a medida que se van consumiendo las antorchas que portan los jóvenes para atacar el altar, se van encendiendo más antorchas con las ramas arrojadas por los que están en la parte superior para utilizarlas con el mismo propósito. Atacar el altar.

Y se encienden en la hoguera que está situada frente al altar, que poco a poco se la va acercando al santuario de madera.

Hoguera situada frente al altar.

Hoguera situada frente al altar.

Hoguera situada frente al altar.

En la fotografía anterior se puede ver como es mantenida la llama por algunos de los integrantes del festival. El fuego está en un contenedor que se va acercándolo poco a poco al shaden.

Hoguera situada frente al altar.

Entre tanto, la gente de 41 y 43 años de edad permanecen de pie alrededor del perímetro del altar para proteger a los espectadores y para evitar que los aldeanos de otras edades que porten antorchas puedan romper la guardia e incendiar el shaden.

Continúan los ataques.

Una batalla peligrosa y llena de vida. Los defensores tratan de apagar el fuego golpeándolo con las ramas de pino.

Este ataque tiene una duración de aproximadamente una hora, trascurrida la cual los del grupo de 42 años de edad ponen fin a la ceremonia y se prende fuego al shaden junto con los tōrō en una ofrenda a los dioses.

El ataque finaliza con el shaden en llamas.

Se debe quemar todo, incluso las linternas.

El festival entero dura unas cuatro horas desde el principio hasta el final, cuya atracción principal es la batalla entre los guardias y los aldeanos que portan las antorchas.

No se sabe muy bien cuál fue su origen. Se cree que las celebraciones se realizaban ya en el año 10 de la era Tempo (1.839), Año del Jabalí porque así lo indica la inscripción del monumento de piedra que hay a la entrada del pueblo, aunque un libro que mantiene la familia Kono hace referencia del festival en el tercer año Bunkyu (1.863). Lo que está claro es que el festival fue ampliamente celebrado al final del periodo Edo.

Inicialmente se celebraban dos festivales, llamados Dourokujin superior y Dourokujin inferior, pero en el primer año del periodo Taisho, se tuvieron que unificar por imposición legislativa, y debía celebrarse a una distancia no inferior a 182 metros de la residencia más cercana.

Y fue en esta unión pacífica en la que surgió la tradición de golpear con las antorchas encendidas el altar de madera construido para la ocasión.

Este festival fue creciendo poco a poco hasta convertirse en el más importante de los festivales de fuego y ser el tercer festival más importante del país. En 1.993 fue declarada por la UNESCO como bien de interés cultural de propiedad inmaterial.

El fuego simboliza la huida de los peligros en un año crítico en las vidas de los shini y es así como acaba el festival, en llamas.

Y habiéndonos purificado, nosotros también abandonamos este país tan fascinante y que nos ha atrapado el corazón. Con mucho dolor utilizamos nuestro peculiar medio de transporte que nos llevará a una parada de taxi en el que comienza nuestro viaje de regreso a España.

Mercedes esperándonos.

Una última mirada a la estación de esquí mientras nos vamos.

Mercedes y Mary Joe tristes en el tren de regreso a Nagano.

Espero que os haya gustado este intenso relato que tan apasionadamente he tratado de describir aunque no se si he sido capaz de transmitir toda la emoción que nos ha producido esta vivencia. Un viaje que acaba y que esperemos no sea único y se pueda volver a repetir.

También espero que os haya atrapado mi relato como para al menos desear vivir estas experiencias. No hay mayor satisfacción de contar un relato que el saber que otro desearía vivirlo y espero haberos podido trasladar a este otro mundo.

Adiós a todos, Sayonara.

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Nozawa. Tierra de fuego.

Tomamos el tren de las 15.10 h. en dirección a Nagano, para hacer el trasbordo al shinkansen que nos llevaría a Omiya para luego terminar en otro tren regional que nos dejaría en Nozawa.

A la hora de buscar el mejor trayecto para ir en tren, la manera más cómoda y eficiente de saber qué trenes teníamos que tomar, conocer los horarios y saber las conexiones que necesitábamos para alcanzar con éxito nuestro destino era el de utilizar un programa llamado Hyperdia.

Pues bien, cuando buscábamos la forma en la que podíamos enlazar el trayecto desde Yamagata a Nozawa nos aparecía en este buscador un montón de combinaciones extrañas que se disparaban en tiempo, algo así como un trayecto 4 horas mayor al que era necesario obligándonos a realizar un elevado número de transbordos. Era algo desconcertante y muy extraño y más cuando en la propia página de Nozawa indicaba que desde Nagano en tren se tarda como mucho una hora.

Pues bien, según parece existe otra localidad en Japón llamada Nozawa, o al menos una estación de tren que tiene ese nombre que es la estación con la que enlazaba el buscador y de ahí que se nos disparara el tiempo de trayecto.

Por el nombre que se debe buscar la estación es el de Togarinozawaonsen. Sirva esto como advertencia por si algún día queréis visitar esta estación y decidís venir en tren.

Gracias al amable y sobre todo al paciente personal de la oficina de turismo de Yamagata pudimos llegar a nuestro destino y no acabamos desorientados y perdidos en vete a saber qué remoto rincón de este hermoso país.

El viaje duró en total unas 5 horas, y eso que se nos dieron bien todas las conexiones. Llegamos a las 20.50 h. lo que significaba que era muy tarde y que tendríamos problemas, porque la estación de tren se encuentra aproximadamente a 7 km. del centro de esquí.

Trayecto a realizar desde la estación de tren.

Y no había taxis en la puerta ¿Qué hacer en estas situaciones? Pues bien, no hay más que hablar con el personal de la estación para que ellos se encarguen. Sí, pensamos, igualito que en España.

La persona que estaba atendiendo el mostrador de esta pequeña estación de tren, se encargó de llamar con su teléfono a un taxi que en unos minutos nos vino a buscar.

Cuando llegó el taxi, cargamos las maletas, nos subimos al coche y le mostré al conductor el teléfono con los ideogramas del nombre y dirección de la pensión en la que queríamos alojarnos. Empezó a dudar y a titubear, pero no hablaba ni una sola palabra de inglés así que no sabíamos que pasaba. Pensamos que no conocía el sitio, pero ¿Cómo se lo explicas?

Empezó a llamar por la radio, sacó su teléfono, hizo varias llamadas, volvió hablar por la radio, le respondían y al cabo de un cuarto de hora, tiempo en el que no corría el taxímetro, sonrió y asintió con la cabeza exclamando un contundente ¡HAI! Arrancó el coche y se dirigió a la estación.

Tranquilizados estábamos cuando de camino comprobamos que seguía llamando por teléfono, hablando por la radio, respondiendo a las llamadas de teléfono y de la radio. Esto, de nuevo nos causaba preocupación aunque veíamos que el taxista se dirigía por buen camino, cosa que pudimos comprobar gracias a la señalización de la carretera.

Pues bien, llegó al pueblo y de repente, apareció un camino franqueado por sendos muros de nieve por donde no podían circular los coches y en mitad de camino vemos un coche oruga como éste.

Nuestro transporte a la pensión.

Nuestro transporte a la pensión.

Bueno, éste era realmente nuestro transporte. Resultó que el hombre hizo todas esas llamadas para averiguar cómo ponerse en contacto con el personal de la pensión en la que nos íbamos a alojar, para avisar a la encargada, que la levantamos de la cama, y que nos fuera a buscar porque era imposible llegar en coche hasta nuestro alojamiento.

Desde luego, no tengo palabras para expresar la increíble amabilidad del pueblo japonés. Si todos fuéramos como ellos (y yo me incluyo) tendríamos un mundo mucho mejor.

El coche oruga era necesario porque nuestro alojamiento era una pensión que estaba, no a pie de pistas, sino en medio de las mismas.

La pensión tenía parquin, aunque no estaba muy lleno.

Fachada de la parte trasera de la pensión. El edificio de enfrente es el telecabina.

Lo más cerca que yo había estado de pistas en una estación de esquí hasta la fecha había sido en los macrodominios franceses con su concepto de esquí in-esquí out, pero estos alojamientos son gigantescos edificios de apartamentos y la mayor parte están al principio de las pistas, pero no en medio de ellas.

En cambio aquí nos encontrábamos en una acogedora pensión con pocas habitaciones. Algunas de las habitaciones no disponían de ducha, y ninguna disponía de aseos, de forma que para aliviar nuestras necesidades era necesario utilizar los servicios compartidos con el resto de huéspedes.

Cuando estuvimos buscando alojamiento, debido a que por esas fechas se celebraba el festival de fuego, la ocupación hotelera estaba casi al 100% y los que disponían de habitaciones libres eran Ryokan, hoteles o pensiones cuya oferta únicamente incluía habitaciones con baño y ducha compartidos y, al menos, en esta pensión, la ducha era individual y este fue el principal motivo por el que la seleccionamos de entre toda la oferta disponible.

Esta pensión estaba regentada por un matrimonio mayor pero tenían en acogida a varios estudiantes procedentes de diversos países que a cambio de alojamiento éstos debían realizar algunas tareas de limpieza o cocina.

Curiosamente, uno de ellos, americano para más señas, hablaba español no sin cierta dificultad pero con suficiente soltura, lo que para nosotros fue una agradable sorpresa, ya que facilitaba mucho la comunicación.

Gracias a él pudimos localizar una buena tienda de alquiler de esquís y nos proporcionó las indicaciones precisas con todo lo que se podía hacer en la pensión o en el pueblo, cosa que agradecimos.

Al ser un alojamiento básico, muchos de los servicios que se pueden esperar de un hotel aquí no se disponían. Así, a la hora de preguntar el horario del desayuno, la respuesta fue contundente. A las 08.00 h. ¿A las 08.00 h y hasta que hora? A las 08.00 h.

Resulta que el desayuno sólo se sirve a esa hora, además es un desayuno de estilo japonés, muy delicioso él y preparado precisamente por los estudiantes. Es algo chocante para nuestra cultura estar desayunando arroz, verduras, tortilla o zumo de maíz, que por cierto tenía un sabor increíble, pero es una comida energética que nos permitía aguantar hasta la hora de cierre de pistas.

Y fue desayunando cuando nos dimos cuenta que nos encontrábamos en una de las localidades históricas de Japón.

Una estación con historia.

Y es que si el esquí fue introducido en Japón en 1.911 por el austriaco Theodor von Lerch en Annupuri, al año siguiente se introdujo en esta zona, aunque el descenso por las colinas no comenzó hasta el año 1.924.

Y ya fue en 1.930, cuando uno de los fundadores del lo que conocemos actualmente como esquí alpino, el también austriaco Hannes Schneider, importó a Nozawa las técnicas empleadas en el Alberg austriaco.

Hannes Schneider

Hannes Schneider. Fuente: Hotel Mondschein (http://mondschein.com)

Gracias a este austriaco, se disparó un interés repentino por este deporte en aquella época y desde entonces Nozawa Onsen se ha convertido en una de las estaciones más importantes de Japón.

Fue la primera estación en instalar remontes en Japón y hoy en día en sus pistas se celebran numerosas competiciones de corte internacional.

Caseta de puntuación en la pista de competición, con un nombre muy conocido: Kandahar.

Final de la pista de competición.

Final de la pista de competición.

Trampolín de saltos.

Incluso ha llegado a ser parte de la sede olímpica de Nagano acogiendo las pruebas de biathlon en el año 1.998.

Las alcantarillas rememoran la celebración de los Juegos Olímpicos de Nagano de la que formó parte Nozawa.

Para rememorar toda la cultura y tradición del esquí en este país y en especial de su estación, existe un museo dedicado a la historia del esquí que muestra una colección de herramientas y esquís históricos procedentes de todo el mundo. El museo está enclavado en la base de la estación en mitad de las propias pistas.

Exposición en el museo del esquí.

Exposición de herramientas de nieve en el museo del esquí. Fuente: Snowjapan.com

Pero su historia va mucho más allá. El mismo pueblo fue fundado por un moje budista en el año 724 en el periodo de dominación del emperador Shomu. Existen registros en el que mencionan que en el año 1.250 este pueblo era un destino turístico muy popular.

El apellido Onsen, como se puede deducir, hace referencia a los numerosos baños de aguas termales que se pueden encontrar en Nozawa debido a que su montaña tiene un gensen. Un gensen es la denominación que recibe el lugar desde el cual brotan las aguas termales emergiendo de las mismas entrañas de la tierra.

La primera casa de baño privada fue construida en el periodo Edo cuando un caballero regional visitó uno de estos onsen. Esta casa fue construida como regalo para su maestro siguiendo un conjunto de reglas de uso llamadas Sodai, reglas que están aún vigentes, entre las cuales se prohíbe escavar para obtener agua de los manantiales, resultando así que el agua de dichos onsen se alimentan de los manantiales que discurren por la montaña de forma natural.

Los onsen aprovechan la circulación de los manantiales. Fuente: http:/90tyo.blogspot.com.es. Autora: Cassandra.

Otra regla es la de no permitir la gestión de dichos baños a otra personas que no sean las propios residentes del pueblo, prohibiendo la gestión a gente externa con el objetivo de mantener la esencia y tradición de dichos baños. Para ello se formó una especie de fraternidad llamada Yu-nakama, que se encarga de velar porque se cumplan dichas reglas.

Así que el agua fluye directamente hacia los onsen y como no hace falta filtrar el agua, el onsen forma parte del propio manantial por lo que no es necesario renovar artificialmente el agua.

Hoy en día existen trece onsen públicos disponibles para los visitantes, denominados Soto-yu, que son gratuitos, y algunos son de uso exclusivo para los habitantes del pueblo. El más conocido de todos ellos es el onsen O-yu.

El más famoso onsen de Nozawa. O-yu. Fuente: http://www.lodgenagano.com. Autor: Mark

Este onsen que está localizado en el centro del pueblo es el más representativo de esta localidad y su construcción en madera está inspirado en las construcciones del periodo Edo y es el símbolo de Nozawa Onsen.

Reglas de obligado cumplimiento en un onsen. Fuente: Nozawaski.com

Algunas de las reglas que conviene conocer para disfrutar de los Soto-yu son las siguientes:

  • Comportarse como la gente local. Las buenas maneras siempre serán bien recibidas.
  • Ducharse y enjuagarse obligatoriamente antes de entrar en la piscina de aguas termales.
  • Nunca hay que derramar champú o jabón en las aguas termales.
  • Una vez terminado el baño, es necesario secarse completamente antes de pasar al vestuario para así no mojar el suelo.

Y es bueno recordar que conviene beber mucha agua después de darse un baño en uno de estos onsen.

Y si no se tiene mucho tiempo para darse un relajante baño, en algunos lugares existen unos bancos ubicados en los laterales de las calles en los que se pueden introducir los pies para mojarlos en las aguas termales y así poder relajarse.

Siempre se puede descansar un poco y meter los pies en agua caliente. Fuente: nozawaholidays.com

En cuanto al esquí se refiere, en esta estación cae una media de 10 metros anuales de constantes nevadas, que garantizan muy buena nieve. Nosotros mismos pudimos comprobar en persona la cantidad brutal de nieve que puede precipitar en esta estación.

Base de la estación.

Zona intermedia.

Base de la estación.

Parte intermedia.

Parte intermedia.

Telecabina Nagashaka.

Estando la parte más baja de la estación a 535 metros sobre el nivel del mar y el pico más alto a 1.650 metros, podemos obtener un nada despreciable desnivel esquiable de 1.085 metros, aunque para recorrerlo es necesario pasar por algunos tramos de pistas verdes un tanto aburridos, combinarlo con algún que otro remonte o como una tercera opción realizar parte del trazado en fuera pistas. El recorrido más largo llega a tener 10 km., resultado de la combinación de varias pistas.

Parte de uno de los tramos sencillos del recorrido de 10 km.

Y algo que me gustó mucho. Está permitido el esquí fuera pista en varias áreas de la estación.

Permitido el fuera pista.

Y bien que lo pagaba algunas veces, como en esta ocasión donde se me saltó un esquí al quedarse clavado en una depresión del terreno que estaba cubierto por la nieve cuya consecuencia fue la de aterrizar dos o tres metros más adelante.

Para volver a recuperar el esquí tenía que volver a la zona en donde se me había soltado, pero me hundía tanto que me resultaba casi imposible llegar, tardé como 10 minutos en recuperar el esquí y eso que estaba bien claro donde se había soltado.

Recuperando el esquí después de una caída.

En total, en esta estación de esquí se disponen de 50 km. esquiables distribuidos en una gran superficie de 297 hectáreas que dan mucho juego tanto para el esquí de pista como el esquí fuera pista. Y esto lo sabían los cientos de turistas extranjeros que, de nuevo, volvimos a encontrar en esta estación, en su mayoría americanos y australianos.

Plano de la estación

Plano de la estación

Es una estación es muy completa, porque además de las áreas freeride disponibles, también existen una serie de pistas bien balizadas y pisadas, con unos buenos trazados y unas vistas espectaculares, cuenta, además, con una muy buena y muy amplia área de esquí para iniciación, también lo que yo deduzco que puede ser un buen snow-park, no puedo asegurarlo porque no soy usuario de este tipo de instalaciones y por último mencionar que también se pueden encontrar pistas con una inclinación importante llegando a ser de hasta 39º, lo que permite el esquí más salvaje en pistas balizadas.

Preparando el Half Pipe.

Buenos trazados, como el del Sky Line, que sale desde el observatorio que está situado en la cota de 1.450 metros y que llega hasta la parte más baja de la estación a 570 metros, permitiendo hacer un trazado continuo con un desnivel nada despreciable de 880 metros.

Trazado esquemático de la Sky Line con pistas negras a los laterales que llegan a tener 30º de desnivel.

Una estación con todas las áreas bien comunicadas, para que personas de distinto nivel, en un momento dado puedan separarse y luego reunirse de nuevo para continuar con la jornada de esquí y así poder cada uno disfrutar según su nivel de esquí, como se puede ver en el plano esquemático de esta pista, de forma que si alguien quiere hacer un esquí de pista negra basta con salirse por alguno de los laterales marcados y terminar luego en la base donde termina también la pista principal.

Entrada a la pista Sky Line.

Pista Skyline de 880 metros de desnivel.

Mercedes disfrutando de la Sky Line.

