Silveretta Montafon – Hochjoch ¡Cuidado con el escorpión!

Entrada al telecabina de Valisera que da acceso a Nova.

Si el día anterior disfrutamos de una excelente jornada de esquí con Puros, éste no iba a ser menos. Se nos presentó otro fantástico día soleado y aunque la mañana amaneciera con niebla, pronto la humedad desaparería y pudimos disfrutar al máximo de este dominio aunque no disfrutáramas el máximo del dominio.

Dominio que está compuesto por dos estaciones que hasta no hace mucho eran independientes y que se han unido gracias a una inversión de 70 millones de euros ofreciendo al esquiador de a pie un total de 140 kilómetros esquiables entre pistas e intinerarios servidos por 37 remontes.

El precio de los forfaits, 45,90 € a niveles de estación puntera, ya que según ellos mismos, están entre las 10 más grandes de Austria y lo que sí es cierto es que es la más grande del Voralberg. También hay opción a sacarse pase de temporada de lunes a viernes o pase de temporada para caminantes, pero en mi opinión el precio de temporada normal (550 €) no merece la pena sacárselo porque compensa el del 3tällerpass, más barato que el de la propia estación.

Para acceder al dominio existe un punto central del que parten dos telecabinas, cada uno de los cuales te lleva a una estación. Este punto se encuentra antes de llegar al pueblo de St. Gallenkirch si venimos desde Bludenz.

Trayecto desde Bludenz

Llegar hasta aquí nos costó mucho menos que el día anterior; en unos 20 minutos más o menos cubrimos el trayecto, muy cómodo, en una carretera que atraviesa el valle de Montafón pero con la comodidad de no tener que subir ningún puerto.

La entrada, eso sí, está algo escondida, no se ve a simple vista por lo que hay que andar atento para desviarse justo en el punto en el que confluyen ambas estaciones.

Plano esquemático de la estación

La idea inicial que tenía en mente era la de visitar la estación de Silveretta Nova y posteriormente, dependiendo de cómo fuéramos de tiempo, cambiar a Hochjoch o dejarla para otro día.

Telecabina que sube a la estación de Silveretta Nova

Pues bien, la idea inicial se fue al traste cuando cogimos el telecabina de Hochjoch creyendo que era el de Silveretta Nova ¡Menudo despiste!

Telecabina que nos subiría a Hochjoch.

Así que nos tocaba improvisar. Bendita improvisación.

Fantásticas vistas que se pueden disfrutar desde el telecabina de Hochjoch.

Para empezar, el largo trayecto que nos conduce hasta la media estación de Hochjoch nos ofrece una vista en la que se dibuja perfectamente el valle, permitiéndonos contemplar lo que a nuestros ojos aparenta ser una maqueta viva.

Pero no fue hasta que llegué arriba que me di cuenta del error, cuando divisé un remonte que según el plano no debería estar ahí. Sin darnos cuenta, nos habíamos subido hasta el punto más alto de la estación, situado a 2.430 metros de altitud.

Llegada del Hochalpila

Pues bien, una de las propuestas que la estación sugiere a sus invitados es la de realizar el Hochjoch totale, que forma parte del Montafon Totale.

Puesto de observación de aludes en lo alto de Hochjoch

De un modo análogo a lo que es la Sella Ronda dolomítica, este trayecto, que está señalado en el plano marcado en color morado, se indican los remontes y pistas a seguir para disfrutar de un descenso continuado que va desde los ya mencionados 2.430 metros de altitud hasta los poco más de 700 metros en el que se encuentra el pueblo de Schruns.

Este increíble desnivel de 1.730 metros se puede hacer de un tirón y sin apenas remadas, la mayor parte del trayecto discurre por pistas rojas con un gran desnivel y sólo algunos tramos son coincidentes con pistas azules, aunque son unos azules muy atrevidos y no aptos para gente con poco nivel.

Comienza el descenso.

Este increíble descenso, uno de los mejores que yo he disfrutado en mi vida, nos ofrece, además de un interminable camino, unas vistas espectaculares.

Vistas que se pueden contemplar en el descenso del Hochjoch Totale. Tramo de pista azul de Grasjoch (1a)

Vistas al hütte Wormser, desde el tramo rojo (1a) de Kreuzjoch.

La primera parte de este tramo discurre por una especie de circo post-glacial, una zona de umbría que permite conservar la nieve en muy buenas condiciones.

Zona intermedia del Hochjoch Totale.

Por el camino se puede disfrutar de apariciones como la de este hütte.

Si este descenso sin paradas es posible, se debe en gran parte a la espectacular construcción de un túnel que horada la montaña de ladera a ladera.

Interminable túnel que comunica el collado de Kreuzjoch con el valle de Kapellalpe.

No en vano, se trata del túnel de esquí mas grande jamás construido, con una longitud total de unos 476 metros de longitud.

Hochjoch skitunnel 476 m el más largo del mundo.

No me imagino lo que debe ser mantener la nieve en un tramo tan largo pero creo que no debe ser una tarea precisamente sencilla. A su salida podemos comprobar con asombro como el descenso no acaba sino de comenzar.

Vistas a la salida del túnel

Un surfero preparándose para este segundo tramo del Hochjoch Totale.

Una vez se pasa el túnel, se tienen esas vistas que aparecen en la foto anterior y posteriormente nos encontramos con el grueso de pistas de Hochjoch, el corazón de la estación, pistas que podremos disfrutar en otro momento, porque nosotros continuaremos realizando el trayecto del Hochjoch Totale.

Y pronto divisaríamos los primeros remontes de esta zona.

Salida del Seebliga.

Y cuando pensábamos que ya estaba la mayor parte del descenso realizado, en la salida de la Kropfen, nos encontramos de bruces con esta estampa.

Schruns

A partir de este punto, el trayecto discurre entre pinos. El primer tramo se comparte con una pista azul, pero enseguida se dividen en dos caminos para luego volverse a unir en la base de la silla Kropfen, que además está junto a la parada intermedia del telecabina Hochjoch.

Este tercer tramo discurre complementante entre bosques de coníferas

En el plano da la sensación que son dos remontes, pero no, es uno sólo, aunque en este punto se realiza una parada intermedia para que los pasajeros puedan bajar o lo que es más importante, subir desde este punto, ya que 700 metros es una cota muy baja y es comprensible que muchos esquiadores no quieran bajar hasta el mismo pueblo, además que el segundo tramo transcurre por pistas rojas y el cambio de altitud es muy pronunciado.

Teleférico Hochjoch-II

Realmente parece una infraestructura duplicada, ya que la silla resuelve el mismo desnivel y de hecho transcurren paralelas.

Infraestructura aparentemente duplicada.

Pero esta duplicidad tiene un motivo de ser. Resulta que por la noche, y paralela a estas pistas, existe una pista nocturna de trineos que parte desde lo alto del telecabina Hochjoch II y termina precisamente en el Hochjoch I, permitiendo de esta manera disfrutar de varias bajadas a los usuarios de estos deslizantes.

A la derecha aparece parte del tramo de la pista de trineos.

Un trayecto que está disponible desde las 18.00 h. hasta las 21.30 h. y que se tarda en hacer en unos 15 o 20 minutos a un precio de poco más de 17 €.

Auto-retrato.

Aunque el telecabina te deja un poco más abajo. Resulta curioso, porque la silla, que claramente se ve que tiene más antigüedad, tiene que salvar el edificio de salida del telecabina, pasando por debajo del mismo.

Pasando por debajo del Telecabina Hochjoch.

También pudimos disfrutar de una nieve excelente de la pista número 3 y de los ski-routes 4 y 5, una zona que a simple vista ya indica la inclinación y peligrosidad de la zona, hecho que detectamos por las numerosas barreras antialudes colocadas en la mayor parte de la ladera.

Silla de Sennigrat.

La pista número tres es una de las muchas pistas que están marcadas como pistas escorpión, término utilizado por el dominio para indicar aquellas pistas de especial dificultad, una especie de doble diamante, como se representa en las estaciones americanas o japonesas, pistas éstas que en algunos de sus tramos tienen un desnivel de hasta el 81%.

Infinidad de barreras antialudes en esta peligrosa zona.

No en vano, este dominio está considerado como uno de los destinos preferentes para los freeriders, ofreciendo infinidad de intinerarios fuera-pista, calificado como el destino número 1 por el sitio skiinfo.de

Muchas posibilidades para el freeride.

Aún bajamos un par de veces más por aquí, subiéndonos por la Hochjoch Mitte para no perder mucho tiempo, porque la nieve, las pistas, las vistas y la poca gente nos engancharon de tal manera que podríamos habernos quedado ahí hasta que cerraran, pero también queríamos, bueno para ser sincero era yo el que quería, conocer la zona de Nova.

Panorámica con Schruns al fondo.

Tramo de la pista ¡azul! Cuidado que algunos tramos tienen mucho desnivel.

Tramo de la pista azul.

Increíble el entorno.

Increíble el entorno. Detalle de algunos árboles, que llegan a alcanzar gran altura.

Pistas alternativas al Hochjoch Totale.

Rápidamente nos dispusimos a volver y no le dedicamos tiempo a la zona de Grasjoch, a pesar de que ésta también tenía muy buena pinta.

Creo que a este dominio hay que dedicarle al menos dos días, si se quiere disfrutar al máximo de él y no cometer el error que nosotros cometimos de querer hacerlo todo en un día porque estoy seguro que muchas de las cosas que aquí se esconden nos las perderíamos.

Para ir a la zona de Nova, tendríamos que bajar por el telecabina de Grasjoch ya que no es posible bajar esquiando. Y de ahí, tomaríamos el remonte de Valisera, que está dividido en dos tramos, Valisera I y II, aunque no es necesario bajarse de uno para subir a otro sino que simplemente existe una parada intermedia que sirve para recoger esquiadores que no quieran bajar al fondo del valle, ya que aquí sí es posible.

A la salida del telecabina, podemos encontrar el símbolo de la estación presidiendo uno de sus puntos más altos.

El escorpión, símbolo de la estación.

La estación apuesta fuerte por los esquiadores de nivel, tanto es así que dispone de 7 pistas escorpión, pistas de especial dificultad, pero que en un día como en el que estuvimos son asequibles porque la nieve presentaba buena cara. Además, las zonas de freeride son fácilmente accesibles desde los remontes y de hecho, se ofrecen tours y guías para disfrutar de estos verdaderos intinerarios fuera-pista.

Vistas al Schwarzköpfle desde Valisera.

Vistas a Versettla desde Valisera. Planificando donde ir.

Panorámica desde Valisera, la zona del escorpión.

Comenzamos nuestro particular recorrido desde este punto y el objetivo era llegar hasta Gaschurn y volver, lo que nos obligaría a bajar por la pista 41 y ahí enlazar con la silla Nova.

Las pistas presentan un excelente estado.

La estación alcanza cuatro picos que están dispuestos en forma de U sobre los que se han situado las pistas y remontes y le atraviesan dos valles.

Esta disposición hace que sea tremendamente fácil cambiar de un valle a otro o cambiar de zona, por lo que no nos costó apenas tiempo llegar hasta el pico de Versettla que nos daría acceso a otro de los impresionantes descensos que se pueden realizar en esta estación.

Un descenso que parte desde Burg a 2.140 metros y desde el que sólo es posible llegar por pistas rojas o negras, incluso utilizando algún ski-route rojo o negro y no habiendo más posibilidad que utilizar el ski-route R60b en la segunda parte de este descenso para llegar hasta el pueblo de Gaschurn situado a 985 metros sobre el nivel del mar, lo que nos da un desnivel total de 1.155 metros de desnivel total.

Un vertiginoso descenso que hará las delicias de más de uno, pero advierto, es necesario tener un buen nivel de esquí para realizar este recorrido porque con nieve en peores condiciones se puede sufrir bastante.

Algunos tramos pueden presentar especial dificultad a esquiadores no experimentados.

Posteriormente comprobamos que estas pistas, aunque tienen una apariencia terrorífica, se tornan asumibles con esta nieve.

Hoy es sencillo bajar por estas interminables pistas.

Tramo de bajada a Gaschurn

Deliciosa bajada a Gaschurn

La subida se hace posteriormente en un telecabina que está también dispuesto en dos tramos con una parada intermedia en la que no es necesario bajarse, pudiendo continuar hasta el final.

Telecabina de subida a Versettla.

Pero si tenéis hambre, yo os recomendaría que os bajarais porque en este punto intermedio existe un restaurante, el Rehsee Stöbli, con una amplia terraza y mesas atendidas por camareros, nada de self-service, en la que se puede disfrutar de una amplísima carta con auténticas delicias locales, mientras se disfruta del sol en un entorno muy tranquilo, sobre todo en comparación con el resto de locales que vimos por la estación en nuestro recorrido, mucho más saturados de gente. Todo un acierto en mi opinión.

Además, si estáis alojados en Gaschurn o algún pueblo cercano, como Sankt Gallenkirch, es buena idea dedicarle una noche para ir cenar en un privilegiado balcón al valle, ya que las vistas que se ofrecen son asombrosas.

Aspecto del último tramo de bajada a Gaschurn

No os descuidéis, sin embargo, con la hora, ya que la última bajada se realiza a las 22.00 h. El transporte, que se hace desde el telecabina, cuesta unos 7 €, e incluye tanto la subida como la bajada.

Incluso en su oferta de ocio, los miércoles ofrecen la noche romántica, en el que te servirán un aperitivo caliente en su terraza y luego se podrá disfrutar de una barbacoa en el interior del local.

Si os gusta más la marcha, al final del telecabina del Versettla, nos encontramos con un Hütte con mucho ambiente y gente con mucha juerga y sin ganas de esquiar.

Apreskí de Nova-Stova.

Un sitio donde todos los días un DJ deleita al público con música de todo tipo, no sólo electrónica, no sólo música tradicional de apreskí, sino ambas y más, pero un apreskí que cierra a las 16.15 h., ya que no existe otra posibilidad que bajar o en remonte, que los cierran sobre las 16.30 h. o esquiando y no debe ser muy bueno permitir que algunos personajes, después de estar de juerga y tomar alguna que otra cerveza con schnapps, bajen en la oscuridad por una pista que requiere mucho nivel de esquí.

Así que más bien parece un sitio para acompañantes o grupos de amigos que han venido más de fiesta que a esquiar, un concepto que a mí no me gusta y por tanto, no paramos ni un minuto en este local, sólo el tiempo justo para tomar la foto y salir pitando, ya que desde aquí partía nuestro camino de regreso.

Divisamos nuestro objetivo final, que es donde tenemos el coche. Sankt Gallenkirch.

Bajamos por la pista 55, una de las pistas escorpión, y las vistas que nos ofrece hacia el valle del Montafón, son simplemente embriagadoras.

Al fondo, nuestro camino de vuelta.

Y si nos damos la vuelta, podremos contemplar la cabecera del valle.

Cabecera del valle.

Desde aquí, podíamos tomar la silla de Schwarzköpfle, que nos permitiría subir por la Rinderhütte. Como teníamos tiempo, nos dedicamos a bajar por las pistas rojas de esta ladera, porque la nieve estaba enganchona, es decir, que estaba en tan buen estado que nos enganchaba tanto que no queríamos abandonar la zona bajo ningún concepto.

Esta es de las pocas veces que me quedo con ganas de bajar más, creo que tardaría mucho en cansarme de esta zona de la estación, muy divertida, con un buen desnivel, unas pistas perfectas, no son rectas, tienen variantes y no presentan especial dificultad, aunque no está recomendada para esquiadores nóveles.

Silla Madrisella y al fondo, desde donde venimos, el Versettla.

Pero el tiempo, maldito paso del tiempo, se nos echaba encima y estábamos obligados a volver. Para ello, tendríamos dos opciones. Seguir bajando por alguna de las pistas que tanto estábamos disfrutando, para luego continuar por la pista 24, que al ser azul marcada en el plano y atravesar todo el valle, se me antojaba una pista plana y aburrida, o la otra opción que no era ni más ni menos que dar la vuelta por la otra ladera del Schwarzköpfle e internarnos en una solitaria zona de la estación que presentaba este aspecto.

Magnífica también esta parte de la estación.

De nuevo, un acierto. Sin apenas gente, el aspecto de esta zona presentaba otra cara totalmente distinta dando la sensación de que habíamos cambiado de estación.

Ya divisamos los remontes de vuelta.

Me hubiera quedado mucho más, pero teníamos que continuar nuestro trayecto a casa si no queríamos acabar en algún pueblo perdido del valle.

Desde luego, en mi mente se estaba formando la idea de que nos estábamos perdiendo mucho de esta estación.

Así que bajando por la pista número 33 pudimos alcanzar el Sohnenbahn, una silla que remonta una ladera que apenas había tocado la gente y que veíamos con frustración como nosotros tampoco íbamos a poder bajar sobre ella.

Una vez arriba, en vez de bajar por esa ladera, tuvimos que ir volviendo a Sankt Gallenkirch, bajando por la pista azul 20a, donde acaba el remonte de Valisera, pero me despisté y bajamos la pista roja 23. Bola extra. Otra magnífica pista que, esta vez sí, pudimos disfrutar.

Tramo del telecabina de Valisera.

Tener cuidado a la vuelta, porque mirando el plano se puede tener la confusión que se puede llegar esquiando desde cualquier punto de este valle hasta Sankt Gallenkirch, pero no es así. Para llegar esquiando hay que tomar el pequeño remonte Vermiel, que nos subirá unos 50 metros de desnivel.

Si remoloneáis y os cierran la silla, os tocará subir ese desnivel andando y con nieve no es nada fácil, así que andaos con ojo con la hora si no queréis sufrir el camino de vuelta.

Este pequeño remonte, nos deja en una altiplanicie, donde se encuentra una pequeña urbanización constituida en su mayor parte por Gasthaus, hoteles y apartamentos, además de algún que otro local de Apreskí, perteneciente este poblado al mismo municipio de Sankt Gallenkirch, demostrando una vez más que en Austria, el esquí en mitad de pistas sí es posible.

El esquí en mitad de pistas, sí es posible.

Desde este poblado parten dos impresionantes pistas, con mucho desnivel, un paisaje entre pinos, de cuento y unas privilegiadas vistas al valle que nos harán disfrutar un rato más.

Tuvimos la oportunidad de bajar por las pistas 29 y 20c, rojas ellas, que curiosamente, y a pesar de las altas temperaturas y de haber tenido sol la mayor parte del día, conservaban muy bien la nieve, supongo que debido a que es una zona de umbría, única pega que se les puede poner a estas pistas.

Tramo final de Garfrescha.