En cuanto a las opciones de forfaits.

Precios de los forfaits

Son un poco más austeras que las que nos encontramos en los otros centros de esquí, con posibilidad de adquirir tickets para medio día, para uno o para un día y medio o también posibilidad de pagar únicamente un forfait nocturno.

El esquí de medio día es válido desde la apertura de la estación a las 8.30 h. hasta las 13.00 h. o desde las 12.00 h. hasta la hora de cierre. Y el forfait de día y medio es válido desde las 12.00 h. hasta la hora de cierre y el día completo del día siguiente o bien es válido para el día completo y hasta las 13.00 h. del día siguiente.

Como siempre, el horario es continuo, es decir, no se cierra según cae la noche pudiendo continuar el esquí aunque caiga el sol, pero el esquí nocturno no merece mucho la pena porque el área iluminada es pequeña y de pistas más bien sencillas, todas verdes, por lo que ni lo intentamos a pesar de la posibilidad de realizar el esquí de jornada continua sin coste adicional.

En cuanto a los remontes, aquí son más modernos, pero sin grandes excesos, siguiendo la misma línea del resto de estaciones niponas.

Muchas sillas de pinza fija y sin protección.

Los telecabinas tampoco son de última generación

Aunque en un alarde de modernidad, algunas de las sillas sí disponían de capota protectora, aunque no tenían reposapiés. Y es que en Japón lo que importa es el esquí, no la comodidad.

Algunas sillas sí disponen de capota, aunque no de reposapies.

Algunas sillas sí disponen de capota, aunque no de reposapiés.

Y cuando esquiamos el primer día nos encontramos, como era de esperar, una estación en la que constantemente estaba nevando y nos nevó a base de bien. Esto nos permitía disfrutar de los fuera pistas controlados de la estación, en el que de vez en cuando se nos advertía de los peligros a los que estaríamos sometidos si lo practicábamos.

Advertencia por si se sale de pista. Cuidado con los árboles.

En el área más alta de la estación, el área de Yamabiko, se podía realizar el esquí fuera pista en todos aquellos tramos que discurrían entre las pistas, un amplio espacio arbolado en el que estaba permitido.

Antenas colocadas en la cima del Monte Kenashi, a 1.650 metros, que es la parte más alta de la estación.

Pistas del área de Yamabiko.

El primer día no paró de nevar, que aunque sea incómodo nos permite tener una nieve de muy buena calidad, cosa que disfrutamos de lo lindo, pero al día siguiente, oh al día siguiente, ocurrió lo inesperado.

Esperando lo inesperado.

Nozawa Onsen tiene fama de ser una de las zonas donde caen las nevadas más fuertes de toda la prefectura de Nagano, por lo que no esperábamos que, por fin, y como único día en todo nuestro tour de esquí, saliera el sol ¡Menudo regalo de fin de fiesta!

Nos volvimos locos. Conocimos otra estación. Es increíble lo que cambia la percepción de una estación cuando uno se encuentra con un tiempo desapacible o cuando las condiciones son más bien agradables.

Mary Joe como una niña pequeña.

Y Mercedes más feliz que una perdiz.

Mercedes disfrutando de la calidad de la nieve.

Por supuesto, nos volvimos locos nosotros y todos los que nos rodeaban. Y nos fuimos a catar esas nieves sin tratar del área de Yamabiko.

Nos dirigimos directamente al área de Yamabiko. Vistas desde el telecabina Hikage

Observatorio y antenas a medio camino hacia el área de Yamabiko. Todo el área es esquiable, incluso por medio de la zona arbolada.

Remonte que da acceso al área de Yamabiko.

Tramo de nieve sin tratar en Yamabiko

En la imagen anterior os pongo una muestra de la nieve sin tratar en un lateral de pista del área de Yamabiko en el que también es posible meterse por el bosque, pero ¡No te pares que te hundes aunque lleves los esquís puestos! Aquí los espesores pueden llegar a ser de hasta 5 metros así que hay que tener cuidado con estas zonas.

Área esquiable de Yamabiko.

Deseando catar toda esa nieve.

Y en la siguiente foto os muestro el telesilla que nos remonta a la parte alta de Yamabiko y en el que se puede apreciar mejor todo el área de fuera pista a la izquierda, por debajo y a la derecha del propio remonte y una pista lateral para el que no quiera catar esas nieves profundas.

Área de Yamabiko. Permitido el fuera pista.

Zona de pistas de Yamabiko.

Y según dice la publicidad de la estación, en los días claros como el que tuvimos, es posible contemplar toda la cadena montañosa que conforman los Alpes japoneses del norte y en días sin manchas en el horizonte también es posible contemplar el mar.

Aunque el día estaba claro, no lo estaba lo suficiente como para poder divisar el mar. Aún así, las panorámicas son increíbles, parecen sacadas de un relato de ciencia ficción.

Entrada a los fuera pistas del área de Yamabiko.

Accediendo al área de Yamabiko.

Según dicen, ahí al fondo está el mar del Japón.

Pero no logramos divisar el mar.

Espectaculares las vistas que disponíamos en este área.

En primer plano podemos ver como es posible combinar pistas y fuera pistas y al fondo se aprecia perfectamente la cadena montañosa de los Alpes japoneses.

Otra panorámica que nos permite contemplar el terreno montañoso de esta región.

Pero continuamos por toda la estación, esto no iba a quedarse así. Y a la vuelta pudimos contemplar espectaculares panorámicas y bellas estampas.

Pista de regreso al área del observatorio.

Imágenes de postal.

Imágenes de postal.

La estación está muy bien porque además de poder practicar fuera pista, también se puede combinar con las pistas de modo que nadie se pierde de vista, lo que es muy útil por si a alguien le ocurre un indeseado accidente.

Mercedes en primer plano en una pista y al fondo los fuera pistas disponibles.

Regresando del área de Yamabiko, se puede enlazar con un remonte que nos deja a la salida de la pista Sky Line, que en un día soleado cambia espectacularmente de aspecto.

Tramo de la pista Sky Line.

Desde esta pista se pueden también disfrutar de espectaculares vistas al valle.

Espectaculares vistas desde este Sky Line.

El paisaje bien acompañado.

Espectaculares vistas las que se pueden disfrutar desde la Sky Line.

Panorámica desde la Sky Line.

Un tramo que me recuerda mucho al de Boí Taüll en su recorrido que no en su paisaje, por eso de discurrir en la misma cresta de la montaña.

Al fondo, el trazado de la Sky Line en la cresta de la montaña.

En la fotografía anterior se puede apreciar al fondo el trazado de la Sky Line y como de esa pista parten otras pistas, pistas negras a las que uno puede acceder, teniendo prácticamente un par de laderas casi completas para poder ser esquiadas.

Entre estas laderas se encuentra la pista Grand Prix, muy recomendada para los que gusten de esquiar sobre pistas de bañeras.

Y al final del trazado de la Sky Line, se tiene la opción de volver a la parte central en un camino muy tendido o de disfrutar de una de las mejores pistas de la estación en cuanto a su calidad de nieve e inclinación, al menos bajo mi punto de vista; la pista número 34 o Mukoubayashi.

Entrada a la pista de Mukoubayashi

Una amplia ladera de apenas 200 metros de longitud pero con un increíble desnivel y una nieve en gran cantidad y de muy buena calidad que permitía el disfrute del esquí al igual que si se estuviera en un fuera pista.

Debido a que la pista estaba muy trillada porque por ahí pasaron previamente numerosos y avezados esquiadores, nos encontrábamos tramos con muchas huellas combinados con montoneras sin huellas de forma que la sensación era como tirarse a la piscina desde alguna de las huellas hasta la zona sin pisar, salpicando mucha nieve a la hora de aterrizar en esas montoneras y cubriéndonos en algunas ocasiones hasta más allá de la cintura y pasando la nieve que saltaba por encima de nuestras cabezas.

Lo bueno es que estas montoneras frenaban la caída por lo que se podían hacer muchos giros continuos de cara a la pendiente sin preocuparte por tener que frenar a cada cambio de peso.

Una pista que repetimos varias veces en el día y a la que da acceso un pequeño y anticuado telesilla en uno de los extremos de la estación.

Pista Hachiman, paralela a Mukoubayashi, pero no tan buena como la anterior. Al fondo puede observarse la base del telesilla que da acceso a estas dos pistas.

Pero si buenas son las pistas de esquí dedicado a los esquiadores expertos, tampoco se quedan atrás las pistas para principiantes.

Y como contrapartida y con cuatro bastas áreas dedicadas a los que se inician en este deporte, la estación permite un rápido aprendizaje a los que están empezando porque gracias a la longitud de las mismas pistas, se puede estar practicando los ejercicios que imparten los profesores a sus alumnos de manera continuada sin tener que interrumpirlos cada poco para remontar la pista de nuevo.

Interminable la pista de Uenotaria.

Panorámica de la pista de Uenotaria.

Las pistas verdes se pueden decir que dan la sensación de ser interminables y más cuando no se ve el horizonte al fondo, lo que por otro lado, impone respeto a los menos avezados.

En algunos momentos no se veía el fin de esta pista.

Se puede hacer un recorrido por diversas pistas verdes desde la base del telesilla que da acceso al observatorio situado a 1.400 metros hasta la cota mínima de la estación, lo que permite un desnivel esquiable de 830 metros ¡Y por pistas verdes! Desde luego el aprendizaje está garantizado.

Parte de esta pista verde discurre por una carretera en la que se supongo se podrá circular por ella en verano a juzgar por la extraña señalización que nos encontramos.

Y esto lo hace perfecto para familias que quieran iniciar a sus hijos en este fascinante deporte. El aprendizaje en estas condiciones es óptimo porque apenas hay que esperar colas y tampoco se somente a un gran estrés al principiante que no se ve obligado a tomar numerosos remontes sin tener aún resuelta la capacidad de mantenerse en equilibrio sobre el material de esquí.

Pero también perfecto si hay distintos niveles de esquí, ya sea dentro de la propia familia como para grupos de amigos, porque esas pistas verdes están interconectadas con otras pistas de mayor dificultad, desde rojas a negras, permitiendo el reencuentro en los cruces de las mismas pistas.

Mercedes en primer plano y al fondo las pistas rojas y negras que se pueden combinar con las pistas verdes.

Y una de esas combinaciones se puede hacer a través de la pista más complicada y también una de las más divertidas de la estación. La pista Challenge Kabe.

Disimulada entrada a la Challenge Kabe.

El acceso a esta pista de 39º de inclinación está tan bien mimetizada con el entorno que apenas se distingue la entrada y no es fácil adivinar que por ahí pasa una pista si no fuera por los carteles que se encuentran a la entrada.

De hecho, nosotros nos dimos cuenta porque nos llamó la atención los nidos de pájaro que estaban distribuidos a lo largo de las ramas de un árbol en uno de los lados de la pista.

Gracias a este árbol y a sus nidos descubrimos la mejor pista de la estación bajo mi punto de vista.

La pista no es fácil, porque además de su pronunciada pendiente de 39º de inclinación, al inicio es muy estrecha y además la calidad de la nieve no es la que abunda en este país. Estaba dura en la salida de algunas bañeras, lo que me recordaba a nuestro esquí patrio.

Entrada a la pista.

Pero estas condiciones que dificultaban tanto el esquí terminaban 50 metros más abajo donde de nuevo tuvimos la sensación de tirarnos a la piscina en la salida de cada giro que realizábamos.

Lo peor ya ha pasado.

Mary Joe sufriendo un poquito.

Y al finalizar esta pista, nos encontrábamos con Mercedes y con otro tramo de una pista roja que con menor inclinación ofrecía las mismas condiciones que la anterior.

Disfrutando del tramo rojo de la Challenge.

Pista en el que al acabar nos esperaba pacientemente Mercedes deseando, una vez más, que no nos haya ocurrido nada grave. Mujer de poca fe.

Mercedes esperando pacientemente.

Y al final de estas pistas se puede acceder a las dos pistas de competición, las más expuestas al sol y por ende las que peor nieve tenían. Fueron las únicas pistas en todo Japón donde nos encontramos una nieve primavera de la que disfrutarían los más acérrimos de Sierra Nevada.

Vistas desde la parte alta de la pista Kandahar.

Nos quedamos con ganas de hacerle una visita a los monos de la nieve y de visitar la estación de Shiga-Kogen, pero disfrutamos de tres grandes días de esquí en esta estación que puedo asegurar, permanecerán en mi memoria durante mucho tiempo.

Monos bañándose en las aguas termales de Jigokudani. Fuente: Wikipedia.

Como resumen diré que me pareció una estación muy completa debido a que cubre casi todo el espectro esquiador, desde los más nóveles que se inician en este deporte hasta los de nivel, desde los que gustan de las pistas hasta los que no pueden aguantarse ni un minuto si ven esas capas de nieve virgen esperándoles.

Y aquí termina nuestro tour de esquí. Sayonara Japón.

Pero un momento, si aún queda algo por mostrar que es único. Pero eso será en el próximo capítulo.

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En los dominios de los Juhyo Monsters. Zao Onsen.

Y muy a nuestro pesar, tenemos que abandonar el paraíso, porque nos propusimos conocer más allá de lo ya conocido y deseábamos explorar nuevos territorios desconocidos para nosotros.

Es así como tomamos nuestro autobús de vuelta, que nos vino a recoger muy cerca del hotel donde tiene su primera parada y después de pasar por las tres áreas de Niseko, fuimos abandonando el lugar, echando de vez en cuando una mirada hacia atrás para contemplar, hoy sí, por última vez el volcán sobre el que está situado la estación.

Panorama general de Niseko.

Panorama general de Niseko.

Y llegamos al aeropuerto de New Chitoise y recalamos en Sendai. Pero Sendai es un destino accidental, ya que nuestro objetivo es llegar a Yamagata, en lo más remoto del conocido Deep North, como lo describía Basho, un poeta del siglo XVII, cuando realizó un viaje por esta región

Y es que el norte profundo o lejano norte, es una zona montañosa, agreste y a menudo glacial, le resultó extremadamente remota. Parte de esta región aún lo es hoy en día.

Yamagata tiene aeropuerto y además está cerca de la ciudad, pero los vuelos son escasos, al no ser una ciudad demasiado grande y además son caros. ANA no ofrecía el servicio de conexión entre New Chitoise y Yamagata y JAL sí, pero a un precio que no consideramos apropiado. Tuvimos, por tanto, que plantearnos alguna alternativa.

La primera que se te viene a la cabeza es la del tren, ya que el JR-Pass da mucha flexibilidad a la hora de trasladarte utilizando este medio de transporte. Ir en tren suponía una paliza, porque además de las muchas horas que suponía el trayecto, eran necesarios infinidad de trasbordos, que cargados con las maletas lo consideramos inapropiado, además de tardar más de 10 horas.

Pero buscando un poco más, descubrimos una combinación que no estaba del todo mal, y era la del aeropuerto de Sendai. Mucha más oferta para este aeropuerto y además con la tarifa plana de ANA no nos suponía nada más que un coste adicional de 100 €.

Y como valor añadido, la conexión entre Sendai y Yamagata era sencilla. Una vez aterrizamos, tuvimos que tomar un metro que nos llevaría a la estación central de Yamagata y de ahí un tren regional que es línea directa y que tras unas cuantas paradas nos deja en el mismo Yamagata donde habíamos reservado el alojamiento.

El Norte profundo o Tōhoku (que literalmente significa Nordeste) comprende un conjunto de regiones que tradicionalmente han sido zonas rurales y pobres. Aquí se puede encontrar el Japón más tradicional y existen unas cuantas zonas para visitar que merecen mucho la pena, tales como castillos o ciudades samuráis, que si se dispone de tiempo, bien merecen una visita.

Mapa de la región de Tōhoku.

Mapa de la región de Tohoku.

Y aquí nos hayamos, en el país de la nieve o Yukiguni, en cuya costa occidental, la que da al mar de Japón es una de las zonas con mayor precipitación en forma de nieve del mundo, un paraíso, al fin y al cabo, para los amantes del esquí.

El hotel estaba cerca de la estación de tren y la reserva la quisimos hacer así para facilitar nuestros movimientos. Teníamos planeado realizar un día de esquí y otro día, el día de abandonar la ciudad, nos planteamos hacer algo de turismo en el conocido templo de Yamadera, para ya por la tarde finalizar nuestra visita a esta región.

Situación del hotel.

Situación del hotel con respecto a la estación de tren.

Desde la ciudad de Yamagata hasta la estación de esquí, existe una línea regular de autobús, que no es un esquí bus, sino una línea que pasa por diversos pueblos hasta llegar al mismo pueblo desde donde nace la estación de esquí. El trayecto dura unos 40 minutos.

Mapa estación de tren.

Mapa de la estación de tren y situación de la parada de autobuses.

Horario de autobuses.

Horario de autobuses.

Parada de autobuses.

Parada de autobuses a la salida de la estación de tren. De aquí parte el autobús a Zao. Fuente: zoomingjapan.com

Y es que Zao, o mejor dicho, Zao Onsen es un pueblo, y uno de los destinos turísticos más antiguos y respetados de todo Japón, debido a su historia y a la tradicional utilización de los onsen, que llevan utilizándose en esta zona más de 1.900 años, cuando fueron descubiertos en el año 110.

El mismo pueblo de Zao es un paraíso de las aguas termales. Los onsen están enclavados en la misma base de la estación de esquí como se muestra en el plano de la propia estación, son públicos y están al aire libre, por lo que reciben la denominación de rotenburo. Zao es la población con los onsen más antiguos de todo el país.

Ubicación Onsens.

Ubicación de los famosos onsen de Zao.

Estos onsen se alimentan de los propios ríos con aguas ricas en ácido sulfúrico, azufre, hierro, aluminio, sulfato, cloruro y cuyo olor no resulta precisamente agradable, similar al de los huevos podridos, pero que según se dice, son aguas muy buenas para la piel y beneficiosas para la salud con propiedades curativas, muy indicado para diversas lesiones y dolencias, como cortaduras, quemaduras y las afecciones de la piel.

El agua de estos Onsen es muy ácida, de las más ácidas del país, cuyo valor de pH varía entre los valores de 1,25 y 1,6, por lo que se recomienda quitarse los anillos, relojes, collares y otros objetos metálicos antes de bañarse. Su acidez es superior al que contiene, por ejemplo, el zumo de limón. Cuando esta agua tan ácida entra en contacto con el aire, se oxida, lo que le da un característico tono blanquecino.

Estos ríos descienden de las mismas laderas, y resulta extraño estar esquiando al mismo tiempo que se huelen las aguas termales.

La estación de esquí recibe una media anual de 12 metros de nieve, lo que no la deja muy atrás de Niseko, pero por lo que más se la conoce a la estación es por los famosos monstruos de la nieve o Juhyo.

La estación, pese a lo que indican sus 50 kilómetros esquiables, es un complejo enorme que cubre unas 305 hectáreas de terreno esquiable y, además, dispone de la pista más larga de todo Japón, un recorrido de unos 10 km. de longitud y un desnivel máximo de casi 900 metros.

Plano de pistas.

Plano de pistas de Zao.

El horario de la estación de esquí y la oferta de forfaits son muy similares a lo que nos encontramos en Niseko y Rusutsu. Empezamos a creer que en todo Japón se aplica la misma política, es decir, un horario ininterrumpido que en este caso va desde las 08.15 h. hasta las 21.00 h.

La zona de los Juhyo, aunque está incluida dentro del forfait, no es accesible de noche, de forma que si se quiere visitar será necesario pagar un ticket aparte que cuesta unos 2.500 Yenes, aproximadamente 20 €.

Lista de precios.

Lista de precios y condiciones de utilización.

Como se puede ver, existen las opciones de comprar forfait de cuatro y cinco horas, además de la opción del forfait de día, y todos son permitidos para su uso en el esquí nocturno.

Pero además, tienen un curioso sistema de forfait por puntos, de forma que está permitido su uso para determinados remontes que te llevan a alguno de los onsen o que te suben a alguno de los miradores de forma que cada uno de ellos te va restando una serie de puntos, que no son los mismos en todos los remontes. Algo muy similar a los tickets que antiguamente se utilizaban en algunas estaciones de España.

Y otro forfait muy curioso es el de 10 y 18 horas, que pueden ser utilizados cualquier día de la temporada, no es necesario que sean en horas consecutivas, pero los gastos se hacen por unidades de hora, es decir, si pasas un torno la primera vez, se descuenta una hora. Una hora en la que está permitido atravesar cualquier torno. Si se te pasa la hora y se quiere seguir esquiando, al pasar de nuevo el torno, se descuenta otra hora y así sucesivamente hasta que se acabe el crédito. Muy útil cuando se piensa en esquiar en horas sueltas para los ratos de antes o después de una jornada laboral. Muy indicado también para estudiantes.

En cuanto a las tiendas de alquiler de esquís, la verdad es que aquí no tienen precisamente muy buen material. Buscamos en unas cuantas tiendas, pero todas tenían una calidad similar, así que no nos quedó más remedio que alquilar un material mediocre que no nos permitió disfrutar como era debido de la nieve de esta estación.

Una nieve que es muy distinta a la nieve de Hokkaido, porque aunque también era de mucha calidad, ya no se trataba del famoso champagne-powder. Nieve no faltaba, aquí también caen ingentes cantidades, como ya he mencionado, una media de 12 metros anuales y de una calidad muy buena, una calidad, que esta vez sí, es similar a la que se puede encontrar en los Alpes.

Nieve no nos faltaría.

Las primeras impresiones que tuvimos de Zao es que era una estación muy conocida por los japoneses pero no así por los extranjeros. No vimos a ningún extranjero en todo el día, sólo gente de la zona y algún visitante de otra región.

Tanto es así, que en la entrada del teleférico en el que compramos los tickets, se extendían una serie de puestos de comida que servían caldos calientes y desayunos japoneses, orientado, claro está, al público mayoritario de la estación.

Puestos de comida.

Puestos de comida en la entrada del remonte.

Y este teleférico nos dejó en el monte Torkabuto, que según el plano, debe mostrar unas vistas impresionantes, pero desgraciadamente, lo único que veíamos era niebla, por lo que tras realizar las fotografías de rigor iniciamos nuestra jornada de esquí.

Haciendo la foto de rigor.

Haciendo la foto de rigor.

Foto de rigor.

Y esta es la foto de rigor.

Maravillosas vistas, si no fuera por niebla.

Una de las cosas que caracterizan la prefectura de Yamagata es que aproximadamente el 75 % de su superficie es arbolada y montañosa. La mayoría de los árboles presentes son en realidad pinos Aomori. Y la verdad es que el dato parece ser cierto a juzgar por las imágenes que se presentaban ante nuestros ojos.

Entorno arbolado.

Entorno arbolado que rodea la estación.

Zao Onsen forma parte de las montañas Zao, sus pistas se extienden a lo largo del monte Jizo y su base se encuentra a unos 880 metros sobre el nivel del mar, por lo que en su día recibió la denominación de Takayu, que significa Onsen de Tierras Altas.

Estas montañas, son en su mayoría son volcánicas, hecho fácilmente comprobable porque no muy lejos de la estación se encuentra una de las atracciones turísticas que es posible visitar en verano. El lago del cráter Okama, también conocido como Gosiki-numa, el pantano de los cinco colores, denominación derivada del hecho de que sus aguas varían de color a lo largo del día y que junto a los monstruos de hielo es el símbolo representativo de Zao.

Cráter de Okama.

Cráter de Okama. Fuente: miyagitheme.jp

Y es que de nuevo nos encontramos otra estación de esquí enclavada en el entorno de un parque natural. Quizás sea que los japoneses saben respetar el medio ambiente. Desde luego el entorno es espectacular.

Espectacular entorno en el que nos encontrábamos.

Pistas que permiten la observación del espectáculo de la naturaleza.

No es mala idea tomarse un momento para disfrutar del paisaje.

Mercedes disfrutando del espectáculo.

La estación, al igual que nos ocurrió en Rusutsu, no tiene una buena señalización, lo que agudiza nuestras dotes detectivescas y pone a prueba nuestro sentido de la orientación.

Se puede decir que se divide en dos zonas claramente diferenciadas, el área central, que aparece en la parte izquierda del plano, y el área de los Juhyo-gen o curso de los Juhyo. Para llegar de la primera a la segunda, es necesario quitarse los esquís y andar unos 300 metros, atravesando dos puentes que cruzan sendos ríos de aguas termales, hasta llegar a la segunda zona. Pero desde la segunda zona sí es posible llegar a la primera esquiando.

Comento este detalle porque en el plano de la estación se dice que estas dos áreas están comunicadas y se sugiere que se pueden cruzar esquiando, pero no es cierto, un detalle que pongo como ejemplo de la mala señalización.

La parte de atrás del área central es una zona tranquila y con pocos esquiadores, con pistas que también son sencillas, ideales para gente en progresión, ya que entre la sencillez de las mismas y la buena nieve que también se encuentra frecuentemente en esta estación, hacen sencilla la práctica del esquí hasta para el más torpe.

Parte de una pista de la parte de atrás del área central.

Los remontes de esta zona, eso sí, no son de última generación, pero ni falta que hacen.

Remontes del área central.

Remontes del área central. Sin protección alguna y de pinza fija.

Desde luego, no tuvimos mucha suerte con el día, porque si bien esperamos que la zona esté cubierta de nubes y siempre nevando, como indica su fama obligada por la orografía del lugar, lo que no esperábamos es que también estuviese en su parte alta envuelta en una densa niebla.

Mucha niebla en la parte alta de la estación.

Y tal era así, que la dirección de la estación decidió encender las luces de los focos dedicados al esquí nocturno para mejorar en algo la visibilidad, lo que da una idea de la vocación de servicio orientado al cliente que tienen en general todos los japoneses, un detalle que noté en cualquier negocio por todo los lugares a los que viajamos.

Focos encendidos para mejorar la visibilidad.

Pero por suerte, esta niebla sólo se encontraba en la parte alta de la estación, y en cuanto descendíamos un poco, la visibilidad mejoraba enormemente, hasta tal punto que a veces nos quedábamos paralizados ante tanta belleza.

Bajando por el área central.

Para acceder al área central, hay que tomar un teleférico que tenía esta pinta.

Teleférico del área central.

Teleférico del área central.

Una obra de ingeniería que nos permitía salvar el desnivel en muy corto espacio de tiempo, pero a la japonesa, es decir, como sardinas en lata, lo que resultaba algo incómodo, pero que gracias a la educación japonesa, totalmente antagónica a la nuestra, se hacía bastante más llevadero el trayecto. Es increíble el gran respeto que tiene todo el mundo para con todo el mundo.

El teleférico salva una altura aproximada de 500 metros.

Gracias a este teleférico, es posible de disfrutar de estas maravillosas pistas sin apenas pasar por obstáculos artificiales y sin dañar apenas el entorno. Unas pistas que se disfrutan.

Pistas que discurren por debajo del trazado del teleférico de la zona central.

Pero uno de los motivos, digamos que el motivo principal por el que visitamos esta estación en lo más remoto de Japón era para poder disfrutar de los famosos monstruos de hielo o Juhyo.

Para poder verlo, teníamos que cambiar de zona, pero esta tarea, que parece fácil, no lo es tanto, porque la señalización de la estación como ya he dicho no es muy buena, por lo que dimos unas cuantas vueltas, hasta que por fin decidimos que lo mejor era descalzarse los esquís e ir andando por las calles hasta llegar al otro remonte.

Últimas bajadas antes de cambiar de zona.

¿Pero cómo se sale de aquí?

Y aunque las calles están repletas de nieve, con aceras improvisadas hechas con máquinas de nieve, está totalmente prohibido ir con esquís por las mismas. Por lo que toca hacer un tramo andando con los esquís a cuestas sobre una superficie inestable.

Y una sorpresa más. Antes de entrar al otro teleférico, el que nos llevaría a conocer las famosas formaciones heladas, nos encontramos con una clara referencia al reino por excelencia del esquí alpino.

No fue la única. A lo largo de todo el reino blanco nipón encontramos muchas referencias a esta meca del esquí y también muchos de los alojamientos y restaurantes tenían nombre alemán.

El teleférico lo pueden utilizar tanto esquiadores como visitantes de a pie, ya que los monstruos de hielo son una atracción turística que mucha gente viene a contemplar. De hecho, cuando subíamos a la estación, vimos en la portada de un periódico local la fotografía de los Juhyo y nos dijeron que era el primer fin de semana que se podían disfrutar, y por eso era noticia ¡Menuda suerte hemos tenido!

Un guiño a la historia de esta estación en la base del teleférico.

Pero esta fortuna significaba pagar el precio de sufrir nuestra primera y única larga cola en todo nuestro tour de esquí. Para acceder tuvimos que esperar algo así como 30 minutos, hecho que nos hizo decidir no volver a utilizar este remonte en todo el día.

Mucha gente para subir.

Y en la estación de subida al teleférico, unas cuantas fotos con la referencia de lo que veníamos buscando. Esto es lo que nos espera. Pero nos espera con “algo” de niebla.

Foto de los Juhyo.

Esto es lo que veníamos a contemplar.

De nuevo, para aprovechar al máximo los viajes, nos embutieron en la cabina de tal forma que no existía ningún espacio sobrante y con una sensación algo claustrofóbica.

Teleférico que sube a la zona de los Juhyo.

Para llegar hasta arriba del todo, es necesario cambiar a otro telecabina, que esta vez sí, no tiene apenas cola, ya que ésta se contiene en la base del teleférico. Y una vez llegamos, nos encontramos el espectáculo ante nuestros ojos.

Por fin, los Juhyo.

Estas formaciones se pueden observar desde un restaurante con un inmenso mirador, desde el que el turista esquiador no preparado para las bajas temperaturas puede observar cómodamente sin ponerse en peligro.

Pero los esquiadores, que llevamos un equipamiento adecuado, sí podríamos disfrutarlos desde más cerca y, la verdad, es que merecen y mucho la pena, aunque a decir verdad la pena fue la niebla que nos acompañó en toda nuestra jornada de esquí.

Espectaculares formaciones.

La niebla no nos abandonó en todo el día, por lo que el disfrute de este espectáculo quedó algo eclipsado y tan sólo nos podíamos imaginar como sería el espectáculo si pudiéramos ver el bosque helado al completo. Ni los intentos de la estación para aumentar la visibilidad encendiendo los focos daban su fruto.

Mucha niebla, que nos impedía disfrutar de este espectáculo único.

Pero es que esta niebla es una de las condiciones necesarias para la formación de los Juhyo.

Cartel esquemático con la explicación de por qué se forman los Juhyo.

Como se puede ver en el cartel que la propia estación facilita para la lectura de los usuarios, los vientos, procedentes de Siberia, que vienen muy fríos y secos, se calientan y se cargan de humedad en el mar de Japón y al llegar a la isla, debido al relieve, y a la inmensa cadena montañosa que forman los Alpes Japoneses, el aire se ve obligado a subir y a enfriarse de forma que se condensa, debido a la menor presión y temperatura, pero al no encontrar contaminación (léase como tal partículas de polvo en suspensión y otros elementos similares), las gotas de agua que contienen las nubes condensadas se enfrían pero no se congelan.

Cuando estas gotas de agua sobreenfriadas chocan contra el relieve y contra la vegetación de estas montañas, éstas se congelan inmediatamente dando lugar a estas espectaculares formaciones que dan rienda suelta a nuestra imaginación.

Los árboles congelados adoptan formas que disparan nuestra imaginación.

Este fenómeno se le conoce técnicamente como lluvia engelante. Un fenómeno que es muy común en todas las montañas del mundo, pero que aquí cobra especial relevancia debido a que el proceso de congelación es continuo desde finales de enero hasta marzo, con unas temperaturas medias en todo ese periodo de unos -8 ºC.

La fecha más recomendada para disfrutar de estas formaciones es en febrero.

Y es que estas fantasmagóricas formaciones son muy comunes a lo largo de todas las montañas del norte profundo, pero pocos son los lugares que permiten su contemplación de forma tan cómoda ya que es de los pocos sitios accesibles donde se puede disfrutar de este espectáculo.

La estación permite esquiar en toda el área de los Juhyo, pudiendo disfrutar de los pocos fuera pista controlados, pero es algo que no hicimos rigiéndonos a lo que dictaba la prudencia, y es que con niebla no es aconsejable salirse de las pistas balizadas.

Señalización del curso del Juhyo-gen.

Aún así, pudimos disfrutar de las pistas que salen de este telecabina y que atraviesan las formaciones, permitiéndonos disfrutar de su belleza a lo largo de todo el trazado.

Y cómo no, precisamente en la cima, una vez más nos encontramos con la típica campana para anunciar tu presencia a los dioses.

¿Por qué están todos aquí?

Pues para tocar la campana ¿Qué si no?

Y una vez anunciada tu presencia, lo que se debe hacer es ir a presentar los respetos al Buda correspondiente y pedir un deseo. Aunque a veces esta tarea se torna difícil, sobre todo si las imágenes quedan enterradas en nieve.

La deidad está parcialmente cubierta de nieve.

Y una vez cumplido el protocolo, que no pocos hacían, tanto esquiadores como paseantes fugaces, nos calzamos los esquís y a seguir disfrutando todo lo que se pueda de estas maravillosas pistas. Primero rodeado de los monstruos de nieve, en una pista que los atraviesa por completo.

El trazado de pistas discurre en mitad del bosque helado.

Contemplando las formaciones heladas desde la pista.

Y más abajo desaparece la niebla y se ensanchan los caminos.

Pista negra de retorno a la base de la estación.

Y las vistas espectaculares dan paso a bajadas salvajes como esta que muestro en las fotos, la pista Yokohura, que con 38º de inclinación, nieve sin tratar y bañeras, es la pista más difícil de la estación.

Una pendiente no apta para todos los públicos.

Y Mercedes se atrevió con ella y salió indemne, no sin pasar un poco de miedo, mitigado en parte por la ayuda que le ofrecíamos Mary Joe y yo.

Aunque muchos de los locales se atrevían con ella sin pudor ninguno. Convenimos en llamar al esquí japonés de esta zona como el esquí kamikaze, porque existían verdaderos novatos bajando la pista en cuña y cayendo de formas inverosímiles. Lo que yo aún me ando preguntando es como no salió nadie de allí lesionado. Les deben proteger los dioses a los que adoraron previamente en la cima del Juhyo-gen.

Vista de la misma pista desde el otro área.

Pero en esta área también hay pistas para todos los niveles, pistas bien anchas, fáciles de esquiar que resultan relajadas y un placer para la vista. Y es que esta zona es la que mejores pistas tiene. Además para todos los niveles

Pistas anchas y sencillas.

Las pistas con muchas variantes para que no resulte aburrido.

Desde la cima en la que se contemplan los Juhyo y se da la campanada de salida, hasta la parte más baja de la estación, se puede esquiar de un tirón y sin paradas previas, conexiones o, lo más importante, sin remadas, en un trayecto que llega a los 10 kilómetros y que suponen un no despreciable desnivel de unos 800 metros.

Preciosos intinerarios de bajada.

Los pinos siguen presenten en todo el trayecto.

Paradas técnicas para disfrutar del entorno.

Las pistas, para todos los niveles, son una auténtica gozada.

La estación tiene muchas posibilidades de fuera pista, debido a la gran cantidad de nieve y al terreno tan amplio en el que se encuentra, pero resulta difícil practicarlo debido a la espesa vegetación.

Difícil practicar el fuera pista.

Por lo que sólo es posible practicarlo en la zona de los Juhyo, donde los árboles no están tan juntos entre sí, aunque me dio la sensación que incluso en esa zona no era fácil, por lo que no es una estación recomendada para el fuera pista y es más bien una estación que se adapta bien a aquellos que gustan de bajar por pistas.

Pistas bien anchas.

De hecho, en pistas no nos ocurría lo mismo que en Hokkaido, difícil, aunque no imposible, era que nos cubriera la nieve más allá de los tobillos.

Mucha nieve en polvo pero bien compactada.

La estación está muy enfocada al turismo japonés y no parece que pretenda captar al público foráneo. Y eso nos gusta.

Plano de pistas “a la japonesa”

Y aunque la nieve, en general estaba muy bien, en la parte baja de la estación perdía algo de calidad y estaba más húmeda, aunque sin ser algo exagerado. Claro, que veníamos del paraíso y para nosotros esto se convertía en mala nieve, pero era una apreciación totalmente subjetiva y carente de razón, porque esta nieve ya la quisiéramos para nuestras estaciones patrias la mayor parte de la temporada y no de forma ocasional.