Como la hora estaba muy justa, decidimos tomar el remonte de Garfrescha, ya que aunque sabíamos que sí nos daba tiempo a subir en el telecabina de Valisera, lo que no teníamos tan claro es si nos daría tiempo a enlazar con el pequeño remonte Vermiel, y de ahí nuestra decisión.

Remonte de Garfrescha.

Y la verdad, es que fue un remate, cuanto menos, exótico. Ésta es una de las sillas más extrañas en las que me he subido nunca.

Además de su desvencijado aspecto, resulta que para asegurar a sus pasajeros, las barras había que moverlas, no de arriba a abajo como es normal en un remonte, sino de lado, realizando un giro de 180 grados y que no tenía tope, de forma que la única seguiridad es la que tú mismo te proporcionabas al apoyar los esquís sobre la barra inferior, que al hacerlo se ejercía una gran presión que impedía que se moviese esta barra de seguridad.

A continuación os muestro en detalle, como son esas barras de seguridad cuando están abiertas.

Aspecto de las sillas con la protección abierta.

Y así es como se encuentran cuando están cerradas.

Y así es como queda la barra de seguridad.

Increíble invento, aunque no genera mucha confianza.

La última bajada se realiza por las misma pista roja que habíamos bajado previamente, y tomando luego la variante 20d, una pista azul muy llana que en algunos tramos exigía el esfuerzo de los esquiadores para que se empujaran con los bastones y obligando a los snowboarders a quitarse la tabla y realizar este último trayecto andando.

Un poco forzado este final, que merece la pena por todos los trayectos previos que sí nos permiten disfrutar y mucho de esta última bajada.

Un trayecto, por otro lado, que se ve compensado por la magnífica visión del paso del río que rodea la pista en este último recorrido, que permite distraerte del esfuerzo final por alcanzar la meta en la que se encuentra nuestro coche de vuelta.

Un último esfuerzo para finalizar la jornada.

En resumen, me gustaría comentar que ésta es una estación muy recomendable para esquiadores que les guste esquiar fuerte, recomendada para freeriders, por su fácil acceso a intinerarios y verdaderos fuera pista desde los mismos remontes, pistas con gran desnivel y muy largas, además de proporcionar paisajes de ensueño que estoy seguro no se os olvidarán fácilmente.

También recomiendo dedicarle al menos dos días si se quiere disfrutar verdaderamente de esta estación, ya que en un sólo día es muy forzado, tiene un tamaño más que considerable y además muchas zonas os atraerán tanto que no querréis salir de ellas durante un buen rato.

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Faschina-Damüls-Mellau. El reino de la nieve.

Con 109 kilómetros de pistas y 29 remontes, éste es el dominio más grande del Bregenzerland.

Llegar hasta aquí nos costaría alrededor de tres cuartos de hora, porque a pesar de estar a tan sólo 31 kilómetros tenemos que atravesar dos puertos de montaña, además con algunos de sus tramos nevados, lo que nos obligaba a extremar las precauciones y a ralentizar la marcha.

Trayecto desde Bludenz.

Curiosamente en cada uno de estos puertos podíamos encontrar una estación de esquí, la pequeña estación de Raggal y la meca del freeride del Voralberg, Sonntag, una estación no más grande que Navacerrada pero que tiene una pinta estupenda.

Damüls, según la propia estación, es el pueblo más nivoso del mundo en el que caen de promedio anual unos 9 metros de nieve.  

Pueblo de Damüls, situado a 1.431 metros de altitud.

Yo tengo mis dudas de la veracidad de esta afirmación después de ver las ingentes cantidades de nieve que caen en la isla de Hokkaido, en Japón, pero sin duda, es uno de los pueblos más nivosos, sino del mundo, seguramente sí de Europa.

La explicación que se ofrece para justificar este calificativo aparece en su página web y es ésta:

Explicación de por qué consideran a Damüls el pueblo más nivoso del mundo.

Trataré de traducir como buenamente pueda este texto.

Primero se ofrece una explicación de lo que se considera un pueblo, que no responde tanto a un ordenamiento político sino más bien a un tema geográfico.

Se dice que para que un núcleo de población se considere un  pueblo es necesario que hayan al menos 9 casas y 29 habitantes, las distintas partes del pueblo deben estar comunicadas por caminos de menos de 1.000 metros y no se deben tener en cuenta los alojamientos turísticos ni contar a los turistas como habitantes, debe disponer de un centro o núcleo central que será la parte más vieja del pueblo y tendrá algún tipo de centro social, ya sea una iglesia, un ayuntamiento o una escuela.

A continuación pasan a comentar que para considerarlo como el pueblo más nivoso hay que tener en cuenta los datos de los últimos 5 años y los ofrecen en la lista del Top 5.

Por último, se da una explicación de como llegan las nevadas. Una configuración de viento noroeste que provoca que el aire húmedo se encuentre como primera barrera algunas de las montañas de más de 2.500 metros que retienen el aire cargado de humedad y descargan principalmente en las montañas del Bregenzerwald, suponiendo una diferencia notable con otras zonas alpinas relativamente cercanas como son St. Anton, Ötztal ó Zillertal.

A mí personalmente no me convence mucho esta explicación, pero estas estadísticas, sin duda nos garantizan una probabilidad muy alta de encontrar buena nieve en este “reino de la nieve“, incluso en años malos como está siendo este 2014, donde pudimos encontrar buena nieve e incluso disfrutar de varios fuera pistas.

Debido a que el día anterior nos encontramos con Puros, decidimos “arrejuntarnos” en este dominio compuesto por tres estaciones.

Cuando hablamos el día anterior, me comentó que iniciarían la joranda en Faschina para luego continuar por Damülls y Mellau. Resulta que viniendo de Bludenz, es la primera estación que aparece ante nuestros ojos. Perfecto. Llamada para ver donde andan y a esquiar.

Pues bien, andar, no andaban, sino que en Damüls se encontraban y, aunque yo no lo sabía, Faschina está aislada por remontes del resto del dominio por lo que no es posible cambiar de valle con los esquís puestos.

Plano de pistas de Faschina-Damüls-Mellau

Aunque hablando con Puros me comentó que sí, que pertenecían al mismo dominio y que no había problema, pensé que el plano de la estación estaría anticuado y que sí existiría alguna comunicación entre ambos valles. Pues no, no existía. Un malentendido del que luego nos reiríamos largo y tendido.

Gracias a este malentendido tuvimos la oportunidad de conocer esta tranquila estación, con grandes posibilidades para el freeride, una nieve de muy buena calidad, muy soleada y, lo mejor de todo, apenas cuatro gatos, una soledad que como consecuencia resultaban que muchas de las pistas estaban sin estrenar y el fuera pista tenía una nieve en polvo de una calidad excelente por las que apenas había pasado gente, algo asombroso teniendo en cuenta la mala temporada.

Vistas de Faschina, a la salida del remonte Glatthorn.

Además, las vistas, los paisajes, son algo que perdurarán en nuestro recuerdo con el paso de los años. Nos sentimos unos privilegiados.

En primer término el ski-route Hahnenkopf Nord. Más abajo, el ski-route Hahnenkopf Ost.

Donde se puede comprobar lo que es la nota general en todos los valles del Voralberg, y es lo escarpado y agreste de sus montañas.

Valles muy cerrados que le dan un carácter genuino.

No os engañéis por el pequeño tamaño de la estación que aparece en el plano, existen muchas bajadas fuera pista que con buena nieve os harán pasar una mañana o una tarde muy agradables.

Por algunas pistas apenas se notaba el paso de esquiadores.

Hay que decir que en este dominio se saben punteros y, por tanto, los precios de los forfaits no son tan económicos como en otras estaciones de la zona. Pero aún así, al igual que el resto de estaciones, la flexibilidad es la norma:

Tarifas 2013-2014

El precio para un adulto es de 45 €, y si te alojas en la zona o eres residente del valle se obtiene una reducción de 2 €. También se da la oportunidad de alargar un día más la jornada de esquí por 36,50 €.

Si se quieren sacar forfaits de dos días y medio o más, entonces es necesario o acogerte a la oferta del mehrtageskarte del 3tällerpass que expliqué en el capítulo anterior o acogerte a una interesante oferta en la que se incluye la presumiblemente fascinante estación de Sonntag.

Tarifas combinadas con Sonntag.

Después de estar como una hora y media en Faschina, decidimos cambiar de estación y nos fuimos directamente a Damüls, que era el siguiente pueblo. Aunque habían muchos coches, no fue un problema aparcar y eso que eran más de las 11.00 h.

Decidimos, pues, explorar esta afamada estación y comprobar en nuestras propias carnes si realmente se hace merecedora de dicha fama.

La primera silla que encontramos es la Uga-Express, que nos deja en mitad de la estación

Final de la silla Uga.

En cuya salida se puede contemplar vistas como estas:

Vistas a Damüls, destacando su campanario.

Desde aquí decidimos empezar fuerte y bajar por la pista número 2, roja para más señas, ya que veníamos calientes del otro dominio y el tiempo, como se puede comprobar en las fotos, era espectacular, tan plácido como aparentan las fotos, algo que no es bueno para la nieve que, milagrosamente, se encontraba en muy buen estado.

Algunos no se resistieron a disfrutar de la nieve recién caída del día anterior.

El motivo de bajar por esta pista no era otro que el de acceder a la silla Sunnegg que da acceso a dos excelentes y muy divertidos ski-routes marcados como negros en el plano.

Silla Sunnegg

La silla, como se puede ver, no es de lo más moderno del mundo, pero da acceso a una de las zonas de esquí más divertidas de la estación.

En la foto se puede ver una zona de huellas, donde decenas de esquiadores disfrutaron de su nieve y a la derecha lo que aparenta ser una pista pisada pero que realmente se trataba de un ski-route.

Pues bien, yo hasta ahora había creído que los ski-routes son intinerarios marcados por la estación pero que no se cuidan ni mantienen, pero no, aquí los ski-routes, en la mayoría de los casos sí se pisan y se tratan, algo que me sorprendió mucho y que en cierta forma me decepcionó porque le quita la diversión de creerte en un auténtico fuera pista.

No así a Mercedes, que veía con alivio y algo de sorpresa que también podía esquiar estos ski-routes sin especial dificultad, al menos, no mayor dificultad que una pista negra.

Vistas desde lo alto de Sunnegg. Se puede ver perfectamente el formato de la estación.

Parte del ski-route 3 – Sunnegg Steilhang.

Mercedes y yo disfrutamos mucho de estas bajadas hasta que una llamada nos sacó del éxtasis en el que nos encontrábamos. Ni más ni menos que Puros. Por fin, conseguimos contactar y encontrarnos para “echar” unas bajadas juntos:

Puros y su atuendo antipérdidas.

Gran conocedor de la estación y catedrático en nieves austriacas, decidió, junto a sus amigos, mostrarnos los mejores secretos de la misma.

Comienza el tour.

Empezando por el pueblo mismo, cuyas pistas lo atraviesan, dejando en evidencia una vez más a aquellos que defienden los macrodominios franceses alegando ser los únicos en los que es posible realizar el ski-in/ski-out y por eso se justifican esas horribles construcciones desarrollistas de los años 70.

Mercedes contemplando el campanario de Damüls.

Así que comenzamos el tour con este personaje y sus amigos, excelentes esquiadores y snowboarders, y mejores personas aún si cabe, que controlaban el medio a la perfección.

Dirigiéndonos al aparcamiento de Damüls. En primer término uno de los amigos de Puros.

Otro de los amigos de Puros. No todos son “limacos”.

El plan era volver al pueblo de Damüls, para de nuevo tomar la silla Uga, y seguir nuestra incursión hasta llegar a Mellau, para luego volver.

Repasamos todas y cada una de las pistas que aparecen en el plano, empezando por la Hoches Licht, que su cima nos muestra el espectacular pico Damülser Mittag.

Espectacular el Damülser Mittagspitze.

Y si nos damos la vuelta, podemos contemplar la ladera de la que venimos:

A la izquierda se puede contemplar el final del remonte Sunegg y a la derecha se distingue perfectamente la bajada del skiroute 3 – Sunegg Nord

En total, una primera bajada continua que va desde los 1.980 metros en su punto más alto hasta los 1.620 de la parte más baja, pero que parecen más y a continuación, el Hohe Wacht nos permite pasar al valle de Mellau y realizar nuestro primer y verdadero fuera pista con una nieve deliciosa.

Puros y Larios preparándose para el primer fuera pista de la jornada, al menos, el primero para mí.

La nieve parecía estar en muy buen estado.

Nieve que presumiblemente era recién caída de la nevada del día anterior, lo que nos obligaba a ser prudentes ya que algunos obstáculos estaban disimulados por esa fina capa de nieve pero no lo suficiente y podrían provocarnos alguna caída, algo que no deseábamos más aún cuando estábamos muy sensibilizados con el accidente de Schumacher.

Esta imagen más en detalle nos alerta para que vayamos con cuidado ya que la capa no es muy gruesa.

Si nos damos la vuelta, aún podremos divisar el valle de Damüls, al que pronto perderíamos de vista. Viendo estas imágenes es cuando realmente se aprecia el tamaño de la estación, que está muy bien aprovechada, ya que con pocos remontes se cubre una gran área esquiable.

Desde este punto, también tenemos una magnífica vista al norte, una inmensa meseta que finaliza en el lago Boden, el que presumiblemente le proporciona toda la humedad necesaria al aire para que descargue brutalmente en esta estación dotándola de un privilegio en forma de oro blanco.

Mercedes contemplando las magníficas vistas a la meseta norte.

La siguiente bajada incluía el paso de un túnel de nieve, algo espectacular, no sabía yo que en los túneles nevaba, sobre todo en estos tan largos ya que medía al menos 100 metros.

Salida del túnel que nos comunicaba con Damüls.

La continuación de la pista tenía este aspecto.

Magníficas vistas.

Y es que en el plano de pistas apenas se representa y da la sensación de ser una estación con poca vegetación y mucho más fría de lo que realmente es, bastante agradable a la vista y con unos trazados variados y divertidos que nos proporcionan diversión y placer a cada bajada, que es distinta cada vez.

Además, resulta tremendamente fácil cambiar de valle, si exceptuamos Faschina, lo que nos permite explorar cualquier rincón de la estación sin que para ello tengamos que estar pendiente del reloj a cada momento.

Así que nuestro afamado guía nos guía por la siguiente subida, Wildgunten, donde nos deja en una divertida pista roja con el mismo nombre y que nos da acceso a otro ski-route, esta vez sin pisar, el número 7 – Hochegg Mellau.

Salida del Wildgunten.

Entrada al ski-route 7 – Hochegg Mellau

Perfecto, porque Mercedes y uno de los amigos de Puros no les gusta los fuera pistas, y estos trazados nos permiten combinar la pista y el fuera pista (realmente un ski-route) y reunirnos de nuevo, pero ya en el mismo pueblo de Mellau y así todos disfrutamos.

Gracias Puros por guiarnos tan bien, creo que nadie, ni tus amigos, ni Mercedes y, por supuesto, ni yo mismo estuvimos en ningún momento incómodos y más bien disfrutamos enormemente de estas bajadas que tan bien nos mostraste.

Esta bajada, para nosotros mitad ski-route, mitad pista, parte de los 1.700 metros de altura y acaba en los 700 metros en los que se encuentra el pueblo de Mellau, es decir, un impresionante descenso de 1.000 metros que pasaba íntegramente por bosque.

La pista baja por un frondoso bosque de coníferas.

Resultaba curioso este descenso porque el problema que nos podíamos encontrar en pistas no era precisamente la escasez de nieve, ya que había nieve suficiente para bajar hasta la cota inferior y además estaba en buen estado, sino sobre todo por los caminos con menos desnivel, se encontraban muchas piñas caídas de las coníferas que nos rodeaban y podrían causarte algún que otro problema si pasabas por encima de ellas.

Al fondo ya divisamos el pueblo de Mellau.

Último tramo antes de llegar a Mellau.

Una vez cumplido el objetivo, decidimos comer algo antes de volver a Damüls. Una vuelta que aunque aparentemente pasamos por las mismas montañas, las bajadas son completamente distintas debido al cambio de orientación, y además con el sol de tarde los paisajes se tornaban mas cautivadores aún si cabe.

Único telecabina del dominio que parte desde el pueblo de Mellau.

Se notaba, sin embargo, que estas laderas con orientación noroeste sufren más con el paso del día y la nieve aquí estaba empezándose a transformar en nieve papa, por lo que los fuera pistas que nos marcamos ya no eran tan disfrutables como los que gozamos a la ida.

De vuelta a Damüls por Hohe Wacht.

Puros visualizando el siguiente fuera pista.

Al final pasamos un gran día, con una compañía inesperada pero la mejor que se puede tener. Yo creo que todos disfrutamos y acabamos contentos con el gran día que pasamos.

Se nota una gran diferencia entre explorar una estación por tu cuenta y cuando alguien que la conoce te la muestra. Estoy seguro que visitando yo solo la estación no la hubiera disfrutado tanto a como lo hice este día.

Es posible que por ello mi percepción de este dominio esté algo distorsionada y tienda a sobrevalorarlo, pero me pareció una estación en la que se puede pasar, sino una semana, si dos o tres días sin que en ningún momento te puedas llegar a aburrir.

Es sobre todo, muy variada y además permite el esquí a todos los niveles permitiendo además que gente que viaja junta con niveles distintos puedan coordinarse para coincidir a la entrada o salida de los remontes, ya que en la mayoría de los remontes hay opciones para los esquiadores menos expertos y así se puede estar en permanente contacto con todos los “co-viajantes”.

Espero que os haya gustado esta estación y que os animéis algún día a visitarla, bajo mi punto de vista, realmente merece la pena una visita.

Gracias por todo Puros y discúlpame que no recuerde el nombre de todos tus amigos, un fallo imperdonable.

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Brandnertal – La montaña amable.

Voralberg es uno de los 9 estados federales (Bundesländer) de Austria, el que está situado más al oeste del país, rodeado en su mayor parte por Suiza (y Liechtenstein) excepto por el este, que limita con el Tirol.

Al igual que su estado vecino (Tirol) e imitando su gestión, 41 dominios esquiables se han unido para lanzar una magnífica oferta por la que es posible utilizar las instalaciones de todos estos dominios comprando un pase de temporada conjunto al que se le ha denominado el Drei Täller Pass (El pase de los tres valles)

El 3tälerpass, es válido para todas las estaciones de esquí del Voralberg y algunas del Tirol. Y por un poco más se incluyen las estaciones del Alberg en el lote (estaciones míticas como Sankt Anton o Lech). Una oferta que por 465 € (408 € si se compra por anticipado) se puede disfrutar ilimitadamente durante toda la temporada.