Buena nieve al fin y al cabo.

Aunque no es la cima, pero aquí los árboles también se congelan.

Maravillosos trazados.

Y decidimos regresar de nuevo a la otra zona, porque aunque el forfait nos permite esquí continuo hasta las 21.00 h. no ocurre lo mismo con la tienda de alquiler, que nos advirtió que cerraba a las 17.00 h. por lo que nos vimos obligados a terminar la jornada de esquí prematuramente, mirando con nostalgia y envidia esas pistas iluminadas que también nos cautivaron.

Pistas iluminadas.

Empezamos a creer que tenemos un monstruo dentro que se está volviendo incontrolable. Estábamos sin comer, debido precisamente a la limitación de horario que nos impuso la tienda de alquiler y aún así queríamos más.

De regreso a nuestra zona. Como se puede ver, en el desierto.

Al menos nos vamos con buen sabor de boca, y con las imágenes tatuadas en nuestra retina del reino de fantasía que se nos muestra en esta estación.

Fantástica visión de la naturaleza helada.

Fantástica visión de la naturaleza helada.

Y se acabó nuestro día, nos quitamos las botas de esquí y nos pusimos un calzado más cómodo y buscamos un sitio para comer algo. Y disfrutamos de esa comida, al ser un pueblo como debe ser y no un resort artificial, los servicios están a la altura de lo que se espera y sobre todo al nivel que este país ya nos tiene malacostumbrados.

Y al terminar, vemos que el tiempo despeja y se ven las estrellas y en vez de ir a la parada de autobuses para regresar a Yamagata, nos planteamos visitar los Juhyo de noche.

Cartel luminoso colocado cerca de la entrada al teleférico de Zao. Esta vez sin masificaciones.

La estación facilita el acceso a los peatones hasta las 19.50 h. a esta zona y de hecho por la noche únicamente se lo permite a los peatones porque está prohibido el esquí nocturno en esa área porque, según dice la propia estación, las condiciones climáticas pueden llegar a ser extremas y causar verdaderos problemas de salud.

Algo que me pareció más una excusa que otra cosa, porque si bien hacía un tiempo de perros en la cima que hacía sospechar que probablemente los técnicos de la estación pudieran tener razón, tampoco era tan exagerado como para no poder practicar el esquí.

Pero por lo que más me pareció que era una excusa es por el hecho de que se permitía el acceso a los peatones que podían salir del refugio y pasear por la zona para contemplar de cerca los árboles y hacer fotografías en el exterior sin que eso supusiera ningún problema.

La pose de rigor.

Una excusa para poder cobrar a cada viajero 2.500 Yenes extra, que a buen seguro, les supone un buen botín, precio, por otro lado, más que justificado, porque el espectáculo bien merece la pena. Pero quizás podrían plantearse permitir el esquí con un precio de forfait adicional o extra.

Y digo que merece la pena y creo que no necesito explicar por qué.

Ya desde el telecabina podemos apreciar lo que nos espera.

Después del día con las condiciones climáticas tan adversas que tuvimos, nos dió mucha alegría comprobar que el cielo se había despejado y nos permitía contemplar este fabuloso espectáculo calificado como tesoro invernal patrimonio de la humanidad.

No, no es una maqueta.

Impresionante espectáculo.

Además, la iluminación de varios colores y enfocados desde distintas posiciones, crean ilusiones ópticas que parecen dar vida a estos monstruos helados.

Por esa pista bajamos de día, aunque no apreciamos la verdadera belleza del lugar.

Si algún día queréis venir a conocer estos monstruos helados y además queréis disfrutar de este espectáculo nocturno, es necesario que sepáis que no se iluminan todos los días.

Días de iluminación de los Juhyo. El domingo es el primer día de la semana, no el último como representamos nuestro calendario.

En la página web de la estación se indican los días que se muestra el espectáculo de colores, que normalmente suele coincidir con los fines de semana de finales de enero y de febrero, además de en Año Nuevo y alguna fecha más.

También en febrero se realiza un festival de fuego y hielo, un castillo de fuegos artificiales, coincidiendo en el momento en el que estas formaciones alcanzan su máxima expresión.

Un festival en el que se usan antorchas y las llamas son manejadas con tranquilidad iluminando la oscuridad de la noche.

Una vista fantástica donde las criaturas conocidas como tengu de la mitología japonesa vienen desde el cielo y bajan esquiando manejando las antorchas.

También, en ese día también se ofrece un espectáculo que dan los profesores e instructores más expertos de la estación haciendo bellas demostraciones técnicas y realizando las más osadas acrobacias que son capaces de ejecutar al son que le marca el ritmo de los fuegos artificiales que se lanzan como colofón a esta fiesta.

Además, en los onsen cercanos se muestran esculturas de hielo y linternas de nieve para el disfrute de los visitantes.

El festival no tiene una fecha fija, por lo que deberéis consultar en la página de la estación para saber cuándo se realiza el mismo. Lo único que sé es que es en febrero, pero no sé ni en qué semana y mucho menos en que día.

Además, ese día, se abre un famoso onsen, el gran onsen abierto, que permanece cerrado durante todo el invierno pero que se abre justamente el día del festival y además se permite la entrada de forma gratuita, con una capacidad limitada a 200 personas.

Estas formaciones, como ya dije, se pueden encontrar en un número limitado de montañas del noreste de Japón y para que se puedan formar es condición necesaria que esas montañas dispongan de bosques de coníferas y que sufran de vientos fuertes (venturis) para que el agua superenfriada pueda adherirse a las ramas de los árboles y se congelen antes de que puedan llegar a caerse.

Además, para adquirir su forma completa, la capa de nieve debe ser de entre dos y tres metros de espesor, de forma que así se cubre la base de los árboles y recrea estas imaginarias figuras.

El espectáculo continua a la vuelta.

Y después de disfrutar del espectáculo, nos vamos a toda prisa, porque si no perdemos el último autobús de vuelta y no queremos tener que volver en taxi a Yamagata o lo que es peor, no queremos pasar la noche en la estación de esquí si los taxis dejaran de estar disponibles a esas horas.

Echamos las últimas miradas para tener un recuerdo que dure en nuestra imaginación y la estimulen hasta el punto de recordar otras cosas que no fueron.

Y así pasó el día que no pasó desapercibido. Algo que perdurará en nosotros por seguro durante mucho tiempo. Esto es inolvidable.

Y al día siguiente, ésta es otra historia.

Las conexiones por tren desde Yamagata hasta Nozawa no eran muy buenas por lo que tendríamos que dedicar medio día a estar viajando con las maletas a cuestas. Desde Yamagata iríamos hasta Nagano en un tren regional, para luego ir en Shinkansen en un tren que nos dejaría en una ciudad a medio camino entre Nagano y Tokyo, Koriyama, para por último utilizar otro tren que nos dejara en Nozawa.

Por este motivo y porque en Japón llegar a cualquier sitio muy tarde puede ser un problema, y cuando digo muy tarde me refiero a las 21.oo h., el viaje deberíamos empezarlo pronto y así tener alguna oportunidad de llegar a nuestro destino.

Por tanto, decidimos que como muy tarde saldríamos a las 15.00 h. dejándonos margen para coger otro tren que salía una hora antes.

Para poder llevarlo a cabo, si queríamos esquiar, deberíamos terminar sobre las 11.45 h. más o menos para darnos margen en devolver los esquís, quitarnos las botas e ir a la estación de autobuses y tomar el autobús de las 12.20 h. que llega a la ciudad a las 13.05 h. y una vez en la ciudad iríamos al hotel para cambiarnos, comer algo y volver a la estación con algo de tiempo por eso de ir cargados con el equipaje de tres semanas.

En el supuesto en el que llegásemos a la estación a las 8.15 h. para empezar a las 8.30 h. si teníamos que dejar de esquiar a las 11.45 h. como muy tarde significa que la jornada de esquí duraría algo más de tres horas, y decidimos que no merecía la pena tanta paliza cuando además nos esperaba un buen trote por la tarde.

Así que decidimos que esa mañana la dedicaríamos a visitar uno de los templos más famosos y conocidos de la prefectura de Yamagata. El templo de Yamadera.

Yamadera es una pequeña localidad cercana a Yamagata a la que se puede llegar en tren en aproximadamente 20 minutos. Además nos resultó fácil llegar porque era la misma línea que une Yamagata con Sendai, por lo que se podía decir que hasta ya conocíamos el camino.

Tren a Yamadera.

Tren a Yamadera. Por mucho que nieve los ferrocarriles siguen funcionando.

Y muy cerca de la estación de tren se encuentra el templo o mejor dicho, el conjunto de templos de Yamadera.

Puerta de entrada

Puerta de entrada que da acceso al recinto.

Este conjunto de templos cuyo nombre original es el de Risshaku-ji data del año 880 y es uno de los parajes históricos más conocidos de la región de Tohoku.

Nada más salir de la estación de tren, nos abordó una señora mayor que no hablaba inglés y que nos hacía señas para que nos acercáramos a su local, una tienda que tenía un poco de todo y en la que además ofrecían caldo caliente a los viajeros.

Como es habitual en estos casos, pensamos que quería vendernos sus productos. Nos ofreció unas cuerdas, algo a lo que no encontrábamos explicación porque no imaginábamos cual podría ser la utilidad de dichas cuerdas. Pensábamos además en la ingenuidad de la señora si creía que íbamos a comprar tales viandas.

Pero parece que las sorpresas en Japón nunca acaban, y resultó que lo único que quería la señora es ofrecernos esas cuerdas para que nos las pusiésemos en los pies a modo de crampón y así poder caminar más seguro sobre la nieve, ya que todo el suelo estaba cubierto de una considerable capa de nieve. Un invento muy rústico pero que funcionaba.

Sencilla solución para poder caminar cómodamente por la nieve.

Así que sorprendidos porque no sólo no hizo el menor intento de vendernos nada sino que además se preocupó para que pudiésemos visitar los templos con más seguridad comenzamos nuestra visita.

Escaleras de entrada.

Escaleras de entrada al recinto.

Según la leyenda, Ennin (Jikaku Daishi), que fue el sacerdote que fundó este conjunto de templos después de regresar de un viaje a China, cinceló la roca sobre la que están situados los distintos edificios para construir el templo principal el Konpon Chudo.

Templo de Konpon Chudo

Templo de Konpon Chudo.

Aunque este templo data originalmente del siglo IX, la estructura tuvo que ser reconstruida en 1.356, pero lo que sí es original de esa época es la figura del buda rodeado de niños que está protegiendo la puerta de acceso al templo en el que se encuentra la famosa llama traída del monte Hiei en Kyoto, que previamente fue traída desde China y que se dice que nunca se ha extinguido desde el momento de su fundación hace ya más de 1.000 años. Esta llama tiene el nombre de Fumetsu no Hoto, la luz inmortal del Budismo

Buda.

Buda de los ocho niños a la entrada del templo.

En este recinto se pueden encontrar hasta 40 edificios, la mayoría de ellos templos y casi todos encaramados en una orografía imposible. De hecho, el nombre del pueblo, Yamadera, literalmente significa “montaña templo” y adoptó este nombre precisamente a causa de este recinto. Y es que toda la montaña es en sí un templo.

Edificios al borde del precipicio.

Los edificios se encuentran asomados a los abruptos precipicios.

Para acceder a ellos hay que atravesar un espectacular bosque de cedros centenarios que llegan a tocar el cielo y que en algunos momentos me hacen creer que nos hemos transportado a otro mundo.

Bosque que se encuentra antes de llegar al conjunto principal de templos.

La mayoría de los edificios están al final de esta escarpada montaña, atravesando este bosque y se alcanza subiendo los 1.100 escalones que median entre la entrada al recinto y el santuario interior Oku-no-in.

Escaleras de acceso a los templos.

Muchas escaleras antes de llegar al final.

Y fue en las escaleras donde nos acordamos de la señora que nos ofreció las cuerdas y cada vez estábamos más agradecidos de que nos las hubiera dejado porque algunos de los tramos eran realmente resbaladizos y lo hubiéramos pasado muy mal si no fuera por este rudimentario sistema de retención.

El poeta Basho escribió un Haiku cuando visitó Yamadera en el viaje que realizó en 1.689 para conocer todo el norte profundo.

Ah el silencio;

penetra entre las rocas

la voz de la cigarra.

Según parece, los escalones son un medio para ayudar a alcanzar el camino de la iluminación y para eliminar los deseos terrenales, ya que estos van desapareciendo poco a poco en cada paso que se da.

Llegando al final.

Este conjunto de templos budistas de la secta Tendai se convirtió en el más importante del período Heian (794-1.185) que desarrolló la provincia de Dewa (ahora prefecturas de Akita y Yamagata). La mayoría de los edificios de Risshaku-ji fueron destruidos durante las guerras locales de principios del siglo XVI y su reconstrucción se llevó a cabo en el año 1.543 a las órdenes del moje Enkai.

Algunos de los edificios están literalmente equilibrados sobre pilotes para poder mantener la verticalidad y en la mayoría de ellos se pueden encontrar imágenes de piedra. Incluso también hay cuevas que fueron ocupadas en su día por monjes ermitaños.

Numerosos son los japoneses que suben los escalones con las cenizas de sus seres más queridos para asegurarse que irán al cielo.

Lápidas conmemorativas

Lápidas conmemorativas a los antepasados.

Y en la montaña sagrada nos despedimos del norte profundo.

Observando por última vez la montaña sagrada.

Nuestro viaje va llegando a su fin, aunque aún nos quedan unos días para disfrutar. Nos espera Nozawa, nuestra última etapa antes de regresar a España.

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Rusutsu y sin embargo powder

Y es que esta pequeña estación podría considerarse la estación hermana de Niseko, ya que la cercanía entre ambas propicia que su climatología y, por ende, su nieve sean de la misma calidad y se encuentre en la misma cantidad.

Una estación más dedicada al público local y menos enfocada al turismo y mucho más adaptada a lo que presupongo es el gusto japonés, a veces algo estridente pero igualmente respetable.

Y es que entre ambas estaciones dista un camino que no llega a los 30 kilómetros. Y es tal el hermanamiento de ambas estaciones que existen líneas regulares de autobús que las acercan aún más.

Camino a Rusutsu

Camino a seguir para llegar a Rusutsu desde Niseko.

La visita fue posible gracias a la dedicación y el esfuerzo del personal del hotel en el que nos alojábamos, un hotel que recomiendo a todo el mundo que se quiera pasar por Niseko.

Se trata del hotel Ashiri Niseko, que disponen de una web en inglés.

Si algún día os decidís a visitar las estaciones japonesas, a la hora de buscar información de alojamientos, comprobaréis que existen muchos tipos de hospedajes y, además, para todos los bolsillos. Podréis encontrar desde pensiones a un precio relativamente económico hasta hoteles de gran lujo y entre ambos una amplia gama de oferta intermedia.

Cuando leáis las características de los hospedajes, deberéis prestar mucha atención porque muchas habitaciones no disponen de baño y aseo, siendo el excusado y la ducha compartidos con el resto de huéspedes.

En el momento en el que nos pusimos a buscar, de las varias opciones que teníamos disponibles para elegir que más o menos cumplían con nuestros requisitos y entraban dentro de nuestro presupuesto, lo que hizo que nos decantáramos por este hotel fue el hecho de que las habitaciones disponían de duchas y baños privados. Y éste fue el factor que declinó la balanza de nuestra elección.

El hecho de que mucha de la oferta hotelera sea con baño compartido se debe a una tradición milenaria y que lleva implantada en Niseko desde hace más de un siglo. La utilización de los onsen o baños de aguas termales como acto social, tradición importada por los visitantes del resto del país que llegaban a Niseko para relajarse.

Un onsen no es más que un baño de aguas termales utilizados tradicionalmente para la relajación y la meditación y es algo que hay que disfrutar sin prisas, sin mirar el reloj. Es obligatorio relajarse. Pero para poder disfrutar de esas aguas termales es necesario cumplir ciertas normas.

Para bañarse en un onsen, en todo Japón, es necesario hacerlo desnudo. No se permite entrar con ropa de baño. Muchos onsen son para un sólo sexo, ya sea sólo para hombres o sólo para mujeres. Otros son mixtos, pero incluso en estos últimos es necesario entrar sin ropa.

Antes de entrar en los baños, es necesario ducharse. Para ello existen unas duchas comunes, en general con banquetas, donde se puede realizar una higiene completa.

Duchas onsen.

Duchas con banquetas que hay que utilizar antes de entrar en la piscina. Fuente: Ashiri Niseko.

Y antes de entrar al vestuario, hay que descalzarse y, si se desea, utilizar unas zapatillas que el propio onsen pone a disposición de sus clientes, todo por un tema de higiene. El suelo debe estar limpio en todo momento.

Y una última norma es que no hay que mirar el reloj. La relajación y el esparcimiento son de obligado cumplimiento.

Por suerte, nuestro hotel disponía de onsen privado, mejor dicho, disponía de dos, uno para hombres y otro para mujeres. Un placer del que dimos buena cuenta.

Así es el onsen para hombres del hotel. El vídeo es del propio hotel.

Y así es el de mujeres.

Cada uno de estos onsen se dividían en dos zonas, una interior y otra exterior, en éste último se podía disfrutar de las aguas termales con la magnífica visión de la naturaleza cargada de nieve al mismo tiempo que se notaba como los copos finos de la eterna nevada de Niseko se posaban en tu cabeza, algo que lejos de ser molesto llegaba a ser agradable.

Onsen exterior

Onsen exterior del hotel. Fuente: Ashiri Niseko.

El onsen interior estaba disponible las 24 horas del día, a excepción de una hora que se dedicaba a la limpieza del mismo, y el onsen exterior se podía utilizar hasta las 23.00 h. Un horario amplio que nos permitía disfrutar hasta última hora de nuestras jornadas de esquí sin el agobio de terminar cuanto antes si queríamos disfrutar de sus aguas termales.

Onsen interior.

Onsen interior del hotel. Fuente: Ashiri Niseko.