Una competitiva propuesta inimaginable en nuestro esquí patrio, donde lo más parecido que se puede encontrar es la oferta que en su día sacó Aramón para poder esquiar en las siete estaciones aragonesas, aunque a un precio visiblemente superior a la apuesta austriaca.

A continuación os muestro la oferta de precios:

Precios del forfait de temporada del 3tällerpass

Precios del forfait de temporada del 3tällerpass

Muy a tener en cuenta en el caso de querer esquiar en esta zona durante dos o más semanas, aunque no sea de forma consecutiva. Interesante sobre todo porque te da la libertad de elegir la estación en función de las condiciones de nieve y del tiempo reinante en cada momento.

Alternativamente hay una opción de sacarse el pase de los tres valles para varios días en vez de para una temporada, pero hay que prestar atención porque en este pase no están incluidos todos los dominios del Land sino sólo aquellos que pertenezcan al Bregenzerwald.

Precios del 3tällerpass para varios días.

Precios del 3tällerpass para varios días.

Precios para dos días y medio, donde el medio día es el último y empieza a contar a partir de las 11.30 h., precios de hasta 13 días, más significaría que puede compensar comprar el pase de temporada (en la oferta indican que se debe preguntar ya que los precios variarán dependiendo de si es temporada alta o baja), pases que son válidos para cualquier día de la temporada, pases de dos, cinco y ocho días NO consecutivos y todos ellos válidos para las siguientes estaciones, todas ellas pertenecientes a la región de Bregenz:

Möggers – Buch – Alberschwende – Sulzberg – Riefensberg – Hittisau/Hochhäderich – Balderschwang – Sibratsgfäll – Hittisau – Egg/Schetteregg – Bödele – Andelsbuch/Bezau – Bizau – Reuthe – Damüls-Mellau – Diedamskopf – Warth/Schröcken – Kaisers – Holzgau – Bach/Jöchelspitzbahn – Elbigenalp – Häselgehr – Stanzach – Boden/Bschlabs – Gramais – Dornbirn/Ebnit – Faschina – Sonntag/Stein – Raggal.

Tener cuidado con esto porque Puros, con el que coincidí un par de días quiso comprar este pase para Brandnertal y se llevó la sorpresa que no era válido y tuvo que adquirir el pase individual para esta estación.

Cuando aquí en España se discute si es bueno o no cobrar una parte del total del precio normal de una única estación cuando ésta no está completamente abierta o si surgen polémicas de si devolver o no un forfait que se compró anticipadamente cuando un día no abren la estación por condiciones meteorológicas adversas, viendo estas magníficas ofertas da la sensación que estamos a años luz en cuanto a oferta de precios y flexibilidad de los mismos y queda en evidencia la escasa oferta que existe en nuestro país.

También da la sensación que las estaciones no tienen la presión de la competencia, porque para cualquiera de nuestras estaciones, ofertando mucha menos extensión esquiable, un pase de temporada es inconcebiblemente más caro que  el precio de este pase.

Nosotros comenzamos nuestro primer día en esta estación de esquí (Brandnertal) que se encuentra a tan sólo 10 km. de Bludenz.

Nuestra primera misión: Alquilar esquís.

Cuando llegamos a Bludenz el día anterior, intentamos localizar alguna tienda de esquí en la que pudiésemos alquilar material ya que llegamos con el tiempo suficiente para hacerlo.

Como no sabíamos donde podríamos encontrar una tienda y Bludenz tiene un tamaño lo suficientemente interesante como para evitar recorrerla a pie buscando algún local de este estilo, le preguntamos directamente a la persona que dirigía el gasthof en el que nos alojamos y nos dijo que de haber algo sería en el centro comercial de Bürs y nos indicó como ir.

Pues resultó que no, que tampoco ahí se alquilaban esquís, aunque sí que había una inmensa tienda de material, mejor dicho, existían un par de ellas, pero en ninguna se dedicaban al alquiler de esquí.

Esto, como ya comenté en el capítulo anterior, me sorprendió mucho, una ciudad que está apodada como la ciudad alpina no tiene como negocio principal o como una parte importante de su economía el turismo de esquí. Así que si os alojáis en esta ciudad tener presente que os va a costar encontrar una tienda de alquiler de esquís.

Por este motivo decidimos alquilar en la primera estación de esquí que visitáramos y ésta debía encontrarse relativamente cerca de la ciudad para que el último día, cuando nos viéramos obligados a devolver los esquís, no tuviéramos problemas con la hora, ya que en Austria es normal que los comercios cierren a las 18.00 h.

Las dos estaciones más cercanas a Bludenz son Golm y Brandnertal, ambas distan a unos 10 km. por carretera.

Según me habían comentado, la estación de Golm parecía menos interesante por lo que decidimos ir a Brandnertal y allí alquilamos los esquís en una tienda situada en la base del telecabina Dorfbahn.

El precio: 190 € para dos pares de esquís de gama alta y una duración de seis días con opción a cambiar el modelo si no nos gustaban los que nos habían proporcionado.

Cria de llamas en cautividad a la entrada de Brand

Cria de llamas en cautividad a la entrada de Brand

Como ya he dicho, decidimos ir a Brandnertal por la cercanía a Bludenz, ya que así, el último día, para devolver los esquís no tardaríamos mucho, pero resultó que para llegar hay que subir un pequeño puerto de montaña que ralentizaba nuestra marcha. Y para añadir dificultad al trayecto, la carretera estaba nevada, lo que nos obligaba a ser más prudentes de lo normal, porque aunque dispusiéramos de ruedas de invierno nunca hay que bajar la guardia.

No es que fuera algo grave, pero el día que tuviéramos que devolver los esquís, pensamos, tardaríamos algo más de la cuenta. Si alguna vez os encontráis en la misma situación, es mejor ir a alquilar a la estación de Golm, o alguno de los pueblos que se encuentran antes de llegar a esta estación, como pueden ser Sankt Anton im Montafon o Vandans, ya que aquí la carretera va por todo el valle y resulta mucho más cómoda, además de estar a mas o menos la misma distancia de Brandnertal.

La estación de Brandnertal está situada en la montaña que corona el valle del mismo nombre y se puede decir que se compone de tres partes claramente diferenciadas y al que es posible acceder desde dos núcleos de población. Bürserberg y Brand.

Plano de pistas de Brandnertal

Plano de pistas de Brandnertal

La población más cercana es la de Bürserberg, pero decidimos ir a Brand para situarnos un poco más centrados en este dominio de 55 km. de pistas.

Los precios que dan derecho a la utilización de los remontes de la estación son estos:

Precios 2013/2014

Como se puede ver, la flexibilidad es la norma en las estaciones de esquí austriacas, donde se ponen diferentes precios en función de la hora en la que se compra el pase. Además, también ofertan un pase para la gente que se está iniciando que cuesta unos 19 € y al que se puede acceder a partir de las 14.30 h.

Una vez alquilado los esquís y comprado el pase de día, decidimos comenzar nuestra jornada de esquí por la parte de Brand, queríamos conocerla a fondo y luego, si nos diera tiempo, seguiríamos por la de Bürserberg.

Dorfbahn. Fuente: Brandnertal.at

Dorfbahn. Fuente: Brandnertal.at

Subimos por un moderno telecabina, el Dorfbahn, que nos deja a media ladera, para enlazar con una silla, la Gulmabahn que ya nos ofrece el acceso al primero de los valles de esta estación.

Un auténtico jardín de nieve

Un auténtico jardín de nieve

Este primer valle está muy bien aprovechado, servido únicamente por dos remontes principales, el Palüdbahn, un telecabina que parte de la base de la estación, en Innertal, y que te deja a media ladera, y el Glattjochbahn que nos lleva a la parte más alta de la estación.

Entrada al remonte del Gattjochbahn

Entrada al remonte del Gattjochbahn

Quizás sea por el día de niebla que tuvimos o quizás porque no es una de las famosas estaciones del Voralberg, pero sea como sea, en un domingo cualquiera apenas tuvimos colas y en algunas ocasiones era sobrecogedora la soledad en la que nos encontrábamos en pistas.

Mercedes en una de las pistas de Brand

Mercedes en una de las pistas de Brand

En esta parte de la estación los remontes llegan a alcanzar los 2.000 metros de altura y la parte más baja se sitúa a poco más de 1.000 metros, en la base del telecabina Palüd, en el mismo Innertal, por lo que en esta parte podremos disfrutar de un desnivel esquiable de casi 1.000 metros.

Subida por la Glattjochbahn

Subida por la Glattjochbahn que da acceso al punto más alto de la estación.

Panorámica del final de la silla de Palüdbahn

Panorámica del final del telecabina Palüdbahn

Uno de los encantos de las estaciones alpinas, y en especial de las austriacas, es que por muy pequeño que sea el dominio, que no es el caso, lo que sí se tiene casi garantizado es un gran desnivel esquiable.

Pista paralela al Glattjochbahn

Pista paralela al Glattjochbahn

Esto también se cumple en Brandnertal, donde cada uno de los tres valles en los que se divide la estación, ofrecen un desnivel similar.

Aunque para ser sinceros, esta montaña tiene muchos llanos, sobre todo en la parte de Lorenzital que no permiten realizar una bajada continua de todo el desnivel lo que desvirtúa un poco esta pérdida de altura dividiendo el descenso en dos partes y resultando algo menos divertida que si el trayecto transcurriera en un continuo descenso.

Parte intermedia del valle de Lorenzi. Pista 9 del plano.

Parte intermedia del valle de Lorenzi. Pista 9 del plano.

Como ya he dicho, este desnivel en la zona de Innertal está cubierto por dos remontes, la ya mencionada silla de Glattjochbahn y el telecabina Palüdbahn, donde fácilmente a la salida de éste se puede enlazar con la entrada de aquél.

En la misma salida del Palüdbahn, se dispone de un pequeño telearrastre para que los menos expertos puedan disfrutar de sencillas bajadas en las que adquirir la habilidad necesaria para practicar este deporte.

Área de descanso en la media estación de Brand.

Área de descanso en la media estación de Innertal.

También dispone este subdominio de una pequeña zona preparada para la práctica del freeride, aunque algo desvirtuada debido a que este año no ha sido un gran año de nieves y a pesar que era practicable el fuera pista, éste no era muy disfrutable.

Dentro de este área también se dispone de un pequeño snowpark llamado Backyards, aunque no parecía muy motivador para aquellos devotos del freestyle, con unos módulos básicos y saltos que no entrañan especial dificultad.

Área de freeride a la derecha del remonte

Área de freeride a la derecha del remonte

Vista del telesilla Glattjochbahn desde la pista 6a

Vista del telesilla Glattjochbahn desde la pista 6a en la zona de Backyards.

Lo que sí puedo asegurar, a riesgo de equivocarme, es que el paisaje de esta zona de la estación es uno de los mejores paisajes alpinos que se pueden encontrar en una estación de esquí.

Pistas altas de Brand.

Pistas altas de Brand.

Se tiene la sensación de estar en todo momento esquiando sobre un inmenso jardín de nieve decorado por las imponentes paredes de la roca del Mottaberg que le imprimen un carácter y una personalidad única.

Sillas de la Glattjochbahn

Sillas de la Glattjochbahn y al fondo el Mottaberg.

Cursillos en la zona de Brand

Cursillos en la zona de Brand

Cursillos en la zona de Brand.

Cursillos en la zona de Brand.

Accediendo a la parte baja de Innertal

Accediendo a la parte baja de Innertal

Un auténtico jardín de nieve.

Un auténtico jardín de nieve.

Me cautivó tanto el paisaje que por mucho que lo intentaba no podía dejar de hacer fotos.

Vistas desde la parte de Innertal

Vistas desde la parte de Innertal

Bajando hasta la base

Bajando hasta la base del Innertal el sol intenta saludarnos.

A pesar de ser un mal año de nieve para esta zona austriaca, tuvimos suerte y este primer día nevó durante la noche lo que nos permitió disfrutar de una nieve recién caída que facilitaba nuestras trazadas creyéndonos auténticas figuras del esquí y sobre todo, sintiéndonos como tales por muy alejada que fuera la realidad.

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Parte intermedia de la pista 11

Parte intermedia de la pista 11

Este segundo tramo que nos lleva a la base de Innertal tiene un intinerario alternativo (el número 14 del plano), pero no merece mucho la pena adentrarse en el mismo porque el tramo es corto y además nos deja en la carretera de acceso al lago Lüner, de forma que la única opción de volver a remontarse es andar un buen tramo por la carretera o esperar a que pase un esquí-bus y nos deje en la base de alguno de los dos telecabinas de Brand o Innertal.

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Parte intermedia de la pista 11

Parte intermedia de la pista 11

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Tramo de la pista 11 que nos deja en Innertal

Para volver al valle central que nos deja en Brand, es necesario subir hasta la cima de la estación y de ahí tomar la pista número 9 que discurre por Lorenzital.

Vistas a la montaña que da al valle de Lorenzi

Vistas a la montaña que da al valle de Lorenzi

En este trazado de regreso es posible ver un montón de cabañas (hüttes), auténticos refugios montañeros, que tenían hasta una numeración, entiendo que para que sea posible enviar el correo. Algunas eran auténticas joyas.

Hütte en mitad de la pista 9 en Lorenzital

Hütte en mitad de la pista 9 en Lorenzital

No se a ciencia cierta cuál es la funcionalidad de estas cabañas, pero mi imaginación hecha a volar y entiendo que son refugios de cazadores o casas agrícolas o de labor que se utilizan en cuanto el manto blanco da paso a los verdes prados que seguro brotan en la zona.

Tramo intermedio de la pista 9 que nos lleva a Brand

Tramo intermedio de la pista 9 que nos lleva a Brand

Para cambiar a la zona de Bürserberg, hay que hacerlo mediante un magnífico teleférico situado en la parte intermedia de la zona central de Brand, el Panoramabahn, también abierto en verano y estoy seguro que ofrece a sus ocupantes unas magníficas vistas.

Panoramabahn. Fuente: Brandnertal.at

Panoramabahn. Fuente: Brandnertal.at

A la salida de este teleférico, siguiendo por la pista 21 se llega al Rufana Alp, un acogedor restaurante de montaña que como oferta estrella, celebran todos los viernes a partir de las 19.00 h. la noche de las Foundies para la que es necesario una reserva previa.

Inusual acompañamiento para la Foundie

Inusual acompañamiento para la Foundie

Foundie. Exquisitez típica del Voralberg

Foundie. Exquisitez típica del Voralberg

Un sitio en el que además de disfrutar de sus joyas gastronómicas, ofrece alojamiento, permitiéndonos un increíble concepto de ski-in/ski-out en mitad de la montaña.

Acabados en madera del hütte Rufana Alp

Acabados en madera del hütte Rufana Alp

La zona de Bürserberg es un poco más pequeña que la zona de Brand, pero a cambio, aquí las remadas son prácticamente inexistentes, sólo necesarias a la salida de la silla Loischbahn, una silla que no podemos decir que sea precisamente moderna.

Subida por el Loischbahn

Subida por el Loischbahn

Y gracias precisamente a la antigüedad de la silla, y a su ritmo de remontada calmado y sosegado, se puede disfrutar del paisaje y del silencio hasta que éste es interrumpido por por una histriónica algarabía de vociferantes españoles. Ni más ni menos que Puros y sus amigos. Increíble, encontrarse con estos personajes con lo grande que es el Voralberg en la misma estación, el mismo día, en el mismo remonte y a la misma hora.

Por supuesto, hicimos un par de bajadas juntos y quedamos para el día siguiente, pero eso será otra historia. De momento continuaré describiendo esta estación.

A pesar de la antigüedad del remonte, su cima, situada a 1.860 metros, nos da acceso a una salvaje pista negra que hace que bajar cualquier intinerario se convierta en en un juego de niños en comparación.

También se puede acceder a la pista 21 que nos permite bajar hasta el mismo pueblo de Bürserberg o enlazar de nuevo con el Panoramabahn para que nos lleve de vuelta a Brand.

Tramo intermedio de la pista 21 en Bürserberg

Tramo intermedio de la pista 21 en Bürserberg

Antes de volver, hicimos una bajada hasta el pueblo y resultó que a mitad de bajada habían colocado unos carteles indicando que la pista estaba cerrada por falta de nieve. Esto es un problema porque a la altura en la que habían colocado los carteles de advertencia no existía ningún remonte que nos permitiera desistir en la bajada, por lo que tuvimos que descender obligadamente por dicha pista.

Aunque realmente las pistas, más que cerrarlas, lo que hacen es no recomendarlas. Un cartel de “Nicht möglich” que significa no deseable te indica que si te adentras en la misma puedes tener problemas con la nieve.

Bonito detalle que encontré en todas las estaciones del Voralberg, ya que el cierre de pistas se debe más a la falta de nieve o al mal estado de la misma que a la existencia de un peligro real.

Jardín de nieve en Bürserberg

Jardín de nieve en Bürserberg

Y para cuando cae la noche, existen muchas alternativas. El pueblo de Brand disponía de supermercados, tiendas de esquí, también dispone de una pista de hielo y, por supuesto, apreski.

El pueblo de Bürserberg sin embargo parecía más tranquilo y con menos ambiente, pero en cambio es en esta zona donde se puede disfrutar de un magnífico descenso nocturno en trineo, actividad que quisimos practicar el último día de nuestro viaje aprovechando que teníamos que devolver los esquís, pero al final desistimos porque estaba lloviendo y presumiblemente no íbamos a disfrutar de esta actividad.

Si pasáis unos días en esta estación, podéis ver en el plano de la estación que al final del valle hay un teleférico que da acceso al lago Lüner uno de los mayores lagos en altura de Europa.

Pues bien, si alguien viaja con algún familiar o amigo que no esquía deberéis tener en cuenta que este remonte se cierra en invierno, limitando su funcionamiento a los meses que van de mayo a octubre.

Si éste es vuestro caso, se ofertan infinidad de alternativas al esquí, como el ya mencionado patinaje sobre hielo, las bajadas en trineos, paseos invernales por rutas de montaña debidamente marcadas, o lo que han llamado el trineo-safari (rodelnsafari) que consiste en un intinerario para deslizarse en trineo, pero con algunos tramos en los que hay que ir andando, una auténtica excursión que va más allá de una simple bajada y que presumiblemente llevará un día completo su práctica.

Y hasta aquí la descripción de la primera de las estaciones que visitamos en esta agreste región austriaca.

Como valoración final, diré que es una estación ideal para familias, donde la parte de Brand e Innertal permiten la enseñanza con gran seguridad para los más pequeños y la parte de Bürserberg es algo más exigente aunque sin llegar a ser una estación para esquiadores extremos que deberán buscar otros destinos más acordes a sus gustos.

También es perfecta para días de mal tiempo porque sus pistas están bien protegidas por todas las montañas que le rodean, además es ideal para días de gran afluencia porque para ser domingo apenas encontramos a gente en toda la estación.

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Voralberg. Sol y toros. Bludenz

Bueno, sol algunos días, pero por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender el motivo exacto, he visto en muchos lugares del Voralberg el culto a este animal tan arraigado en nuestra cultura.

Si no me creéis, aquí os dejo algunas muestras:

Escultura de un toro en mitad del pueblo de Ragal.

Escultura enclavada en mitad del dominio de Warth.

No sólo simples imágenes, sino también, como podéis ver, auténticas esculturas que no se hacen precisamente en dos días. Y encontraba muestras por todo el Voralberg.

Creo que tiene más que ver con el hecho de tener una especie autóctona y a su tradición ganadera que se remonta al 1.862 que con algún tema de cultura o que esté relacionado con algo místico, pero lo que si da la sensación es que sea un signo identificador de la zona.

Nuestro centro de operaciones elegido fue la ciudad de Bludenz, capital de uno de los cuatro distritos administrativos del Lände. También conocida como la ciudad alpina o Alpenstadt, está enclavada en la confluencia final de cinco valles, de los cuales, tres son muy importantes y en las que están enclavadas algunas de las estaciones de esquí que visitaríamos en los días posteriores, los valles de Brand, Kloster y Montafon. Esta situación la consideramos estratégica en cuanto a nuestro plan de realizar un esquí safari por las estaciones de la zona.

Situación de Bludenz.

Lo que más me llamó la atención de esta pequeña ciudad de aproximadamente unos 14.000 habitantes es su carácter industrial. Me esperaba encontrar el típico pueblo austriaco y en cambio me encontré con edificios industriales por todos lados y edificios comunitarios, aunque no muy grandes.

Tan industrial como lo demuestra el hecho de tener su propia fábrica de cerveza cuyo logo es el símbolo de la ciudad.

Fábrica de cerveza.

Fábrica de cerveza.

Como ya he dicho, Bludenz es muy buen centro de operaciones debido a su situación geográfica con respecto a la mayor parte de las estaciones de esquí del Voralberg, sobre todo las situadas al sur del Lände, pero también lo es porque dispone de todo tipo de servicios, hasta los que menos te puedas esperar, como el hecho de que dispone de una sala de billar y snooker, juego del que soy muy aficionado, y esta sala es mejor que cualquiera de las que se pueda encontrar en Madrid.

Tienda de joyas ubicada a las afueras del centro histórico.

Además existen infinidad de restaurantes, pastelerías, un grandísimo centro comercial, aunque éste se encontraba en la ciudad vecina (Bürs) que está separada de Bludenz por la autopista por lo que se la puede considerar dentro del mismo entorno urbano, centro comercial que disponía de un gigantesco Spar para que los apartamentistas puedan suministrarse de todo aquello que necesiten, muchos alojamientos de todo tipo, muchas tiendas de pueblo, nada de tiendas al uso que podamos encontrar en la urbanización de cualquier estación de esquí, de hecho nos costó encontrar material de esquí en la propia ciudad.

Farmacia de la ciudad.

Incluso los miércoles y los sábados, en su centro histórico se monta un mercadillo de alimentación.

Mercado de alimentación que se monta todos los miércoles y sábados en el centro de Bludenz.

Puesto de flores.

Pero al igual que digo que es una ciudad bien dotada de la mayoría de los servicios que cualquiera pudiera necesitar, también me encontré cosas que no me gustaban, como el hecho de que la mayoría de los restaurantes fuesen de comida italiana. Si voy a un país extranjero, en este caso Austria, a mí particularmente me gusta disfrutar de las especialidades locales, y en este aspecto nos costó encontrar restaurantes que sirviesen comida autóctona.

Además, al ser una ciudad industrial, increíblemente poco enfocada al turismo, los servicios de hostelería se adaptaban a este tipo de cliente y la mayoría de restaurantes cerraban los domingos y los lunes, incluido el restaurante de nuestro gasthof.

De los pocos sitios donde un domingo se podía ir a cenar es al restaurante del hotel Schloss en el que además servían unos deliciosos platos locales que nos dejó muy buen regusto con el que estuvimos soñando plácidamente toda esa noche.

Otro sitio que nunca cierra y que además de para cenar sirve para tomar una copa, echarse unas risas o jugar a los bolos es el Fohren Center justo enfrente de la fábrica de cerveza.

Si observáis bien la página del Fohren Center podréis ver que una de las ofertas que tienen en su carta es la Foundie. Y es que resulta que esta región tiene más de suizo que de austriaco, no en vano la mayor parte de su frontera linda con este país, y así se refleja en su gastronomía, donde por todos lados se ofrece esta exquisita vianda.

Además se ofertan por los mercadillos una gran variedad de exquisitos quesos de todo tipo y también embutidos hechos a base de ciervo y otros animales de caza.

El ambiente que me encontré corresponde a una gente con un carácter más parecido al suizo y menos parecido al ambiente austriaco, más serio y formal y, aunque fuera casualidad, en todos los sitios en los que estuvimos nos encontramos a más de uno que hablaba español, que nada más oírnos hablar se acercaban a conocernos y a saludarnos, algo que contrasta con el supuesto carácter seco y poco abierto que se les supone a los centroeuropeos, incluso hubo uno que nos contó sus aventuras de cuando estuvo viviendo por Sudamérica.

Algo que me sorprendió mucho, más cuando la mayoría nos comentaba que era muy raro ver españoles, y en general, extranjeros haciendo turismo en esta parte de Austria.

Y turismo es otra de las actividades que se pueden realizar en esta ciudad, que como ya he dicho, es una ciudad histórica, una buena alternativa para planificarse un día de descanso o si nos vemos obligados a causa del mal tiempo.

Grabado representativo de Bludenz en la Edad Media. Fuente: Wikipedia

Una de las primeras cosas que llaman la atención cuando uno se aproxima a Bludenz es un campanario visible desde muy lejos y en toda la ciudad. A este campanario, se le supone acompañado de una iglesia, y así era. Ésta es ni más ni menos que la catedral de la ciudad, la iglesia de Sankt Laurentius (San Lorenzo)

Vista general del campanario de Sankt Laurentius.

Bludenz tiene historia, una historia que se remonta desde tiempos romanos, aunque los monumentos más antiguos que perduran en la ciudad datan de la edad media, como esta la iglesia-catedral de Sankt Laurentinus que data del año 1.260, aunque fue reconstruida entre los años 1.491 y 1.514 después de que un incendio acabara con ella.

Mangos de la puerta de entrada.

Una catedral un tanto modesta cuyo campanario repiquetea sus campanas produciendo un sonido que te envuelve en un halo sonoro muy placentero.

Torre en la que si nos fijamos más en detalle podremos observar dos escudos, uno que pertenece a Austria y el otro que corresponde al de la ciudad. El escudo de la ciudad está compuesto en parte por la figura de un unicornio que simboliza un antiguo icono que representa el carácter indomable, la fuerza persistente y la pureza virginal.

Escudos de Austria y Bludenz.

En su interior llaman la atención sus altares de mármol negro que datan del 1.720

Altares de mármol negro.

Altares de mármol negro.

Púlpito.

Órgano.

Esta iglesia es el símbolo característico de la ciudad, ya que al estar situada sobre un promontorio es visible desde la mayor parte de la urbe. De hecho, las vistas desde su patio son de este estilo:

Puerta de entrada al patio de la catedral.

Pues para nuestro asombro y regocijo, el alojamiento que elegimos estaba situado al lado mismo de la catedral. Un sitio acogedor y tranquilo, un Gasthaus llamado Löwen (león) que se encontraba al lado mismo del centro histórico de Bludenz y que lo separaba de la catedral una calle que dividía ambas zonas.

Magnífica ubicación del Gasthof. Fuente: Gasthof Löwen.

El gasthof tiene parquin propio, muy cómodo, algo que es de agradecer, porque en toda la ciudad no existe ningún sitio que no pertenezca a algún propietario y por tanto las plazas son privadas, teniendo como única opción de aparcamiento un parquin público situado justo detrás del parque de bomberos. Si váis a venir a Bludenz y os váis a alojar aquí, tener esto muy presente, hasta algunas plazas que pertenecían al ayuntamiento se alquilaban a particulares.

Continuando con nuestro recorrido turístico por la ciudad, al lado de la catedral podemos encontrar los restos del antiguo castillo Gayenhofen (1.746) que hoy es sede del gobierno regional del distrito de Bludenz.

Aspecto de lo que queda del antiguo castillo.

Restos del muro que protegía al castillo.

Pasear por las calles de Bludenz es un ejercicio de relajación que sirve para recomponer las fuerzas que hemos gastado en el día y sirve como colofón final de una magnífica jornada de esquí, permitiéndonos trasladarnos al pasado al tratar de recordar como era la ciudad antes de que ésta fuera incendiada.

Típica calle del centro de Bludenz. Sus fachadas terminan en los característicos soportales para que la gente pueda refugiarse de la lluvia.

Calle céntrica.

El jardín de los ciervos.

Bonito detalle en una de las fachadas.

Werdenbergstrasse, donde antiguamente estaba situado el ayuntamiento.

Alejándonos un poco del centro, podemos encontrar este monumento en honor a la figura de Bernard Riedmiller, un famoso rebelde que luchó contra los franceses comandados por Napoleón en un batallón de rebeldes de Bludenz que posteriormente participaron en la guerra austro-prusiana.

Escultura dedicada a Bernard Riedmiller.

En frente de este monumento, se encuentra el Café Remise, un centro cultural al que también se puede ir a tomar una cerveza, un vino o, por qué no, ir a cenar, su carta es escasa pero lo que sirven son especialidades locales realizadas con gran esmero y un gusto fino.

Aspecto exterior del Café Remise. Fuente: Café Remise.

Un poco más allá podremos encontrar la extraña iglesia de la Heilig-Kreuz (Santa Cruz), cuyo campanario sirvió de referencia para las operaciones antiaéreas de la Segunda Guerra Mundial.

Aspecto exterior de la iglesia de la Santa Cruz.

Otra panorámica de la iglesia de la Santa Cruz.

Su interior no es menos sorprendente, de aspecto moderno cuyo techo tiene colgadas estas lámparas cuyo efecto nos deja anonadados.

Genial combinación de formas y colores.

Aspecto general interior de la iglesia de la Santa Cruz.

Y sorprende la confianza con respecto a sus parroquianos los cuales respetan pulcramente la propiedad de la iglesia como así se demuestra que dejan los libros de cantos y oraciones en su sitio.

Cada puesto tiene su libro.

Y en frente de esta iglesia, no menos sorprendente es la escuela pública, de un aspecto imponente.

Escuela pública de Bludenz.

Escuela pública.

Y hasta aquí termina esta “pequeña” introducción a lo que fue nuestra base de operaciones para las excursiones que realizaríamos en días posteriores a las estaciones del Voralberg, que espero que os sirva para haceros una idea de como es el sitio si optáis por viajar a esta zona.

Nuestro recorrido consistió en visitar las estaciones de Brandnertal, Sonnenkopf, Faschina-Damülls-Mellau, Warth-Schröcken, Gargellen y Silveretta Nova-Hochjoch. Estuve tentado en visitar la estación de Sonntag, pero visto la falta de nieve y que esta estación está orientada más al freeride preferí dejarla para otra ocasión.

Aunque el origen de la ciudad está un poco al margen de la evolución del esquí, la ciudad no ignora el entorno en el que se encuentra y que en cierta medida forma parte de su economía local, y en algunos rincones podemos encontrar guiños a este preciado deporte, imagen con la que cierro el capítulo de hoy.

Guiño a la historia del esquí.

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Festival de Fuego Dosojin de Nozawa.

Después de describir todas las estaciones, de comentar cuales eran las condiciones y características de cada una de ellas y sabiendo de antemano que lo mejor estaba en Hokkaido alguno se preguntará por qué no dejamos Niseko para el final, pues sería el mejor remate a una inimaginable semana de esquí.

La respuesta es que las fechas nos obligaron.

Cuando empecé a planificar el viaje, mi idea era la de combinar turismo y esquí de forma alternativa. Mis compañeras de viaje me comentaron que preferían dejar el esquí para el final por temor a que alguien se pudiera lesionar y con ello arruinar el viaje de los tres. Bueno, se cambió la planificación para dejar el esquí para el final con la idea de terminar en Hokkaido que además iba a formar parte del grueso del viaje de esquí.

Conocía de la existencia de algunas de las celebraciones más importantes realizadas en Japón, entre ellas el festival de fuego de Nozawa, el Dosojin Fire Festival, pero lo que no sabía era la fecha, y por algún lado había leído que este festival, el tercero en importancia de todos los festivales de fuego de Japón, se celebraba en febrero.

Pero un día vi este vídeo que un forero, NyaZ, con pocos mensajes y mucho tiempo registrado, colgó en el portal de Nevasport.com.

En este vídeo, un freeskirider japonés llamado Tabibito hablaba de las bondades del esquí en su país, sobre las magníficas condiciones que se dan y sobre la visita de otros famosos freeriders a su tierra. Y también, en un momento dado mencionaba el festival de fuego de Nozawa Onsen con una reseña indicando que se celebraba todos los años en el mes de enero, mes en el que casualmente íbamos a realizar el viaje.

Esto me llamó la atención y me puso en alerta, porque parecía que me había confundido al leer la fecha o leí la información de algún otro festival. Como tenía mucho interés en acudir a este festival porque me llamaba mucho la atención, busqué información y, efectivamente, pude corroborar que la celebración se lleva a cabo todos los años el 15 de enero.

Así que cambié todas las fechas del viaje y toda la planificación del viaje de esquí para poder asistir al festival. Un pequeño encaje de bolillos para que se perdiera el menor tiempo posible en los desplazamientos y poder hacerlo coincidir en fechas.

Al final, la mejor forma de coordinar todo el viaje consistía en ir primero a Hokkaido tomando un avión desde el aeropuerto de Kansai, para luego regresar al Deep North también en avión y finalmente desplazarse en tren a Nozawa. Esto era lo más óptimo en cuanto a traslados se refiere.

Y aquí nos hallábamos, un 15 de enero en Nozawa Onsen, con un par de días esquiados en esta estación y con el viaje a punto de terminar y todo este movimiento de fechas, anulaciones y nuevas reservas que bien merecieron la pena.

Comienza el festival.

Como la mayoría de los festivales de este tipo, este festival se celebra para pedir por una buena cosecha, por la buena salud y para tener fortuna al año siguiente.

El nombre de Dosojin, también conocido por Dourokujin, Sainokami ó Saenokami, hace referencia a una pareja de dioses que impide las calamidades y los desastres y que se coloca en las carreteras y a la entrada de los pueblos para proteger a sus habitantes. Suele ser una representación de piedra que es adorado como una auténtica religión. Una creencia muy extendida por todo Japón.

Suele representarse como un hombre y una mujer y se encuentran normalmente esculpidas en piedra a lo largo de las carreteras, representando un matrimonio y, muy a menudo, detrás de ellos están esculpidos un sol y una luna.

Pero estas representaciones también se pueden encontrar en figuras hechas de madera que se colocan a la entrada de la mayoría de las casas y en muchos sitios públicos.

Representación del Dosojin en la estación de tren.

Pero esta celebración además tiene otra motivación.

En la tradición Shinto, las edades de 25 y 42 años se consideran Yakudoshi, es decir, años desafortunados. La gente que pertenece a estos dos grupos de edad deben mostrar valentía durante estos días porque les servirá para superar la mala suerte que les espera durante el año.

Para ello celebran este ritual que se repite todos los años coincidiendo con el Año Nuevo Lunar.

Estos hombres de 25 y 42 años deben construir un altar hecho con madera de haya, shaden, cuyos pilares llegan a medir hasta 18 metros de altura, aunque esta altura se alcanza con unos mástiles puestos encima del techo del altar que éste sí, alcanza unos 7 u 8 metros de altura. El pabellón en total mide unos 8 metros cuadrados en su parte superior.

Shaden de madera que forma la parte principal del festival.

Shaden de madera que forma la parte principal del festival.

Cada año se necesitan aproximadamente unos 100 aldeanos para su construcción. Como el trabajo es peligroso, los participantes no deben tomar el sake que se les va ofreciendo y deben realizar el trabajo en silencio. Este trabajo de construcción comienza el día 13 y continúa durante toda la noche, el día 14 completo para ser terminado el día 15 por la mañana.

Los árboles que forman el mástil siempre son cinco, se talan de un bosque que pertenece a toda la comunidad de Nozawa en octubre y se consideran sagrados una vez han sido seleccionados. Los troncos se dejan allí hasta que comienza el festival.

Y es que realmente el festival comienza el día 13 de enero cuando los afectados por su edad se dirigen al monte Hikage para seleccionar maderas y troncos robustos que más tarde se utilizarán para la construcción de un altar de madera que será la parte principal del festival. Esa misma mañana se realizan rezos para rogar por que todo el proceso salga bien.

Este traslado dura alrededor de unas tres horas. Por cada mástil, de unos 18 metros de altura y 30 cm. de diámetro, se forma un grupo para trasladarlo que es dirigido por un maestro.

En el camino, los porteadores tienen que hacer numerosas paradas debido a que la gente del pueblo les va ofreciendo sake sagrado. Cada vez que se hace este ofrecimiento, el maestro responsable de cada árbol grita en agradecimiento y todos deben aplaudir para celebrarlo.

Y en ese momento, los aldeanos que ofrecen el sake a cualquier transeúnte que pase por allí en ese momento y que quiera tomarlo.

Ofreciendo sake sagrado a los porteadores ya en pleno festival.

Porteando el sake sagrado ya en pleno festival.

El shaden se construye conservando las formas tradicionales de la construcción de los grandes templos, sin utilizar clavos u otros elementos artificiales de unión, sólo las propias maderas. Una vez que el shaden se ha construido, el sacerdote del santuario de Kosuge realiza una ceremonia para dotarlo de un Dios.

Además del shaden se construyen un promedio de cinco Tōrō (linternas de madera) que son erigidas cada año. Cada una de estas pértigas son creadas por una familia del pueblo y sus amigos para celebrar el nacimiento de su primer hijo, por lo que cada año este número es variable.

tōrō

Tōrō ofrecido en agradecimiento y para orar por el nacimiento del primer hijo.

Un tōrō se construye para ofrecérselo a los dioses en una oración para pedir por la salud y la buena fortuna.

Tōrō ofrecido en agradecimiento y para orar por el nacimiento del primer hijo.