Y como valor añadido, también estaba a disposición de quien lo deseara una pequeña sauna, algo que a mí me ayudaba ya que el agua del onsen estaba demasiado caliente y conseguía de esta forma tener menos impresión al sumergirme en el agua con el cuerpo ya caliente.

Este hotel no era muy demandado por turistas esquiadores y menos de corte extranjera, sino más bien por gente del país que busca más la relajación y el sosiego. Como extranjeros estábamos nosotros y otro grupo que vimos un día en la recepción del hotel pero que no volvimos a ver en el resto de nuestra estancia.

Y esto nos gustó sobremanera, de tal forma que sólo un día salimos a cenar por ahí, el resto de los días nos dejamos querer por el hotel, en el que podíamos disfrutar de esta paz pocas veces conseguidas en una estación de esquí y menos en una de renombre internacional.

Kimonos ofrecidos por el hotel.

El hotel ofrecía kimonos a sus clientes para que éstos pudieran estar aún más cómodos.

Así que encargamos la cena un par de noches (no incluida en nuestra reserva hotelera) Y este es otro detalle del hotel que le hace ser de una categoría superior a la que indicaban sus tres estrellas pero con el encanto de pequeños alojamientos de trato familiar que yo sólo he visto en pequeños hoteles, normalmente en Gasthof austriacos o algunos hostales españoles.

La cena había que encargarla por la mañana porque el personal del hotel requería conocer de antemano quienes iban a degustar a la noche los manjares que se cocinaban para de esta forma saber cuál es la compra que debían realizar en el día. Es decir, no se almacenaba la comida en despensas sino que cada día se compraba el producto fresco.

Y una de estas noches, nos sorprendieron con una cena de lujo, 12 platos de pescado, entre los que se incluían platos de sushi y sashimi, caldos y, un pez muy apreciado en todo Japón y que suele ser muy caro y ¡peligroso!  Fugu.

Pez globo.

Pez globo en la pecera esperándo su trágico final. Fuente: Wikipedia

El Fugu o pez globo es un plato muy codiciado de la cocina japonesa, pero tiene un terrible inconveniente. Aloja en su interior de un veneno, la tetradotoxina, que si es ingerido provoca a sus comensales un bloqueo de los canales de sodio, resultando una relajación de los músculos del portador sin que la víctima pierda la consciencia en ningún momento, pero que la impide hablar o moverse, terminando ésta muriendo de asfixia y sin que se pueda hacer absolutamente nada por eliminar el veneno ya que no existe ningún antídoto, salvo los típicos tratamientos de lavado de estómago.

La mortalidad, en caso de envenenamiento y sin tratamiento llega a ser del 80% y si se sobrevive las primeras 24 horas está garantizada la supervivencia.

Imagen del pez globo.

Pez globo en posición de defensa. Fuente: http://breavenenos.blogspot.com.es

El veneno se suele encontrar alojado en el hígado del animal, aunque también es posible que se encuentre en los testículos u ovarios y para eliminarlo existen ciertos especialistas cualificados que deben realizar unos estudios que duran 3 años.

Estos especialistas, en su trabajo, garantizan que el veneno se ha eliminado por completo ofreciendo seguridad al que realiza el encargo probando ellos mismos parte del pescado que han limpiado en crudo. Si al cabo de un tiempo prudencial no le ha pasado nada al limpiador, el comprador se puede llevar el pescado con total seguridad.

El fugu disponible comercialmente en supermercados o restaurantes es muy seguro y, aunque no imposible, el envenenamiento por estos productos es muy raro. La mayoría de las muertes por fugu ocurren cuando personas no entrenadas pescan y preparan el pescado, envenenándose accidentalmente.

«Las estadísticas de la Oficina de Bienestar Social y Salud Pública de Tokyo señalan de 20 a 44 incidentes de envenenamiento por fugu anuales entre 1.996 y 2.006 en todo Japón. Cada año estos incidentes provocan entre 34 y 64 hospitalizaciones y de 0 a 6 muertes, con una tasa de mortalidad promedio del 6,8%. De los 23 incidentes registrados en Tokio entre 1.993 y 2.006, solo uno tuvo lugar en un restaurante, mientras que todos los demás fueron pescadores consumiendo sus capturas.» Fuente: Wikipedia.

Y para mayor seguridad, desde 2.008, se está cultivando este pez en piscifactorías niponas, con una alimentación especial que hace que no pueda desarrollar el veneno, ya que este veneno, según indican algunos estudios, se forma por la ingesta de ciertos alimentos ricos en bacterias que portan esta toxina. Aún no se ha registrado ningún incidente ocasionado por la ingesta del fugu tratado en piscifactorías.

La variedad que nos ofrecieron en el hotel es el fugu-chirique es ofrecida en un cuenco lleno de caldo y verduras, estando el pez en crudo. Para que sea más reciente la cocción, delante del cliente se enciende una pequeña llama debajo del cuenco poco más grande que una vela, que va cociendo el pez lentamente permitiendo degustarlo recién cocinado.

Fugu chiri.

Fugu chiri. Fuente: http://sfreelife.com

Os pido disculpas por no mostrar mis propias fotos, pero no esperábamos que nos fueran a ofrecer este manjar que nos dejó sorprendidos y a la que alguna le dejó toda la noche en vela en un estado de miedo latente a la expectativa de lo que nos pudiera pasar a los que sí lo degustamos.

El hotel, al no encontrarse a pie de pistas, sino a una distancia de 1,5 km. de las mismas, ofrecía a los clientes un servicio de transporte y recogida a pistas en unos horarios determinados, algunos de los cuales había que reservarlos debido a la poca demanda de estos servicios, que como ya he dicho, se trataba de clientela que en su mayoría no iba a esquiar.

Pero este es el único servicio de transporte que nos ofrecía el hotel. Por tanto, si queríamos ir a Rusutsu, tendríamos que hacerlo por nuestros propios medios y, una vez más, recurrimos al personal del hotel, que nos buscó un hueco en el autobús de línea.

Cuando desde el aeropuerto de New Chitoise contratamos los servicios de traslado hasta Niseko, vimos en su publicidad que también ofrecían un transporte desde Niseko hasta Rusutsu.

Pues bien, el día que le solicitamos a la señora que atendía la recepción nuestra intención de ir a esta otra estación, inmediatamente les llamó por teléfono para realizar una reserva en nuestro nombre pero la comunicaron que ese servicio ya no estaba disponible para este año. Nos quedamos consternados ante tal noticia, aunque tampoco nos importaba mucho teniendo la joya que teníamos a nuestro alcance, no le dimos importancia y nos fuimos a esquiar.

Pues bien, a la noche cuando regresamos, nos enteramos que esta señora removió Roma con Santiago y buscó información con todos los medios que tenía disponible hasta que consiguió localizar otra línea de autobús que sí consumaba la unión de ambas estaciones y nos hizo la reserva. Estos pequeños detalles confirman que el trato y el servicio del personal del hotel fueron impecables.

Y llegó el día y el servicio del hotel nos dejó en la parada de autobús. Este autobús realiza varias paradas dentro del dominio de Niseko, entre ellas en el área de Annupuri en la que nos encontrábamos.

Parquin

Parquin en el que nos recogería el autobús.

Pero también paraba en el Hilton, en Niseko Village y en el centro de visitantes de Grand Hirafu.

Un autobús del mismo tamaño del que nos trajo desde el aeropuerto de New Chitoise y que tampoco tenía problemas para circular por esas carreteras inundadas de nieve. Y por el camino pudimos contemplar el espesor que llegaba a alcanzar la capa de nieve.

Camino nevado

Impresionantes son las nevadas que caen por la zona.

Camino nevado

Flecha indicando el camino correcto.

En las fotos anteriores se puede observar postes en forma de flecha. Éstos sirven para indicar cuál es el camino correcto a modo de los postes que se colocan en nuestras carreteras que sufren frecuentes nevadas. El motivo de colocarlos como si fueran semáforos se debe a que de otra forma muchos de estos postes quedarían cubiertos con la nieve caída o la desplazada por las máquinas quitanieves y de esta forma, por muy alta que sea la capa de nieve, la señalización siempre estará visible, ya que de otra forma significaría que no se podría circular por la carretera. Por la noche, además, estos postes se iluminan para mejorar la identificación en un medio hostil.

Aunque son sólo 30 kilómetros de camino, debido a que las carreteras están nevadas y el tiempo no suele acompañar, se limita la velocidad en las mismas a 50 km/h. lo que hace que el trayecto dure aproximadamente una hora.

Un trayecto, por otro lado fascinante, ya que nos permite disfrutar de la naturaleza en la que nos hayamos inmersos. Y pudimos contemplar al “pequeño Fuji”, como se le conoce al monte Yotei y que está a medio camino entre ambas estaciones.

Monte Yotei.

Monte Yotei.

Monte Yotei.

Monte Yotei.

Y luego atravesamos el pueblo de Makkari, en el que pudimos comprobar cómo la población está adaptada al medio en el que viven y realizan una vida aparentemente normal.

Foto ciudad nevada.

Y la gente está perfectamente adaptada al medio en el que viven.

Pasado el pueblo ya podíamos adivinar que nos acercábamos a nuestro destino.

Y por fin llegamos a nuestro destino.

Cartel de bienvenida.

Cartel de bienvenida.

El autobús nos dejó a la entrada de un horrible resort de gusto dudoso que se veía venir a lo lejos cuando se adivinaba lo que luego pudimos comprobar desde más cerca. Un parque de atracciones en mitad de la montaña.

Parque de atracciones.

El parque de atracciones se encuentra en la misma base de la estación.

Parque de atracciones.

El parque de atracciones se encuentra en la misma base de la estación.

Una recepción a la entrada de un gigantesco resort, que estaba montado como un centro comercial con un montón de ruido estridente, niños divirtiéndose y que debía ser el centro neurálgico de la estación ya que allí se encontraban el centro de información, las taquillas de venta, un montón de restaurantes y también un vestuario con taquillas en las que podríamos cambiarnos y dejar allí la ropa de calle para ponernos la de esquí, que en nuestro caso consistió en un simple cambio de calzado.

Noria.

Noria que era de uso gratuito a la entrada del resort.

Y allí nos dirigimos a sacar nuestro forfait, con un precio similar al de Niseko, pero un poco más flexible. Además del forfait de día, existían las modalidades de 4 y 6 horas pensado para aquellos visitantes esporádicos que visitaban la estación desde su estación hermana o para aquellos que tuvieran que irse pronto y con las mismas condiciones que el forfait de ocho horas de Niseko, es decir, el tiempo empezaba a contar desde el momento en el que se atravesaba el primer torno.

Además, al igual que en Niseko, el esquí era de sesión continua. Es decir, si se tienen fuerzas y ganas se podía esquiar de seguido durante doce horas.

Tarifas.

Tarifas de Rusutsu.

Evidentemente, nosotros teníamos que regresar a nuestra estación por lo que el esquí nocturno no íbamos a poder aprovecharlo durante mucho tiempo, así que decidimos sacar el forfait de 6 horas que demostró ser suficiente para disfrutar de esta estación.

La estación también es pequeña y se puede hacer fácilmente en un día. Está distribuida en dos zonas claramente diferenciadas y con unos nombres “difíciles” de recordar. Una es la zona comprendida por el Monte Oeste, y la otra son tres valles situados a las faldas de dos montañas, el Monte Este y el Monte Isola.

Plano de pistas de Rusutsu.

Plano de pistas de Rusutsu.

La zona del resort y las taquillas se halla en la zona oeste y es la zona con las pistas más pequeñas de la estación y que se pueden recorrer fácilmente en un ratillo. También es la zona que dispone de las pistas más asequibles y en la que se encontraban la mayoría de los principiantes y donde se impartían la mayoría de los cursos de iniciación y progresión.

Vistas al resort.

Vistas al resort desde el Monte Oeste.

Vistas al resort desde el Monte Oeste. Al fondo el mamotreco del Tower Hotel.

Pero desde el sitio en el que te deja el autobús y en el que se encuentra el centro neurálgico del mismo hasta pistas hay un camino que no es fácil de adivinar y es que una de las carencias que notamos es la falta de señalización ya no sólo dentro de los edificios sino también en las mismas pistas, donde muchas veces teníamos que adivinar el camino. También es verdad que la mayoría de las indicaciones estaban en japonés lo que dificultaba la lectura y comprensión de las mismas lo que contribuyó aún más a nuestra desorientación.

Para acceder a pistas hay que subir por unas escaleras, atravesar un centro comercial cuyo suelo no estaba preparado para los esquiadores porque no era antideslizante y salir por una puerta por la que no se adivinaban donde estaban las pistas.

Entrada a pistas.

Entrada a pistas.

Sólo supimos cómo llegar porque vimos a gente con los esquís que salían de los hoteles y se dirigían con ellos andando a las pistas.

Siguiendo a la gente que se dirigía a las pistas con los esquís al hombro.

Eso sí, nada más salir pudimos comprobar que aquí también caían ingentes cantidades de nieve, algo muy bueno para el esquí, pero algo muy malo si hay que llevar los esquís al hombro y andar casi 500 metros con este tipo de nieve.

Pero una vez llegamos a la base de la estación, divisamos los primeros remontes.

Remontes en el Monte Oeste.

Remontes en el Monte Oeste.

Y también podríamos adivinar que aquí las instalaciones son mejores que las de Niseko. Son más modernas. La mayoría de telesillas disponían de capota y eran desembragables, aunque casi ninguno tenía reposapiés. Los telecabinas también eran más modernos.

Instalaciones más modernas que en Niseko.

Con capota y reposapiés, todo un lujo para tratarse de una estación japonesa.

Supongo que estas mejores instalaciones procuran atraer a un público que opta más por dirigirse a Niseko que es la estación que tiene fama. Pudimos comprobar que aquí no falta tampoco una nieve que es de la misma calidad que la de su estación hermana y que se acumula de una forma poco decente.

Mercedes atrapada por el monstruo viviente.

Hicimos un par de bajadas por esta zona, aunque realmente las hicimos obligados por la mala señalización.

Para pasar al Monte Este es necesario utilizar un telecabina que une ambas zonas. No se puede hacer a pie porque existe una distancia considerable y tampoco se puede hacer esquiando porque median entre ambas zonas, un parque de atracciones, varios hoteles, un río y una carretera.

Pero el telecabina no estaba anunciado por ningún sitio, así que no pudimos cambiar de zona hasta cuando de casualidad lo encontramos. Para encontrarlo tuvimos que atravesar esquiando el propio parque de atracciones, algo que nos resultó sumamente curioso y extraño.

Noria del parque de atracciones.

Se puede observar perfectamente el camino por donde va la pista, en mitad del parque de atracciones.

Un parque de atracciones en toda regla.

El telecabina te deja en la base del Monte Este, desde el cual se puede tomar otro telecabina que te deja en la misma cima.

Señalización a la salida del telecabina que te deja en la cima del Monte Este.

Desde aquí nos dirigimos al final de la estación para hacer su recorrido entero. Para ello sería necesario bajar un valle, el que está en medio del plano de pistas, para luego tomar otro telecabina que nos dejaría en la cima del Monte Isola. Por un momento pensé que estaba en Francia.

¿Estamos en Francia?

Pero sólo fue un espejismo que duró unos instantes. No, estamos en Japón, fascinante Japón.

Cabinas del remonte que nos llevarán a la cima del Monte Isola.

Hasta llegar aquí ya pudimos disfrutar de algunas de las bajadas en esas pistas negras con un desnivel bastante serio de hasta 40º, en pistas de bañeras y nieve sin tratar. Algo que es una gozada, porque las bañeras no son obstáculos y más bien ayudan al esquiador a moderar su velocidad en la bajada, lo que hace que sea más fácil la práctica del esquí extremo.

Tramo de bajada que nos llevaría a la base del telecabina del Monte Isola. Lo de la izquierda son pistas negras con un buen desnivel y nieve sin tratar.

Pero esto es lo máximo que se permite en esta estación, que no está orientada al esquiador freeride sino más bien al esquí familiar y pistero, como bien indican sus carteles.

El esquí fuera pista está prohíbido.

Pero eso seguía sin ser un problema, porque la verdad, en estas estaciones no se puede decir que realmente se hace esquí de pista, sino más bien esquí en zonas balizadas por la estación que se consideran seguras, porque por mucho que se pisen, es imposible mantenerlas en buen estado debido a la ingente cantidad de nieve que cae por estas fechas. Por lo que pudimos disfrutar de sus pistas casi de la misma forma en la que lo hubiéramos hecho fuera de ellas.

Mary Joe hundiéndose en una pista balizada.

Y es que parecía que tenían aún más nieve que en Niseko. En casi cualquier pista, si te apartabas un poco a los laterales, era normal que la nieve te cubriese por las rodillas, al menos.

Pero qué gozada de nieve, si es que lo normal es que te cubra hasta las rodillas.

La nieve a veces nos cubría por completo.

Incluso algunas veces nos saltábamos las normas y nos introducíamos en los bosques que rodean a cualquiera de las pistas, y entonces el hundimiento era mayor y hasta casi preocupante, por lo que no nos alejábamos mucho de las propias pistas por prudencia.

Sencillos fuera pistas en los que nos aventurábamos de vez en cuando.

Fuera pistas pero sin alejarnos mucho de pistas.

Pero no logramos convencer a Mercedes para que se viniera con nosotros a explorar ese mundo paralelo.

Mercedes delante de un fuera pista.

Y tuvimos suerte y pudimos contemplar la verdadera belleza de la zona en la que nos encontrábamos.

Vistas de la estación en el Monte Isola.

Una zona salvaje que forma parte de un parque nacional, el parque nacional de Shikotsu-Toya.

No puedo entender cómo es posible que en estos sitios, y en otros muchos como en los Dolomitas di Brenta se permitan estaciones de esquí muy cerca o enclavados en los mismos parques naturales y aquí en España se lleve el grito al cielo por construir unas simples talanqueras en la estación de Navacerrada y no digamos ya si se menciona el proyecto de la estación de San Glorio donde se dice se molestarán a los osos. Y más sabiendo que este parque natural es el medio en el que viven también muchos osos.

Aparente armonía entre el parque natural y las instalaciones de la estación

Aparente armonía entre el parque natural y las instalaciones de la estación

Con criterios de sostenibilidad y respeto al medio ambiente ambas, las estaciones y los parques naturales, pueden convivir en perfecta armonía. Sólo hacen falta unos criterios de respeto al medio ambiente y la no estigmatización de la actividad del esquí como un medio sólo disponible para clases pudientes y de cierta ideología política.

Impresionantes vistas que pudimos disfrutar.

Impresionantes vistas que pudimos disfrutar. Y no sólo nosotros.

El entorno es sorprendente y fantástico. Es una estación enclavada en medio de la naturaleza. Acosada por multitud de árboles y con buenos desniveles, aunque aquí el desnivel máximo sería de unos 600 – 800 metros porque la cota máxima no llega ni a los 1.000 metros (el monte Isola es que llega más alto, a los 994 metros) aunque no tengo datos de la cota mínima.

Sí diré que esta estación en general tiene unas pistas con mayor inclinación de las que dispone Niseko, por lo que a los amantes de los desniveles les va a gustar esta estación. En total, hay 37 pistas que suman un total de 42 kilómetros.

Buenos desniveles.

Buenos desniveles.

Buenos desniveles.

Buenos desniveles.

Y de nuevo, disfrutamos, vaya que si disfrutamos.

Mary Joe bajando por una de estas pistas.

Y lo mismo hace Mercedes.

Mercedes y yo en un momento de descanso.

Y se notaba que era una estación menos turística, porque aunque en el autobús viajaban con nosotros más esquiadores de otros países con rasgos occidentales, no nos encontramos a ninguno en pistas, sólo japoneses, y eso sólo en algunas ocasiones, en otras, no se veía un alma, una soledad que junto al silencioso entorno daba una sensación sobrecogedora.

La soledad era nuestra única acompañante en muchos momentos.

Al fondo Mercedes y Mary Joe esquiando en solitario.

En alguna ocasión veíamos a alguna otra alma solitaria, como apareciendo de forma tétrica de alguna otra dimensión.

Soledad en pistas.

De vez en cuando veíamos a alguien.

Mercedes dirigiéndose a explorar el vacío.

Allá va. Está en su salsa. Hoy sólo esquiamos en pistas.

Este día decidimos no comer porque no teníamos mucho tiempo. Sí diré que desayunamos en la base de uno de los remontes, concretamente en la base del telecabina Isola y no nos pareció que la calidad y el precio fueran los mismos que en Niseko. Nos pareció que se servía una comida más de batalla y a un precio algo superior que el que se oferta por su estación hermana.

Y debido a la falta de tiempo, ya llegaba la hora y decidimos volver al Monte Oeste, remontando por estas solitarias pistas.

Telesilla que nos lleva de vuelta a la cima del Monte Este para llegar al acceso del Monte Oeste.

Y al cambiar de zona, y subir a la cima del Monte Este, nos encontramos con que aquí también existe un santuario y, cómo no, hay una campana en la que debe anunciar de tu presencia a los dioses.

Campana en lo alto del Monte Oeste.

Y aquí las pistas son más tendidas y menos inclinadas que en la otra zona de la estación. Es el sitio en el que se daban todos los cursillos de esquí, donde estaban las familias con los niños y en definitiva, donde estaba todo el mundo menos los cuatro locos que disfrutábamos del otro área en solitario ¿Será que a ellos también les cuesta orientarse debido a la mala señalización?

Menos inclinación en esta zona de la estación, pero más posibilidades de fuera pista.

Eso sí, a la salida del santuario de la cima del Monte Oeste se puede disfrutar de uno de los pocos fuera pistas controlados de la estación, con una nieve que nos hundía por completo en algunas ocasiones. Y ahí terminamos la jornada de esquí.

Disfrutando de las últimas bajadas.

Disfrutando de las últimas bajadas.

A última hora seguía la nieve en perfecto estado. Cuando digo última hora, me refiero a última hora del día, es decir, cuando aún hay luz, porque como habéis podido leer en la lista de precios, las pistas las cierran a las 21.00 h. Eso significa que las luces se van encendiendo en cuanto va oscureciendo y si se quiere, se puede seguir esquiando sin realizar ninguna pausa obligada.

Por lo que pudimos ver, ya que algo de esquí bajo los focos sí pudimos disfrutar, aunque no se nos hizo noche cerrada, el esquí nocturno está limitado a la zona del Monte Oeste. Es decir, es una extensión menor a la superficie iluminada de Niseko y con pistas más tendidas y de menos nivel que en ésta, por lo que considero que no merece mucho la pena el esquí nocturno de Rusutsu.

Monte Oeste.

Nieve en perfecto estado desde el Monte Oeste. Ya se iba haciendo de noche.

Y concluyó nuestro día de esquí y nos dirigimos a la estridente área central del resort a esperar el autobús, ya que aún nos sobró un poco de tiempo y qué mejor manera de hacerlo que tomando unos churritos con chocolate.

Churros a la venta.

Y llegó el autobús y nos dirigimos al hotel para disfrutar de su espacio de relajación. Mañana será otro día, si no nos envenenan antes claro está.

De vuelta al hotel ya de noche.

En cuanto a la estación mis impresiones fueron estas.

Nada más llegar te encuentras en el centro neurálgico de un Resort muy turístico pero que a mí me pareció horrible y con un ruido estridente. No me gustó nada esa recepción para los nuevos visitantes. Me pareció un resort muy artificial y muy alejado de lo que es un pueblo de montaña.

También noté que las conexiones entre pistas no son muy cómodas, porque para cambiar de valle o de montaña, que como ya os he dicho, había que hacerlo desde la cima de los Montes Este o Isola, era necesario remar, cosa que a Mary Joe le suponía un problema, al ir con la tabla, se la tenía que quitar y hacer la conexión andando, pero con tal cantidad de nieve que resultaba muy difícil caminar. De hecho a nosotros, con los esquís también nos costaba mucho, todo el rato con nieve recién caída y de mucho espesor que frenaba mucho los esquís.

Otra pega que le encontré es que la señalización no es muy buena. En más de una ocasión acabamos donde empezamos porque no sabíamos muy bien como realizar las conexiones entre las distintas zonas.

Y una última pega la encuentro en el tema de comidas, más de batalla y menos calidad que la que nos encontramos en Niseko.

Así que por todas estas pegas unidos a la limitación del fuera pistas y al limitado esquí nocturno hacen que en mi opinión no merezca la pena alojarse un día en esta estación para estar esquiando durante doce horas a no ser que se disponga de un coche alquilado.

Pero no todo es malo.

Por contra, la flexibilidad del forfait y los remontes más modernos y unas pistas que son mejores que las de Niseko unido a los pocos fuera pistas en los que nos pudimos aventurar y que son de la misma calidad que los de Niseko, hacen que piense que sí merece la pena la visita de un día para conocer Rusutsu.

Desde luego, fue la estación con la que más nieve nos encontramos y la estación en la que me grabaron con la cámara de fotos este vídeo con el que concluyo este capítulo y donde termina mi ronda por Hokkaido.

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Niseko powderlife.

Descansados por fin del viaje nos preparamos para comenzar con nuestra primera jornada de esquí.

Entorno del hotel

Precioso el entorno que rodea nuestro hotel. Nieve no nos faltaría.

Nos deleitamos con las bellas estampas de una naturaleza que parece reclamar su espacio ante la civilización impuesta a golpe de ladrillo, cemento y madera, acosando al hotel y cubriéndolo de un manto blanco con tonalidades grises que nos deja cautivados por unos minutos.

El río con aguas termales que era aprovechado por el hotel.

El hotel da la sensación que está enclavado en medio de la naturaleza.

Cuando en nuestro hotel preguntamos por un alquiler de esquís la noche anterior, nos dieron un formulario en el que debíamos indicar que clase de material queríamos utilizar en nuestras jornadas de esquí y también solicitaban nuestros datos físicos, además de tener la posibilidad de realizar los comentarios oportunos para aclarar cualquier tema técnico. Nos extrañó mucho y más cuando nos dijeron que al día siguiente tendríamos nuestros esquís en la misma puerta del hotel.

Magnífico servicio aunque la idea nos incomodaba debido a que si lo que nos traían difería con lo que teníamos cada uno de nosotros en mente, tendríamos un problema. Tampoco tendría mayor importancia. Pensamos que si lo que nos trajeran no nos gustaba, solicitaríamos ir a la tienda de alquiler para cambiar el equipo.

Para nuestra sorpresa, cuando bajamos a la recepción del hotel nos encontramos a una persona que estaba esperándonos con un montón de material para que pudieramos elegir. Además todo el material de muy buena calidad.

Entre las alternativas que me ofrecieron, elegí una que me gustaba mucho. Esquís Salomon Rocker 2 con una medida un tanto extraña, ya que el patín me pareció leer que era de 117 mm. y no de 115 como indica la publicidad de la marca.

Especificaciones del Salomon Rocker 2

El caso es que es un esquí de esta misma temporada., algo bastante infrecuente cuando se trata de alquilar material de esquí.

Y a mis dos compañeras les ocurrió lo mismo. Mercedes pudo escoger unos esquís de pista de gama alta ya que no le gustan los fuera pistas y Mary Joe escogió una tabla de snow para freeride y según nos comentó, le fué muy bien y acabó muy contenta con el material.

Con nuestro material

Aquí estamos con nuestro material posando felices.

Un servicio de cinco estrellas que estoy seguro no se ofrece en muchos establecimientos hoteleros, esquí a la carta en la puerta del hotel. Esto nos empieza a gustar y mucho. De momento, Japón no defrauda.

No sé si en el resto de hoteles de Niseko también es costumbre realizar este servicio, pero nos pareció una gran idea incluso aunque no podamos comparar la oferta con la de otras tiendas de alquiler. Si hay calidad y el precio no es excesivo, lo damos por bueno.

De nuevo, surgen los temores. Mira que si he elegido un esquí demasiado potente y más enfocado al fuera pista y luego resulta que la nieve está mal. A ver si no voy a ser capaz de manejar un esquí con un patín tan ancho. A ver si me voy a hacer daño, que últimamente llevo una racha mala. Mira que aún tengo el hombro delicado.

Pero nos quedaba el consuelo que, al igual que en Austria, si no nos gustaba el material lo podríamos cambiar sin coste alguno. Eso sí, nos adviritieron que las reparaciones que se tuvieran que hacer a los esquís debíamos pagarlas aparte a excepción de los encerados.

Esto último nos dejó boquiabiertos ¿Pero cómo es posible?

Bueno, su argumentación nos sorprendió aún mas. Con esta nieve, dijo, es imposible dañar el material, así que si tiene algún desperfecto es porque no lo habéis tratado de forma adecuada.

Cuanta sabiduría. Cuanta razón. Nosotros aún desconocíamos lo que nos íbamos a encontrar y sólo a posteriori comprendimos la lógica de sus palabras.

El material de esquí, tanto el alquiler como las reparaciones en Japón son caros. Los tres días de alquiler, en mi caso, costaron 130 €. Bastante más caro que en Austria, que por ese precio puedes alquilar material de gama alta para una semana. Y no es un precio impuesto por el servicio de alquiler de esquís del hotel, es el precio que en general se oferta por toda la estación.

Así que una vez elegido y configurado el material, y debido a que el hotel sólo disponía de desayuno de estilo japonés, cosa que no nos agradaba del todo, subimos al “Shuttle” que nos ofrece el hotel y que nos deja en pistas, en el sector de Annupuri, donde encontramos un sitio discreto en el que pudimos desayunar unas galletas y un delicioso café capuchino.

Acceso del hotel.

Accesos del hotel completamente nevados.

Base de la estación

Base de la estación de Annupuri.

Desayunando en un Coffe-Shop

Desayunando en un Coffe-Shop en la base de la estación.

El sector de Annupuri se encuentra en uno de los extremos de la estación. La estación está enclavada en las faldas de un volcán. Sus instalaciones se distribuyen a lo largo de las laderas sur y sureste del mismo y las pistas más altas llegan hasta el mismo cono del volcán.

Distribución Niseko

Distribución esquemática de Niseko United.

Realmente estas cuatro zonas comenzaron como estaciones independientes que al cabo del tiempo decidieron unirse ofreciendo un forfait conjunto, el Niseko United Ski Resort.

Mapa de pistas

Mapa completo de pistas.

De hecho, la historia de esta estación comenzó allá por el año 1.897, cuando en sus faldas se construyó un onsen, construcción realizada por el arquitecto K. Yamada que servía de centro vacacional de la época.

Un onsen es una especie de balneario que aprovecha las aguas termales que emergen de las entrañas de la tierra, calentadas por la presión geotérmica y que están enriquecidas con diversos minerales que, se supone, tienen propiedades curativas.

Imagen de un Onsen exterior.

Las aguas del onsen se suponen curativas y son calentadas por el propio volcán. Fuente: http://owashilodge.com

Esto explica por qué en algunos lugares por los que pasábamos olía a huevos podridos. Este olor es desprendido por el sulfuro que contienen los manantiales.

Pero lo que asentó a la zona como una región esquiadora fue que quince años después de la construcción de dicho onsen, pasó por sus montañas el teniente coronel austro-húngaro Theodor von Lerch, que fué uno de los pioneros que introdujo el esquí en Japón con el objetivo de entrenar a los militares japoneses, para que se pudieran desenvolver perfectamente en el medio invernal. Los entrenamientos los realizaron en Annupuri, lo que asentó el esquí en esta zona norteña de Japón.

General Theodore von Lerch

General Theodore von Lerch en Japón. Fuente: http://onehundredmountains.blogspot.com.es

50 años después, en 1.961, la compañía Kogen Kanko Co. Ltd. puso en marcha el primer remonte en Grand Hirafu, el más tradicional y antiguo de los cuatro resorts.

Grand Hirafu 1.961

Construcción de los remontes en Grand Hirafu en 1.961. Fuente: http://www.grand-hirafu.jp

Posteriormente, en 1.971 se construyó la estación de Annupuri, mientras que Niseko Village data del año 1.982 y la más moderna de todas las áreas es Hanazono, construida en 1.993.

Es decir, que nos encontrábamos en una zona histórica del esquí japonés, del que somos testigos de los restos de su pasado, como así lo testifican algunos de los remontes que aún sobreviven en la parte alta de la estación, remontes de una sola plaza y sin protección alguna que sirven para conectar las zonas de Annupuri, Niseko Village, Grand Hirafu y Hanazono

Silla de enlace de una plaza.

Silla que sirve para conectar diversas zonas de Niseko.

Mercedes subiendo a la silla de conexión

Mercedes subiendo a la silla de conexión

Y lo mismo hace Mary Joe.

Los primeros usuarios de estas estaciones eran esquiadores que practicaban la modalidad de telemark y gente local que había sido entrenada por maestros occidentales, principalmente austriacos.

Se alojaban en pequeños “lodges” distribuidos a lo largo de la ruta 343, rodeados por preciosos bosques que poco a poco fueron desapareciendo para dar paso a los pueblos de tamaño medio que han perdido ese encanto de estar en mitad de la naturaleza para convertirse en resorts ajetreados en el que se pueden encontrar hoteles, multitud de restaurantes, numerosos izakayas (restaurantes de tapas de estilo japonés) y, en definitiva, todo lo que podemos esperar de un pueblo de montaña orientado al esquí.

Hotel Hilton.

Horrible estampa al estilo francés del hotel Hilton en Niseko Village. A pie de pistas pensado para el Ski In – Ski Out

No es el caso, sin embargo, de Annupuri, que aún tiene ese ambiente tranquilo en el que no abundan tanto los extranjeros como en los otros dos resorts.

Pero aunque ajetreados, son pueblos que tienen su encanto, la mayoría son casas bajas o de dos plantas a lo sumo, lo que no da sensación de agobio en ningún momento.

Típica casa que se puede encontrar en los resorts de Niseko.

Fue en los años 90 cuando Niseko adquirió fama internacional gracias a sus nieves profundas y a su “powder”, que eran buscadas por esquiadores de todo el mundo, principalmente estadounidenses y australianos, una nieve que es considerada como el Santo Gril del “powder-ski”. De hecho, muchas de las películas de freeride modernas están rodadas en esta montaña.

El crecimiento fue consolidándose año a año y en 2.001 visitaron la estación 2.500 extranjeros y su número fue aumentando hasta los 45.000 de la temporada pasada (2.011/2.012), lo que marca una progresión geométrica del número de visitantes foráneos a esta estación.

Así que no es de extrañar que una parte importante de los esquiadores que nos encontramos en pistas fueran mayoritariamente americanos y australianos con los que nos podíamos comunicar perfectamente en un ambiente de increíble camaradería.

Y es que, esta afluencia masiva está justificada debido a las intensas nevadas que caen todos los inviernos y que garantizan una nieve con un tacto muy parecido al de los polvos de talco, es decir, una nieve tan fina, ligera y seca que cuando se esquía por ella da la sensación de estar flotando, pero hay que tener cuidado, porque si uno se para en mitad de un fuera pista, probablemente se empiece a hundir como si le estuvieran tragando arenas movedizas, incluso aunque no se quiten los esquís, como nos pasó a Mary Joe y a mí en numerosas ocasiones.

Mary Joe medio enterrada en nieve.

Mary Joe medio enterrada en uno de los intinerarios marcados de la estación.

Autorretrato en mitad de un fuera-pistas

Autorretrato en mitad de un fuera-pistas. Toda esa nieve que me cubre no es precisamente de las nevadas.

Mary Joe semienterrada.

Mary Joe, sal de ahí que no tenemos todo el día.

Aunque tampoco debe ser un motivo de preocupación, porque la nieve, al ser tan ligera, es fácil de desplazar y se puede reanudar la marcha fácilmente.

Y os advierto. No perdáis un esquí, porque os costará mucho encontrarlo como me pasó a mí y es que estando en una pista de bañeras, el que os habla en su infinita torpeza pierde uno de los esquís. El caso es que salta al lado de una baliza de señalización por lo que pienso para mí mismo que será fácil encontrarlo.

Pues bien, parece increíble, pero con toda esa cantidad de nieve estuvimos otras 12 personas que muy amablemente se pararon a ayudarme y el que suscribe como alrededor de una hora buscando los esquís. Y estamos hablando de una pista, no de un fuera pista y dando gracias a que teníamos una referencia clara de donde se perdió el esquí.