Las decoraciones de las linternas se cuelgan alrededor de un pilar de nueve metros, de los cuales la mitad superior está hecha de cedro y la mitad inferior es un tipo de madera de haya. A partir de la parte superior y que se extiende hacia la parte inferior se cuelgan, un paño sagrado y una cubierta en forma de sombrilla, en la que se cuelga otro paño con el símbolo de la familia. Detrás de la tela, debajo de la cubierta, se cuelga una lámpara redonda con campanas, un abanico blanco y una decoración de tela que queda colgando.

Decoración en detalle de un tōrō.

A continuación se cuelga una linterna con forma de diamante decorado con imágenes y tiras de bambú cubiertos con flores de papel, que cuelgan de la columna central que tienen forma de tazón.

Una de las linternas con forma de diamante que coronará la el tōrō

En la parte inferior se cuelgan numerosos Kanjii, piezas de caligrafía de Año Nuevo escritas por algunos niños de la localidad.

Numerosos Kanjii que cuelgan de las lámparas.

Numerosos Kanjii que cuelgan de las lámparas.

Las decoraciones de las linternas primero se llevan al recinto del festival por una multitud de gente cantando canciones Dosojin y portando pequeñas estatuas de madera de Dosojin hechas a mano para orar por el primer hijo para que éste crezca sano y también para tener un matrimonio feliz.

Traslado de los tōrō al recinto del festival.

Traslado de los tōrō al recinto del festival.

Traslado de los tōrō al recinto del festival.

Como se puede ver, cada uno de los tōrō se trasladan por piezas, no se trasladan completos, entre otras cosas porque no cabrían por las calles debido a su altura, y es en el recinto del shaden donde se realiza el montaje de los mismos.

Los tōrō se traen por piezas al recinto del festival.

Los tōrō se traen por piezas al recinto del festival.

Comienza el montaje.

Y el montaje de las piezas se realizan en medio del tumulto en una situación difícil, donde las masas embriagadas por el sake empujan descontroladamente en un comprometido caos.

Montando las linternas.

Muchos son los asistentes que ayudan a erigir estos infinitos mástiles.

Ayudando al montaje.

Preparando los Kanjii. Por debajo, en las cajas, están las figuras Dosojin.

Ensamblando los mástiles. Uno de haya y otro de cedro.

Ensamblando los mástiles.

Colgando los Kanjii en la lámpara.

Los festejos comienzan con el encendido del fuego por seis representantes de los shini (los mencionados grupos de personas con edades de 25 y 42 años) El fuego es ofrecido por la familia Kono.

Un grupo de jóvenes manipulando las antorchas.

Previamente, los hombres de edades desafortunadas se preparan para la batalla bebiendo sake en exceso. Este sake, es un sake ceremonial y forma parte del festival, por lo que además de a los porteadores se ofrece a cualquiera que lo pida. Este ofrecimiento se le llama miki.

Como se puede beber todo el sake que se quiera, se recomienda a todo aquél que no sea del pueblo que escriba en un pañuelo su nombre y el nombre del hostal u hotel en el que esté alojado para que si está demasiado borracho no lo recoja el camión de los bomberos y sean “expuestos” a la vergüenza.

Un pequeño grupo de hombres llevan una antorcha, que está iluminada por dos piedras llamativas, desde la residencia de Kono al recinto del festival, cruzando las calles nevadas de Nozawa. A lo largo del camino se van encendiendo más antorchas y muchas de ellas son utilizadas para atacar a los espectadores, ya sean gente del pueblo o de otras regiones o países.

Trasladando las antorchas.

Las antorchas se utilizan para atacar a los espectadores.

Los porteadores de las antorchas realizan ataques rituales entre ellos y a los propios espectadores, girando las mismas en círculo y acercándolos temerariamente a todos los que se encuentren cerca.

Porteador en un ataque ritual.

Son muchos los que portan antorchas.

Atacándome con la antorcha.

Encendiendo nuevas antorchas.

Se puede observar la gran cantidad de nieve que cae por la zona.

A veces se realizan paradas para orar frente a las inscripciones que va dejando la gente del pueblo en los murales a la vista de todo el mundo. Peticiones de buena suerte, de salud, etc.

Parada para pedir por los buenos deseos.

Y el grueso principal del festival consiste en la representación de una batalla que hacen los jóvenes de 25 años de edad y los mayores de 42 años en la que los primeros atacan para intentar incendiar y destruir el shaden mientras que los últimos tratan de defender el shaden de los primeros.

La ceremonia del ritual de los ataques de fuego comienza por los más jóvenes (niños siendo porteados por sus abuelos) para gradualmente ser continuado por los jóvenes que son los que realizan los ataques en el escenario. Mientras los defensores utilizan ramas de pino, pies y puños para defenderse de esos ataques.

Los niños son porteados por sus abuelos.

Los niños forman parte del festival.

Parte del grupo de edad de los 42 años se sube al altar y otra parte permanecen en su base amarrados a cuerdas atadas al propio altar para defenderlo del ataque.

Subidos al altar y preparados para defenderlo.

Amarrados a las cuerdas para defender el altar.

Pidiendo el fuego a los más jóvenes.

Esperando para el ataque.

Llegan más jóvenes para unirse al ataque.

Mientras se espera a que se de la señal para que comience el ritual del ataque de fuego y la defensa del altar, los porteadores de las antorchas siguen atacando a todo aquél que se encuentre cerca suya.

Continúan las amenazas con el fuego.

Y se da una señal para que comience el verdadero espectáculo, el verdadero ataque. Y esta señal consiste en el lanzamiento de un discreto castillo de fuegos artificiales.

La señal que indica que puede comenzar el ataque.

Ataque de fuego que realizan con las antorchas golpeando el shaden repetidas veces mientras que el grupo de la parte superior va cantando el Hi Mottekoi (tráeme el fuego) al mismo tiempo que van arrojando haces de leña (ramas de pino) a los atacantes que las aprovechan para conformar nuevas antorchas. Y el grupo que está amarrado a las cuerdas golpea a los atacantes con puños, patadas y ramas de pino que también llevan.

Ataque con antorchas del grupo de los jóvenes.

Según va transcurriendo el festival y a medida que se van consumiendo las antorchas que portan los jóvenes para atacar el altar, se van encendiendo más antorchas con las ramas arrojadas por los que están en la parte superior para utilizarlas con el mismo propósito. Atacar el altar.

Y se encienden en la hoguera que está situada frente al altar, que poco a poco se la va acercando al santuario de madera.

Hoguera situada frente al altar.

Hoguera situada frente al altar.

Hoguera situada frente al altar.

En la fotografía anterior se puede ver como es mantenida la llama por algunos de los integrantes del festival. El fuego está en un contenedor que se va acercándolo poco a poco al shaden.

Hoguera situada frente al altar.

Entre tanto, la gente de 41 y 43 años de edad permanecen de pie alrededor del perímetro del altar para proteger a los espectadores y para evitar que los aldeanos de otras edades que porten antorchas puedan romper la guardia e incendiar el shaden.

Continúan los ataques.

Una batalla peligrosa y llena de vida. Los defensores tratan de apagar el fuego golpeándolo con las ramas de pino.

Este ataque tiene una duración de aproximadamente una hora, trascurrida la cual los del grupo de 42 años de edad ponen fin a la ceremonia y se prende fuego al shaden junto con los tōrō en una ofrenda a los dioses.

El ataque finaliza con el shaden en llamas.

Se debe quemar todo, incluso las linternas.

El festival entero dura unas cuatro horas desde el principio hasta el final, cuya atracción principal es la batalla entre los guardias y los aldeanos que portan las antorchas.

No se sabe muy bien cuál fue su origen. Se cree que las celebraciones se realizaban ya en el año 10 de la era Tempo (1.839), Año del Jabalí porque así lo indica la inscripción del monumento de piedra que hay a la entrada del pueblo, aunque un libro que mantiene la familia Kono hace referencia del festival en el tercer año Bunkyu (1.863). Lo que está claro es que el festival fue ampliamente celebrado al final del periodo Edo.

Inicialmente se celebraban dos festivales, llamados Dourokujin superior y Dourokujin inferior, pero en el primer año del periodo Taisho, se tuvieron que unificar por imposición legislativa, y debía celebrarse a una distancia no inferior a 182 metros de la residencia más cercana.

Y fue en esta unión pacífica en la que surgió la tradición de golpear con las antorchas encendidas el altar de madera construido para la ocasión.

Este festival fue creciendo poco a poco hasta convertirse en el más importante de los festivales de fuego y ser el tercer festival más importante del país. En 1.993 fue declarada por la UNESCO como bien de interés cultural de propiedad inmaterial.

El fuego simboliza la huida de los peligros en un año crítico en las vidas de los shini y es así como acaba el festival, en llamas.

Y habiéndonos purificado, nosotros también abandonamos este país tan fascinante y que nos ha atrapado el corazón. Con mucho dolor utilizamos nuestro peculiar medio de transporte que nos llevará a una parada de taxi en el que comienza nuestro viaje de regreso a España.

Mercedes esperándonos.

Una última mirada a la estación de esquí mientras nos vamos.

Mercedes y Mary Joe tristes en el tren de regreso a Nagano.

Espero que os haya gustado este intenso relato que tan apasionadamente he tratado de describir aunque no se si he sido capaz de transmitir toda la emoción que nos ha producido esta vivencia. Un viaje que acaba y que esperemos no sea único y se pueda volver a repetir.

También espero que os haya atrapado mi relato como para al menos desear vivir estas experiencias. No hay mayor satisfacción de contar un relato que el saber que otro desearía vivirlo y espero haberos podido trasladar a este otro mundo.

Adiós a todos, Sayonara.

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Nozawa. Tierra de fuego.

Tomamos el tren de las 15.10 h. en dirección a Nagano, para hacer el trasbordo al shinkansen que nos llevaría a Omiya para luego terminar en otro tren regional que nos dejaría en Nozawa.

A la hora de buscar el mejor trayecto para ir en tren, la manera más cómoda y eficiente de saber qué trenes teníamos que tomar, conocer los horarios y saber las conexiones que necesitábamos para alcanzar con éxito nuestro destino era el de utilizar un programa llamado Hyperdia.

Pues bien, cuando buscábamos la forma en la que podíamos enlazar el trayecto desde Yamagata a Nozawa nos aparecía en este buscador un montón de combinaciones extrañas que se disparaban en tiempo, algo así como un trayecto 4 horas mayor al que era necesario obligándonos a realizar un elevado número de transbordos. Era algo desconcertante y muy extraño y más cuando en la propia página de Nozawa indicaba que desde Nagano en tren se tarda como mucho una hora.

Pues bien, según parece existe otra localidad en Japón llamada Nozawa, o al menos una estación de tren que tiene ese nombre que es la estación con la que enlazaba el buscador y de ahí que se nos disparara el tiempo de trayecto.

Por el nombre que se debe buscar la estación es el de Togarinozawaonsen. Sirva esto como advertencia por si algún día queréis visitar esta estación y decidís venir en tren.

Gracias al amable y sobre todo al paciente personal de la oficina de turismo de Yamagata pudimos llegar a nuestro destino y no acabamos desorientados y perdidos en vete a saber qué remoto rincón de este hermoso país.

El viaje duró en total unas 5 horas, y eso que se nos dieron bien todas las conexiones. Llegamos a las 20.50 h. lo que significaba que era muy tarde y que tendríamos problemas, porque la estación de tren se encuentra aproximadamente a 7 km. del centro de esquí.

Trayecto a realizar desde la estación de tren.

Y no había taxis en la puerta ¿Qué hacer en estas situaciones? Pues bien, no hay más que hablar con el personal de la estación para que ellos se encarguen. Sí, pensamos, igualito que en España.

La persona que estaba atendiendo el mostrador de esta pequeña estación de tren, se encargó de llamar con su teléfono a un taxi que en unos minutos nos vino a buscar.

Cuando llegó el taxi, cargamos las maletas, nos subimos al coche y le mostré al conductor el teléfono con los ideogramas del nombre y dirección de la pensión en la que queríamos alojarnos. Empezó a dudar y a titubear, pero no hablaba ni una sola palabra de inglés así que no sabíamos que pasaba. Pensamos que no conocía el sitio, pero ¿Cómo se lo explicas?

Empezó a llamar por la radio, sacó su teléfono, hizo varias llamadas, volvió hablar por la radio, le respondían y al cabo de un cuarto de hora, tiempo en el que no corría el taxímetro, sonrió y asintió con la cabeza exclamando un contundente ¡HAI! Arrancó el coche y se dirigió a la estación.

Tranquilizados estábamos cuando de camino comprobamos que seguía llamando por teléfono, hablando por la radio, respondiendo a las llamadas de teléfono y de la radio. Esto, de nuevo nos causaba preocupación aunque veíamos que el taxista se dirigía por buen camino, cosa que pudimos comprobar gracias a la señalización de la carretera.

Pues bien, llegó al pueblo y de repente, apareció un camino franqueado por sendos muros de nieve por donde no podían circular los coches y en mitad de camino vemos un coche oruga como éste.

Nuestro transporte a la pensión.

Nuestro transporte a la pensión.

Bueno, éste era realmente nuestro transporte. Resultó que el hombre hizo todas esas llamadas para averiguar cómo ponerse en contacto con el personal de la pensión en la que nos íbamos a alojar, para avisar a la encargada, que la levantamos de la cama, y que nos fuera a buscar porque era imposible llegar en coche hasta nuestro alojamiento.

Desde luego, no tengo palabras para expresar la increíble amabilidad del pueblo japonés. Si todos fuéramos como ellos (y yo me incluyo) tendríamos un mundo mucho mejor.

El coche oruga era necesario porque nuestro alojamiento era una pensión que estaba, no a pie de pistas, sino en medio de las mismas.

La pensión tenía parquin, aunque no estaba muy lleno.

Fachada de la parte trasera de la pensión. El edificio de enfrente es el telecabina.

Lo más cerca que yo había estado de pistas en una estación de esquí hasta la fecha había sido en los macrodominios franceses con su concepto de esquí in-esquí out, pero estos alojamientos son gigantescos edificios de apartamentos y la mayor parte están al principio de las pistas, pero no en medio de ellas.

En cambio aquí nos encontrábamos en una acogedora pensión con pocas habitaciones. Algunas de las habitaciones no disponían de ducha, y ninguna disponía de aseos, de forma que para aliviar nuestras necesidades era necesario utilizar los servicios compartidos con el resto de huéspedes.

Cuando estuvimos buscando alojamiento, debido a que por esas fechas se celebraba el festival de fuego, la ocupación hotelera estaba casi al 100% y los que disponían de habitaciones libres eran Ryokan, hoteles o pensiones cuya oferta únicamente incluía habitaciones con baño y ducha compartidos y, al menos, en esta pensión, la ducha era individual y este fue el principal motivo por el que la seleccionamos de entre toda la oferta disponible.

Esta pensión estaba regentada por un matrimonio mayor pero tenían en acogida a varios estudiantes procedentes de diversos países que a cambio de alojamiento éstos debían realizar algunas tareas de limpieza o cocina.

Curiosamente, uno de ellos, americano para más señas, hablaba español no sin cierta dificultad pero con suficiente soltura, lo que para nosotros fue una agradable sorpresa, ya que facilitaba mucho la comunicación.

Gracias a él pudimos localizar una buena tienda de alquiler de esquís y nos proporcionó las indicaciones precisas con todo lo que se podía hacer en la pensión o en el pueblo, cosa que agradecimos.

Al ser un alojamiento básico, muchos de los servicios que se pueden esperar de un hotel aquí no se disponían. Así, a la hora de preguntar el horario del desayuno, la respuesta fue contundente. A las 08.00 h. ¿A las 08.00 h y hasta que hora? A las 08.00 h.

Resulta que el desayuno sólo se sirve a esa hora, además es un desayuno de estilo japonés, muy delicioso él y preparado precisamente por los estudiantes. Es algo chocante para nuestra cultura estar desayunando arroz, verduras, tortilla o zumo de maíz, que por cierto tenía un sabor increíble, pero es una comida energética que nos permitía aguantar hasta la hora de cierre de pistas.

Y fue desayunando cuando nos dimos cuenta que nos encontrábamos en una de las localidades históricas de Japón.

Una estación con historia.

Y es que si el esquí fue introducido en Japón en 1.911 por el austriaco Theodor von Lerch en Annupuri, al año siguiente se introdujo en esta zona, aunque el descenso por las colinas no comenzó hasta el año 1.924.

Y ya fue en 1.930, cuando uno de los fundadores del lo que conocemos actualmente como esquí alpino, el también austriaco Hannes Schneider, importó a Nozawa las técnicas empleadas en el Alberg austriaco.

Hannes Schneider

Hannes Schneider. Fuente: Hotel Mondschein (http://mondschein.com)

Gracias a este austriaco, se disparó un interés repentino por este deporte en aquella época y desde entonces Nozawa Onsen se ha convertido en una de las estaciones más importantes de Japón.

Fue la primera estación en instalar remontes en Japón y hoy en día en sus pistas se celebran numerosas competiciones de corte internacional.

Caseta de puntuación en la pista de competición, con un nombre muy conocido: Kandahar.

Final de la pista de competición.

Final de la pista de competición.

Trampolín de saltos.

Incluso ha llegado a ser parte de la sede olímpica de Nagano acogiendo las pruebas de biathlon en el año 1.998.

Las alcantarillas rememoran la celebración de los Juegos Olímpicos de Nagano de la que formó parte Nozawa.

Para rememorar toda la cultura y tradición del esquí en este país y en especial de su estación, existe un museo dedicado a la historia del esquí que muestra una colección de herramientas y esquís históricos procedentes de todo el mundo. El museo está enclavado en la base de la estación en mitad de las propias pistas.

Exposición en el museo del esquí.

Exposición de herramientas de nieve en el museo del esquí. Fuente: Snowjapan.com

Pero su historia va mucho más allá. El mismo pueblo fue fundado por un moje budista en el año 724 en el periodo de dominación del emperador Shomu. Existen registros en el que mencionan que en el año 1.250 este pueblo era un destino turístico muy popular.

El apellido Onsen, como se puede deducir, hace referencia a los numerosos baños de aguas termales que se pueden encontrar en Nozawa debido a que su montaña tiene un gensen. Un gensen es la denominación que recibe el lugar desde el cual brotan las aguas termales emergiendo de las mismas entrañas de la tierra.

La primera casa de baño privada fue construida en el periodo Edo cuando un caballero regional visitó uno de estos onsen. Esta casa fue construida como regalo para su maestro siguiendo un conjunto de reglas de uso llamadas Sodai, reglas que están aún vigentes, entre las cuales se prohíbe escavar para obtener agua de los manantiales, resultando así que el agua de dichos onsen se alimentan de los manantiales que discurren por la montaña de forma natural.