Lo normal en los fuera pista era esquiar con nieve por la cintura y en el momento en el que se adquiría velocidad, la nieve salpicaba en la cara frecuentemente, algo brutal, pero había que tener muchísimo cuidado porque si te salta un esquí en un fuera pista el problema sería bastante serio, debido a la dificultad de andar por nieves tan profundas y poco compactas como aquellas.

Aspecto de la entrada al área controlada de avalanchas de Annupuri

Mary Joe explorando los confines del área de control de avalanchas de Annupuri.

Nos juntamos con estos personajes, americanos ellos, para ir con mayor seguridad.

Un descansito no viene mal después de tanta nieve con la que hay que luchar.

Pero si algo caracteriza a Niseko y por lo que se publicita desde la última década es por tener una nieve excepcional y en grandes cantidades. Saben que una gran parte de su público objetivo es aquel que va buscando el freeride y el back-country, y es por eso por lo que se han creado unas cuantas zonas llamadas áreas controladas de avalanchas, que son tratadas para que no se produzcan avalanchas, aunque te recomiendan que hagas un curso de seguridad y llevar el material de seguridad, léase sonda, pala y ARVA o ir con un guía especializado y es algo, insisten, se debe tomar muy en serio.

Es decir, la estación da la posibilidad de realizar verdaderos fuera pista con cierta seguridad para poder disfrutar de ese magnífico elemento blanco.

En mitad de una de las áreas de avalancha controlada.

Pero hay que ser conscientes de que la seguridad en esas áreas no está garantizada al 100%, por lo que, siempre en la medida de lo posible, deberemos adoptar todos los elementos de seguridad que estén a nuestro alcance.

Increíblemente, estas áreas están bien señalizadas y se procura que su acceso no sea fácil para que cualquier esquiador sin la experiencia suficiente pueda entrar en esas áreas, al menos de forma involuntaria. Y esto se consigue con accesos a los que hay que entrar andando, con los esquís al hombro.

Señalización a las áreas de free-ride.

Señalización a las áreas de freeride. Sector Niseko Village.

Una buena forma de la estación para cubirse las espaldas ante posibles reclamaciones.

Mary Joe accediendo al área controlada de avalanchas.

Mary Joe accediendo al área controlada de avalanchas.

Mary Joe accediendo al área controlada de avalanchas.

Mary Joe accediendo al área controlada de avalanchas.

Y aunque por estas zonas hayan bajado previamente cientos de esquiadores, no encontramos ninguna zona con un montón de huellas como sí pasa en otras estaciones, porque está contínuamente nevando y esas huellas se van cubriendo, dando la posibilidad de esquiar una y otra vez sobre capas de nieve recién caída. Cada bajada es una nueva bajada con nieve para estrenar.

Bajando por el área controlada de avalanchas.

Bajando por el área controlada de avalanchas. Nieve bien pisadita.

Bajando por el área controlada de avalanchas.

Bajando por el área controlada de avalanchas. Aproximando.

Y luego existen áreas en las que está estrictamete prohíbido el esquí y del que la estación no se hace responsable de cualquier accidente que pudiera ocurrir en dichas áreas. Algo que todo el mundo respeta y más cuando se disponen de varias áreas dedicadas al esquí freeride.

Explorando alguna de esas áreas controladas de avalanchas.

Y es tal la nieve que cae, que incluso en pistas, todas aquellas que no están marcadas como rojas o verdes en el plano de pistas, y aunque hayan sido pisadas durante la noche, la nieve se acumula de tal forma que podremos disfrutar casi como en los fuera pista, pero con la seguridad total de que en esas zonas no se producirán avalanchas.

Disfrutando de la magnífica nieve en Hanazono.

Disfrutando de la magnífica nieve en Hanazono.

Disfrutando de la magnífica nieve en Hanazono.

Disfrutando de la magnífica nieve en Hanazono.

Hasta Mercedes, pistera de pro, disfrutaba con este tipo de nieve hecho por el cual consideraba prescindibles los fuera pistas. Aunque más bien es una excusa ya que no le gustan los fuera pistas.

Mercedes disfrutando de la nieve.

Mercedes disfrutando de las nieves semi-profundas de las pistas.

Mercedes con una sonrisa de oreja a oreja disfrutando de la excepcional calidad de la nieve de Niseko.

Por lo que si viajáis en pareja o con amigos que no les gusta el freeride o no tienen nivel suficiente, tampoco debería ser motivo de preocupación, aunque sí advierto que las pistas por mucho que se quiera son muy difíciles de tratar, porque no para de nevar, así que sí es necesario cierto nivel de esquí, al menos se debe saber desenvolverse en nieves poco tratadas.

No en vano, las estadísticas de la estación dicen que nieva cuatro de cada cinco días. Y es que la componente general de los vientos es de Noroeste, es decir, vientos que vienen directamente de las estepas siberianas, muy fríos, que al atravesar el mar de Japón se cargan de humedad y descargan dicha humedad debido a la condesación producida al chocar las masas de aire húmedas con las diversas protuberancias que forman los volcanes. Un proceso de condensación muy similar a la condensación que producen los vientos alíseos en las Islas Canarias.

Base de la estación.

Nevada que nos encontramos el primer día en la base de la estación de Annupuri.

Y descarga tanto, que de media anual, se suelen acumular unos 14 metros de espesor. El año pasado acumularon un total de 15,3 metros. Además, la temperatura media desde diciembre a febrero es de -8 ºC, siendo fácil alcanzar los -20 ºC, evitando así el proceso de fusión, lo que facilita que la nieve nunca se compacte y por tanto, que no se congele, manteniéndose muy suelta y muy seca, resultando así, de muy buena calidad.

-15 ºC a las 14.30 h.

-15 ºC a las 15.00 h en Grand Hirafu

Y es que no para de nevar.

Y es que no para de nevar. Media estación en Grand Hirafu.

Y es que no para de nevar.

Y es que no para de nevar. A la salida de un remonte en Niseko Village.

Y es que no para de nevar.

Y así todo el día. Remontando en Niseko Village.

Brutales acumulaciones de nieve, siendo una de las zonas más nivosas del mundo y, de hecho, el año pasado fue el sitio donde más nevó en enero, alcanzando los 5 metros en un mes, superando a estaciones tradicionalmente nivosas como Whitsler o Chamonix. Y estamos hablando de mediciones que se realizan a 250 metros de altitud.

Resultado de tanta nevada.

La entrada a algunas de las zonas de freeride bien cargaditas de nieve.

Mucha nieve.

En algunos sitios sólo se veían las copas de los árboles.

Espesores que cubren casi al completo la vegetación de la zona.

Y con este panorama comenzamos nuestros días de esquí. Nos planteamos las jornadas de esquí con calma, la idea sería ir conociendo las distintas áreas de las que se compone el dominio y, como disponíamos de tres días, iríamos sin prisas tratando de disfrutar a tope de cada una de las zonas.

Mapa de pistas de Annupuri.

Nuestra jornada de esquí empieza en el sector en el que nos alojamos. Annupuri.

Además pensamos que en el caso de que cerraran los remontes de la estación ya sea por climatología o porque se nos hiciera tarde y nos encontráramos en otro sector que no fuera el nuestro tampoco supondría un problema, porque el dominio oferta un servicio de “Shuttle” gratuíto para los que hayan comprado el forfait de Niseko United, que nos permitiría movernos por las distintas áreas de Niseko con independencia.

Niseko United Shuttle

Esquí-bus (Shuttle) que conecta las diversas áreas de Niseko.

Todas estas elucubraciones las hicimos antes de conocer la increíble oferta de esquí y los horarios de apertura de la estación, que una vez más, nos dejaron impactados.

Porque aquí comenzamos a ver que la política de precios y la gestión dista mucho y está a años luz de ventaja con respecto a la política de precios y gestión de nuestras estaciones patrias. Es más, la propia gestión saca mucha ventaja, ya no sólo a nuestras estaciones, sino también a la de la práctica totalidad de las estaciones europeas de las que yo conozco o tengo constancia, que por supuesto, son una minoría sobre el total de las existentes.

Y es que, además de poder comprar el forfait para tu sector si no quieres gastarte mucho dinero, existe también la posibilidad de comprar el forfait para todo el dominio y, lo que me dejó sorprendido, existen dos modalidades:

  • Forfait de 8 horas, o
  • Forfait de día entero.

¿Cómo? ¿Qué diferencia hay?

Pues resulta que el horario de funcionamiento de los remontes va desde las 8.30 h. hasta las 20.20 h. en horario continuo. Es decir, si se quiere y se tienen fuerzas, se puede estar esquiando continuamente durante doce horas seguidas.

Horario remonte.

Cartel indicando el horario de funcionamiento. No todos los remontes tenían el mismo horario.

Evidentemente no todos los remontes abren las 12 horas, los que no están iluminados y los que sirven para conectar distintas zonas se empiezan a cerrar a partir de las 15.30 h. y si se quiere cambiar de área a partir de esa hora será necesario utilizar los servicios del autobús gratuíto.

Pero ahí no acaba todo. El forfait de 8 horas no tiene un horario fijo. Es decir, no es necesario como pasa en el resto de estaciones, comenzar pronto a esquiar. El tiempo empieza a contar desde el momento en el que se cruza el primer torno, aunque se compre el forfait con anticipación.

Esto nos daba mucha tranquilidad, ya que no nos entra el agobio de comenzar pronto a esquiar, y así pudimos desayunar en paz y con calma y lo mismo nos ocurrió a la hora de comer, ya que la estación no cerraría a las 16.30 h. o a las 17.00 h. como ocurre en la mayoría de las estaciones. Además, estaba nevando y estábamos a -20 ºC a primera hora por lo que no encontraríamos problemas con la calidad de la nieve. En definitiva, este forfait y esta climatología nos permitían darnos el lujo de ir con calma.

Y disfrutamos. Ya lo creo que disfrutamos. Esa calidad excepcional de la nieve era algo que no había probado en mi vida. En los 36 años que llevo esquiando, he tenido muchas ocasiones de esquiar por nieve virgen y nieve recién caída, y la verdad que siempre me ha gustado, pero esto aún no lo había probado.

Esto es otra cosa. Esto es Champagne-Powder. Es otro mundo, es algo que considero que cualquier esquiador que se precie de tal debe probar al menos una vez en su vida.

Hasta que no he comprobado por mi mismo la calidad de esta nieve no me creía las alabanzas que la gente realizaba sobre este tipo de nieve y pensaba que eran exageraciones. Pero no, no son exageraciones, es la pura realidad. Todo, lo de los vídeos hundiéndote hasta el cuello, esa nieve tan suelta salpicándote la cara, esas caras de felicidad, esos gritos, todo es cierto. Y no daba crédito. No podía creer que esto me estuviera ocurriendo a mí.

Cubierto de nieve.

Dando buena cuenta de la nieve.

Disfrutando de la nieve y saboreando cada una de las bajadas.

Mary Joe dándose un buen atracón.

Aquí lo único que importa es la nieve. Por tanto, hay que destacar que los remontes de la estación, los de las cuatro zonas, no son muy modernos. Existían pocos telesillas desembragables, los menos habían sido adaptados para incorporarle capotas, pero eran muy pocos, casi ninguno tenían reposa pies y muchos de ellos ni siquiera tenían protección.

Lo que queda patente es que no es una estación para principiantes, ni para torpes y tampoco es una estación glamourosa.

Sillas anticuadas y sin protecciones.

Sillas anticuadas y sin protecciones.

Sillas anticuadas y sin protecciones.

Sillas anticuadas y sin protecciones.

Sillas anticuadas y sin protecciones.

Sillas anticuadas y sin protecciones.

Algunas llevaban incorporadas capotas, pero no tenían reposapies.

Sillas anticuadas y sin protecciones.

Sillas anticuadas y sin protecciones.

Aunque también es cierto que cada una de las zonas disponía de un telecabina, de factura más moderna.

Telecabina de Niseko Village

Telecabina de Niseko Village

Telecabina de Niseko Village

Telecabina de Niseko Village

Telecabina de Annupuri

Telecabina de Annupuri

Pero tampoco resultaban lo más moderno del mundo. Muchos de ellos no disponían de portaesquís exterior para dejar los esquís o la tabla de snow. Pero, una vez más, los detalles de los japoneses nos dejan sin palabras.

El telecabina de Niseko Village es uno de los que es necesario introducir los esquís o tablas en su interior. Pero para que no se llenase de nieve, barro o agua el suelo de las cabinas, en el exterior se facilitaba una pistola que expelía aire a presión para quitar con facilidad y comodidad toda la nieve adherida a nuestras tablas, para así despojarla de nieve de la forma más cómoda posible.

Mary Joe quitando la nieve a la tabla.

Mary Joe quitando la nieve a la tabla.

Y esto es algo muy común en la mayoría de los telecabinas. Las instalaciones, aunque anticuadas, están en perfecto estado y no me extraña viendo el cuidado que le ponen a todas las cosas y lo detallistas y pulcros que son.

Detalles como la de encontrarte los baños siempre en perfecto estado de uso, o el de poder realizar un reposo para almorzar y no verte agobiado por unas instalaciones penosas llenas de agua y suelos rebaladizos y cuya comida es de calidad a pesar de estar en medio de la montaña, además a un precio bastante barato, son pequeñas cosas que le dan un valor añadido a la estación.

Comiendo en pistas.

Mercedes y Mary Joe en el reposo del guerrero.

Comer en pistas es todo un placer. Nada de “bocata-lomo”. El menú de los restaurantes de pista, por supuesto, japonés, es de mucha calidad, bien ricos, sanos y sabrosos. Y debido a la facilidad del forfait, que nos da 8 horas de margen y sabiendo que las pistas las cierran bastante tarde, no nos importó degustar la comida japonesa en una reposada sobremesa. Menús que además de ser de mucha calidad son baratos. Cada uno de estos menús no llegaba a costar los ni 10 € ¡Y estamos en uno de los países más caros del mundo!

Sabrosa sartén que me recordó al famoso Tiroler Gröstl austriaco.

Y fueron dos días que disfrutamos de sus palas vírgenes, de sus intinerarios, de sus pistas, de su comida e incluso llegamos a visitar algún santuario al que había que anunciar tu presencia a los dioses tocando la campana.

Tocando la campana.

Cumpliendo el ritual de avisar a los dioses de tu presencia tocando la campana.

Y venga nieve.

Y una y otra vez para arriba.

Mercedes y yo remontando. Mary Joe, al fondo.

Y esperándonos los unos a los otros.

Esperando a la salida de un remonte.

Observando el siguiente remonte a utilizar o la siguiente pista para bajar.

Y bajamos por ellas.

Y nos llenamos de nieve.

Una nieve que no paraba de caer.

Hasta que llega la noche. Y entonces, se encienden las luces.

Pero cómo les gustan las lucecitas a los japoneses.

Las pistas son iluminadas en cuanto cae la noche.

Y es que por esta parte de Japón empieza a anochecer a eso de las 16.00 h.

A eso de las 16.00 h. en enero empieza a anochecer.

Pero las pistas no se cierran para luego dar paso al esquí nocturno, no. Es sesión contínua. Así que, aunque se haya sacado un forfait de 8 horas es posible disfrutar del esquí nocturno.

Hasta que no cae la noche, curiosamente, no mejora la visibilidad.

Una ventaja añadida debido a que muchas veces el esquí nocturno no se aprovecha debido a dos factores.

  • El sobrecoste del forfait, normalmente se saca un forfait aparte para el esquí nocturno.
  • Y el otro factor es el cansancio acumulado durante la jornada diurna, lo que hace que mucha gente se eche para atrás.

Bajada iluminada en Grand Hirafu.

Pero aquí, al ser sesión contínua y no suponer ningún sobrecoste, se facilita enormemente que se pueda practicar el esquí bajo la luz de los focos.

Disfrutando del esquí nocturno nipón.

Otro factor que le da un valor añadido a Niseko. Y es que, debido a su climatoligía adversa, la mayor parte del tiempo está nevando y suele estar nublado o directamente hay niebla, por lo que la visibilidad durante el día en muchas ocasiones no es buena.

Pues bien, de noche y con los focos encendidos, mejora notablemente la visibilidad, lo que da como resultado un esquí más cómodo y fácil de prácticar. Un nuevo factor que nos dejó sorprendidos. Se esquía mejor de noche que de día.

En esta foto se puede apreciar que a pesar de la niebla, la visibilidad es bastante buena.

Buena visibilidad a pesar de la niebla.

Además, tienen grandes zonas iluminadas, no se limitan sólo a iluminar un par de pistas, sino gran parte de cada una de las áreas que, en Grand Hirafu toma bastante relevancia porque sólo una de las pistas, la de conexión a otras áreas no está iluminada. El resto sí lo están.

Panorámica de las pistas iluminadas de Grand Hirafu.

Y según dice la propia publicidad de la estación, los focos están construidos de tal forma, que emitiendo una luz que no es del todo blanca, sino algo amarillenta que por lo visto mejora la visibilidad, y que situados estratégicamente, consiguen que se puedan ver iluminadas ciertas áreas de esquí fuera pista, por lo que es también posible practicar el fuera pista por la noche. Algo totalmente inaudito.

Las áreas arboladas tienen una visiblidad perfecta.

Y así hicimos Mary Joe y yo. No son exactamente fuera pistas, porque era necesario esquiar cerca de las pistas, pero sí podías salirte de los tramos “pisados” por las máquinas y hundirte hasta más allá de las rodillas, como ya iba siendo una costumbre.

En esta fotografía se puede observar como la iluminación en las zonas arboladas permite el esquí nocturno por las mismas.

Aunque no es muy necesario salirte de pista, para disfrutar de las nieves profundas. También en pistas había gran cantidad y, por supuesto, calidad de nieve y, además en pistas con desniveles muy interesantes, otra increíble característica del esquí nocturno de Niseko, ya que muchas son las estaciones que de noche sólo iluminan tramos que son sencillos y con poco desnivel, quizás buscando un público de iniciación y progresión que es el mayoritario en las estaciones de esquí.

Interesantes los desniveles de algunas de las pistas iluminadas.

Y eso no significa que pistas con desniveles para todos los públicos no sean iluminadas, porque también lo estaban, simplemente se cubría todo el espectro del esquiador, desde los que comienzan en este adictivo deporte hasta los más enfermos esquiadores de nivel.

A la salida de uno de los remontes iluminados de Grand Hirafu.