Los onsen aprovechan la circulación de los manantiales. Fuente: http:/90tyo.blogspot.com.es. Autora: Cassandra.

Otra regla es la de no permitir la gestión de dichos baños a otra personas que no sean las propios residentes del pueblo, prohibiendo la gestión a gente externa con el objetivo de mantener la esencia y tradición de dichos baños. Para ello se formó una especie de fraternidad llamada Yu-nakama, que se encarga de velar porque se cumplan dichas reglas.

Así que el agua fluye directamente hacia los onsen y como no hace falta filtrar el agua, el onsen forma parte del propio manantial por lo que no es necesario renovar artificialmente el agua.

Hoy en día existen trece onsen públicos disponibles para los visitantes, denominados Soto-yu, que son gratuitos, y algunos son de uso exclusivo para los habitantes del pueblo. El más conocido de todos ellos es el onsen O-yu.

El más famoso onsen de Nozawa. O-yu. Fuente: http://www.lodgenagano.com. Autor: Mark

Este onsen que está localizado en el centro del pueblo es el más representativo de esta localidad y su construcción en madera está inspirado en las construcciones del periodo Edo y es el símbolo de Nozawa Onsen.

Reglas de obligado cumplimiento en un onsen. Fuente: Nozawaski.com

Algunas de las reglas que conviene conocer para disfrutar de los Soto-yu son las siguientes:

  • Comportarse como la gente local. Las buenas maneras siempre serán bien recibidas.
  • Ducharse y enjuagarse obligatoriamente antes de entrar en la piscina de aguas termales.
  • Nunca hay que derramar champú o jabón en las aguas termales.
  • Una vez terminado el baño, es necesario secarse completamente antes de pasar al vestuario para así no mojar el suelo.

Y es bueno recordar que conviene beber mucha agua después de darse un baño en uno de estos onsen.

Y si no se tiene mucho tiempo para darse un relajante baño, en algunos lugares existen unos bancos ubicados en los laterales de las calles en los que se pueden introducir los pies para mojarlos en las aguas termales y así poder relajarse.

Siempre se puede descansar un poco y meter los pies en agua caliente. Fuente: nozawaholidays.com

En cuanto al esquí se refiere, en esta estación cae una media de 10 metros anuales de constantes nevadas, que garantizan muy buena nieve. Nosotros mismos pudimos comprobar en persona la cantidad brutal de nieve que puede precipitar en esta estación.

Base de la estación.

Zona intermedia.

Base de la estación.

Parte intermedia.

Parte intermedia.

Telecabina Nagashaka.

Estando la parte más baja de la estación a 535 metros sobre el nivel del mar y el pico más alto a 1.650 metros, podemos obtener un nada despreciable desnivel esquiable de 1.085 metros, aunque para recorrerlo es necesario pasar por algunos tramos de pistas verdes un tanto aburridos, combinarlo con algún que otro remonte o como una tercera opción realizar parte del trazado en fuera pistas. El recorrido más largo llega a tener 10 km., resultado de la combinación de varias pistas.

Parte de uno de los tramos sencillos del recorrido de 10 km.

Y algo que me gustó mucho. Está permitido el esquí fuera pista en varias áreas de la estación.

Permitido el fuera pista.

Y bien que lo pagaba algunas veces, como en esta ocasión donde se me saltó un esquí al quedarse clavado en una depresión del terreno que estaba cubierto por la nieve cuya consecuencia fue la de aterrizar dos o tres metros más adelante.

Para volver a recuperar el esquí tenía que volver a la zona en donde se me había soltado, pero me hundía tanto que me resultaba casi imposible llegar, tardé como 10 minutos en recuperar el esquí y eso que estaba bien claro donde se había soltado.

Recuperando el esquí después de una caída.

En total, en esta estación de esquí se disponen de 50 km. esquiables distribuidos en una gran superficie de 297 hectáreas que dan mucho juego tanto para el esquí de pista como el esquí fuera pista. Y esto lo sabían los cientos de turistas extranjeros que, de nuevo, volvimos a encontrar en esta estación, en su mayoría americanos y australianos.

Plano de la estación

Plano de la estación

Es una estación es muy completa, porque además de las áreas freeride disponibles, también existen una serie de pistas bien balizadas y pisadas, con unos buenos trazados y unas vistas espectaculares, cuenta, además, con una muy buena y muy amplia área de esquí para iniciación, también lo que yo deduzco que puede ser un buen snow-park, no puedo asegurarlo porque no soy usuario de este tipo de instalaciones y por último mencionar que también se pueden encontrar pistas con una inclinación importante llegando a ser de hasta 39º, lo que permite el esquí más salvaje en pistas balizadas.

Preparando el Half Pipe.

Buenos trazados, como el del Sky Line, que sale desde el observatorio que está situado en la cota de 1.450 metros y que llega hasta la parte más baja de la estación a 570 metros, permitiendo hacer un trazado continuo con un desnivel nada despreciable de 880 metros.

Trazado esquemático de la Sky Line con pistas negras a los laterales que llegan a tener 30º de desnivel.

Una estación con todas las áreas bien comunicadas, para que personas de distinto nivel, en un momento dado puedan separarse y luego reunirse de nuevo para continuar con la jornada de esquí y así poder cada uno disfrutar según su nivel de esquí, como se puede ver en el plano esquemático de esta pista, de forma que si alguien quiere hacer un esquí de pista negra basta con salirse por alguno de los laterales marcados y terminar luego en la base donde termina también la pista principal.

Entrada a la pista Sky Line.

Pista Skyline de 880 metros de desnivel.

Mercedes disfrutando de la Sky Line.

En cuanto a las opciones de forfaits.

Precios de los forfaits

Son un poco más austeras que las que nos encontramos en los otros centros de esquí, con posibilidad de adquirir tickets para medio día, para uno o para un día y medio o también posibilidad de pagar únicamente un forfait nocturno.

El esquí de medio día es válido desde la apertura de la estación a las 8.30 h. hasta las 13.00 h. o desde las 12.00 h. hasta la hora de cierre. Y el forfait de día y medio es válido desde las 12.00 h. hasta la hora de cierre y el día completo del día siguiente o bien es válido para el día completo y hasta las 13.00 h. del día siguiente.

Como siempre, el horario es continuo, es decir, no se cierra según cae la noche pudiendo continuar el esquí aunque caiga el sol, pero el esquí nocturno no merece mucho la pena porque el área iluminada es pequeña y de pistas más bien sencillas, todas verdes, por lo que ni lo intentamos a pesar de la posibilidad de realizar el esquí de jornada continua sin coste adicional.

En cuanto a los remontes, aquí son más modernos, pero sin grandes excesos, siguiendo la misma línea del resto de estaciones niponas.

Muchas sillas de pinza fija y sin protección.

Los telecabinas tampoco son de última generación

Aunque en un alarde de modernidad, algunas de las sillas sí disponían de capota protectora, aunque no tenían reposapiés. Y es que en Japón lo que importa es el esquí, no la comodidad.

Algunas sillas sí disponen de capota, aunque no de reposapies.

Algunas sillas sí disponen de capota, aunque no de reposapiés.

Y cuando esquiamos el primer día nos encontramos, como era de esperar, una estación en la que constantemente estaba nevando y nos nevó a base de bien. Esto nos permitía disfrutar de los fuera pistas controlados de la estación, en el que de vez en cuando se nos advertía de los peligros a los que estaríamos sometidos si lo practicábamos.

Advertencia por si se sale de pista. Cuidado con los árboles.

En el área más alta de la estación, el área de Yamabiko, se podía realizar el esquí fuera pista en todos aquellos tramos que discurrían entre las pistas, un amplio espacio arbolado en el que estaba permitido.

Antenas colocadas en la cima del Monte Kenashi, a 1.650 metros, que es la parte más alta de la estación.

Pistas del área de Yamabiko.

El primer día no paró de nevar, que aunque sea incómodo nos permite tener una nieve de muy buena calidad, cosa que disfrutamos de lo lindo, pero al día siguiente, oh al día siguiente, ocurrió lo inesperado.

Esperando lo inesperado.

Nozawa Onsen tiene fama de ser una de las zonas donde caen las nevadas más fuertes de toda la prefectura de Nagano, por lo que no esperábamos que, por fin, y como único día en todo nuestro tour de esquí, saliera el sol ¡Menudo regalo de fin de fiesta!

Nos volvimos locos. Conocimos otra estación. Es increíble lo que cambia la percepción de una estación cuando uno se encuentra con un tiempo desapacible o cuando las condiciones son más bien agradables.

Mary Joe como una niña pequeña.

Y Mercedes más feliz que una perdiz.

Mercedes disfrutando de la calidad de la nieve.

Por supuesto, nos volvimos locos nosotros y todos los que nos rodeaban. Y nos fuimos a catar esas nieves sin tratar del área de Yamabiko.

Nos dirigimos directamente al área de Yamabiko. Vistas desde el telecabina Hikage

Observatorio y antenas a medio camino hacia el área de Yamabiko. Todo el área es esquiable, incluso por medio de la zona arbolada.

Remonte que da acceso al área de Yamabiko.

Tramo de nieve sin tratar en Yamabiko

En la imagen anterior os pongo una muestra de la nieve sin tratar en un lateral de pista del área de Yamabiko en el que también es posible meterse por el bosque, pero ¡No te pares que te hundes aunque lleves los esquís puestos! Aquí los espesores pueden llegar a ser de hasta 5 metros así que hay que tener cuidado con estas zonas.

Área esquiable de Yamabiko.

Deseando catar toda esa nieve.

Y en la siguiente foto os muestro el telesilla que nos remonta a la parte alta de Yamabiko y en el que se puede apreciar mejor todo el área de fuera pista a la izquierda, por debajo y a la derecha del propio remonte y una pista lateral para el que no quiera catar esas nieves profundas.

Área de Yamabiko. Permitido el fuera pista.

Zona de pistas de Yamabiko.

Y según dice la publicidad de la estación, en los días claros como el que tuvimos, es posible contemplar toda la cadena montañosa que conforman los Alpes japoneses del norte y en días sin manchas en el horizonte también es posible contemplar el mar.

Aunque el día estaba claro, no lo estaba lo suficiente como para poder divisar el mar. Aún así, las panorámicas son increíbles, parecen sacadas de un relato de ciencia ficción.

Entrada a los fuera pistas del área de Yamabiko.

Accediendo al área de Yamabiko.

Según dicen, ahí al fondo está el mar del Japón.

Pero no logramos divisar el mar.

Espectaculares las vistas que disponíamos en este área.

En primer plano podemos ver como es posible combinar pistas y fuera pistas y al fondo se aprecia perfectamente la cadena montañosa de los Alpes japoneses.

Otra panorámica que nos permite contemplar el terreno montañoso de esta región.

Pero continuamos por toda la estación, esto no iba a quedarse así. Y a la vuelta pudimos contemplar espectaculares panorámicas y bellas estampas.

Pista de regreso al área del observatorio.

Imágenes de postal.

Imágenes de postal.

La estación está muy bien porque además de poder practicar fuera pista, también se puede combinar con las pistas de modo que nadie se pierde de vista, lo que es muy útil por si a alguien le ocurre un indeseado accidente.

Mercedes en primer plano en una pista y al fondo los fuera pistas disponibles.

Regresando del área de Yamabiko, se puede enlazar con un remonte que nos deja a la salida de la pista Sky Line, que en un día soleado cambia espectacularmente de aspecto.

Tramo de la pista Sky Line.

Desde esta pista se pueden también disfrutar de espectaculares vistas al valle.

Espectaculares vistas desde este Sky Line.

El paisaje bien acompañado.

Espectaculares vistas las que se pueden disfrutar desde la Sky Line.

Panorámica desde la Sky Line.

Un tramo que me recuerda mucho al de Boí Taüll en su recorrido que no en su paisaje, por eso de discurrir en la misma cresta de la montaña.

Al fondo, el trazado de la Sky Line en la cresta de la montaña.

En la fotografía anterior se puede apreciar al fondo el trazado de la Sky Line y como de esa pista parten otras pistas, pistas negras a las que uno puede acceder, teniendo prácticamente un par de laderas casi completas para poder ser esquiadas.

Entre estas laderas se encuentra la pista Grand Prix, muy recomendada para los que gusten de esquiar sobre pistas de bañeras.

Y al final del trazado de la Sky Line, se tiene la opción de volver a la parte central en un camino muy tendido o de disfrutar de una de las mejores pistas de la estación en cuanto a su calidad de nieve e inclinación, al menos bajo mi punto de vista; la pista número 34 o Mukoubayashi.

Entrada a la pista de Mukoubayashi

Una amplia ladera de apenas 200 metros de longitud pero con un increíble desnivel y una nieve en gran cantidad y de muy buena calidad que permitía el disfrute del esquí al igual que si se estuviera en un fuera pista.

Debido a que la pista estaba muy trillada porque por ahí pasaron previamente numerosos y avezados esquiadores, nos encontrábamos tramos con muchas huellas combinados con montoneras sin huellas de forma que la sensación era como tirarse a la piscina desde alguna de las huellas hasta la zona sin pisar, salpicando mucha nieve a la hora de aterrizar en esas montoneras y cubriéndonos en algunas ocasiones hasta más allá de la cintura y pasando la nieve que saltaba por encima de nuestras cabezas.

Lo bueno es que estas montoneras frenaban la caída por lo que se podían hacer muchos giros continuos de cara a la pendiente sin preocuparte por tener que frenar a cada cambio de peso.

Una pista que repetimos varias veces en el día y a la que da acceso un pequeño y anticuado telesilla en uno de los extremos de la estación.

Pista Hachiman, paralela a Mukoubayashi, pero no tan buena como la anterior. Al fondo puede observarse la base del telesilla que da acceso a estas dos pistas.

Pero si buenas son las pistas de esquí dedicado a los esquiadores expertos, tampoco se quedan atrás las pistas para principiantes.

Y como contrapartida y con cuatro bastas áreas dedicadas a los que se inician en este deporte, la estación permite un rápido aprendizaje a los que están empezando porque gracias a la longitud de las mismas pistas, se puede estar practicando los ejercicios que imparten los profesores a sus alumnos de manera continuada sin tener que interrumpirlos cada poco para remontar la pista de nuevo.

Interminable la pista de Uenotaria.

Panorámica de la pista de Uenotaria.

Las pistas verdes se pueden decir que dan la sensación de ser interminables y más cuando no se ve el horizonte al fondo, lo que por otro lado, impone respeto a los menos avezados.

En algunos momentos no se veía el fin de esta pista.

Se puede hacer un recorrido por diversas pistas verdes desde la base del telesilla que da acceso al observatorio situado a 1.400 metros hasta la cota mínima de la estación, lo que permite un desnivel esquiable de 830 metros ¡Y por pistas verdes! Desde luego el aprendizaje está garantizado.

Parte de esta pista verde discurre por una carretera en la que se supongo se podrá circular por ella en verano a juzgar por la extraña señalización que nos encontramos.

Y esto lo hace perfecto para familias que quieran iniciar a sus hijos en este fascinante deporte. El aprendizaje en estas condiciones es óptimo porque apenas hay que esperar colas y tampoco se somente a un gran estrés al principiante que no se ve obligado a tomar numerosos remontes sin tener aún resuelta la capacidad de mantenerse en equilibrio sobre el material de esquí.

Pero también perfecto si hay distintos niveles de esquí, ya sea dentro de la propia familia como para grupos de amigos, porque esas pistas verdes están interconectadas con otras pistas de mayor dificultad, desde rojas a negras, permitiendo el reencuentro en los cruces de las mismas pistas.

Mercedes en primer plano y al fondo las pistas rojas y negras que se pueden combinar con las pistas verdes.

Y una de esas combinaciones se puede hacer a través de la pista más complicada y también una de las más divertidas de la estación. La pista Challenge Kabe.

Disimulada entrada a la Challenge Kabe.

El acceso a esta pista de 39º de inclinación está tan bien mimetizada con el entorno que apenas se distingue la entrada y no es fácil adivinar que por ahí pasa una pista si no fuera por los carteles que se encuentran a la entrada.

De hecho, nosotros nos dimos cuenta porque nos llamó la atención los nidos de pájaro que estaban distribuidos a lo largo de las ramas de un árbol en uno de los lados de la pista.

Gracias a este árbol y a sus nidos descubrimos la mejor pista de la estación bajo mi punto de vista.

La pista no es fácil, porque además de su pronunciada pendiente de 39º de inclinación, al inicio es muy estrecha y además la calidad de la nieve no es la que abunda en este país. Estaba dura en la salida de algunas bañeras, lo que me recordaba a nuestro esquí patrio.

Entrada a la pista.

Pero estas condiciones que dificultaban tanto el esquí terminaban 50 metros más abajo donde de nuevo tuvimos la sensación de tirarnos a la piscina en la salida de cada giro que realizábamos.

Lo peor ya ha pasado.

Mary Joe sufriendo un poquito.

Y al finalizar esta pista, nos encontrábamos con Mercedes y con otro tramo de una pista roja que con menor inclinación ofrecía las mismas condiciones que la anterior.

Disfrutando del tramo rojo de la Challenge.

Pista en el que al acabar nos esperaba pacientemente Mercedes deseando, una vez más, que no nos haya ocurrido nada grave. Mujer de poca fe.

Mercedes esperando pacientemente.

Y al final de estas pistas se puede acceder a las dos pistas de competición, las más expuestas al sol y por ende las que peor nieve tenían. Fueron las únicas pistas en todo Japón donde nos encontramos una nieve primavera de la que disfrutarían los más acérrimos de Sierra Nevada.

Vistas desde la parte alta de la pista Kandahar.

Nos quedamos con ganas de hacerle una visita a los monos de la nieve y de visitar la estación de Shiga-Kogen, pero disfrutamos de tres grandes días de esquí en esta estación que puedo asegurar, permanecerán en mi memoria durante mucho tiempo.

Monos bañándose en las aguas termales de Jigokudani. Fuente: Wikipedia.

Como resumen diré que me pareció una estación muy completa debido a que cubre casi todo el espectro esquiador, desde los más nóveles que se inician en este deporte hasta los de nivel, desde los que gustan de las pistas hasta los que no pueden aguantarse ni un minuto si ven esas capas de nieve virgen esperándoles.

Y aquí termina nuestro tour de esquí. Sayonara Japón.

Pero un momento, si aún queda algo por mostrar que es único. Pero eso será en el próximo capítulo.

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En los dominios de los Juhyo Monsters. Zao Onsen.

Y muy a nuestro pesar, tenemos que abandonar el paraíso, porque nos propusimos conocer más allá de lo ya conocido y deseábamos explorar nuevos territorios desconocidos para nosotros.

Es así como tomamos nuestro autobús de vuelta, que nos vino a recoger muy cerca del hotel donde tiene su primera parada y después de pasar por las tres áreas de Niseko, fuimos abandonando el lugar, echando de vez en cuando una mirada hacia atrás para contemplar, hoy sí, por última vez el volcán sobre el que está situado la estación.

Panorama general de Niseko.

Panorama general de Niseko.

Y llegamos al aeropuerto de New Chitoise y recalamos en Sendai. Pero Sendai es un destino accidental, ya que nuestro objetivo es llegar a Yamagata, en lo más remoto del conocido Deep North, como lo describía Basho, un poeta del siglo XVII, cuando realizó un viaje por esta región

Y es que el norte profundo o lejano norte, es una zona montañosa, agreste y a menudo glacial, le resultó extremadamente remota. Parte de esta región aún lo es hoy en día.

Yamagata tiene aeropuerto y además está cerca de la ciudad, pero los vuelos son escasos, al no ser una ciudad demasiado grande y además son caros. ANA no ofrecía el servicio de conexión entre New Chitoise y Yamagata y JAL sí, pero a un precio que no consideramos apropiado. Tuvimos, por tanto, que plantearnos alguna alternativa.

La primera que se te viene a la cabeza es la del tren, ya que el JR-Pass da mucha flexibilidad a la hora de trasladarte utilizando este medio de transporte. Ir en tren suponía una paliza, porque además de las muchas horas que suponía el trayecto, eran necesarios infinidad de trasbordos, que cargados con las maletas lo consideramos inapropiado, además de tardar más de 10 horas.

Pero buscando un poco más, descubrimos una combinación que no estaba del todo mal, y era la del aeropuerto de Sendai. Mucha más oferta para este aeropuerto y además con la tarifa plana de ANA no nos suponía nada más que un coste adicional de 100 €.

Y como valor añadido, la conexión entre Sendai y Yamagata era sencilla. Una vez aterrizamos, tuvimos que tomar un metro que nos llevaría a la estación central de Yamagata y de ahí un tren regional que es línea directa y que tras unas cuantas paradas nos deja en el mismo Yamagata donde habíamos reservado el alojamiento.

El Norte profundo o Tōhoku (que literalmente significa Nordeste) comprende un conjunto de regiones que tradicionalmente han sido zonas rurales y pobres. Aquí se puede encontrar el Japón más tradicional y existen unas cuantas zonas para visitar que merecen mucho la pena, tales como castillos o ciudades samuráis, que si se dispone de tiempo, bien merecen una visita.

Mapa de la región de Tōhoku.

Mapa de la región de Tohoku.

Y aquí nos hayamos, en el país de la nieve o Yukiguni, en cuya costa occidental, la que da al mar de Japón es una de las zonas con mayor precipitación en forma de nieve del mundo, un paraíso, al fin y al cabo, para los amantes del esquí.

El hotel estaba cerca de la estación de tren y la reserva la quisimos hacer así para facilitar nuestros movimientos. Teníamos planeado realizar un día de esquí y otro día, el día de abandonar la ciudad, nos planteamos hacer algo de turismo en el conocido templo de Yamadera, para ya por la tarde finalizar nuestra visita a esta región.

Situación del hotel.

Situación del hotel con respecto a la estación de tren.

Desde la ciudad de Yamagata hasta la estación de esquí, existe una línea regular de autobús, que no es un esquí bus, sino una línea que pasa por diversos pueblos hasta llegar al mismo pueblo desde donde nace la estación de esquí. El trayecto dura unos 40 minutos.

Mapa estación de tren.

Mapa de la estación de tren y situación de la parada de autobuses.

Horario de autobuses.

Horario de autobuses.

Parada de autobuses.

Parada de autobuses a la salida de la estación de tren. De aquí parte el autobús a Zao. Fuente: zoomingjapan.com

Y es que Zao, o mejor dicho, Zao Onsen es un pueblo, y uno de los destinos turísticos más antiguos y respetados de todo Japón, debido a su historia y a la tradicional utilización de los onsen, que llevan utilizándose en esta zona más de 1.900 años, cuando fueron descubiertos en el año 110.

El mismo pueblo de Zao es un paraíso de las aguas termales. Los onsen están enclavados en la misma base de la estación de esquí como se muestra en el plano de la propia estación, son públicos y están al aire libre, por lo que reciben la denominación de rotenburo. Zao es la población con los onsen más antiguos de todo el país.

Ubicación Onsens.

Ubicación de los famosos onsen de Zao.

Estos onsen se alimentan de los propios ríos con aguas ricas en ácido sulfúrico, azufre, hierro, aluminio, sulfato, cloruro y cuyo olor no resulta precisamente agradable, similar al de los huevos podridos, pero que según se dice, son aguas muy buenas para la piel y beneficiosas para la salud con propiedades curativas, muy indicado para diversas lesiones y dolencias, como cortaduras, quemaduras y las afecciones de la piel.

El agua de estos Onsen es muy ácida, de las más ácidas del país, cuyo valor de pH varía entre los valores de 1,25 y 1,6, por lo que se recomienda quitarse los anillos, relojes, collares y otros objetos metálicos antes de bañarse. Su acidez es superior al que contiene, por ejemplo, el zumo de limón. Cuando esta agua tan ácida entra en contacto con el aire, se oxida, lo que le da un característico tono blanquecino.

Estos ríos descienden de las mismas laderas, y resulta extraño estar esquiando al mismo tiempo que se huelen las aguas termales.

La estación de esquí recibe una media anual de 12 metros de nieve, lo que no la deja muy atrás de Niseko, pero por lo que más se la conoce a la estación es por los famosos monstruos de la nieve o Juhyo.

La estación, pese a lo que indican sus 50 kilómetros esquiables, es un complejo enorme que cubre unas 305 hectáreas de terreno esquiable y, además, dispone de la pista más larga de todo Japón, un recorrido de unos 10 km. de longitud y un desnivel máximo de casi 900 metros.

Plano de pistas.

Plano de pistas de Zao.

El horario de la estación de esquí y la oferta de forfaits son muy similares a lo que nos encontramos en Niseko y Rusutsu. Empezamos a creer que en todo Japón se aplica la misma política, es decir, un horario ininterrumpido que en este caso va desde las 08.15 h. hasta las 21.00 h.

La zona de los Juhyo, aunque está incluida dentro del forfait, no es accesible de noche, de forma que si se quiere visitar será necesario pagar un ticket aparte que cuesta unos 2.500 Yenes, aproximadamente 20 €.

Lista de precios.

Lista de precios y condiciones de utilización.

Como se puede ver, existen las opciones de comprar forfait de cuatro y cinco horas, además de la opción del forfait de día, y todos son permitidos para su uso en el esquí nocturno.

Pero además, tienen un curioso sistema de forfait por puntos, de forma que está permitido su uso para determinados remontes que te llevan a alguno de los onsen o que te suben a alguno de los miradores de forma que cada uno de ellos te va restando una serie de puntos, que no son los mismos en todos los remontes. Algo muy similar a los tickets que antiguamente se utilizaban en algunas estaciones de España.

Y otro forfait muy curioso es el de 10 y 18 horas, que pueden ser utilizados cualquier día de la temporada, no es necesario que sean en horas consecutivas, pero los gastos se hacen por unidades de hora, es decir, si pasas un torno la primera vez, se descuenta una hora. Una hora en la que está permitido atravesar cualquier torno. Si se te pasa la hora y se quiere seguir esquiando, al pasar de nuevo el torno, se descuenta otra hora y así sucesivamente hasta que se acabe el crédito. Muy útil cuando se piensa en esquiar en horas sueltas para los ratos de antes o después de una jornada laboral. Muy indicado también para estudiantes.

En cuanto a las tiendas de alquiler de esquís, la verdad es que aquí no tienen precisamente muy buen material. Buscamos en unas cuantas tiendas, pero todas tenían una calidad similar, así que no nos quedó más remedio que alquilar un material mediocre que no nos permitió disfrutar como era debido de la nieve de esta estación.

Una nieve que es muy distinta a la nieve de Hokkaido, porque aunque también era de mucha calidad, ya no se trataba del famoso champagne-powder. Nieve no faltaba, aquí también caen ingentes cantidades, como ya he mencionado, una media de 12 metros anuales y de una calidad muy buena, una calidad, que esta vez sí, es similar a la que se puede encontrar en los Alpes.

Nieve no nos faltaría.

Las primeras impresiones que tuvimos de Zao es que era una estación muy conocida por los japoneses pero no así por los extranjeros. No vimos a ningún extranjero en todo el día, sólo gente de la zona y algún visitante de otra región.

Tanto es así, que en la entrada del teleférico en el que compramos los tickets, se extendían una serie de puestos de comida que servían caldos calientes y desayunos japoneses, orientado, claro está, al público mayoritario de la estación.

Puestos de comida.

Puestos de comida en la entrada del remonte.

Y este teleférico nos dejó en el monte Torkabuto, que según el plano, debe mostrar unas vistas impresionantes, pero desgraciadamente, lo único que veíamos era niebla, por lo que tras realizar las fotografías de rigor iniciamos nuestra jornada de esquí.

Haciendo la foto de rigor.

Haciendo la foto de rigor.

Foto de rigor.

Y esta es la foto de rigor.

Maravillosas vistas, si no fuera por niebla.

Una de las cosas que caracterizan la prefectura de Yamagata es que aproximadamente el 75 % de su superficie es arbolada y montañosa. La mayoría de los árboles presentes son en realidad pinos Aomori. Y la verdad es que el dato parece ser cierto a juzgar por las imágenes que se presentaban ante nuestros ojos.

Entorno arbolado.

Entorno arbolado que rodea la estación.

Zao Onsen forma parte de las montañas Zao, sus pistas se extienden a lo largo del monte Jizo y su base se encuentra a unos 880 metros sobre el nivel del mar, por lo que en su día recibió la denominación de Takayu, que significa Onsen de Tierras Altas.

Estas montañas, son en su mayoría son volcánicas, hecho fácilmente comprobable porque no muy lejos de la estación se encuentra una de las atracciones turísticas que es posible visitar en verano. El lago del cráter Okama, también conocido como Gosiki-numa, el pantano de los cinco colores, denominación derivada del hecho de que sus aguas varían de color a lo largo del día y que junto a los monstruos de hielo es el símbolo representativo de Zao.

Cráter de Okama.

Cráter de Okama. Fuente: miyagitheme.jp

Y es que de nuevo nos encontramos otra estación de esquí enclavada en el entorno de un parque natural. Quizás sea que los japoneses saben respetar el medio ambiente. Desde luego el entorno es espectacular.

Espectacular entorno en el que nos encontrábamos.

Pistas que permiten la observación del espectáculo de la naturaleza.

No es mala idea tomarse un momento para disfrutar del paisaje.

Mercedes disfrutando del espectáculo.

La estación, al igual que nos ocurrió en Rusutsu, no tiene una buena señalización, lo que agudiza nuestras dotes detectivescas y pone a prueba nuestro sentido de la orientación.

Se puede decir que se divide en dos zonas claramente diferenciadas, el área central, que aparece en la parte izquierda del plano, y el área de los Juhyo-gen o curso de los Juhyo. Para llegar de la primera a la segunda, es necesario quitarse los esquís y andar unos 300 metros, atravesando dos puentes que cruzan sendos ríos de aguas termales, hasta llegar a la segunda zona. Pero desde la segunda zona sí es posible llegar a la primera esquiando.

Comento este detalle porque en el plano de la estación se dice que estas dos áreas están comunicadas y se sugiere que se pueden cruzar esquiando, pero no es cierto, un detalle que pongo como ejemplo de la mala señalización.

La parte de atrás del área central es una zona tranquila y con pocos esquiadores, con pistas que también son sencillas, ideales para gente en progresión, ya que entre la sencillez de las mismas y la buena nieve que también se encuentra frecuentemente en esta estación, hacen sencilla la práctica del esquí hasta para el más torpe.

Parte de una pista de la parte de atrás del área central.

Los remontes de esta zona, eso sí, no son de última generación, pero ni falta que hacen.

Remontes del área central.

Remontes del área central. Sin protección alguna y de pinza fija.

Desde luego, no tuvimos mucha suerte con el día, porque si bien esperamos que la zona esté cubierta de nubes y siempre nevando, como indica su fama obligada por la orografía del lugar, lo que no esperábamos es que también estuviese en su parte alta envuelta en una densa niebla.

Mucha niebla en la parte alta de la estación.

Y tal era así, que la dirección de la estación decidió encender las luces de los focos dedicados al esquí nocturno para mejorar en algo la visibilidad, lo que da una idea de la vocación de servicio orientado al cliente que tienen en general todos los japoneses, un detalle que noté en cualquier negocio por todo los lugares a los que viajamos.

Focos encendidos para mejorar la visibilidad.

Pero por suerte, esta niebla sólo se encontraba en la parte alta de la estación, y en cuanto descendíamos un poco, la visibilidad mejoraba enormemente, hasta tal punto que a veces nos quedábamos paralizados ante tanta belleza.

Bajando por el área central.

Para acceder al área central, hay que tomar un teleférico que tenía esta pinta.

Teleférico del área central.

Teleférico del área central.

Una obra de ingeniería que nos permitía salvar el desnivel en muy corto espacio de tiempo, pero a la japonesa, es decir, como sardinas en lata, lo que resultaba algo incómodo, pero que gracias a la educación japonesa, totalmente antagónica a la nuestra, se hacía bastante más llevadero el trayecto. Es increíble el gran respeto que tiene todo el mundo para con todo el mundo.

El teleférico salva una altura aproximada de 500 metros.

Gracias a este teleférico, es posible de disfrutar de estas maravillosas pistas sin apenas pasar por obstáculos artificiales y sin dañar apenas el entorno. Unas pistas que se disfrutan.

Pistas que discurren por debajo del trazado del teleférico de la zona central.

Pero uno de los motivos, digamos que el motivo principal por el que visitamos esta estación en lo más remoto de Japón era para poder disfrutar de los famosos monstruos de hielo o Juhyo.

Para poder verlo, teníamos que cambiar de zona, pero esta tarea, que parece fácil, no lo es tanto, porque la señalización de la estación como ya he dicho no es muy buena, por lo que dimos unas cuantas vueltas, hasta que por fin decidimos que lo mejor era descalzarse los esquís e ir andando por las calles hasta llegar al otro remonte.

Últimas bajadas antes de cambiar de zona.

¿Pero cómo se sale de aquí?

Y aunque las calles están repletas de nieve, con aceras improvisadas hechas con máquinas de nieve, está totalmente prohibido ir con esquís por las mismas. Por lo que toca hacer un tramo andando con los esquís a cuestas sobre una superficie inestable.

Y una sorpresa más. Antes de entrar al otro teleférico, el que nos llevaría a conocer las famosas formaciones heladas, nos encontramos con una clara referencia al reino por excelencia del esquí alpino.

No fue la única. A lo largo de todo el reino blanco nipón encontramos muchas referencias a esta meca del esquí y también muchos de los alojamientos y restaurantes tenían nombre alemán.

El teleférico lo pueden utilizar tanto esquiadores como visitantes de a pie, ya que los monstruos de hielo son una atracción turística que mucha gente viene a contemplar. De hecho, cuando subíamos a la estación, vimos en la portada de un periódico local la fotografía de los Juhyo y nos dijeron que era el primer fin de semana que se podían disfrutar, y por eso era noticia ¡Menuda suerte hemos tenido!

Un guiño a la historia de esta estación en la base del teleférico.

Pero esta fortuna significaba pagar el precio de sufrir nuestra primera y única larga cola en todo nuestro tour de esquí. Para acceder tuvimos que esperar algo así como 30 minutos, hecho que nos hizo decidir no volver a utilizar este remonte en todo el día.

Mucha gente para subir.

Y en la estación de subida al teleférico, unas cuantas fotos con la referencia de lo que veníamos buscando. Esto es lo que nos espera. Pero nos espera con “algo” de niebla.

Foto de los Juhyo.

Esto es lo que veníamos a contemplar.

De nuevo, para aprovechar al máximo los viajes, nos embutieron en la cabina de tal forma que no existía ningún espacio sobrante y con una sensación algo claustrofóbica.

Teleférico que sube a la zona de los Juhyo.

Para llegar hasta arriba del todo, es necesario cambiar a otro telecabina, que esta vez sí, no tiene apenas cola, ya que ésta se contiene en la base del teleférico. Y una vez llegamos, nos encontramos el espectáculo ante nuestros ojos.

Por fin, los Juhyo.

Estas formaciones se pueden observar desde un restaurante con un inmenso mirador, desde el que el turista esquiador no preparado para las bajas temperaturas puede observar cómodamente sin ponerse en peligro.

Pero los esquiadores, que llevamos un equipamiento adecuado, sí podríamos disfrutarlos desde más cerca y, la verdad, es que merecen y mucho la pena, aunque a decir verdad la pena fue la niebla que nos acompañó en toda nuestra jornada de esquí.

Espectaculares formaciones.

La niebla no nos abandonó en todo el día, por lo que el disfrute de este espectáculo quedó algo eclipsado y tan sólo nos podíamos imaginar como sería el espectáculo si pudiéramos ver el bosque helado al completo. Ni los intentos de la estación para aumentar la visibilidad encendiendo los focos daban su fruto.

Mucha niebla, que nos impedía disfrutar de este espectáculo único.

Pero es que esta niebla es una de las condiciones necesarias para la formación de los Juhyo.

Cartel esquemático con la explicación de por qué se forman los Juhyo.

Como se puede ver en el cartel que la propia estación facilita para la lectura de los usuarios, los vientos, procedentes de Siberia, que vienen muy fríos y secos, se calientan y se cargan de humedad en el mar de Japón y al llegar a la isla, debido al relieve, y a la inmensa cadena montañosa que forman los Alpes Japoneses, el aire se ve obligado a subir y a enfriarse de forma que se condensa, debido a la menor presión y temperatura, pero al no encontrar contaminación (léase como tal partículas de polvo en suspensión y otros elementos similares), las gotas de agua que contienen las nubes condensadas se enfrían pero no se congelan.

Cuando estas gotas de agua sobreenfriadas chocan contra el relieve y contra la vegetación de estas montañas, éstas se congelan inmediatamente dando lugar a estas espectaculares formaciones que dan rienda suelta a nuestra imaginación.

Los árboles congelados adoptan formas que disparan nuestra imaginación.