Los focos iluminan un amplio espectro que permite esquiar sobre pistas muy anchas lo que facilita el esquí de progresión.

Lo mejor de todo es que, después de cada dura e intensa jornada de esquí, es que podíamos relajarnos en el hotel porque éste disponía de onsen privado, del que os describiré el funcionamiento en el próximo capítulo.

Para los amantes de las grandes extensiones, pistas pulcramente pisadas o el esquí con prisas os diré que esta no es vuestra estación. Aunque sí dispone de un desnivel de unos 1.000 metros y de pistas bastante largas, la estación no es muy grande y se puede hacer perfectamente en uno o dos días.

Pero es que esta estación no es para recorrerla de punta a punta, para ir marcando todos sus recorridos, esta estación está diseñada y dedicada al esquí de freeride y fuera pista, algo que favorecen sobremanera y es lo que la mayoría de los extranjeros vamos a buscar, aunque tengamos que repetir los intinerarios una y otra vez. Al fin y al cabo, cada poco se van rellenando las pisadas con nieve nueva ¡Si es que no para de nevar!

Una estación que no requiere grandes dosis técnicas de esquí pero sí amor a la nieve virgen y a las nieves profundas. No esperéis encontraros grandes y espectaculares instalaciones, aquí se viene sólo a una cosa. A esquiar sobre Champagne-powder, en definitiva, a disfrutar de una “Powderlife” en toda regla y los lujos son limitados.

Y todo esto en un curioso ambiente de slow-ski, esquí sin prisas, sin velocidad, simplemente, se viene a disfrutar de la nieve y a relajarse en alguno de sus numerosos onsen.

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Y por fin llegó el día.

Prácticamente un año para preparar un viaje que durará tres semanas. Parece que el día nunca llega, siempre esperando, siempre consultado, siempre nuevas opciones, siempre nuevas dudas, pero el tiempo pasa y por fin llegó el día.

Era hora de embarcar. Todas nuestras inquietudes quedaron atrás, pero a su vez aparecen nuevas emociones. Nos embarga el nerviosismo. Tanta preparación ¿Servirá de algo o será un desastre?

Compruebo una vez más el pasaporte. A ver si lo he mirado mal y está caducado y me mandan de vuelta. Nuevos temores. A ver si al final lo leí mal y era necesario un visado. Espero que no sea complicado entenderse con la gente. Espero que sea cierto lo que comentan de los japoneses. Espero no haberme equivocado en la reserva de los hoteles. A ver si puse mal las fechas de JR Pass.

Pero es una mezcla extraña, porque al mismo tiempo temblamos de excitación. Este viaje va a ser único. Estoy seguro que va a salir todo muy bien. Si algo sale mal, nos reiremos de ello a lo largo del tiempo.

Facturamos las maletas y por fin llegó la hora. Bien. Estamos volando. Por fin. Tanto esfuerzo empieza a verse materializado. La “fase I” ha comenzado. Esperemos cumplir todos los hitos.

Un viaje interminable a lo largo de medio mundo que nos da para hablar, comentar, reir y al fin y al cabo, reforzar nuestra amistad.

Después de 16 horas y un enlace llegamos a Narita, el aeropuerto internacional de Tokyo y pasamos el control de aduanas sin el menor de los problemas, todo lo mas, el rellenar un sencillo formulario de inmigración que se entrega en el control de aduanas y por el cual nos conceden una estancia máxima de 90 días ¡Já! 90 días ¡Más quisiera!

Y por fin estamos en Japón. Pero estamos en Narita, esto está a 60 km. de Tokyo ¿Y ahora qué?

Bueno, pues Japón dispone de uno de los servicios de transporte públicos más completo y eficaz del mundo. Una de las mejores bazas que dispone el viajero que quiere visitar Japón es la posibilidad de adquirir el JR-Pass.

JR-Pass

JR-Pass, válido desde el 29 de diciembre de ¿24? Este es, según nos dijeron, el año japonés, la era 24

El JR-Pass es un bono que te permite la utilización ilimitada de trenes, ya sean regionales o de alta velocidad a un precio bastante razonable.

Existen tarjetas para periodos de 7, 14 y 21 días. En el momento en el que se utilicen al menos tres trenes ya se ha compensado el precio que se paga por un bono de 7 días. Nosotros cogimos el de 21 días porque aunque en Hokkaido sabíamos que no íbamos a utilizar el tren, por precio nos compensaba antes que utilizar dos bonos de 7 días.

La tarjeta se puede solicitar vía internet y llega al día o a los dos días de haberla solicitado y el tiempo de validez de la tarjeta comienza en el momento en el que se utilice por primera vez.

Página oficial del JR-Pass en el que se pueden adquirir los bonos

El bono que os llegue a casa, una vez en Japón, tendréis que canjearlo en alguna de las oficinas del JR-Pass que se encuentran en la mayoría de las estaciones de tren y en los aeropuertos.

Oficina del JR en el aeropuerto de Narita

Oficina del JR en el aeropuerto de Narita

Entonces os darán una tarjeta sellada que deberéis mostrar en las entradas a las estaciones del JR y tendréis libre acceso.

Si sabéis que vais a viajar en tren en un día y hora determinados, lo más conveniente es reservar los asientos del tren para que no haya problemas, pero si lo improvisáis, tampoco es problema, ya que existen en la mayoría de los trenes vagones con asientos no reservados y en el periodo que estuvimos nosotros, no encontramos ningún problema en este tipo de vagones, siempre encontramos sitio.

Advierto, eso sí, que la línea de tren que une Narita con Tokyo necesita reserva previa, advertencia que hago para que luego no tengáis problemas como los que tuvimos nosotros el día de la vuelta, ya que con nuestra comprensible ignorancia inicial, no nos dimos cuenta que a la ida nos reservaron los asientos para poder ir a Tokyo. Y es importante, ya que este tren que sólo dispone de vagones para asientos reservados.

Superado el control de pasaportes, recogidos los equipajes y desorientados que estábamos, en seguida nos dimos cuenta de lo fácil que resulta moverse en el transporte público japonés. Encontramos enseguida las indicaciones para acceder a la estación del JR y también encontrámos fácilmente una oficina en la que pudimos canjear el bono de forma muy sencilla.

Indicaciones de la Keisei Line

Indicaciones de la línea de tren que nos llevaría a Tokyo.

Así que nos dirigimos a la estación de tren y por allí preguntamos cómo llegar a Tokyo. Todas las estaciones tienen un “Ticket Counter”, una oficina en la que puedes realizar cualquier consulta, sacar los tickets para reservar los asientos o para exponer cualquier problema que te surja.

Ticket counter en el aeropuerto de Narita

Billetería de la Keisei Line en el aeropuerto de Narita.

En esta oficina preguntamos para ir a Tokyo y nos dijeron que era final de línea y que podíamos tomar el tren. Nos sacaron la reserva de los asientos y subimos al tren.

Tren a Tokyo

Aspecto del tren que nos trasladó a Tokyo

A pesar del largo viaje y la diferencia horaria, nos encontramos felices de estar aquí. Parece que todo está saliendo bien. Pero ¡que cansancio! Además del tiempo que llevamos viajando, tenemos que superar una diferencia horaria de 8 horas.

Mercedes y Mary Joe en el Narita Express

Mercedes y Mary Joe en el Narita Express

Y por fin llegamos a Tokyo. Al final salió todo muy bien. Conseguimos llegar al hotel, conseguimos adaptarnos al horario, conseguimos información que amablemente nos facilitaba el propio personal del hotel, en un inglés difícilmente entendible pero con mucha voluntad por hacerse entender. Este país nos empezaba a cautivar.

Y visitamos Tokyo.

Panorámica de Tokyo con el monte Fuji al fondo

Panorámica de Tokyo con el monte Fuji al fondo

Cofres de los deseos

Cofres de los deseos presentes en la mayoría de los templos.

Y como teníamos el JR-Pass, teníamos libertad de movimiento, al menos libertad ferroviaria, y fuimos a Nikko

Monos de Nikko.

Figura por todos conocida en un templo de Nikko.

Y llegó el día y visitamos Kyoto.

Pabellón dorado

Pabellón dorado

Y visitamos Miyajima, espectacular Miyajima

Torii de Mijayima

El famoso Torii de Miyajima

Al que pudimos asistir a una de las danzas cortesanas de Bugaku, que se celebran únicamente los días 2, 3 y 5 de enero, una danza en la que los guerreros adoptan formas inverosímiles siguiendo un estricto protocolo, y nos sentimos privilegiados, afortunados y todo por poder presenciar una simple danza.

Danzas cortesanas de Bugaku

Danzas cortesanas de Bugaku realizadas en el templo de Itsukushima-jinja.

Y visitamos Nara

Ciervos de Nara

Los ciervos están presentes en toda la ciudad

Y visitamos en un accidentado viaje, Shima-Hanto, donde, cómo no, tuvimos nuestra primera anécdota y es que hasta ahora estaba saliendo todo muy bien, pero tenía que ocurrir.

Resultó que el tren que comunica Kyoto con Shima-Hanto pertenece a otra compañía que no es la Japan Railway y, tan expertos que nos habíamos vuelto, sacamos el billete en una expendedora de las que abundan por todo el territorio nipón y nos subimos felizmente al tren hasta que, en mitad de trayecto, el revisor nos dice que estábamos en unos asientos reservados, pero reservados por otras personas y, además, daba la casualidad de que el tren estaba completo, por lo que nos tuvimos que bajar en una ciudad que se encontraba a  mitad de camino.

¿Y ahora que hacemos? A ver como nos las apañamos en lo que convenimos llamar el Japón profundo.

Curiosamente, fue el sitio donde mejor nos pudimos comunicar, ya que el personal de la estación hablaba un inglés académico que dejaba al que suscribe y sus compañeras en inferioridad lingüística, por lo que fácilmente pudimos resolver esta desagradable situación y continuar el viaje dos horas después.

Sirva esta anécdota como advertencia a aquellos viajeros que se aventuren por este país para recordarles que en Japón todas las líneas ferroviarias son privadas y que no existe monopolio. El JR-Pass sólo permite el acceso a las líneas de la Japan Railway que son las más importantes del país, pero no son todas las que hay y tampoco llega a todos los sitios.

Pero ahí no acaba todo.

En Shima-Hanto, todos los 5 de enero se celebra el casamiento de las rocas sintoístas. O eso creíamos después de leer lo que indicaba la guía del National Geographic.

Rocas sintoístas de Shima-hanto

Rocas sintoístas de Shima-hanto

Cuando por fin llegamos, sin esperanza de poder contemplar dicho evento, nos enteramos que este ritual sagrado se celebra en el mes diciembre, una mala pasada que nos jugó la guía y una anécdota para contar acerca de como dedicamos un día entero para contemplar “dos piedras con una cuerda”. Estos días al final son inolvidables y siempre los recordaremos entre risas.

Casamiento de las rocas sintoístas

Ritual de casamiento de las rocas sintoístas de Shima-Hanto. Fuente: kirainet.com

Pero el viaje continuaba y por fin llegó la hora, ya es la hora, por fin probaremos la nieve nipona, por fin comprobaremos si realmente mereció la pena reservar unos días para el esquí. Por fin sabremos si lo que nos venden los vídeos y las imágenes colgadas en Internet son ciertas o pura ciencia ficción.

Y nos dirigimos en tren hasta el aeropuerto de Kansai gracias a la facilidad de utilización del JR-Pass. Kansai, una brutal obra de ingeniería, una isla artificial construida en medio del mar.

Avión de ANA.

Avión de ANA circulando por las pistas del aeropuerto de Kansai

Vista aérea del aeropuerto de Kansai

Vista aérea del aeropuerto de Kansai

Si una cosa desean los japoneses, es que los extranjeros puedan conocer su país. Tanto es así que para evitarnos tener que hacer más de 1.000 km. de viaje, que podría durar unas trece o catorce horas y en el que debíamos realizar infinidad de transbordos con las maletas a cuestas, decidimos utilizar el transporte aéreo.

Pues bien, ANA tiene una tarifa plana para extranjeros en la que cobra unos 100 € por trayecto independientemente del día, la hora o el trayecto a realizar. Algo verdaderamente increíble y que por supuesto, pudimos aprovechar.

Web de reservas de ANA para España y Portugal

Y ya por el camino pudimos comprobar que nieve no iba a faltar. Al menos, desapareció el suspense que hasta ahora nos había estado persiguiendo. Seguro que esquiamos, bien o mal pero esquiamos. La alegría nos invade.

Alpes japoneses

Foto aérea de los Alpes japoneses

Y cuando llegamos al mar, pudimos comprobar con asombro como esta porción de agua que divide el país en islas establa moteada por puntos blancos que resultaban ser inmensos bloques de hielo que surcaban el mar esperando su trágico final.

Bloques de hielo.

Bloques de hielo flotando en el mar.

Y, no sin frotarnos antes los ojos ante la incredulidad de lo que estábamos viendo, divisamos la costa nevada ¡Qué cerca está nuestro destino!

Costa nevada

Aproximando al aeropuerto de New Chitoise

Bueno ¿Y ahora qué? ¿Cómo llegamos a Niseko?

Cuando en los meses anteriores estuve buscando información de como podríamos trasladarnos desde el aeropuerto de New Chitoise hasta Niseko, la información parecía confusa y aparentemente difícil.

Las opciones que se nos presentaban era la de ir en tren, necesitando realizar un trasbordo en Sapporo y una vez en la estación de esquí, utilizar los servicios de un taxi que nos llevara al hotel o la otra opción era la de utilizar una línea de autobús, la Chuo Line, que se menciona en la propia página de información de Niseko pero con el inconveniente de unos horarios limitados que nos hacían temer que íbamos a tener problemas para encontrar sitio.

Llegué a plantearme incluso hacer noche en Sapporo, pero eso hubiera supuesto perder un día de esquí, por lo que había que buscar alternativas, y la alternativa a priori fue la de viajar pronto para así poder llegar con holgura a los horarios de autobús y rezar para que hubieran plazas disponibles.

La ventaja de utilizar el autobús con respecto al tren es que es un viaje directo y que te deja en la misma estación de esquí.

Por tanto, una vez bajamos del avión nos dispusimos a buscar dicha línea, pero aún podríamos seguir sorprendiéndonos. La capacidad de asombro de los japoneses no tiene límite aparente.

En el mismo aeropuerto nos encontramos por casualidad un área llena de mostradores de empresas de autobuses y empresas turísticas. Nos dirigimos a una de ellas aleatoriamente para preguntarles donde podríamos encontrar la línea Chuo y también le comentamos nuestra intención de ir a Niseko para que nos informaran sobre las alternativas que tendríamos en caso de no haber plazas disponibles en el autobús.

Pues resultó que la mayoría de estas empresas realizan el mismo trayecto y al mismo precio, es decir, por unos 2.300 Yenes, aproximadamente unos 20 Euros y con unos horarios muy amplios, hasta las 20.00 h. o 21.00 h. no recuerdo muy bien.

Además dió la casualidad de que la empresa que elegimos aleatoriamente nos dejaba en la puerta de nuestro hotel, por lo que sin dudarlo, escogimos dicho servicio que nos llevó felizmente a nuestro hotel en un cómodo trayecto de tres horas.

Dicen que la mejor forma de ver un país es en tren o autobús. Y en Niseko esta afirmación cobra peso. Pudimos contemplar el lago Toyako

Lago Toyako

Lago Toyako

En cuyo centro se encuentra una isla, Nakajima, que al fin y al cabo es un volcan y nos recuerda que estamos en un país enclavado en mitad del cinturón de fuego.

Volcán de Nakajima.

Volcán que forma la isla Nakajima

Y seguimos avanzando y nos damos cuenta que estamos atravesando un parque nacional, en el que existen diversas especies protegidas, como los osos.

Advertencia sobre la presencia de osos

Numerosos carteles advierten sobre la presencia de osos e indican que no son animales precisamente pacíficos.

Aunque la biodiversidad es más amplia, y así lo indica la propia señalización de la carretera, con el objetivo, supongo, de concienciar a los conductores sobre el tramo que están atravesando.

Cuervos

Cuidado, cuervos

Zorros

Y zorros

Y según vamos avanzando, vamos encontrando cada vez más y más nieve. Nuestra sangre hierve. Esperaba encontrar nieve ¿Pero tanta?

Tramo de carretera

Tramo de carretera en el que vemos que hay un buen paquetón.

Y vemos que hay un buen paquetón, o ese era mi concepto de paquetón hasta la fecha. Íbamos adentrándonos cada vez más y más y los espesores iban también a más.

Tramo de carretera

Cada vez más y más nieve.

Grandes espesores de nieve

Esto quizás empieza a ser preocupante.

Esto empieza a ser preocupante. Parece que hay mucha nieve. Me asaltan nuevas dudas ¿Nos quedaremos bloqueados? ¿Seremos capaces de avanzar? ¿Cómo es posible que un vehículo tan grande no haga ni el mínimo amago de salirse de la carretera? La verdad, no sabíamos lo bien preparados que están en la isla para convivir con la nieve.

Autobús

Este es el autobús que nos llevó a Niseko, en un alto en el camino

Y dicen que los vehículos grandes no son aptos para circular en nieve. Pues menos mal que el nuestro es pequeño ¡Y no llevamos cadenas!

Cada vez más nieve

Cada vez más nieve

Pero que cantidad de nieve, y está nevando, esto promete. Ya divisamos a lo lejos las pistas.

Panorámica de Niseko

Panorámica de Niseko desde el autobús. Enclavada en medio de un volcán.

El autobús va parando en cada uno de los diferentes sectores de la estación, a excepción de Hanozo. Y ya podemos comprobar cual es el espesor en una de las partes más bajas de la estación.

Espesores en el Hilton.

Entrando al parking de Niseko Village.

Si esto es aquí abajo ¿Qué nos espera? ¿No será muy peligroso? Una cosa es cierta, nieve no nos va a faltar.

Por fin, llegamos al hotel. Pues nada, a registrarse y a descansar, que después de estar todo el día viajando ya no apetece otra cosa.

Entrada del hotel.

Entrada del hotel con servicios propios de transporte.

El cansancio me impide disfrutar de mi embriaguez, del sueño perseguido desde hace años y es que por fin estoy aquí. Mañana será otro día. Espero.

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