Este fenómeno se le conoce técnicamente como lluvia engelante. Un fenómeno que es muy común en todas las montañas del mundo, pero que aquí cobra especial relevancia debido a que el proceso de congelación es continuo desde finales de enero hasta marzo, con unas temperaturas medias en todo ese periodo de unos -8 ºC.

La fecha más recomendada para disfrutar de estas formaciones es en febrero.

Y es que estas fantasmagóricas formaciones son muy comunes a lo largo de todas las montañas del norte profundo, pero pocos son los lugares que permiten su contemplación de forma tan cómoda ya que es de los pocos sitios accesibles donde se puede disfrutar de este espectáculo.

La estación permite esquiar en toda el área de los Juhyo, pudiendo disfrutar de los pocos fuera pista controlados, pero es algo que no hicimos rigiéndonos a lo que dictaba la prudencia, y es que con niebla no es aconsejable salirse de las pistas balizadas.

Señalización del curso del Juhyo-gen.

Aún así, pudimos disfrutar de las pistas que salen de este telecabina y que atraviesan las formaciones, permitiéndonos disfrutar de su belleza a lo largo de todo el trazado.

Y cómo no, precisamente en la cima, una vez más nos encontramos con la típica campana para anunciar tu presencia a los dioses.

¿Por qué están todos aquí?

Pues para tocar la campana ¿Qué si no?

Y una vez anunciada tu presencia, lo que se debe hacer es ir a presentar los respetos al Buda correspondiente y pedir un deseo. Aunque a veces esta tarea se torna difícil, sobre todo si las imágenes quedan enterradas en nieve.

La deidad está parcialmente cubierta de nieve.

Y una vez cumplido el protocolo, que no pocos hacían, tanto esquiadores como paseantes fugaces, nos calzamos los esquís y a seguir disfrutando todo lo que se pueda de estas maravillosas pistas. Primero rodeado de los monstruos de nieve, en una pista que los atraviesa por completo.

El trazado de pistas discurre en mitad del bosque helado.

Contemplando las formaciones heladas desde la pista.

Y más abajo desaparece la niebla y se ensanchan los caminos.

Pista negra de retorno a la base de la estación.

Y las vistas espectaculares dan paso a bajadas salvajes como esta que muestro en las fotos, la pista Yokohura, que con 38º de inclinación, nieve sin tratar y bañeras, es la pista más difícil de la estación.

Una pendiente no apta para todos los públicos.

Y Mercedes se atrevió con ella y salió indemne, no sin pasar un poco de miedo, mitigado en parte por la ayuda que le ofrecíamos Mary Joe y yo.

Aunque muchos de los locales se atrevían con ella sin pudor ninguno. Convenimos en llamar al esquí japonés de esta zona como el esquí kamikaze, porque existían verdaderos novatos bajando la pista en cuña y cayendo de formas inverosímiles. Lo que yo aún me ando preguntando es como no salió nadie de allí lesionado. Les deben proteger los dioses a los que adoraron previamente en la cima del Juhyo-gen.

Vista de la misma pista desde el otro área.

Pero en esta área también hay pistas para todos los niveles, pistas bien anchas, fáciles de esquiar que resultan relajadas y un placer para la vista. Y es que esta zona es la que mejores pistas tiene. Además para todos los niveles

Pistas anchas y sencillas.

Las pistas con muchas variantes para que no resulte aburrido.

Desde la cima en la que se contemplan los Juhyo y se da la campanada de salida, hasta la parte más baja de la estación, se puede esquiar de un tirón y sin paradas previas, conexiones o, lo más importante, sin remadas, en un trayecto que llega a los 10 kilómetros y que suponen un no despreciable desnivel de unos 800 metros.

Preciosos intinerarios de bajada.

Los pinos siguen presenten en todo el trayecto.

Paradas técnicas para disfrutar del entorno.

Las pistas, para todos los niveles, son una auténtica gozada.

La estación tiene muchas posibilidades de fuera pista, debido a la gran cantidad de nieve y al terreno tan amplio en el que se encuentra, pero resulta difícil practicarlo debido a la espesa vegetación.

Difícil practicar el fuera pista.

Por lo que sólo es posible practicarlo en la zona de los Juhyo, donde los árboles no están tan juntos entre sí, aunque me dio la sensación que incluso en esa zona no era fácil, por lo que no es una estación recomendada para el fuera pista y es más bien una estación que se adapta bien a aquellos que gustan de bajar por pistas.

Pistas bien anchas.

De hecho, en pistas no nos ocurría lo mismo que en Hokkaido, difícil, aunque no imposible, era que nos cubriera la nieve más allá de los tobillos.

Mucha nieve en polvo pero bien compactada.

La estación está muy enfocada al turismo japonés y no parece que pretenda captar al público foráneo. Y eso nos gusta.

Plano de pistas “a la japonesa”

Y aunque la nieve, en general estaba muy bien, en la parte baja de la estación perdía algo de calidad y estaba más húmeda, aunque sin ser algo exagerado. Claro, que veníamos del paraíso y para nosotros esto se convertía en mala nieve, pero era una apreciación totalmente subjetiva y carente de razón, porque esta nieve ya la quisiéramos para nuestras estaciones patrias la mayor parte de la temporada y no de forma ocasional.

Buena nieve al fin y al cabo.

Aunque no es la cima, pero aquí los árboles también se congelan.

Maravillosos trazados.

Y decidimos regresar de nuevo a la otra zona, porque aunque el forfait nos permite esquí continuo hasta las 21.00 h. no ocurre lo mismo con la tienda de alquiler, que nos advirtió que cerraba a las 17.00 h. por lo que nos vimos obligados a terminar la jornada de esquí prematuramente, mirando con nostalgia y envidia esas pistas iluminadas que también nos cautivaron.

Pistas iluminadas.

Empezamos a creer que tenemos un monstruo dentro que se está volviendo incontrolable. Estábamos sin comer, debido precisamente a la limitación de horario que nos impuso la tienda de alquiler y aún así queríamos más.

De regreso a nuestra zona. Como se puede ver, en el desierto.

Al menos nos vamos con buen sabor de boca, y con las imágenes tatuadas en nuestra retina del reino de fantasía que se nos muestra en esta estación.

Fantástica visión de la naturaleza helada.

Fantástica visión de la naturaleza helada.

Y se acabó nuestro día, nos quitamos las botas de esquí y nos pusimos un calzado más cómodo y buscamos un sitio para comer algo. Y disfrutamos de esa comida, al ser un pueblo como debe ser y no un resort artificial, los servicios están a la altura de lo que se espera y sobre todo al nivel que este país ya nos tiene malacostumbrados.

Y al terminar, vemos que el tiempo despeja y se ven las estrellas y en vez de ir a la parada de autobuses para regresar a Yamagata, nos planteamos visitar los Juhyo de noche.

Cartel luminoso colocado cerca de la entrada al teleférico de Zao. Esta vez sin masificaciones.

La estación facilita el acceso a los peatones hasta las 19.50 h. a esta zona y de hecho por la noche únicamente se lo permite a los peatones porque está prohibido el esquí nocturno en esa área porque, según dice la propia estación, las condiciones climáticas pueden llegar a ser extremas y causar verdaderos problemas de salud.

Algo que me pareció más una excusa que otra cosa, porque si bien hacía un tiempo de perros en la cima que hacía sospechar que probablemente los técnicos de la estación pudieran tener razón, tampoco era tan exagerado como para no poder practicar el esquí.

Pero por lo que más me pareció que era una excusa es por el hecho de que se permitía el acceso a los peatones que podían salir del refugio y pasear por la zona para contemplar de cerca los árboles y hacer fotografías en el exterior sin que eso supusiera ningún problema.

La pose de rigor.

Una excusa para poder cobrar a cada viajero 2.500 Yenes extra, que a buen seguro, les supone un buen botín, precio, por otro lado, más que justificado, porque el espectáculo bien merece la pena. Pero quizás podrían plantearse permitir el esquí con un precio de forfait adicional o extra.

Y digo que merece la pena y creo que no necesito explicar por qué.

Ya desde el telecabina podemos apreciar lo que nos espera.

Después del día con las condiciones climáticas tan adversas que tuvimos, nos dió mucha alegría comprobar que el cielo se había despejado y nos permitía contemplar este fabuloso espectáculo calificado como tesoro invernal patrimonio de la humanidad.

No, no es una maqueta.

Impresionante espectáculo.

Además, la iluminación de varios colores y enfocados desde distintas posiciones, crean ilusiones ópticas que parecen dar vida a estos monstruos helados.

Por esa pista bajamos de día, aunque no apreciamos la verdadera belleza del lugar.

Si algún día queréis venir a conocer estos monstruos helados y además queréis disfrutar de este espectáculo nocturno, es necesario que sepáis que no se iluminan todos los días.

Días de iluminación de los Juhyo. El domingo es el primer día de la semana, no el último como representamos nuestro calendario.

En la página web de la estación se indican los días que se muestra el espectáculo de colores, que normalmente suele coincidir con los fines de semana de finales de enero y de febrero, además de en Año Nuevo y alguna fecha más.

También en febrero se realiza un festival de fuego y hielo, un castillo de fuegos artificiales, coincidiendo en el momento en el que estas formaciones alcanzan su máxima expresión.

Un festival en el que se usan antorchas y las llamas son manejadas con tranquilidad iluminando la oscuridad de la noche.

Una vista fantástica donde las criaturas conocidas como tengu de la mitología japonesa vienen desde el cielo y bajan esquiando manejando las antorchas.

También, en ese día también se ofrece un espectáculo que dan los profesores e instructores más expertos de la estación haciendo bellas demostraciones técnicas y realizando las más osadas acrobacias que son capaces de ejecutar al son que le marca el ritmo de los fuegos artificiales que se lanzan como colofón a esta fiesta.

Además, en los onsen cercanos se muestran esculturas de hielo y linternas de nieve para el disfrute de los visitantes.

El festival no tiene una fecha fija, por lo que deberéis consultar en la página de la estación para saber cuándo se realiza el mismo. Lo único que sé es que es en febrero, pero no sé ni en qué semana y mucho menos en que día.

Además, ese día, se abre un famoso onsen, el gran onsen abierto, que permanece cerrado durante todo el invierno pero que se abre justamente el día del festival y además se permite la entrada de forma gratuita, con una capacidad limitada a 200 personas.

Estas formaciones, como ya dije, se pueden encontrar en un número limitado de montañas del noreste de Japón y para que se puedan formar es condición necesaria que esas montañas dispongan de bosques de coníferas y que sufran de vientos fuertes (venturis) para que el agua superenfriada pueda adherirse a las ramas de los árboles y se congelen antes de que puedan llegar a caerse.

Además, para adquirir su forma completa, la capa de nieve debe ser de entre dos y tres metros de espesor, de forma que así se cubre la base de los árboles y recrea estas imaginarias figuras.

El espectáculo continua a la vuelta.

Y después de disfrutar del espectáculo, nos vamos a toda prisa, porque si no perdemos el último autobús de vuelta y no queremos tener que volver en taxi a Yamagata o lo que es peor, no queremos pasar la noche en la estación de esquí si los taxis dejaran de estar disponibles a esas horas.

Echamos las últimas miradas para tener un recuerdo que dure en nuestra imaginación y la estimulen hasta el punto de recordar otras cosas que no fueron.

Y así pasó el día que no pasó desapercibido. Algo que perdurará en nosotros por seguro durante mucho tiempo. Esto es inolvidable.

Y al día siguiente, ésta es otra historia.

Las conexiones por tren desde Yamagata hasta Nozawa no eran muy buenas por lo que tendríamos que dedicar medio día a estar viajando con las maletas a cuestas. Desde Yamagata iríamos hasta Nagano en un tren regional, para luego ir en Shinkansen en un tren que nos dejaría en una ciudad a medio camino entre Nagano y Tokyo, Koriyama, para por último utilizar otro tren que nos dejara en Nozawa.

Por este motivo y porque en Japón llegar a cualquier sitio muy tarde puede ser un problema, y cuando digo muy tarde me refiero a las 21.oo h., el viaje deberíamos empezarlo pronto y así tener alguna oportunidad de llegar a nuestro destino.

Por tanto, decidimos que como muy tarde saldríamos a las 15.00 h. dejándonos margen para coger otro tren que salía una hora antes.

Para poder llevarlo a cabo, si queríamos esquiar, deberíamos terminar sobre las 11.45 h. más o menos para darnos margen en devolver los esquís, quitarnos las botas e ir a la estación de autobuses y tomar el autobús de las 12.20 h. que llega a la ciudad a las 13.05 h. y una vez en la ciudad iríamos al hotel para cambiarnos, comer algo y volver a la estación con algo de tiempo por eso de ir cargados con el equipaje de tres semanas.

En el supuesto en el que llegásemos a la estación a las 8.15 h. para empezar a las 8.30 h. si teníamos que dejar de esquiar a las 11.45 h. como muy tarde significa que la jornada de esquí duraría algo más de tres horas, y decidimos que no merecía la pena tanta paliza cuando además nos esperaba un buen trote por la tarde.

Así que decidimos que esa mañana la dedicaríamos a visitar uno de los templos más famosos y conocidos de la prefectura de Yamagata. El templo de Yamadera.

Yamadera es una pequeña localidad cercana a Yamagata a la que se puede llegar en tren en aproximadamente 20 minutos. Además nos resultó fácil llegar porque era la misma línea que une Yamagata con Sendai, por lo que se podía decir que hasta ya conocíamos el camino.

Tren a Yamadera.

Tren a Yamadera. Por mucho que nieve los ferrocarriles siguen funcionando.

Y muy cerca de la estación de tren se encuentra el templo o mejor dicho, el conjunto de templos de Yamadera.

Puerta de entrada

Puerta de entrada que da acceso al recinto.

Este conjunto de templos cuyo nombre original es el de Risshaku-ji data del año 880 y es uno de los parajes históricos más conocidos de la región de Tohoku.

Nada más salir de la estación de tren, nos abordó una señora mayor que no hablaba inglés y que nos hacía señas para que nos acercáramos a su local, una tienda que tenía un poco de todo y en la que además ofrecían caldo caliente a los viajeros.

Como es habitual en estos casos, pensamos que quería vendernos sus productos. Nos ofreció unas cuerdas, algo a lo que no encontrábamos explicación porque no imaginábamos cual podría ser la utilidad de dichas cuerdas. Pensábamos además en la ingenuidad de la señora si creía que íbamos a comprar tales viandas.

Pero parece que las sorpresas en Japón nunca acaban, y resultó que lo único que quería la señora es ofrecernos esas cuerdas para que nos las pusiésemos en los pies a modo de crampón y así poder caminar más seguro sobre la nieve, ya que todo el suelo estaba cubierto de una considerable capa de nieve. Un invento muy rústico pero que funcionaba.

Sencilla solución para poder caminar cómodamente por la nieve.

Así que sorprendidos porque no sólo no hizo el menor intento de vendernos nada sino que además se preocupó para que pudiésemos visitar los templos con más seguridad comenzamos nuestra visita.

Escaleras de entrada.

Escaleras de entrada al recinto.

Según la leyenda, Ennin (Jikaku Daishi), que fue el sacerdote que fundó este conjunto de templos después de regresar de un viaje a China, cinceló la roca sobre la que están situados los distintos edificios para construir el templo principal el Konpon Chudo.

Templo de Konpon Chudo

Templo de Konpon Chudo.

Aunque este templo data originalmente del siglo IX, la estructura tuvo que ser reconstruida en 1.356, pero lo que sí es original de esa época es la figura del buda rodeado de niños que está protegiendo la puerta de acceso al templo en el que se encuentra la famosa llama traída del monte Hiei en Kyoto, que previamente fue traída desde China y que se dice que nunca se ha extinguido desde el momento de su fundación hace ya más de 1.000 años. Esta llama tiene el nombre de Fumetsu no Hoto, la luz inmortal del Budismo

Buda.

Buda de los ocho niños a la entrada del templo.

En este recinto se pueden encontrar hasta 40 edificios, la mayoría de ellos templos y casi todos encaramados en una orografía imposible. De hecho, el nombre del pueblo, Yamadera, literalmente significa “montaña templo” y adoptó este nombre precisamente a causa de este recinto. Y es que toda la montaña es en sí un templo.

Edificios al borde del precipicio.

Los edificios se encuentran asomados a los abruptos precipicios.

Para acceder a ellos hay que atravesar un espectacular bosque de cedros centenarios que llegan a tocar el cielo y que en algunos momentos me hacen creer que nos hemos transportado a otro mundo.

Bosque que se encuentra antes de llegar al conjunto principal de templos.

La mayoría de los edificios están al final de esta escarpada montaña, atravesando este bosque y se alcanza subiendo los 1.100 escalones que median entre la entrada al recinto y el santuario interior Oku-no-in.

Escaleras de acceso a los templos.

Muchas escaleras antes de llegar al final.

Y fue en las escaleras donde nos acordamos de la señora que nos ofreció las cuerdas y cada vez estábamos más agradecidos de que nos las hubiera dejado porque algunos de los tramos eran realmente resbaladizos y lo hubiéramos pasado muy mal si no fuera por este rudimentario sistema de retención.

El poeta Basho escribió un Haiku cuando visitó Yamadera en el viaje que realizó en 1.689 para conocer todo el norte profundo.

Ah el silencio;

penetra entre las rocas

la voz de la cigarra.

Según parece, los escalones son un medio para ayudar a alcanzar el camino de la iluminación y para eliminar los deseos terrenales, ya que estos van desapareciendo poco a poco en cada paso que se da.

Llegando al final.

Este conjunto de templos budistas de la secta Tendai se convirtió en el más importante del período Heian (794-1.185) que desarrolló la provincia de Dewa (ahora prefecturas de Akita y Yamagata). La mayoría de los edificios de Risshaku-ji fueron destruidos durante las guerras locales de principios del siglo XVI y su reconstrucción se llevó a cabo en el año 1.543 a las órdenes del moje Enkai.

Algunos de los edificios están literalmente equilibrados sobre pilotes para poder mantener la verticalidad y en la mayoría de ellos se pueden encontrar imágenes de piedra. Incluso también hay cuevas que fueron ocupadas en su día por monjes ermitaños.

Numerosos son los japoneses que suben los escalones con las cenizas de sus seres más queridos para asegurarse que irán al cielo.

Lápidas conmemorativas

Lápidas conmemorativas a los antepasados.

Y en la montaña sagrada nos despedimos del norte profundo.

Observando por última vez la montaña sagrada.

Nuestro viaje va llegando a su fin, aunque aún nos quedan unos días para disfrutar. Nos espera Nozawa, nuestra última etapa antes de regresar a España.

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